El caos en la administración de Trump dio un nuevo salto, al tiempo que las huelgas de profesores se extendían por todo el país y que las elecciones de mitad de mandato condicionaban la situación política para el próximo periodo. Trump ha limpiado la Casa Blanca no solo de los racistas Steve Bannon y Reince Priebus, la facción republicana mayoritaria, sino también de su propia familia. El Jefe de Gabinete John Kelly y el reaccionario Fiscal General Jeff Sessions podrían ser los próximos dos cargos en la cuerda floja. Trump está consolidando su propio control sobre el régimen, haciéndolo aún más propenso a cambios políticos bruscos basados en los caprichos autoritarios del propio presidente.


John Bolton, un belicista de derechas, ha entrado en escena, lo que implica una estrategia que entra en contradicción con la postura mayoritariamente aislacionista de Trump sobre política exterior que defendió durante su campaña de 2016. Trump solo es políticamente consecuente sobre un par de cosas, su inconsistencia y su deseo de control. Es presa de los escándalos y de una estrecha investigación impulsada por Mueller. Mientras tanto, los republicanos se enfrentan a una "ola azul" demócrata en las elecciones de medio mandato de Noviembre, que probablemente les otorgue el control de la Cámara y posiblemente del Senado. Altos representantes republicanos de la Cámara están saltando de un barco que se hunde y la retirada de Paul Ryan, de 48 años, es solo el último ejemplo de estos abandonos.


A pesar de que la dirección del Partido Demócrata no está construyendo e impulsando movilizaciones contra la agenda de la derechas del Gobierno, millones de personas no están de acuerdo con "esperar hasta noviembre" para luchar contra los republicanos. Los profesores en Virginia Occidental, Kentucky y Oklahoma se han declarado en huelga, a menudo sin la ayuda de sus dirigentes sindicales, y Arizona y posiblemente Colorado sean los siguientes Estados que sigan dicha estela. Los estudiantes están saliendo a las calles contra la violencia de las armas y al mismo tiempo están furiosos al enfrentarse a un futuro con una educación cada vez más deteriorada, deudas universitarias, incrementos constantes de los costes de la vivienda, empleos con salarios de miseria, discriminación y destrucción del medioambiental.

La lucha de los profesores marca el camino a seguir


Tras muchos años con cifras históricamente bajas de huelgas, el movimiento obrero está volviendo a despertar. Los profesores están marcando el camino tras años y años de recortes presupuestarios, privatizaciones, desmantelamiento y constantes ataques a los sindicatos, y su criminalización por parte de los grandes medios de comunicación corporativos. La ola actual de huelgas, a menudo organizadas desde abajo sin la iniciativa de los dirigentes sindicales, amenaza con extenderse. Necesitamos un movimiento sindical más fuerte de cara a revertir los ataques contra nuestros niveles de vida, y las huelgas serán un instrumento esencial para hacer frente a un capitalismo en crisis y a los planes de unos políticos que aparecen como simples títeres al servicio de la clase multimillonaria.

No debemos olvidar que la crisis que vive la educación pública no comenzó con Trump. Los líderes locales, estatales y nacionales del Partido Demócrata financiaron muy por debajo de sus necesidades la educación, establecieron pruebas académicas selectivas desorbitadas y trataron de dejar fuera de juego a los sindicatos. El "Alcalde del 1%" Rahm Emanuel en Chicago es el ejemplo más claro de estas políticas. La lucha del profesorado lleva años librándose y marca el camino a seguir para un movimiento obrero que con demasiada frecuencia se niega a luchar cuando se enfrenta a ataques contra los derechos de los trabajadores, como ocurre ahora con la inminente doctrina Janus aprobada por el Tribunal Supremo, que establecerá el "derecho a trabajar"  (con peores) condiciones en el sector público a nivel nacional.


Estas huelgas pueden ser un punto de partida para una rebelión generalizada de la clase trabajadora, a pesar de que dicha doctrina Janus pueda dañar al movimiento sindical, como ya sucedió en Wisconsin después de  las leyes antisindicales aprobadas en dicho Estado por el republicano Scott Walker. Como ya ocurrió con el recrudecimiento de los conflictos laborales en los años 70, miles de jóvenes activistas de otras luchas están dirigiéndose y recurriendo a los sindicatos. En aquel momento tuvieron la experiencia del movimiento Black Power, la lucha por la liberación de las mujeres, y el movimiento contra la guerra de Vietnam, sacando, fruto de dichas luchas, conclusiones socialistas, y mirando hacia la clase trabajadora como la fuerza decisiva para el cambio. Hoy, los jóvenes se han agrupado en torno a Occupy, Black Lives Matter, el nuevo movimiento feminista, la campaña de Bernie Sanders y las luchas contra Trump con decenas de miles de activistas organizados en Socialistas Democráticos de América.


Las ideas socialistas y la organización en torno a las mismas han sido factores clave en cada resurgimiento del movimiento obrero que ha tenido éxito en la historia de Estados Unidos, y estas luchas han sido además fundamentales de cara a mejorar los niveles de vida y los derechos laborales que hemos conseguido conquistar. Las grandes empresas capitalistas y los políticos a su servicio han intentado retrasar dichos logros históricos durante décadas. Pero a medida que se desarrolle una nueva oleada de la lucha de clases, las ideas socialistas en torno a la solidaridad, la lucha y la necesidad de actuar con independencia política por parte de la clase trabajadora, aumentarán con cada batalla que sea ganada. La lucha de los profesores también señala la necesidad de adoptar tácticas flexibles para organizar a los trabajadores, de construir un mayor apoyo en la comunidad y entre el conjunto de la clase trabajadora, y de considerar la necesidad de la lucha política contra los dirigentes sindicales que se niegan a luchar contra los patronos y contra los políticos que les sirven.


La próxima “Ola Azul” demócrata


La renuncia de Ryan es solo una señal de que probablemente los demócratas obtengan importantes victorias en las elecciones de noviembre. Sin embargo, hay corrientes opuestas a esta "ola azul" demócrata, los manipulables distritos Gerrymandered , la base incondicional de Trump que aún lo apoya, y la posibilidad de que se imponga la apatía entre votantes demócratas debido a que la naturaleza corporativa procapitalista de los Demócratas les impide movilizar a la gente en torno a un programa de cambio real que entusiasme. Sin embargo, donantes republicanos ricos están abandonando a las candidaturas a la Cámara de Representantes para tratar de "detener la hemorragia" en el Senado en medio de la retirada de multitud de políticos republicanos.


Los socialistas simpatizamos con el deseo que tiene mucha gente de utilizar las elecciones de Noviembre para asestar un golpe a la derecha. Desgraciadamente, los dirigentes demócratas no han hecho movimientos decisivos de cara a expulsar al débil régimen de Trump del poder y traicionaron a los jóvenes inmigrantes acogidos al programa DACA llegando a un acuerdo presupuestario con los republicanos. También fueron ellos quienes abrieron la puerta al populismo derechista de Trump aplicando durante años políticas pro-capitalistas. Necesitamos fortalecer nuestras luchas desde abajo para obtener victorias efectivas contra las políticas republicanas.


De cara a construir una alternativa para la clase trabajadora creemos que es importante apoyar potentes campañas de izquierda independientes como la de Tim Canova en Florida, que se postula para el Congreso contra la presidenta de DNC (Comité Nacional Demócrata) Debbie Wasserman Schultz, y la de Gayle McLaughlin que aspira a vicegobernador en California. Los Socialistas Demócratas de América deberían construir activamente este tipo de campañas como parte de una estrategia electoral audaz que sirva para avanzar en la lucha por un partido obrero de masas y por un cambio socialista. Al mismo tiempo, deberíamos debatir y trabajar con los partidarios de candidatos Demócratas populista como Cynthia Nixon en Nueva York para discutir qué tipo de programa y qué movimiento es necesario para derrotar a la clase multimillonaria.


Si los demócratas terminan por obtener el control del Congreso, o incluso solo de la Cámara de Representantes, se transformará el terreno político y no podrán ya decir que sus "manos están atadas" de cara a frenar de manera efectiva las políticas de Trump. Tendremos entonces que intensificar las movilizaciones en las calles, los centros de trabajo, los campus y las comunidades para obligarlos a actuar de manera contundente contra Trump.


El aparato del Estado amenaza a Trump


La investigación de Mueller y el libro de Comey han llevado a que Trump enloquezca tanto en Twitter como en la vida real. Su personalidad de aspirante a dictador le expone a poder cometer errores, siendo posible que despida a Mueller, lo que provocaría protestas masivas en todo el país que podrían desestabilizar su gobierno.


Trump es indudablemente un corrupto, un racista, un machista y una amenaza para los trabajadores y los oprimidos. Estamos a favor de tumbarlo junto a sus políticas. Al mismo tiempo, los socialistas señalamos que el FBI es una institución represiva con un largo historial de ataques a la izquierda y particularmente a dirigentes y activistas negros. También hemos señalado en repetidas ocasiones que fue la debilidad de Clinton y los demócratas, no la interferencia rusa, lo que permitió el triunfo de Trump.


Si Trump despide a Mueller, los socialistas deberemos participar en las protestas que se produzcan, que probablemente serían históricas por su magnitud y contundencia. Defenderíamos, a diferencia de los líderes demócratas, que las protestas deben implicar hacer todo lo posible para derrotar a Trump, incluida la desobediencia civil, las huelgas y las ocupaciones. Los socialistas también propondríamos que este potencial movimiento contra Trump plantee reivindicaciones a favor de los trabajadores, un salario mínimo de 15 dólares por hora, fondos suficientes para la educación y atención médica garantizada. Trump podría no ser lo suficientemente impulsivo para despedir a Mueller y desencadenar una crisis social, pero ciertamente no está por encima de sus arrebatos y de sus incomprensibles errores.


Un ejemplo es que Trump ha lanzado los primeros disparos en una potencial guerra comercial con China que, si se intensifica, podría arrastrar a la economía a una recesión. La débil recuperación actual es una de las razones clave por la cual la base más sólida de Trump aún no lo ha abandonado, pero eso puede cambiar si la economía colapsa. Las amenazas arancelarias de Trump y las respuestas del "ojo por ojo" de China ya han hecho temblar a los mercados internacionales y podrían amenazar a la industria agrícola y automovilística en EE.UU. Esto demuestra, una vez más, que las promesas de Trump sobre la posibilidad de que el capitalismo pueda "traer de vuelta los empleos perdidos" son retórica vacía y que bajo este sistema no hay salida a la crisis que el mismo sistema generó.


No podemos esperar hasta las elecciones de noviembre, necesitamos un programa socialista ya que pueda vincular todas las luchas que están teniendo lugar ahora. Los socialistas tenemos que trabajar para reconstruir el movimiento obrero y dar pasos hacia un partido de la clase trabajadora que luche por la propiedad pública y democrática de las grandes corporaciones capitalistas que dominan nuestras vidas.


Por qué los Socialistas nos oponemos al bombardeo en Siria


Desesperado por encontrar una distracción respecto a los problemas domésticos, Trump ordenó el bombardeo de Siria, uniéndose así a otros jefes de Estado de derechas, de Gran Bretaña y Francia, implicados ya en la batalla, y amenazando con provocar una guerra más extensa en Oriente Medio. El brutal régimen de Bashar al-Assad ha cometido horribles atrocidades y crímenes de guerra, pero no debemos confiar en que Trump o las clases dominantes occidentales tengan presentes los intereses de los civiles sirios cuando bombardean Siria poniendo como excusa el uso de armas químicas por parte de Assad. Al mismo tiempo, las potencias occidentales no tienen problema alguno en apoyar a la miserable dictadura de Arabia Saudí cuando ésta sirve a sus intereses, como ocurre ahora con la campaña de bombardeos sauditas que ha llevado la hambruna a Yemen.Oriente Medio está plagado de divisiones y amenazas de conflicto. El Estado israelí ha sido particularmente beligerante en los últimos tiempos, disparando contra manifestantes palestinos desarmados y bombardeando posiciones iraníes en Siria. La casta real saudí dominante también quiere impulsar la guerra con Irán. Por otro lado, el brutal régimen sirio de Assad está fuertemente ligado a las clases dominantes iraní y rusa.


El bombardeo de Siria no es solo una política de Trump. Importantes secciones del establishment estadounidense han apoyado dicha acción, incluyendo a Hillary Clinton y a otros políticos demócratas. La clase dominante estadounidense quiere intentar reafirmar su autoridad y su poder militar en Oriente Medio e internacionalmente, ya que están perdiendo influencia en todo el mundo en favor de China, Rusia y potencias regionales como Irán.


Al mismo tiempo, llegados a este punto, la clase dominante no quiere una guerra más amplia en Oriente Medio, temerosa de cómo esto podría afectar las inversiones de las multinacionales y por la oposición interna masiva en EE.UU. a una mayor participación militar. Sin embargo, apoyándose en un Trump impredecible e indisciplinado, están dispuestos a arriesgarse precisamente a este posible resultado de cara a reafirmar su poder y tratar de llevar al régimen ruso en particular a una mesa de negociación de cara a encontrar una "solución" para Siria más favorable al capitalismo occidental, aunque muy lejos de derribar la dictadura de Assad.


Los trabajadores de todo el mundo quieren paz, estabilidad y un futuro digno. Ni el imperialismo ruso ni el estadounidense, ni los regímenes reaccionarios de Oriente Medio pueden ofrecer solución alguna, excepto un conflicto permanente. Los socialistas defendemos la unidad de trabajadores, pobres y jóvenes en lucha contra esta creciente crisis de guerra y pobreza en el corazón del propio capitalismo. Exigimos que todas las potencias imperialistas, incluidos EE.UU., Rusia, Irán y Turquía, retiren sus fuerzas militares. Si bien las protestas contra la guerra son actualmente pequeñas, la amenaza de un conflicto cada vez mayor y creciente significa que debemos comenzar a sentar las bases para un movimiento masivo contra la guerra ya.


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