¡Organicemos la resistencia!

Las elecciones presidenciales francesas han mostrado un rechazo histórico a los partidos tradicionales, con la eliminación en la primera vuelta del Partido Socialista de Hollande, en el poder, y del partido de Sarkozy (LR) con su corrupto candidato Fillon. La cólera social se ha expresado de forma clara con los siete millones de votos para Mélenchon con un programa de ruptura con la austeridad y contra la degradación de nuestras condiciones de vida y laborales. Pero este voto no ha sido suficiente para cerrar el camino a Le Pen y al Frente Nacional, que han logrado pasar a la segunda vuelta frente a Macron, el candidato designado por la clase dominante.

Finalmente Macron ha sido elegido con un 65.8% de los votos frente al 34.2% de Le Pen. Los capitalistas han logrado así la marioneta que necesitaban para continuar y profundizar su política de austeridad y de represión contra los trabajadores, los jóvenes, los parados y los inmigrantes. Pero la situación no es tan sencilla como parece.

Record histórico del voto en blanco

El 12% de los votos han sido papeletas en blanco o nulas: es un record histórico que ha obligado a los medios a dar las cifras de los votos en blanco, cuando tradicionalmente ni siquiera se contabilizaban. Si sumamos la abstención —el 34% de los posibles votantes—son más de 16 millones, respecto a los 47 millones de inscritos, los que han dado la espalda tanto a Le Pen como a Macron. Detrás de los porcentajes la realidad es menos gloriosa: Macron recibe 20,4 millones de votos y Le Pen 10,6 millones. En realidad, a pesar de la amenaza de Le Pen para llegar al poder Macron no ha agrupado a más que el 43,6% de los inscritos. Y las encuestas de opinión a la salida de las urnas señalan que el 43% de los electores que han votado a Macron lo han hecho para cerrar el camino a Le Pen y tan solo el 16% de ellos le ha votado creyendo en su programa. Es una clara señal de que Macron tiene una base muy débil para gobernar y que los años que tiene por delante serán muy inestables.

Macron: una política contra los trabajadores y los jóvenes

Macron tiene una misión: continuar e intensificar las políticas llevadas a cabo en los últimos 15 años por Sarkozy y Hollande contra los servicios públicos, para facilitar los despidos y flexibilizar el mercado de trabajo. Ha anunciado que va a suprimir 120.000 empleos públicos en 5 años. Que va a utilizar el arsenal antidemocrático de la V República, como Valls en su tiempo, para aprobar las leyes fundamentales para los capitalistas. Quiere gobernar por decreto, es decir, evitar que el parlamento pueda debatir sobre los proyectos de ley. El primero, para junio-julio, es el que abordará la legislación laboral. Después vendrán los de las ayudas a parados, sobre la seguridad social…

El rechazo a esta política es muy masivo y ha sido castigada en el periodo electoral. Pero esta cólera y este rechazo deben encontrar una expresión social y política que defienda realmente los intereses de los trabajadores, de los jóvenes y de la mayoría de la sociedad, ya que el riesgo que existe es que el Frente Nacional utilice el descontento general y el rechazo a los capitalistas para transformarlo en racismo y discriminación de todo tipo.

La inestabilidad es enorme para la clase dominante. Ahora falta volver masivamente a las calles para decir claramente que rechazamos las políticas antisociales. Las direcciones confederales sindicales no pueden quedarse calladas mientras se anuncian nuevas leyes del trabajo endurecidas a la enésima potencia. Igual que la Ley Khomri sacó a un millón de personas a la calle y generó verdaderos problemas para la burguesía, ahora hay que organizarse y mostrar nuestra fuerza colectiva sin esperar hasta finales de junio.

Le Pen se presentará como la oposición a Macron

Para Le Pen y el FN la campaña no ha sido tan sencilla. Ellos esperaban acaparar el hartazgo general y habían sido el primer partido en la primera vuelta pero la campaña de Mélenchon les impidió capitalizar ese terreno. Le Pen consiguió recibir en la segunda vuelta 10,6 millones de votos, 3,5 millones de votos más entre las dos vueltas que el voto de la derecha más reaccionaria que había apoyado a Fillon y a los soberanistas de Dupont-Aignan (1,7 millones de votos en la primera vuelta). También ha recibido votos de aquellos que querían simplemente librarse de Macron, un voto erróneo, pues Le Pen es una candidata capitalista y la peor de las enemigas de las clases populares.

Marine Le Pen ha manifestado una gran voluntad por maquillar su apariencia y culminar el lavado de cara de su partido. El domingo, en el discurso después de su derrota, planteó su proyecto: la creación de un nuevo partido en los próximos meses que permita reagrupar a aquellos y aquellas que se oponen a la política de Macron. Pero esto no será posible sin generar oposición en el mismo seno del Frente Nacional, especialmente de los partidarios de Marione Marechál-Le Pen, que ven con malos ojos el reagrupamiento con determinados sectores de la derecha clásica. El reto para el FN es el de capitalizar la rabia pero también el de permitir a sus dirigentes hacer carrera. Las tensiones serán muchas, sobre todo debido a que la verdadera oposición a Macron, la de los trabajadores y los jóvenes, se hará con reivindicaciones opuestas al programa del FN…

Legislativas 2017

Las próximas elecciones para elegir a los diputados de la Asamblea Nacional son dentro de un mes —el 11 y 18 de junio de 2017—. Está claro que se tratará en realidad de la tercera y cuarta vuelta en las cuales esa rabia y la voluntad de lucha van a buscar la forma de expresarse.

Ahora más que nunca es necesario que los trabajadores, los jóvenes y las clases populares tengan una expresión política independiente frente a los partidos de los capitalistas: En Marche, Los republicanos, el FN, el PSF y Eelv (Europe Écologie – Les Verts, que ya están buscando una alianza con el partido de Macron). Siguiendo la línea de la campaña de Mélenchon, hacen falta candidatos que rompan con las políticas de austeridad. No podemos aceptar los acuerdos con los partidos que llevan a cabo políticas de austeridad como el PSF o algunos dirigentes de Eelv. Hacen falta candidatos que se opongan a los cierres de empresas como Whirpool o Chez Tati, que combatan el desmantelamiento de los servicios públicos, que luchen contra la destrucción del medio ambiente, por el aumento de los salarios y las pensiones, por la reducción de la jornada laboral. Candidatos que marquen la diferencia con los corruptos y arribistas de En Marche, de LR, del PSF o del FN y que no reciban un salario mayor que el de un trabajador cualificado.

Desde Gauche Révolutionnaire apoyamos las candidaturas unitarias por circunscripción en torno a este programa. Debería de ser posible hacer campaña por un mismo candidato que provenga del movimiento de Francia Insumisa (FI) o del PCF, manteniendo la libertad para expresar su propia visión. Es necesario llegar a un acuerdo, si no es por una campaña común, al menos de un reparto de las circunscripciones. Esto es algo vital. Pero si las exigencias del PCF son, como parece ser el caso, de exigir ser el principal candidato en un aplastante mayoría de circunscripciones y no dejar a Francia Insumisa más que los lugares donde los resultados de Mélenchon han sido más débiles, entonces lamentablemente ningún acuerdo será posible mas que el que Francia Insumisa ya ha propuesto: 26 circunscripciones para el PCF y 26 para FI en los cuales no habrá competencia entre los dos movimientos.

¡Hay que construir una Izquierda de combate!

Frente a las políticas en beneficio de los grandes capitalistas, la verdadera izquierda tiene una gran responsabilidad y no puede dejarle el terreno al FN. Hay que continuar la dinámica comenzada por la campaña en torno a Mélenchon. El voto a Mélenchon ha aportado esperanza a las clases populares y un programa progresista que ataca a los verdaderos responsables de la crisis: los super ricos, la banca, los grandes accionistas…

Ha faltado poco para que Mélenchon enfrentara con éxito a Le Pen y a la gran marabunta de medios de comunicación al servicio del capitalismo (9 multimillonarios poseen hoy el 90% de los medios de comunicación en Francia). La ofensiva desencadenada por los periodistas a sueldo de los capitalistas y la clase dominante contra Mélenchon, llegando incluso a compararlo con Stalin, transmitía de forma clara su miedo a que las masas conocieran su programa económico y social y quisieran llevarlo a la práctica. De hecho, tras los resultados, algunos se felicitaban de haber evitado una segunda vuelta entre Mélenchon y Le Pen o entre Mélenchon y Macron que habría sido muy ajustada.

Hace falta crear una nueva fuerza política de la izquierda, de masas y capaz de organizar la rabia y la resistencia en torno a un programa económico y social que señale a los verdaderos responsables de la actual situación: los capitalistas. Son cientos de miles de votantes a favor de Mélenchon que quieren continuar la batalla. Lo que ha faltado las dos últimas semanas de campaña es que el movimiento de los insumisos fuera más organizado y capaz de consolidarse como un movimiento militante y combativo frente a los candidatos procapitalistas. Es urgente avanzar en este sentido porque las elecciones legislativas necesitarán de determinada organización y, sobre todo, porque la campaña electoral será una forma de impedir a Macron obtener la mayoría en la Asamblea Nacional y facilitará la tarea de levantar un movimiento de masas contra sus políticas, con manifestaciones y huelgas.

En Gauche Révolutionnaire defendemos la necesidad de una fuerza política de masas y de combate, un nuevo partido realmente democrático que aglutine a los trabajadores, a los jóvenes y a todos aquellos y aquellas que ya han tenido bastante de capitalismo. Para esto no hay 36 soluciones, hace falta batirse por poner fin a la dictadura del capital retirando a los capitalistas su control sobre los medios con los que golpean a la mayoría y sustituyéndolos por la propiedad pública de las palancas principales de la economía bajo el control y la gestión democrática de la población. Una nueva fuerza se puede construir sobre la base de las movilizaciones de masas y debatiendo sobre un programa anti-austeridad pero también defendiendo el socialismo democrático contra el capitalismo y su dictadura.

Con el resultado de Mélenchon y la campaña electoral, Francia Insumisa ha dado un gran paso en esta dirección y los capitalistas se han encontrado con una verdadera oposición frente a ellos. Una oposición que va a crecer y a desarrollarse.

La GAUCHE RÉVOLUTIONNAIRE (Izquierda Revolucionaria en Francia) continuará peleando por construirla en el próximo periodo ¡Únete a nosotros!


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