El 30 de junio de 2017 los compañeros del sindicato de trabajadores de La Jornada (SITRAJOR) estallaron la huelga en defensa de su contrato colectivo ante las pretensiones de la patronal de rebajar sus prestaciones.

De manera unilateral la patronal, desde enero impuso un descuento a las prestaciones con el argumento de las dificultades económicas de la empresa. No es la primera vez, en 2015 el sindicato aceptó un descuento en las percepciones de los trabajadores del 27% por 17 meses con el mismo argumento, sin embargo lo recaudado no se aplicó al saneamiento de las finanzas, en cambio la empresa realizo despidos.

En esta ocasión, en un esfuerzo de los sindicalizados, estos propusieron dejar de cobrar entre 28 y 30 millones de pesos y además demostraron los excesivos gastos de operación, pero los empresarios se negaron a aceptar la propuesta amparándose en las autoridades laborales que decretaron un descuento del 70% en dos cláusulas fundamentales; los aumentos indexados al salario y la compensación por antigüedad.

Los campeones de la libertad de prensa y de la información, no quieren ni les interesa difundir los esfuerzos de los trabajadores por un mantener su fuente de trabajo. En esos momentos la empresa ha logrado que la junta de conciliación y arbitraje declare inexistente la huelga y el sindicato se ha amparado.

La huelga ha desatado una verdadera cacería contra los trabajadores, acusándolos de irresponsables, de agresores a la democrática libertad de prensa, hasta de estar infiltrados por el narcotráfico. Quienes han hecho esta demencial campaña contra trabajadores en uso de sus derechos son, ni más ni menos que la intelectualidad "democrática y de izquierda".

La calidad de este intelectualidad esta medida por la repetición en diferentes tonos y formas de un viejo argumento de los gobiernos priístas; apretarse el cinturón para sacar adelante al país y recuerda un hecho reciente; a los electricistas del SME los golpearon una y otra vez con el argumento de sus "enormes prestaciones", hasta destrozarlos.

El conflicto ha dejado claro, en toda su desnudez, que la pelea de los trabajadores por la defensa de sus derechos es contra los patrones y autoridades sometidas a ellos, aunque los empresarios se vistan de izquierda y demócratas y en segundo lugar que una vida digna de los trabajadores, producto de su trabajo, sólo puede ser posible si son ellos quienes tengan el control de las empresas, echando a quienes se apoderan del esfuerzo de su trabajo.

¡Repudio a la campaña de linchamiento contra el SITRAJOR!
¡Alto a la desinformación de la patronal!
¡Defensa del salario y prestaciones para una vida digna!


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