Fundamentos de la inversión en la sociedad capitalista

La inversión productiva en el capitalismo se realiza con un único objetivo en mente: obtener la mayor cantidad de ganancia privada posible. Es decir, en la toma de decisiones de inversión productiva que realizan los empresarios no juegan ningún factor las necesidades sociales de la población o la conservación del medio ambiente.

Para los empresarios capitalistas lo único que importa es obtener dinero.

Entendiendo esta regla básica del modo de producción capitalista, podemos ver con facilidad el porqué un proyecto como el NAICM (Nuevo Aeropuerto Internacional de México) ha sido tan impulsado por la iniciativa privada, a pesar de los grandes impactos medioambientales y sociales negativos que conlleva. La respuesta es simple: porque a los empresarios no les importa.

No importa que sea necesario despojar a los pueblos originarios de sus tierras con el uso excesivo de violencia; no importa que el terreno pantanoso del Lago de Texcoco provoque que la obra de construcción se hunda varios centímetros cada año, con lo que se está financiando un proyecto que requerirá de un gasto elevado en mantenimiento durante toda su vida útil; tampoco importa todo el daño ambiental que se está provocando a la Cuenca del Valle de México por la explotación excesiva de recursos naturales (agua y otras materias primas) para la obra. No. Aquí lo único que importa, como en cualquier empresa capitalista, es la maximización de ganancias.

La inversión productiva en la sociedad socialista

Por la exposición previa podría parecer que toda inversión productiva es mala por sí misma, pero en realidad esto no es así. La inversión productiva solamente toma este conjunto de características tan dañinas e irracionales cuando es realizada dentro de las relaciones sociales propias de la sociedad capitalista.

Dentro de un orden de organización social más racional, las decisiones de inversión no se tomarían en función de las expectativas de ganancia privada de un pequeño grupo de la población; sino en función de los verdaderos requerimientos y demandas de la sociedad. Es decir, la inversión no se llevaría a cabo para satisfacer los caprichos de unos cuantos, sino para satisfacer las necesidades reales de la mayoría.

Por ejemplo, en el sector de alimentos, no se buscaría aumentar la producción de algún alimento con bajo contenido nutricional que reporte grandes ganancias en el mercado; sino que, esta inversión productiva buscaría aumentar la producción de aquellos alimentos que son mas benéficos para la salud y el desarrollo del ser humano. Lo mismo con la cuestión del aeropuerto.

Si dentro de esta sociedad, capitalista, el proyecto del aeropuerto se plantea con base en la maximización de beneficios privados, entonces el proyectar esta inversión con una base diferente, con una base social, sería un paso importante para la transición de la sociedad capitalista en la que vivimos actualmente hacia un nuevo tipo de sociedad; si lográramos detener la construcción del aeropuerto en el Lago de Texcoco por motivos sociales y medio ambientales, entonces lo que estaríamos haciendo efectivamente es tomar un pequeño, pero atrevido, paso hacia el socialismo.

Y esa es justamente la cuestión fundamental que se oculta detrás de la problemática del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México; la disputa entre dos tipos de sociedad no sólo diferentes, sino completamente opuestas.

Por un lado, mantener el rumbo capitalista por el que camina la sociedad mexicana desde hace más de un siglo con la construcción del NAICM en el Lago de Texcoco, es decir, realizar un proyecto en base a la maximización de ganancias privadas; y por el otro la posibilidad de cambiar el rumbo de la sociedad mediante el paro de la construcción y tomando una alternativa de proyecto que respete tanto con el medio ambiente como con las comunidades y pueblos originarios.

Así, la cuestión del NAICM es la misma alrededor de la cual giran todas las problemáticas sociales actuales: capitalismo o socialismo.

La posición de Obrador

Con la victoria de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), por primera vez en mucho tiempo el pueblo trabajador de México tiene a un encargado del ejecutivo (presidente) que se muestra más “amigable” con las demandas e intereses de los trabajadores. En comparación con Calderón y Peña Nieto, quienes tuvieron gobiernos que representaban exclusivamente los intereses de la burguesía, la posición de AMLO parece ser más mixta, siendo que tiene pronunciamientos y medidas que buscan mejorar las condiciones de vida del pueblo trabajador, aunque por otro lado sigue muy apegado a los intereses de los empresarios.

Con esto queremos decir que el futuro gobierno de López Obrador pinta para ser mucho más susceptible a las presiones de las masas trabajadoras movilizadas que los gobiernos de la derecha, lo cual es parte de la victoria de la clase trabajadora de México. Con esto no queremos decir que AMLO tomará partido en favor de los pueblos de inmediato y sin dudarlo; todo lo contrario. Aunque la correlación de fuerzas nos sea favorable, la burguesía mexicana no se ha quedado estática, y se han movilizado de manera rápida y eficaz para acercar a Obrador a sus intereses, y con esto aislarlo y alejarlo de los intereses del pueblo.

AMLO ya se ha reunido un par de veces con los empresarios para discutir la situación del NAICM, pero ni una vez con los representantes de los pueblos afectados de la Cuenca del Valle de México para oír sus peticiones. Es más, los compañeros del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra Atenco han ido hasta la casa de coordinación de AMLO en la CDMX para entregarle por tercera ocasión una petición de audiencia para discutir el conflicto. Sin embargo, lo que se ha obtenido no es más que una declaración ambigua por parte de AMLO diciendo que en agosto el tema se define.

Por tanto, en esta coyuntura la movilización social de la clase con intereses opuestos a la construcción del aeropuerto en Texcoco (el proletariado) es crucial para impedir que esta pesadilla social y ecológica se lleve a la realidad. Sólo con la movilización obtendremos una correlación de fuerzas que obligue a los empresarios echarse para atrás y al nuevo gobierno a responder a los intereses de los pueblos de la Cuenca y de los trabajadores en general. Es decir, lograr una victoria en la presente batalla.

Por todo lo anterior replicamos y apoyamos las palabras de nuestros compañeros de Atenco:

“Estamos ante un momento de definiciones, tanto el Presidente Electo Andrés Manuel López Obrador como la Jefa de Gobierno Electa de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, están a tiempo de detener el daño ambiental que ocasiona la construcción NAICM y el mega ecocidio que generaría la Aerotrópolis. Hoy se está definiendo el futuro del Valle de México, y si se continúa con la obra, seremos la Madre Tierra y toda la sociedad, quienes paguemos el costo ambiental, ecológico, arqueológico, hídrico y de vida, pero desde ahora, alguien tendrá que pagar el costo político.

“C. Presidente Electo, hoy tiene en sus manos la posibilidad de aliarse a nuestros pueblos y a la sociedad nacional, impulsando un desarrollo alternativo en la Cuenca del Valle de México, o en su caso, tenernos en la calle defendiendo nuestro medio ambiente, territorios, agua y vida, como opositores a las decisiones de su gobierno.

¡Usted decide!” 

¡Ahora más que nunca compañeros, el único camino es la lucha!


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