A la fecha, las condiciones laborales de extrema mortalidad no han mejorado, pues ello no interesa a los patrones ni al gobierno y tampoco a los dirigentes charros, históricamente vinculados al PRI. Desde entonces ha habido otros 10 accidentes que han dejado 42 muertos; insistimos, sólo en reportes oficiales que están muy por debajo de las cifras reales. Después de la explosión en Pasta de Conchos, sobrevivientes y familiares se dieron la tarea de rescatar los cuerpos sepultados en la mina, ante la indiferencia de los patrones y de las autoridades. Estos últimos, se opusieron férreamente a las labores de rescate que organizaban familiares y compañeros.

Mientras los muertos caen de este lado, del otro lado las cosas van de maravilla. El Grupo México (GM), propietario de la mina, sigue acumulando accidentes, fallecidos y desastres ecológicos en todo el país, al igual que miles de millones de pesos en ganancias. GM es, desde su privatización, una de las mineras más grandes a nivel mundial. Sus cómplices en el gobierno tampoco tienen nada que lamentar, pues son copartícipes de los privilegios y la impunidad. Por ejemplo, Humberto Moreira, gobernador de Coahuila al momento del accidente, recientemente fue exonerado por lavado de dinero en España al "no estar debidamente justificada la perpetración de los delitos que motivaron su detención", según el juez, ¡claro! Además, la SEP acaba de jubilarlo por los años de aviador con plaza de maestro. ¡Estas sanguijuelas viven de la sangre obrera!

Sí, para ellos el mundo funciona. Según la Auditoría Superior de la Federación (ASF), el 36% de las empresas mineras no pagan impuestos, pero tienen concesionado el 13% del territorio nacional; además informa que la Secretaría de Energía realizó 13 inspecciones ¡para las 25,104 concesiones mineras que existen en el país! Es decir el gobierno “supervisa” el 0.05% del total de las mineras.

El papel de los dirigentes del sindicato minero (SNTMMSRM) ha sido apenas anecdótico en los últimos años. Si bien es cierto que su secretario general, Napoleón Gómez Urrutia, acompañó las luchas de los primeros años del siglo, esto fue únicamente por la enorme presión de la base sindical. Simultáneamente, tenía el peligro de ser desechado por el gobierno y las empresas, al estilo de Elba Esther Gordillo, por ello, no tuvo más remedio que plegarse a las demandas de la base. Rescatar al sindicato como una herramienta de lucha consecuente, independiente de los intereses patronales y del gobierno, sigue siendo la tarea clave de la base sindical, para evitar que los ricos, sigan llenándose los bolsillos con sangre minera.


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