Estoy de acuerdo con la camarada cubana Celia Hart Santamaría. Si Karl Marx, Simón Bolívar, José Martí y Ernesto Che Guevara hubiesen podido sentarse alrededor de la misma mesa, hubiese bastado una taza de café y pocas horas de conversación para ponerse de acuerdo. De acuerdo sobre el objetivo fundamental de la revolución: una Federación Socialista de América Latina, desde el Río Grande de México hasta la Tierra del Fuego, como primer paso hacia un nuevo orden social y económico a escala mundial. Si los cuatro revolucionarios se reunieran hoy mismo, probablemente no tardarían en empezar adoptando una consigna urgente: que la Federación Socialista empiece con Cuba y Venezuela.
Sin quitar méritos a ninguno de los líderes de la revolución cubana y venezolana, puede decirse que todavía no han adoptado el programa internacionalista que Marx, Bolívar, Martí y Guevara habían asumido como irrenunciable. Si Bolívar y Martí viviesen hoy, serían sin duda alguna dos socialistas militantes, porque no existe manera en este mundo de unir el continente sobre bases capitalistas. Pero si es posible sobre las bases de la planificación democrática y altamente participativa de la economía y la vida pública por parte de la clase trabajadora.
Cuba ya dio un paso importantísimo en esta dirección: expulsó al capitalismo en 1960. Esto permitió un avance impresionante de la sociedad en todos los campos y de ahí vienen la medicina, la investigación científica, la educación y en general la bandera de la resistencia ante el imperialismo.
Las masas venezolanas también dieron un paso importantísimo contra el capitalismo al comenzar la revolución bolivariana, una revolución que aterroriza al Capital y a su hijo el imperialismo. Digo eso porque igual que el Diablo, el capitalismo se hace llamar con muchos nombres: Neoliberalismo, Libertad de Empresa, Globalización, Imperialismo, Libre Mercado; a veces se disfraza de cordero llamándose Economía Mixta, Capitalismo de Rostro Humano o Keynesianismo y algunos incluso le llaman Imperio. Lo que no cambia es que millones de Florentinos ya no se dejan engañar y están dispuestos a darle la batalla.

Aquí en Venezuela las masas oprimidas hemos despertado a la participación política a la primera oportunidad que tuvimos de participar, es decir a través del apoyo al Presidente Chávez y de la movilización general. El Presidente ha denunciado muchas veces al capitalismo y ha llamado a la lucha para romper con este sistema. Sin embargo, seguimos viviendo bajo el capitalismo y esto es porque los dirigentes del proceso y sus aliados internacionales todavía no han asumido el programa adoptado por Bolívar y perfeccionado por Marx, Engels, Lenin y Trotsky.
La lucha entre Florentino y el Diablo es una lucha a muerte. Si Florentino expulsa el capitalismo del país y liquida su aparato estatal, entonces habrá ganado la batalla y podrá sustituir el poder de la IV república con su propio poder obrero y popular. Si el Diablo logra mantener muchas de las estructuras tradicionales del poder y el control de los bancos, la tierra y las multinacionales, entonces Florentino seguirá siendo oprimido y explotado. El Diablo sabe disfrazarse muy bien. Se ha disfrazando de mediocres intelectuales y malos consejeros de toda clase que intentan convencer a Hugo Chávez y a Fidel Castro que las Revoluciones en Cuba y Venezuela son dos cosas distintas, que son asuntos nacionales. El Diablo de la propaganda burguesa repite a diario que Cuba es una dictadura y que en Venezuela ya tenemos la democracia, que cambiar es peligroso. Los marxistas queremos ayudar a Florentino para que comprenda más claramente lo que ya intuye: que la Revolución es una sola y para derrotar a la miseria la revolución tiene que ser internacional.
El problema que tiene Cuba es su aislamiento, además del embargo y del terrorismo del gobierno norteamericano. Provocó el propio aislamiento una dependencia enorme de las economías planificadas burocráticamente (URSS y los países del Este de Europa), así que al colapsar el estalinismo terminó Cuba en la penuria económica, en el desencanto y la apatía política de buena parte de su población. No hay comparación posible entre el sentimiento militante de lo cubanos de los años 60 y 70 y el desencanto de hoy. Estas condiciones objetivas, en lugar de favorecer un proceso participativo de las masas, lo impiden. Además hay que considerar que por si sola la revolución cubana no pudo evitar la formación de un aparato estatal muy burocratizado y desmoralizante para los trabajadores cubanos.
Sin embargo, Cuba sigue siendo el país socialmente más avanzado de todo el continente. No tenemos que olvidar que el pueblo de Venezuela tiene también un gran problema y un gran enemigo que se llama burocracia conservadora y reformista. Si unimos el pueblo cubano al pueblo venezolano, tendremos lo mejor de Cuba y lo mejor de Venezuela. Pero la unión no puede darse con los escuálidos y los gusanos, tiene que darse sin ellos y contra ellos. La Revolución Cubana necesita el aire fresco, limpio y el entusiasmo de la participación popular que se está dando aquí. La Revolución Venezolana necesita los avances sociales y educativos que supo conquistar el pueblo de Cuba. Por si algún o alguna compatriota tiene dudas, les daré más razones.

Una Federación Socialista que empezara construyendo un único país a partir de la unión revolucionaria de Cuba y Venezuela tendría muchísima fuerza.

Primero: sería el mejor ejemplo posible para todos los oprimidos del mundo y una fuerza de atracción irresistible para la clase obrera del continente y más allá.
Segundo: una población de 40 millones de revolucionarios (los escuálidos y gusanos huirían como ratas) a la que el imperialismo no podría desafiar. Sería un golpe tremendo al imperialismo, más fuerte todavía que la resistencia del pueblo iraquí.
Tercero: las riquezas naturales de Venezuela unidas a la preparación cultural del pueblo cubano podrían fusionarse en una única economía planificada por y para el pueblo trabajador.
Cuarto: el sistema educativo, sanitario y científico de Cuba podría extenderse rápidamente a nuestro país, acabando con la miseria y la precariedad de los servicios públicos venezolanos.
Quinto: una nueva nación con un pueblo activo y vigilante liquidaría rápidamente las estructuras burocráticas y funcionaría de forma totalmente nueva, en la isla igual que en el continente. Podría ser un aparato estatal muy ligero basado en la democracia y la disciplina que surgen de la participación y la experiencia de la clase trabajadora: las milicias populares integrarían y sustituirían las estructuras del ejército regular, los consejos obreros y vecinales volverían el parlamento burgués en una institución inútil y destinada a desaparecer, todos los funcionarios serían elegibles y revocables en cualquier momento por las bases. Los mismos organismos participarían en la planificación económica por el bien de la mayoría de la sociedad.

Los resultados actuales de la colaboración entre el gobierno cubano y venezolano nos permiten ver una pequeña parte de lo que podremos construir si nos juntamos para derrotar a la burocratización y al capitalismo y lo hacemos a escala internacional. La fuerza del movimiento haría que esta unión no se quede en una federación de tan solo dos países en una nación. Al ver la unión revolucionaria de dos pueblos, las masas oprimidas empezarían a ejercer una presión revolucionaria (e insostenible para el capitalismo) en todos y cada uno de los estados del continente y más allá. Sería el pistoletazo de salida de la revolución mundial. Será la tumba del Capitalismo.

El proyecto original de un único estado latinoamericano fue de Bolívar. El Libertador llegó a ver el futuro desarrollo social mucho más allá de lo que supieron imaginar los revolucionarios de la pequeña burguesía europea en la Revolución francesa. Para realizarla en la práctica la unidad latinoamericana no hay atajos o pactos posibles con el capitalismo.

Ya Bolívar hace casi dos siglos fue perseguido por la propia aristocracia criolla, acérrima enemiga de un proyecto continental. El capitalismo sigue siendo el único obstáculo en nuestro camino. Es por eso que los revolucionarios necesitamos al Socialismo para realizar el proyecto de Bolívar. La existencia de una fuerte la clase obrera en todo el continente es la principal amenaza a la propiedad burguesa y oligárquica de los medios de producción, de los bancos y de las finanzas. Bolívar no pudo disponer de una fuerza tan grande, hoy nosotros podemos. El marxismo explica que no puede construirse una sociedad sin clases y sin pobreza dentro de un solo país. El colapso de la Urss y la descomposición social de China, las dificultades de Cuba son la demostración de que Marx y Bolívar tenían razón. Ningún país puede desarrollarse aislado del contexto mundial. Ningún país puede llegar a la igualdad y prosperidad de su pueblo mientras que siga rodeado por el imperialismo. Tenemos una oportunidad histórica, la primera de esta nueva época revolucionaria.

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