Han pasado 32 años de los sismos de 1985, que se convirtieron en un parteaguas de la lucha de clases en nuestro país. Entonces, como ahora, se evidenció el papel del gobierno como fiel escudero de los grandes empresarios sin importarles la vida de las centenas de muertos y miles de damnificados. Pero como hace tres décadas de nueva cuenta somos los jóvenes, los trabajadores y las mujeres trabajadoras quienes ponemos el hombro, nuestras manos y nuestros recursos para apoyar a los más afectados.

La solidaridad

Hemos sido miles que con nuestros propios recursos hemos comprado equipo, elaborado comida y nos hemos transportado hasta donde sea necesario con el fin de ayudar. Brigadas de estudiantes de todos los centros de estudio, de todos los niveles, de escuelas públicas y privadas, así como jóvenes trabajadores hemos inundado las calles demostrando gran solidaridad. Hemos hecho un llamado a la organización social en las colonias y barrios, para resistir a la entrada de maquinaria y en contra de la demolición de edificios. En muchos lugares ya se han organizado estos comités de resistencia independientes. Hemos comprobado que los cuerpos de la Marina y el Ejército, más que organizar, entorpecen el trabajo de las organizaciones civiles y grupos con experiencia: los Topos y otros cuerpos de rescate solidarios. Es fundamental resaltar la importancia de la participación de las miles de mujeres jóvenes y adultas que se integraron en las tareas de todo tipo para colaborar hombro a hombro son sus compañeros, a recoger escombros, en los grupos de rescatistas, en la organización de brigadas, etc., demostrando una vez más la fuerza y la enorme colaboración que podemos lograr.

La sed de legitimidad

Como en 1985, la política impulsada por el gobierno de Peña Nieto, sólo busca estabilizar su desacreditado gobierno, evitar su absoluto colapso y hacerse de una pobre legitimidad. De ahí el impulso de fantasías como la de Frida Sofía, una forma de aprovechamiento oportunista de una desgracia para darse renombre político. Han buscado generar simpatía en los funcionarios, los medios y en las fuerzas armadas, pero han obtenido todo lo contrario, cada vez más enojo y repudio. Gobernadores, delegados, el Secretario de Gobernación y el mismo presidente, han tenido que salir corriendo entre gritos y golpes, de las zonas de desastre, ahuyentados por la misma población. El desastre es una razón más para luchar contra estos miserables, que no tienen empacho en engañar y manipular.

El caso de Frida Sofía fue utilizado para montar un escenario y favorecer la imagen del Secretario de Educación, los mejores cuerpos de rescate, el equipo especializado, Televisa con un sitio privilegiado para la transmisión exclusiva, etc., todo estuvo listo para sus frívolos propósitos, mientras en otros sitios la infraestructura y los especialistas hacían falta.

Particularmente el grupo Televisa ha sido enfático en autonombrarse portadores de la información verídica, en el contexto de la catástrofe ante la iniciativa de miles, sin que estos estén realmente jugando un papel de organización para coordinar los esfuerzos, ordenar la comunicación o poniendo su infraestructura al servicio de las brigadas.

La corrupción

El sismo de las 7:19 de aquel 19 de septiembre de 1985 tuvo una magnitud de 8.1 en la escala de Richter (sobre base de 10). El de este 19 de septiembre de 2017 ha sido de 7.1, lo que significa que el sismo del 85 tuvo un efecto diez veces mayor que el actual. Sin embargo, los daños han sido proporcionalmente mayores. En otras palabras, con un sismo diez veces menor que el de hace 32 años la ciudad sigue siendo vulnerable ante la indiferencia y la corrupción del Estado. En 1986, se establecieron normas para la construcción de edificios habitacionales que han sido violados. Claro ejemplo de esto son las construcciones colapsadas en estos días: la estructura del Colegio Enrique Rébsamen, tenía sólo tres años de construida, el edificio de Benito Juárez tenía sólo un año y el de la colonia Portales apenas 10 meses, las varillas del edificio de Ámsterdam tenían sólo un cuarto del grosor necesario para sostener un edificio de 7 pisos. Otro ejemplo claro de la corrupción, es que las zonas más afectadas son precisamente donde la especulación inmobiliaria se ha desatado desde hace algunos años, favorecida por la norma 26 para la construcción de vivienda de interés social impulsada por Miguel Ángel Mancera.

La ineficiencia del Estado

Hace 32 años miles de trabajadores, estudiantes, amas de casa, médicos, enfermeras y un sinfín de voluntarios se sumaron a las tareas de rescate. Hoy la tradición de solidaridad y la conciencia de la situación vuelve a aparecer frente a la incapacidad del régimen de dar una alternativa a la catástrofe. La actitud del ejército, la marina y los cuerpos policiales, es igualmente miserable, pues en lugar de colaborar en las labores de rescate en tareas como el acarreo de escombros estos han sido apostados en las zonas de desastre con el pretexto de vigilar y velar por la seguridad de la propiedad privada contra el saqueo. En el fondo la intensión es contener y replegar la acción de solidaridad, para mantener la apariencia de control del régimen. Su intención es clara, impedir que el régimen sea evidenciado en su incapacidad para resolver la situación. Y peor aún, que dicha incapacidad evidencie que su policía, su ejército, sus burócratas y todo el aparato del Estado, es en el fondo un cascaron vacío que no requerimos para resolver nuestras necesidades. Ni en tiempos de crisis son indispensables.

El equipo especializado, que debía ser suficiente y estar capacitado por el Estado, es limitado, y da cuenta del absoluto desinterés por prevenir desastres. No sólo eso, como en anteriores catástrofes, se evidencia cómo esas organizaciones que debían estar preparadas para emergencias no lo están. No por falta de interés de los trabajadores, sino por la falta de estímulos, de recursos y de personal. El grupo de Los Topos ha señalado que la estrategia de búsqueda y la táctica de rescate son ineficientes, pues en lugar de crear túneles en los edificios colapsados están prefiriendo cortar y quitar las losetas de arriba a abajo, con lo cual incrementa la demora para el rescate. Incluso se ha evidenciado que los megasimulacros han sido una pantomima descarada, sólo para aparentar responsabilidad y compromiso con los hechos del 85.

Castigo a los responsables

Las indemnizaciones serán sin duda un tema sobre el cual tendremos que poner atención en los próximos días. Precisamente en 1985 muchas empresas no quisieron asumir la responsabilidad, por las inadecuadas condiciones de seguridad en las que laboraban miles de trabajadores que fallecieron entonces. Las trabajadoras textileras de los edificios de San Antonio Abad, son un ejemplo de esta situación. Miles de trabajadoras quedaron atrapadas entre los escombros de edificios colapsados por el sobrepeso ocasionado por la saturación de máquinas y telas. Sin contratos colectivos de trabajo, fueron abandonadas a su suerte por los dueños de las empresas quienes sin ningún empacho cambiaron de razón social para justificar la inexistencia de recursos y no asumir así la responsabilidad de indemnizar a las familias de las trabajadoras fallecidas. Precisamente en el contexto del derrumbe de otro edificio donde han quedado decenas de trabajadoras textileras atrapadas entre las máquinas y el escombro, el ejemplo de la organización de las y los trabajadores vuelve a ser la piedra angular, así como lo fuera el Sindicato 19 de septiembre hace tres décadas.

Los responsables de la catástrofe son la misma clase social y el mismo régimen que hace 32 años permitió que miles de jóvenes y trabajadores fueran sepultados por escombros. Entonces, como ahora, ellos no tuvieron ningún escrúpulo para continuar con este sistema que significa hambre, miseria y muerte para la mayoría. Igual que en aquella ocasión, la lucha es por la construcción de una nueva sociedad.