Pero la otra sorpresa —muy positiva y ocultada en los análisis de los medios de comunicación burgueses— ha sido el crecimiento electoral de la izquierda. Clara López, candidata del Polo Democrático Alternativo (PDA), obtiene 1.958.414 sufragios (15,23%), multiplicando por cuatro el apoyo obtenido hace unos meses en las legislativas y doblando el resultado de las presidenciales de 2010. La abstención también fue muy alta (55%) y creció el voto en blanco como forma de protesta.
Estos resultados reflejan, aunque de manera bastante distorsionada aún, el empeoramiento de la situación económica, el creciente malestar social y la erosión de la estrategia de “unidad nacional” impulsada desde su llegada al gobierno por Santos, quien ganó en 2010 con el apoyo a regañadientes de Uribe (tras frenar la propia burguesía el intento de éste y su camarilla de reformar la constitución para tener un tercer mandato). Tras su victoria, Santos lideró una operación política camaleónica. Mientras se seguía apoyando en el crecimiento económico y la lucha “contra la inseguridad” (dos de las bazas que granjearon el apoyo de las capas medias y sectores atrasados y lumpenizados de la población a Uribe) criticaba la falta de justicia social bajo los gobiernos uribistas (a los que había pertenecido) y encarcelaba a varios familiares y colaboradores de su antiguo aliado por vínculos con el narcotráfico y el paramilitarismo. Los sectores de la burguesía agrupados en torno a Santos buscaban frenar el creciente poder de la camarilla uribista y al mismo tiempo hacer un cambio de fachada del régimen sin cambiar el fondo.
Durante algunos años pareció funcionar. Santos arrasó en las regionales de 2012 y desbancó a Uribe y los suyos de posiciones importantes en el partido gubernamental, las regiones y el Estado. En respuesta, Uribe se escindió creando un nuevo partido. Santos confiaba en el mantenimiento del crecimiento económico y un acuerdo rápido y bajo sus condiciones en las negociaciones de paz con la guerrilla para volver a arrasar en estas presidenciales y poner la guinda a su estrategia. Pero en el último año le han crecido los enanos. El crecimiento económico se ralentiza: empeoramiento de la balanza comercial, estancamiento de la inversión nacional, e incluso rubros básicos para el crecimiento de los últimos años como el café y sobre todo el oro y petróleo han empezado a aportar menos ingresos. Los índices de inseguridad han vuelto a dispararse y la negociación de paz, aunque prosigue, muestra síntomas de estancamiento. Al sabotaje de los sectores uribistas del ejército y el Estado se une la reducción del margen para un acuerdo aceptable tanto para la burguesía como para las bases guerrilleras a causa de la propia crisis del sistema.
Santos y la burguesía no están dispuestos a hacer concesiones económicas y sociales, exigen entrega de las armas a cambio de derechos políticos que ni siquiera pueden garantizar, dado el poder e influencia en el aparato estatal que mantienen los uribistas y el mantenimiento, aunque más fragmentados, de los grupos paramilitares. Los dirigentes guerrilleros quieren un acuerdo pero en un contexto de recortes capitalistas y creciente movilización de los trabajadores y campesinos por sus derechos han planteado reivindicaciones como la constituyente o la reforma agraria.

Es necesario un frente unitario de la izquierda

Uribe y Zuluaga explotan el impasse de la negociación, centrando su campaña en la crítica a ésta, el incremento de la criminalidad o el empeoramiento económico, para criticar demagógicamente y por la derecha a Santos. La segunda vuelta se presenta muy disputada. Santos espera una movilización de los sectores progresistas y de izquierda en su favor para evitar una victoria de la extrema derecha uribista y el colapso del proceso de paz. Muchos votantes tomarán esta opción, y los sondeos le dan ventaja, pero no tiene la victoria asegurada. En cualquier caso, la alternativa para la clase obrera y los oprimidos no puede ser entre la sartén y las brasas, sino construir una alternativa unitaria de izquierdas.
Los malos resultados electorales de la izquierda durante los últimos años fueron resultado de las políticas reformistas aplicadas en la alcaldía de Bogotá y otras instancias y de la división de la izquierda en hasta cuatro fuerzas con influencia de masas. El ascenso de las huelgas, el crecimiento del Polo Democrático en estas presidenciales, la lucha masiva contra el intento de inhabilitar al alcalde de izquierdas de Bogotá por municipalizar la recogida de basuras, el paro agrario que paralizó el país en 2013 y nuevamente este año, la magnífica lucha victoriosa de los estudiantes en 2012, muestran que hay posibilidades para una alternativa de izquierdas, revolucionaria, de masas. La clave es que el PDA y las demás fuerzas de izquierda construyan un frente unitario y unifiquen las movilizaciones y reivindicaciones obreras y populares en un programa común que vincule la lucha por el fin del conflicto armado a las reivindicaciones inmediatas y la necesidad de transformar la sociedad.


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