Declaración de Izquierda Revolucionaria, Libres y Combativas, Sindicato de Estudiantes


En los pasados días, parte del movimiento estudiantil de la UNAM, docentes, trabajadores y militantes de la izquierda, hemos tenido conocimiento de la denuncia por violencia machista presentada por una mujer joven contra Sergio Abraham Méndez Moissen, profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, y dirigente del Movimiento de Trabajadores Socialistas (MTS). Por lo que sabemos y se ha manifestado públicamente desde el MTS, Sergio Abraham Méndez ha sido cesado por su propia organización —nacional e internacional— de sus responsabilidades políticas, lo que es un hecho extremadamente revelador.


La compañera que realizó esta denuncia ha ofrecido, a través de comunicados difundidos por diferentes colectivos feministas, un duro testimonio del abuso al que fue sometida. Es inevitable que este hecho haya causado una gran conmoción en la comunidad universitaria, provocando un debate muy amplio en las filas de la izquierda militante comprometida con la lucha por la liberación de la mujer trabajadora, y entre los colectivos feministas que día a día pelean contra una opresión, de genero y de clase, que sufrimos millones de nosotras en México, en América Latina y en todo el mundo.


Desde Izquierda Revolucionaria, Libres y Combativas y el Sindicato de Estudiantes queremos manifestar en primer lugar nuestro apoyo y solidaridad con la compañera que ha denunciado ser víctima de ésta violencia, sea cual sea la forma que haya adoptado. Sabemos que la violencia que el capitalismo ejerce contra nosotras, fundamentalmente contra quienes pertenecemos a familias trabajadoras, es constante y asfixiante, afectando a todas las facetas de nuestra vida. La muerte cada día de 8 mujeres en América Latina y los miles de feminicidos que se cometen cotidianamente en México con la complicidad de las autoridades y las instituciones de su Estado, son la expresión más sangrienta de esta lacra. Pero nuestra opresión es amplia, y millones la sufrimos permanente en nuestras familias, en nuestros centros de estudio y de trabajo, y adquiere múltiples facetas. Agresiones y hostigamiento psicológico, violencia verbal, humillaciones, presiones en nuestros momentos de ocio para vernos forzadas a mantener relaciones emocionales y sexuales que no deseamos, imposición de cánones estéticos que hacen que violentemos nuestro cuerpo… Es una opresión cotidiana consecuencia de un sistema basado en la explotación capitalista y el heteropatriarcado.


Las organizaciones de la izquierda no somos una burbuja aislada del entorno en el que desarrollamos nuestra actividad. Las presiones ideológicas y materiales de la clase dominante se filtran por todos los poros de la sociedad y, en ocasiones, se intentan abrir paso en nuestras filas mediante individuos que reproducen la moral corrupta del sistema, consciente o inconscientemente. Quienes nos llamamos revolucionarios y anticapitalistas debemos tener una actitud franca ante esta realidad. En primer lugar, tenemos que diferenciarnos de la hipocresía de la burguesía y sus medios de comunicación, de sus lágrimas de cocodrilo y sus cínicas campañas por la igualdad. Debemos hacerlo no sólo con palabras, sobre todo en los hechos.


Como organización marxista e internacional, hemos aprendido en base a nuestra experiencia que hay que librar una batalla sin cuartel contra el machismo en todas sus expresiones. En Izquierda Revolucionaria nos hemos enfrentado en ocasiones a situaciones en las que compañeras han sido víctimas de acoso machista. Nuestra actitud ha sido siempre diligente: hemos expulsado a los culpables e informado de manera honesta al conjunto de nuestros militantes. Así no sólo intentamos cortar de raíz hechos que representan todo lo contrario de los valores por los que luchamos, sino que aseguramos nuestro funcionamiento democrático, velando por los derechos inalienables de todas y todos los militantes, y contribuyendo a nuestra educación colectiva como revolucionarios.
Este caso particular también ha puesto de relieve la hipocresía de la Rectoría de la UNAM y su doble vara de medir la violencia machista. En la medida que la persona denunciada es un conocido dirigente del MTS se le ha despedido sin contemplaciones, utilizando este hecho para denigrar al conjunto de la izquierda. Queremos manifestar nuestra más completa repulsa a esta estrategia de criminalización de organizaciones, colectivos y personas profundamente comprometidos con la causa de los derechos de la mujer, por parte de las mismas autoridades que han mirado siempre hacia otro lado ante los centenares de casos de violencia machista que se han denunciado en los últimos años en la UNAM. Estas mismas autoridades, panistas, pristas y perredistas, sus instituciones y su Estado, son los que con su política de recortes sociales, contrarreformas educativas, ataques a nuestros derechos laborales, de criminalización y represión salvaje de las protestas de cualquier colectivo que ose levantarse contra la injusticia, de opresión contra la comunidad LGTBI… crean las condiciones para que el machismo y su violencia sean un cáncer en crecimiento.


Desde Izquierda Revolucionaria, el Sindicato de Estudiantes y Libres y Combativas, defendemos un feminismo anticapitalista y revolucionario, y sostenemos que la lucha por nuestros derechos como mujeres no es únicamente una cuestión de género, sino que también, y de manera determinante, de clase. Bajo el sistema capitalista no todas las mujeres somos iguales. Muchas, como Ángela Merkel, Ivanna Trump, Josefina Vázquez Mota, Margarita Zavala o Angélica Rivera defienden políticas que perpetúan la opresión que padecemos la mayoría de nosotras. Además, cuando llegan a posiciones de poder económico y político adoptan los mismos papeles patriarcales y explotadores: la opresión de género tampoco la sufrimos de la misma manera. ¿Qué tenemos que ver las mujeres trabajadoras con ellas? ¡Absolutamente nada! El hecho de ser mujeres no nos coloca del mismo lado de la barricada.


Queremos volver a reiterar nuestro apoyo y solidaridad con la compañera que ha denunciado esta agresión, con todas las compañeras que sufren la violencia machista. Sabemos que la única forma de acabar con ella es a través de la lucha colectiva y la movilización en las calles, uniendo nuestras fuerzas contra todo tipo de opresión, de género, raza y clase en una misma lucha por la transformación socialista de la sociedad.