En víspera de las fiestas decembrinas, el gobierno mexicano nos obsequió la Ley de Seguridad Interior. Esta ley vuelve legal lo que el Estado viene haciendo desde hace ya varios años atrás, en concreto, desde el sexenio de Calderón y su llamada guerra contra el narco. No podemos minimizar esta ley, pero tampoco adoptar una posición derrotista y catastrófica.

Como ya lo comentábamos en un artículo anterior, esta ley esta impuesta para contener el movimiento organizado del pueblo, contra los empresarios y los ricos. Ante un escenario de convulsión social, el gobierno aprende, se prepara y quiere contar con un cuerpo disciplinado que actué a las órdenes de los burgueses y sus intereses, sin ningún titubeo. La casta gobernante sabe muy bien que puede presenciar un escenario parecido al de Honduras o al de Argentina y Brasil, donde la derecha ha logrado posicionarse de nueva cuenta en la presidencia pero sin ningún respaldo del pueblo y viviendo manifestaciones históricas contra estos gobiernos. Toda la tensión y hartazgo acumulado en nuestro pueblo puede expresarse masiva, contundente y organizadamente contra el Estado y éste quiere estar preparado para cualquier escenario.

Sin embargo, esto sólo refleja el miedo tremendo que tienen a la fuerza de la clase trabajadora y el pueblo humilde, organizado y en algunos casos, armado. La historia contemporánea de nuestras luchas refleja que más de una ocasión hemos puesto en jaque al Estado y en algunas ocasiones concretas se han desarrollado formas de auto organización.

Amedrentamiento y resistencia

Las policías comunitarias y las autodefensas en los pueblos y comunidades son un ejemplo claro de ello. El ataque y provocación perpetrado a inicios de enero de este año contra la CRAC y la CECOP son una muestra que el Estado inicia el año queriendo retomar posiciones, amedrentando a uno de los bastiones del pueblo armado y en resistencia contra uno de los proyectos más ambiciosos como lo es la presa La Parota. Este hecho es relevante porque demuestra la necesidad por parte del gobierno de lograr el desarme total del pueblo, sabe muy bien que esas armas ahora están apuntando hacia uno de sus rostros, el narco, pero son conscientes que en cualquier momento esas armas pueden apuntar y exigir el control total de toda propiedad privada.

Por otro lado, también la ofensiva contra el movimiento del pueblo de Mexicali en defensa del agua es un mensaje claro hacia el pueblo que intente rebelarse. Esta forma de actuar del aparato represivo del Estado refleja lo que somos para ellos: meras personas despreciables que no merecemos más que la muerte y prisión por el hecho de sublevarnos contra aquellos que nos oprimen, roban nuestras tierras y matan nuestro territorio. Para ellos pacificar el país significa que esta plebe que se subleva y cuestiona el orden establecido, la riqueza y privilegios de unos cuantos y que se rehúsa a seguir viviendo en la miseria debe ser castigada, asesinada y detenida.

Su ley no se trata de salvaguardar a los ciudadanos y traer paz a nuestro territorio sino, como bien comentaba un alto mando del ejército, se trata de la supervivencia de las instituciones y el orden constitucional establecido. Esto, dentro del capitalismo, no es más que proteger su propiedad privada y sus privilegios.

La lucha es vida, el capitalismo es muerte

Con esta idea de fortaleza y avance el Estado quiere y pretende inhibir la participación, organización y lucha de los trabajadores, nos taladran en la cabeza de que si haces algo o te atreves a levantar la voz contra el gobierno ya estas condenado a muerte. Pero realmente no es así, callados y desorganizados nos están quitando la vida, el agua, los bosques, nuestros derechos. Nos quieren meter el miedo hasta la médula de los huesos, para que no nos movilicemos, sin embargo, el mejor antídoto para la represión es la lucha organizada y masiva de todas y todos los oprimidos, con un objetivo claro de frente a nuestro enemigo.

Al contrario de lo que nos quieren hacer creer, nuestro enemigo está muy desacredito, dividido y debilitado pero no caerá por si sólo; además, todos los salvavidas que le proporciona la izquierda reformista y los sindicatos con sus pactos y “salidas políticas” le permite estar de pie. Sin duda, los meses siguientes serán de una lucha abierta entre los explotados y explotadores. No tenemos otro camino: Damos la batalla por el futuro mejor o éste jamás llegará.