El gobierno imperialista de Donald Trump y su títere venezolano, el dirigente ultraderechista Juan Guaidó, han lanzado desde la madrugada del pasado 30 de Abril una nueva ofensiva golpista contra el pueblo de Venezuela.

Como en las anteriores tentativas, este golpe cuenta con la colaboración activa de los gobiernos reaccionarios de Latinoamérica, las burguesías europeas, los medios de comunicación a su servicio y un amplio sector de la socialdemocracia internacional.

La opinión pública capitalista presenta a Juan Guaidó como “presidente legítimo” de Venezuela  y a Leopoldo López como “perseguido político”. Lo que no dicen es que tanto Guaidó como López son dirigentes del partido de extrema derecha Voluntad Popular, que en 2014 llamó a sus partidarios a organizar acciones terroristas y ataques fascistas contra militantes de izquierda y sedes del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). En las “guarimbas” organizadas por estos dos reaccionarios, se cometieron atentados con armas de fuego y cócteles molotov que causaron medio centenar de muertos.

Leopoldo López fue juzgado y condenado a 14 años de cárcel como máximo responsable de estos ataques. Pero todo el desprecio que siente la oligarquía venezolana por su propio pueblo se ha vuelto a evidenciar nuevamente en las acciones violentas impulsadas el 30 de Abril por estos criminales.

Guaidó solicitó hace pocas semanas una intervención militar de EEUU para garantizar su investidura como presidente. Da igual las vidas que cueste, lo único que importa a los capitalistas venezolanos y a sus amos imperialistas es llegar al poder y tomar el control de las inmensas riquezas de Venezuela.

La nueva ofensiva golpista lanzada por Trump ha sido secundada una vez más por la Unión Europa (UE). Mientras derraman lágrimas de cocodrilo  por “los sufrimientos del pueblo venezolano”, las sanciones aprobadas por EEUU y la UE suponen que millones de jóvenes y trabajadores, ya golpeados por la grave crisis económica que sufre el país, están siendo condenados a una situación límite.

Entre los más de 50 gobiernos que reconocen a Guaidó como “presidente legítimo”, apoyan estas medidas criminales de bloqueo económico, y respaldan la ofensiva golpista, destaca la presencia del español y el portugués. Los dirigentes del PSOE, el PS portugués y otros partidos socialistas europeos son cómplices en los planes criminales del imperialismo.

El hecho de que un fascista como Leopoldo López haya recibido cobijo en la casa del embajador español en Caracas es una prueba concluyente de lo que decimos. Mientras encarcelan a dirigentes independentistas catalanes por organizar un referéndum democrático, el gobierno español protege a golpistas que promueven una asonada militar para masacrar al pueblo de Venezuela. Este es el doble rasero de la democracia capitalista.

La intentona golpista del 30 de Abril fracasa...

El nuevo intento de derribar al gobierno de Nicolás Maduro comenzó en la madrugada  del 30 de Abril con el pronunciamiento conjunto de Guaidó y Leopoldo López, liberado poco antes de su arresto domiciliario por un grupo de militares sublevados de la Guardia Nacional. El golpe contaba con el apoyo del máximo responsable de la inteligencia militar (SEBIN), Manuel Christopher Figuera, destituido por el gobierno ese mismo día.

Los medios de comunicación internacionales difundieron que Guaidó contaba con el apoyo mayoritario del ejército, controlaba una de las principales bases aéreas del país, La Carlota, y pronto se harían con el control de otras. A medida que pasaban las horas, fue quedando en evidencia la falsedad de estas noticias.

El “apoyo mayoritario del ejército” anunciado por Guaidó y sus jefes estadounidenses, Mike Pompeo y John Bolton, se ha concretado hasta el momento en la deserción y solicitud de asilo en la embajada brasileña de 35 militares de baja graduación, de la implicación en el golpe de algunos oficiales aislados y la difusión de videos en los que soldados, cabos y tenientes denuncian que fueron llevados hasta La Carlota mediante engaños y, una vez vieron que el objetivo era utilizarles para el golpe, decidieron abandonar a sus mandos.

A los golpistas no les fue mejor con su llamado “al pueblo” a  “tomar masivamente las calles”. La anunciada marcha hasta el Palacio de Miraflores para apoyar la “sublevación militar” y derrocar al gobierno nunca se celebró ante la evidencia de que el golpe no había prosperado en los cuarteles y carecían de masa crítica suficiente para emprender esa acción con posibilidades de éxito. Así las cosas, López y Guaidó reagruparon a los pocos miles de partidarios que habían logrado movilizar y alentaron acciones violentas en Caracas y otras ciudades del país.

...pero los planes golpistas del imperialismo continúan

El fracaso de la intentona del 30 de abril refleja, como ya lo hizo también el del 23 de Febrero, las enormes dificultades que encuentra en estos momentos el imperialismo estadounidense, pese a todos sus recursos, para lograr sus objetivos.

Como explicamos en anteriores declaraciones, el objetivo de la administración Trump es aprovechar la grave situación económica que vive Venezuela (que sus sanciones y bloqueo están agravando de manera dramática) para retomar el control sobre un país clave para sus intereses.

Venezuela tiene las mayores reservas confirmadas de petróleo del mundo. Durante los últimos años se ha convertido en el principal socio comercial de China en Latinoamérica y un aliado fundamental de Rusia en el continente. En la pugna entre los imperialistas chinos y estadounidenses por cada palmo del mercado mundial, que las perspectivas de una nueva recesión mundial en 2019 o 2020 agudizan, Venezuela se ha convertido en una pieza estratégica para Trump y la burguesía estadounidense.

Situando a un gobierno títere en Caracas, Washington podría asestar un golpe a China y Rusia y daría un paso muy importante en el objetivo de reafirmar su hegemonía continental. Además, una victoria de la extrema derecha en Venezuela sería utilizada para intentar golpear a las masas en toda Latinoamérica, en un contexto de malestar social y movilizaciones crecientes contra las políticas de ajuste y recortes de los gobiernos reaccionarios de Colombia, Argentina, Chile, Perú y Brasil.

Pero este escenario de inestabilidad, polarización y lucha de clases en todo el continente, incluidos los propios Estados Unidos, se levanta también como un obstáculo objetivo para una intervención militar exterior. El despliegue de los marines en territorio venezolano haría estallar todo el malestar acumulado y provocaría movilizaciones de masas en un país tras otro.

La estrategia imperialista, mientras intenta ganar a un sector decisivo de la cúpula del ejército, sigue apoyándose en la asfixia económica. Tras el revés sufrido el 30 de Abril, Donald Trump anunciaba el 2 de mayo nuevas medidas de bloqueo y sanciones “devastadoras” contra Venezuela, e incluso la posibilidad de complementarlas con un endurecimiento del bloqueo contra Cuba. Paralelamente, seguirán promoviendo la desestabilización, esperando que la combinación de hiperinflación, sanciones, sabotaje, apagones, etc.; provoque un estallido social o una ola de saqueos y enfrentamientos violentos en la calle que cambie la correlación de fuerzas dentro de la oficialidad del ejército y posibilite un golpe militar a su favor.

La situación en el ejército

Como parte de ese plan, la administración Trump está utilizando una política de “palo y zanahoria” hacia los altos oficiales, combinando las amenazas (declaraciones sobre una posible intervención militar, detenciones, bloqueo de sus cuentas fuera del país…) con promesas de “amnistía” e intentos de compra.

El gobierno y los dirigentes del PSUV insisten en que el ejército está con Maduro sin fisuras, esperando que los golpistas se agoten por sus propios errores o porque no consiguen suficiente apoyo en las calles, y confiando en que seguirán manteniendo indefinidamente el apoyo de la cúpula militar.

Pero esta política es una receta para el desastre. En primer lugar, deja la iniciativa en manos de la reacción y el imperialismo, y muestra que desde el gobierno no hay más  estrategia que una hipotética negociación con la oposición derechista. Una completa utopía que no resolverá nada. Si algo demuestra el que Guaidó pudiese volver a Venezuela libremente después de las acciones violentas que promovió el 23F, que siga actuando impunemente tras el golpe fallido del 30-A, o que Leopoldo López disfrute de la hospitalidad del embajador español mientras lanza soflamas golpistas en ruedas de prensa, es que dentro del aparato del Estado hay divisiones y contradicciones importantes.

La implicación de Figuera, el jefe de la inteligencia militar, en esta asonada representa una advertencia muy seria. La misma polarización que se da en la sociedad se produce dentro del ejército y el aparato estatal. En la oficialidad existen sectores corruptos y pro-capitalistas que, aunque no lo digan abiertamente, simpatizan con la derecha y la extrema derecha y no dudarán en colaborar con ellos y el imperialismo en reprimir al pueblo si sienten que pueden ganar.

El único modo de derrotar la ofensiva golpista es con una política revolucionaria que entusiasme a las masas. Pero lejos de presentar una alternativa socialista, la burocracia del PSUV y el gobierno de Maduro han roto con la experiencia revolucionaria pasada socavando todas las reformas progresistas que el pueblo arrancó bajo los gobiernos de Chávez, han intentado llegar a acuerdos una y otra vez con la burguesía parasitaria fomentando la corrupción, han gestionado un capitalismo en bancarrota reprimiendo a los sectores más combativos y conscientes del movimiento obrero y de la izquierda, y se han echado en brazos de los imperialistas chinos y rusos para asegurar sus privilegios y el control del poder estatal.

Correlación de fuerzas

Venezuela enfrenta una de las ofensivas imperialistas más brutales de las dos últimas décadas. No obstante, la asistencia a las movilizaciones organizadas por el gobierno, como la de este Primero de Mayo, sigue muy por debajo de las gigantescas demostraciones de fuerza que consiguieron desactivar ofensivas golpistas anteriores contra el gobierno de Chávez.

La causa de esta paradoja es que Chávez tomaba medidas hacia la izquierda, intentando responder a las demandas de las masas, y se enfrentaba a la oligarquía. Por el contrario, Maduro y los actuales dirigentes del PSUV han optado por abandonar cualquier perspectiva socialista y optar por un modelo de capitalismo de Estado, aplicando recortes en salarios y derechos, destruyendo miles puestos de trabajo en empresas públicas y privadas, haciendo constantes concesiones a los empresarios, y todo ello sin poder evitar el colapso del aparato productivo, la hiperinflación y el sabotaje imperialista. La catástrofe social y económica de Venezuela no se va a resolver manteniendo esta dinámica.

Con una auténtica política socialista y revolucionaria, el golpe ya habría sido derrotado de manera definitiva. Guaidó y los fascistas de Voluntad Popular y demás partidos oligárquicos estarían completamente aislados y desprestigiados, sus dirigentes detenidos para que respondan por sus crímenes y no tendrían posibilidad alguna de volver a actuar.

Pero Guaidó sigue libre e intenta recuperar la iniciativa. Los primeros datos disponibles indican que el “paro escalonado hacia una huelga general”, que convocó el Primero de Mayo, no ha tenido seguimiento. La manifestación opositora de ese día, más concurrida de lo que cabía esperar tras fracasar su intentona de la jornada anterior, no contó con la asistencia multitudinaria necesaria para llevar adelante sus planes golpistas. En cualquier caso, Guaido se apoya en los burócratas sindicales descontentos para mantener su estrategia y cifra sus esperanzas en que el malestar social le permita cambiar la correlación de fuerzas.

Movilización independiente de la clase obrera contra el golpe ¡Todo el poder a los trabajadores y el pueblo para barrer a la reacción!

Desde Izquierda Revolucionaria nos oponemos totalmente al paro obrero convocado por Guaidó. Esta huelga no tiene nada que ver con la defensa de los derechos de los trabajadores, sino con una escalada en la estrategia imperialista. Por el contrario, llamamos a todos los trabajadores, campesinos y jóvenes a movilizarnos masivamente para derrotar esta nueva intentona golpista de manera aplastante y definitiva.

La primera tarea de todos los activistas obreros, de los sindicatos de clase, de los movimientos populares y de la izquierda, es denunciar los objetivos y el carácter criminal de Guaidó y la oposición pro-imperialista venezolana, pero sin confiar en el gobierno o la cúpula militar para derrotar a Trump y a la burguesía venezolana. Son sus políticas las que han permitido a la derecha manipular la desesperación de sectores de la población y avanzar. Un nuevo ejemplo lo tenemos en la promesa de Maduro en su discurso del Primero de Mayo de convocar un congreso de organizaciones sociales para recoger sus opiniones y propuestas. Pero este ejercicio de legitimar a la burocracia con acciones propagandísticas no es nuevo, en el pasado ya tuvimos el congreso de los trabajadores, congreso de los pueblos, parlamento comunal... y, cuando los sectores revolucionarios intentaron plantear sus críticas a la burocracia y la necesidad de expropiar la banca y las grandes empresas propiedad de la oligarquía, fueron excluidos o atacados.

Las reservas de apoyo al legado de la revolución, la memoria, el instinto y conciencia que existen entre las masas, son muy superiores a lo que muestran las manifestaciones que organiza el gobierno. Con una dirección revolucionaria y un programa de lucha por el socialismo que recogiera las aspiraciones y necesidades inmediatas de la población, se podría revertir la situación de apatía que muestran millones de oprimidos, que no apoyan a Guaidó ni los planes golpistas pero no ven en Maduro una alternativa.

Hay que poner en marcha toda esa fuerza y cortar de raíz el intento de Guaidó de conseguir apoyo entre los trabajadores y el pueblo. Pero esto no se conseguirá con palabras. Es imprescindible que los revolucionarios nos pongamos al frente de la movilización contra las políticas antiobreras de la burocracia en las empresas e instituciones públicas. Debemos impulsar urgentemente comités de acción contra el golpe independientes de la burocracia estatal y sindical en cada fábrica, centro de estudios o barrio. Estos comités deben organizar acciones concretas (asambleas, marchas, concentraciones...) y coordinarse local, regional y nacionalmente para unificar las reivindicaciones de todos los colectivos obreros, campesinos y populares para derrotar el golpe y construir una verdadera economía y estado socialistas, sin burocracia ni corrupción.

Este programa debe pasar necesariamente por la expropiación de los bancos, la tierra y las grandes empresas, y de todo el capital imperialista, y que los ingentes recursos de Venezuela sean administrados directamente por los trabajadores. Planificando democráticamente la economía en beneficio del pueblo podríamos poner fin a la catástrofe económica. Un movimiento así no sólo respondería contundentemente a Trump y sus aliados, lograría conquistar el apoyo entusiasta de millones en Latinoamérica y en todo el mundo, conjurando la amenaza golpista y abriendo la senda para la transformación socialista de la sociedad.

¡Para derrotar el golpismo, hay que arrebatar el poder económico y político de los empresarios y burócratas y que este pase a manos de los trabajadores y el pueblo!


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