Las escuelas son espejos micros de nuestra sociedad. Normalizar la violencia que vivimos, dentro de la escuela, en el trabajo, en la familia, con la pareja, entre mujeres, es una estrategia sistemática para paralizar a la sociedad en el miedo, la enajenación y la apatía. Pero la violencia ha llegado a un punto sangrante en donde no podemos esperar un momento más para cambiar nuestra sociedad.


A lo largo del año pasado vimos cómo los índices de feminicidio aumentaron de 7 a 9 diarios y cómo al principio unos cuántos casos, se convirtieron en oleadas las denuncias por acoso y abuso sexual que se habían estado cometiendo por años dentro de nuestras escuelas por autoridades, maestros y alumnos, a los cuales no se les ha impuesto ningún castigo de fondo. Y que a partir del 3 de septiembre el movimiento estudiantil estalló en movilizaciones masivas que nunca dejaron de poner entre sus demandas el cese a la violencia machista dentro y fuera de la escuela.


¡El patriarcado y el capitalismo se van a caer!


Muchos hombres jóvenes no consideran que han violentado a una mujer porque no le han gritado, golpeado o violado, sin embargo el machismo es un arma silenciosa que corta profundo en nuestras vidas y si no se señala ni se combate, éste termina normalizándose como parte de la “cultura” o la “biología” de los hombres. La lucha feminista no termina porque algunos hombres se cuestionen su masculinidad y se deconstruyan. A la par que nosotras estamos conscientes que una lucha separatista no cambia de fondo la sociedad, (porque no es una cuestión de género, sino de clase), nosotras no cesamos de dar la lucha para que el machismo no limite nuestras vidas y esto implica muchas veces no ceder ante actitudes o actos machistas de nuestros propios compañeros. Estas batallas las libramos en todos lados, en los salones de clases, en la casa y hasta dentro de nuestras organizaciones políticas, dónde nuestros compañeros deben tener una actitud respetuosa y reflexiva con respecto a las relaciones que llevan con sus compañeras política y personalmente.


¿Por qué luchamos las estudiantes éste 8 de marzo?


Exigimos educación con perspectiva de género en todos los niveles escolares, educación sexual y emocional desde la infancia. Educar y educarnos con una perspectiva humanamente sensible en dónde se cuestione las relaciones de poder a través del género en un sistema preocupado más por la mercancía que por la vida.
Estancias infantiles, como es el CENDI, para que compañeras y compañeros puedan dejar a sus hijos mientras estudian. El no tener acceso a éstas estancias fortalece estereotipos de género en donde la mujer es la que tiene que sacrificar hasta sus estudios por cuidar a los hijos, siendo una causa muy común de deserción escolar.
Corredores seguros para trasladarnos hasta nuestras escuelas. Ni un secuestro más en metros, que ahora suman más de 190 testimonios.


Mayor presupuesto, ni un recorte a la educación. Exigimos el 10% del PIB destinado a la educación.


Castigo ejemplar a maestros, trabajadores y alumnos que acosen y abusen dentro y fuera de los centros de estudio.


¿Para qué llamar a la Huelga?


La huelga es una herramienta de lucha de lxs trabajadorxs y sus hijxs para poder organizarnos y plantear tareas necesarias para presionar a las autoridades a que resuelvan demandas, sin que la presión de exámenes o trabajos académicos nos limiten a seguir luchando.


Hoy necesitamos tomar nuestros centros de estudio y convertirlos en centros de cambio, de educación para la transformación social, para que dentro de unos meses o años que concluyamos nuestros estudios y salgamos de las universidades no vivamos la precariedad laboral que nuestras madres viven, donde tengamos centros de salud eficientes y sensibles, donde podamos salir y regresar a nuestras casas vivas.


¡Éste 8 de marzo súmate a la huelga feminista!


Contáctanos para obtener carteles y volantes y organizar el paro en tu escuela