El promedio de escolaridad en nuestro país es de nueve años, esto quiere decir que apenas y llegamos a la secundaria, que, claro, no llegamos a la secundaria con una educación eficiente. Cuando llegamos a la universidad, las y los que llegamos, tenemos que desmentir los contenidos del currículum escolar oficial y reaprender mucho nuevamente. No tenemos una educación crítica y constructiva sino una basada en la repetición condicionada y obediente de los contenidos. Y, ¿cómo podemos exigir que las y los maestros depositen en sus alumnos contenidos de calidad que rompan con el paradigma del currículo escolar, cuando solamente se les paga por las horas que dan de clase y no también por las horas que necesitan para planear las mismas? Un maestro promedio tarda alrededor de 14 años de docencia en alcanzar un salario “digno”.


Nuestra generación es la más preparada, la más mal pagada y la más desempleada


La realidad hiriente de las posibilidades laborales de los universitarios, es que dos de cada cinco están desempleados. Yo soy una de ellas. No hay correspondencia entre los egresados y la oportunidad laboral de acuerdo a su campo acción, orillando a muchos al empleo informal. No hay tampoco relevancia para el Estado en mejorar las condiciones en las escuelas que egresarían “el capital humano” para innovar y renovar al país. Un ejemplo claro es el recorte al presupuesto del CONACyT en 7 mil millones de pesos. Un país que no invierte ni produce investigación científica, tecnológica, humanística y social, es una país condenado al fracaso y apuesta a que en su territorio y todos los y las que lo habitan estén sometido a las políticas de países que sí invierten en ello.
Este año, Hacienda recortó al presupuesto de las principales universidades del país, al Politécnico Nacional se le recortó 395 millones de pesos, a la UNAM 350 millones, a la Metropolitana 112.5 millones, a la Pedagógica Nacional se le reducirá el 18.3 % de su presupuesto, así como al resto de las universidades del país. Estos recortes derivan en una disminución de la matrícula, al personal docente y representa una transición de las escuelas de masas a escuelas elitistas y en última instancia la transformación de la escuela pública en privada.


La educación será entonces de quién se la pueda pagar y la mayoría de los que no, se verán obligados a tener trabajos que los mantengan al día y sin ninguna protección social. Un estudio demostró que el 56% de los estudiantes no tiene dinero al finalizar el mes. Una beca de “manutención” de la SEP te da $900 al mes, si eres foráneo, la renta de un cuarto sale en aproximadamente en $800, con lo que te deja $100 para gastos de comida, transporte, salud y recreación. Esa es la manutención que el Estado apuesta para sustentar a sus estudiantes.


Todo esto ocurre porque al Estado no le interesa seguir invirtiendo en la educación de jóvenes que esta condenando al desempleo, pobreza y marginación, saben muy bien que nos están destinando a ser un gran ejercito de desempleados y a trabajos precarios.


Trabajadores y estudiantes, unidos en la lucha


Según un estudio de la Organización Internacional del Trabajo, los hombres jóvenes que concluyen sus estudios pasan alrededor de 18 meses buscando un trabajo estable, a comparación de las mujeres que su periodo de transición escuela-trabajo es de 20 meses. México ocupa el lugar 23 de los 34 países miembros de la OCDE en estabilidad laboral y el peor en calidad de ingreso.


Alrededor de 12.3 millones de jóvenes, en su mayoría hombres, migran a Estados Unidos y 93 mil emigran Canadá que para encontrar mejores condiciones de estudio y trabajo. Podemos decir que subsidiamos la fuerza de trabajo juvenil en el extranjero por las pobres condiciones tanto laborales como educativas que obligan a los y las jóvenes a buscar mejores alternativas fuera del territorio nacional.


Necesitamos dignificar las condiciones laborales y dejar de normalizar las carencias de las mismas. Las demandas de los estudiantes y de los trabajadores son las mismas: Porque estudiamos para trabajar, ¡luchemos por una educación pública y un puesto de trabajo digno al finalizar nuestros estudios! ¡Exigimos puestos de trabajo para que nuestro pueblo no migre! ¡Exigimos sindicatos combativos y democráticos para quienes no tenemos y contratos colectivos con otorgamiento de base a los 15 días laborados!