El gobierno de Peña Nieto se encuentra tan débil y dividido que podría haber caído hace mucho, bastantes elementos están dispuestos para ello, lo único que lo mantiene en pie es la disgregación de los esfuerzos de la izquierda para conseguirlo, es urgente una alianza entre jóvenes y trabajadores para detener la ofensiva gubernamental que ahora pretende consumar el fraude electoral.


Durante los cinco años de gobierno de Peña Nieto, el hartazgo y el rechazo se han acumulado. Millones de trabajadores vivimos al día, cansados de la subida de los precios, de la corrupción, la hipocresía y el cinismo de los gobernantes, vivimos con temor de salir a la calle, especialmente si se es mujer y vivimos decepcionados de la falsa democracia de nuestro sistema político. La mayoría de nosotros somos mujeres y hombres que salimos a trabajar cada día para vivir lo más dignamente posible, sin embargo, cada vez es más difícil conseguirlo. Nos queda claro que el representante de esta carestía es Peña Nieto, pero el individuo, es tan sólo una manifestación de la podredumbre que lo sostiene y lo acompaña. La consecuencia ha sido que el gobierno de Peña inicia el último año de mandato con un rechazo del 85%, y que actualmente el PRI sólo gobierna 14 de las 32 entidades, un paso adelante enorme contra la histórica hegemonía de este partido.


El año 2017 ha sido uno de los más violentos con 26 mil 573 víctimas de homicidio. Sumado a ello el salario mínimo nominal, si bien tuvo un incremento de 10% a inicios de 2017, debido a los gasolinazos, en realidad tuvo un declive del 18.5% en su poder de compra. Aunque Peña se dice el presidente del empleo, en realidad los empleos “generados” consisten en la formalización de empleos precarios. Por otro lado, la brecha salarial entre los más ricos y los más pobres aumentó durante su gobierno. Estos son elementos fundamentales que debilitan al régimen y al partido en el gobierno, pero un elemento más es la corrupción.
Entre algunos casos evidenciados de corrupción y vínculos con el narcotráfico protagonizados por personajes destacados del priísmo, se encuentran tres gobernadores que dejaron en bancarrota a sus estados, entre ellos el caso más escandaloso es el de Duarte, juzgado por corrupción y en cuya entidad en bancarrota, se daban placebos a enfermos con cáncer en lugar de medicinas reales. En este sentido el PRI ha hecho lo posible por aparentar una supuesta limpia, una renovación y lucha contra la corrupción, pero el efecto está siendo el contrario, sólo ha dejado más claro lo podrido y lo arraigado de su sistema de corrupción.


Violencia sin parangón, crisis de derechos humanos, reducción del poder adquisitivo, retrocesos históricos en derechos laborales, esto es el gobierno de Peña Nieto. Un gobierno que se ha enfrentado a la movilización de la juventud con el #yosoy132 y por la aparición de los 43 normalistas de Ayotzi, vapuleado por su ignorancia, y señalado internacionalmente por su incapacidad frente al crimen organizado y su incapacidad frente a los desastres naturales, cuestionado por su machismo que nos ha llevado a cifras records de feminicidios, debilitado por el golpeteo del magisterio que heroicamente resiste hasta hoy contra la reforma educativa.


Su creciente impopularidad, lo ha llevado a gozar de una crisis interna monumental y a posicionarse en tercer lugar en la preferencia electoral, pero estos resultados no son gratuitos, se los debemos al movimiento social que desde Atenco no ha parado de denunciar y demostrar su rechazo al “Nuevo priísmo”. El movimiento de izquierda ha conseguido que personajes despreciables como Ángel Aguirre, uno de los artífices de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, se retire de toda intención de presentarse a la fiesta electoral. Este es el camino a seguir.


Las divisiones internas ya se han hecho presentes, por un lado a causa del nombramiento de Enrique Ochoa, cercano a Peña como dirigente del PRI y por otro lado, la apertura de candados para que candidatos externos pudieran participar en las precandidaturas del PRI a la presidencia, fueron elementos de división. Los miembros en oposición a la candidatura de un externo al PRI, entre ellos Ulises Ruiz y Manlio Fabio Beltrones, no comprendían el móvil de esta medida que fue tener un candidato que pareciera lo menos priísta posible, demostrando así, que la cúpula del PRI, sabe muy bien lo repudiado que es su partido. Otro sector en descontento es el que apoyaba a Osorio Chong para la candidatura, finalmente y cubriendo todas las apariencias Osorio ha marcado su distancia renunciando a la secretaria de gobernación para buscar una senaduría.


Sin embargo, el despiadado gobierno de EPN ha tenido oxigeno suficiente, por lo menos lo suficiente para terminar su mandato, durante este periodo ha intentado compensar su impopularidad con el fortalecimiento del ejército, con la generación de una atmosfera de miedo e inseguridad. Este 2017 se dobló la cantidad de ascensos a generales, superando porcentualmente más generales que EEUU. Asimismo, la aprobación de la Ley de Seguridad Interior le da más autonomía, impunidad y poder. Actualmente el ejército cuenta con más de 7 mil denuncias en su contra, el caso de Tlatlaya ha quebrado su legitimidad, bastante afectada por el caso de Ayotzi y la exhibición de sus vínculos con el narcotráfico que dice combatir en las calles.


Pero una cosa son los generales con sus sueldos de más de 200 mil pesos mensuales, y otra es la realidad de los soldados rasos, que son usados como carne de cañón a cambio de menos de tres mil pesos de salario neto al mes, que con todas las prestaciones terminan en poco más de 11 mil. En 2006, 70% de los soldados rasos tenían intención de voto a AMLO, veremos cuál es la tendencia en este año.


La disciplina se ha roto en el PRI y detrás de la careta de unidad, en realidad se encuentra un partido dividido. Su desesperación y necesidad de vínculos los ha llevado a sacar de la cárcel y mandar a prisión domiciliaria a la ex dirigente del SNTE y fundadora del Partido Nueva Alianza, partido con el cual el PRI acaba de firmar la unidad electoral.


Estamos frente a la preparación de un fraude monumental, a través de una guerra muy sucia contra la clase trabajadora, debemos organizarnos desde ahora, más que para evitar un fraude, para evitar el doloroso proceso que llevará a consumarlo.


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