Economía

El gasolinazo del 1 de enero pasado ha dejado al descubierto la enorme fragilidad de la economía mexicana. Cualquier argumento urgido en los años recientes por parte de la burguesía, a propósito del supuesto bienestar económico que significarían contrarreformas como la laboral (2012) y petrolera (2013) y sus implicaciones positivas para la clase trabajadora, ha sido hecho añicos.


Los años se suceden y la burguesía muestra su impotencia para remontar la recesión más profunda de los últimos 70 años. El panorama es incluso más sombrío que en la primera fase de la crisis. Todas las medidas destinadas a reactivar la economía no solo se han mostrado impotentes para rescatar a Europa del estancamiento y garantizar un crecimiento sólido en EEUU, tampoco han evitado que la sobreproducción se extendiera por todo el mundo.


La lucha por el socialismo ha dejado de ser exclusivamente una cuestión de justicia social y económica, se ha transformado en la lucha por la supervivencia de la humanidad. Hasta los mismísimos Carlos Marx y Federico Engels se quedarían sorprendidos ante la posibilidad de que tras el capitalismo no llegase el socialismo sino el cataclismo..

 

Han transcurrido cinco años desde el estallido de las hipotecas subprime y el hundimiento del sistema financiero estadounidense y europeo. En este periodo el sistema capitalista ha sufrido un trastorno generalizado, solamente comparable al que desembocó en el crack de 1929 y el auge revolucionario de los años treinta, o con los grandes movimientos de la clase obrera en la década de los setenta del siglo XX. En estas circunstancias se hace necesario analizar si la economía internacional vivirá una pronta recuperación, como aventura la avalancha de propaganda burguesa, o si por el contrario el estancamiento y la recesión se prolongarán más tiempo.

Mentiras, grandes mentiras y estadísticas

A pesar de todos los desmentidos oficiales, los países capitalistas avanzados siguen atravesando por grandes dificultades. EEUU, con una tasa de crecimiento del 1,6% en 2013, mantiene en encefalograma plano el consumo doméstico y la inversión productiva. El nivel del PIB europeo está todavía un 3% por debajo de 2008, y la producción total de la UE es también un 10% inferior. Las perspectivas para 2014 no suponen un cambio fundamental. El Banco Mundial en su último documento habla de un crecimiento global del 3,2% este año, ¡¡ocho décimas más que en 2013!! Por su parte, el FMI pronostica para los países del euro un “tirón” del PIB del 1% en 2014 y del 1,4% en 2015, y respecto a EEUU las expectativas a duras penas superan el 2,5%. A estos datos hay que sumar otras noticias realmente preocupantes: la desaceleración pronunciada de China y del resto de los países “emergentes”.

 
La realidad es tozuda: la recesión y el estancamiento dominan las economías de la zona euro, de EEUU y de Japón —lastradas por montañas de deuda pública—, pero nuevas y poderosas turbulencias se dibujan ya en el horizonte. Si estalla la burbuja financiera que planea sobre la economía de China1, podría arrastrar al mundo a una nueva fase de depresión. Por tanto, más allá de las mentiras que escupen los órganos de propaganda de la burguesía, la perspectiva de un renacimiento parecido al que se vivió en los años noventa y en la primera mitad de la década de 2000 está descartado a corto y medio plazo.

La intervención del Estado no logra reactivar la economía

Tras un lustro de caída ininterrumpida, la clase dominante no ha logrado romper con la dinámica descendente y recuperar el equilibrio; no ha conseguido propiciar una recuperación sólida en ningún país decisivo. En todo caso, su mayor logro es haber evitado un colapso generalizado gracias al estímulo monetario más grande de la historia. La Reserva Federal de EEUU cifra en 12,6 billones de dólares la cantidad que movilizó para reflotar el sector financiero, lo que equivale a más del 80% del PIB de 2007, y con el resultado de crear una montaña de deudas crónicas inasumibles. Según datos oficiales, la deuda pública estadounidense ronda actualmente el 73% del PIB, casi 17 billones de dólares. En Europa, la dinámica es similar; según Eurostat, la deuda pública en la zona euro ya ha alcanzado los 8,65 billones de euros, el 93,4% del PIB. 
¿Qué demuestran estos resultados? Que a pesar de todo el galimatías teórico de los reformistas de izquierda, la intervención del Estado no altera las leyes básicas ni las contradicciones en que se mueve el capitalismo. Durante las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, cuando existía la amenaza de la revolución europea y se consolidaron regímenes estalinistas en la URSS, Europa del este y China, en países como Francia o Gran Bretaña el Estado se hizo con el control de ramas productivas que el capital privado consideraba poco rentables. Estos sectores estatalizados (minas, acero, ferrocarriles, construcción, etc.) favorecieron y robustecieron la recuperación suministrando materias primas y transporte a precios baratos; pero el factor clave del auge de posguerra no fue este, sino el aumento de la inversión de capital, el desarrollo de numerosas ramas productivas, la expansión del comercio mundial y una nueva división internacional del trabajo.
En la actual fase de declive del capitalismo, el Estado también está siendo utilizado como una poderosa palanca. Los programas de salvamento del sistema financiero a costa del crecimiento de la deuda pública, recortes sociales salvajes y reformas laborales; los descuentos fiscales a los grandes empresarios y las privatizaciones de los servicios públicos con la consiguiente destrucción de empleo, también representan una descarada intervención estatal en el “libre mercado”. Pero, a pesar de todo este derroche de recursos públicos, una “injerencia” que los “liberales” nunca quieren reconocer, la clase dominante no ha sido capaz de revertir de manera sustancial la dinámica descendente del ciclo económico: nada puede suplir la inversión de capital privado, absolutamente imprescindible para la recuperación capitalista. Cinco años después, lejos de conjurarse las tendencias especulativas, las burbujas y el capital ficticio vuelven por sus fueros. Los activos financieros acumulados mundialmente equivalen a 198 billones de dólares, alimentados por el chorro de deuda pública inyectada en los últimos años, y que no tiene precedentes en la historia moderna. 
Esta dinámica descendente del capitalismo fue planteada por Trotsky de la siguiente manera: “(…) El capitalismo no se caracteriza sólo por la periódica recurrencia de los ciclos, de otra manera la historia sería una repetición compleja y no un desarrollo dinámico. Los ciclos comerciales e industriales son de diferente carácter en diferentes períodos. La principal diferencia entre ellos está determinada por las interrelaciones cuantitativas entre el período de crisis y el de auge de cada ciclo considerado (…) Épocas enteras de desarrollo capitalista existen cuando un cierto número de ciclos están caracterizados por auges agudamente delineados y crisis débiles y de corta vida. Como resultado, obtenemos un agudo movimiento ascendente de la curva básica del desarrollo capitalista. Obtenemos épocas de estancamiento cuando esta curva, aunque pasando a través de parciales oscilaciones cíclicas, permanece aproximadamente en el mismo nivel durante décadas. Y finalmente, durante ciertos períodos históricos, la curva básica, aunque pasando como siempre a través de oscilaciones cíclicas, se inclina hacia abajo en su conjunto, señalando la declinación de las fuerzas productivas…”2. La naturaleza de la época actual corresponde a ese último periodo de decadencia general del modo de producción capitalista, donde las recuperaciones son débiles, cortas en el tiempo y no restauran el nivel de fuerzas productivas destruidas en el periodo de contracción; por el contrario, las fases de recesión se prolongan y se hacen muy profundas.

Concentración de capital y desigualdad mundial

La mayor concentración del capital financiero, y por tanto del dominio monopolista del mercado, es otro signo destacado de la actual crisis. A pesar de toda la charlatanería sobre el “control” y la “regulación” del sector bancario, las cuatro mayores entidades financieras de EEUU son hoy un 30% más grandes que hace cinco años. Según un estudio de la Universidad de Zurich3, un pequeño grupo de tan sólo 147 grandes corporaciones trasnacionales, controlan en la práctica la economía global. 
Otra de las consecuencias más llamativas del auxilio prestado por el Estado capitalista en la recuperación de la tasa de ganancias global, es el crecimiento exponencial de la desigualdad. El informe Gobernar para las élites. Secuestro democrático y desigualdad económica, publicado por la ONG Oxfam Intermón, afirma que 85 individuos acumulan tanta riqueza como los 3.570 millones de personas que forman la mitad más pobre de la población mundial. Esta polarización de la riqueza esconde el hundimiento de países enteros en la ciénaga de la miseria, la marginalidad y el desempleo de masas. Según el informe Tendencias Mundiales del Empleo 2014 publicado por la Organización Internacional del Trabajo, el número de desempleados en el mundo aumentó en 2013 en cinco millones de personas, hasta alcanzar los 202 millones. El desempleo juvenil afecta a 74,5 millones de menores de 24 años, y hay que tener en cuenta que estas cifras sólo registran los datos oficiales proporcionados por los gobiernos. La distribución desigual de la riqueza también se acentúa entre naciones. El Instituto de Investigación de Credit Suisse ha desarrollado una estadística bastante completa de 174 países (Global Wealth Report), según la cual EEUU y la Unión Europea, donde vive el 13,2% de la población mundial, concentran el 59,3% de la riqueza, mientras que el otro extremo, el continente africano, la India, el resto de Europa, América Latina y China, reúnen al 63,1% de la población pero sólo alcanzan el 17,8% de la riqueza global.

La esperanza de los emergentes se desvanece

Muchos analistas burgueses centraron sus esperanzas en los llamados países emergentes. Junto a China se incluyeron también en esta categoría a Brasil, India, Rusia e incluso Turquía y Sudáfrica, países cuyas tasas de crecimiento superaban ampliamente las de Europa y EEUU. Durante los primeros años de la gran recesión estas economías parecían resistirse a la crisis pero, en 2013, esta ilusión también se ha esfumado. La lira turca, el peso argentino y el real brasileño están en caída; las bolsas china, india y rusa despidieron el año con balances negativos; el crecimiento del PIB de los “emergentes”, y sobre todo de China, se ralentiza y empieza a retroceder de forma preocupante.
Vivimos en la época del dominio aplastante del mercado mundial, y los vasos comunicantes en la esfera financiera, productiva y comercial son demasiado poderosos para que los países emergentes, incluido el gigante chino, puedan desacoplarse y escapar a la crisis de sobreproducción. La gran demanda de materias primas en China, que ha actuado como motor decisivo del crecimiento económico en América Latina, África y Asia, se agota; paralelamente, una gran cantidad de capitales especulativos que recalaron en los emergentes, empiezan a repatriarse a EEUU y Europa en busca de más seguridad.

EEUU, un gigante herido de gravedad

Todas las miradas parecen centrarse ahora en la economía más poderosa del planeta, EEUU, que se ha convertido en objeto de múltiples y optimistas previsiones En realidad, las debilidades orgánicas de la economía estadounidense han sido paliadas parcialmente por el gigantesco programa de estímulos monetarios que la administración Obama puso en marcha hace dos años: 85.000 millones de dólares gastados por la FED todos los meses para compra de bonos de deuda pública. Con esta cantidad ingente de dinero en circulación, que ha permitido mantener las tasas de interés rondando el 0%, se pretendía facilitar el aprovisionamiento de crédito a las empresas y relanzar la inversión productiva, estimular el consumo y la creación de empleo. ¿Qué ha ocurrido realmente? Como en Europa, las cuentas y los balances de los grandes bancos se han saneado gracias a estas inyecciones monetarias; por otra parte, las grandes empresas se han hecho con grandes cantidades de efectivo a un coste muy pequeño, pero lejos de emplearlas para la inversión, estos recursos se han destinado en gran medida a la especulación bursátil. 
Los capitales públicos no han servido para revertir sustancialmente el estancamiento, pero han ayudado, y mucho, a restaurar la tasa de ganancias. El índice S&P 500, que incluye a las compañías más grandes de Wall Street, ha logrado el mejor retorno anual (de beneficios) desde 1997, apreciándose un 31%. En el caso del Dow Jones, la remontada fue del 27%, la mejor desde 1995. Aunque el mejor rendimiento fue del Nasdaq, con un alza del 40%. Mientras, el consumo doméstico sigue deprimido y el empleo creado es precario, con bajos salarios y sin derechos. Aunque en EEUU la gran recesión acabó oficialmente en junio de 2009, la situación para millones de estadounidenses es completamente desfavorable. En poco más de dos años (2007-2008) se destruyeron 8,7 millones de empleos y el total de parados se disparó a 14,7 millones. Cinco años después, hay 10,9 millones de parados y 10,6 millones de personas subempleadas. En las estadísticas oficiales, la economía norteamericana redujo su tasa de paro hasta el 7,3% en noviembre de 2013, lo que supone el nivel más bajo de estos cinco años. En teoría, el sector privado ha creado 8,1 millones de puestos de trabajo, 2,3 millones de ellos en los últimos doce meses, pero una alta proporción de esos empleos son de tiempo parcial, sin seguro médico, sin pago de horas extra, empleos precarios que para muchas personas no compensan los gastos derivados de aceptarlos. Hay un dato muy elocuente que subraya el auténtico nivel de estancamiento de la economía estadounidense: la tasa de ocupación laboral está en el 63%, su nivel más bajo en tres décadas y media. 
EEUU es también el epicentro de la desi-gualdad social. En la actualidad, tras 45 meses de “crear” empleo, existen casi 50 millones de personas atenazadas por la pobreza, incluyendo 13,4 millones de niños. La figura del trabajador pobre, que depende de los subsidios públicos para sobrevivir, es una imagen que define perfectamente la “recuperación” norteamericana. En 2007, 26 millones de estadounidenses recibían bonos de alimentos; hoy el número es casi de 48 millones, y cerca del 11% de todos los gastos para “comida en casa” de las familias se efectúa con estos bonos. A los socialdemócratas les gusta alabar el modelo Obama, pero la administración demócrata ha capitulado igualmente. Sólo un ejemplo para ilustrar esta idea: en medio de las frenéticas negociaciones con los republicanos sobre el presupuesto, y que motivó el cierre temporal del congreso, los dos partidos aprobaron un recorte salvaje de 40.000 millones de dólares para los próximos diez años en el programa de cupones de comida, al mismo tiempo que decidían incrementar las gigantescas subvenciones que reciben las grandes empresas agroalimentarias y confirmaban las vacaciones fiscales para los más ricos. 
Los ejemplos de la podredumbre del sistema americano se multiplican. Detroit, la ciudad estandarte de la fortaleza automovilística americana se hunde. Con la mitad de la población que hace seis décadas, unos 700.000 habitantes, sufre una tasa de paro superior al 18% y acaba de declarar la bancarrota de sus cuentas. Un reciente informe sobre Los Ángeles, titulado A Time for truth (La hora de la verdad) elaborado por una comisión independiente, afirma que el 40% de la población de la ciudad vive en la pobreza y que “un 28% de los trabajadores no reciben una paga suficiente para vivir”. En la capital económica del país, Nueva York, la crisis capitalista ha llevado a un número récord de familias a albergues para indigentes: 52.000 personas (22.000 niños) viven en ellos, según registros oficiales, aunque otros miles viven en túneles, estaciones de trenes y bajo los puentes.
Estas circunstancias explican el desgaste tan fuerte del gobierno Obama y el auge de la lucha de clases. El movimiento Ocupa Wall Street o las luchas obreras de Wisconsin y Seattle, al calor de la primavera árabe, han dejado paso en 2013 a una oleada de huelgas protagonizada por los trabajadores más oprimidos y en peores condiciones laborales en demanda de mejoras salariales: los del sector de la comida rápida y del gigante del comercio minorista Walmart. Es un secreto a voces que la “prosperidad” de grandes superficies como Walmart se basa en que decenas de miles de sus trabajadores viven por debajo de la línea de pobreza y para subsistir dependen de los programas de ayuda estatal como los cupones de comida.

Estancamiento y recesión en Europa

La crisis económica mundial se manifestó primero en EEUU, pero ha sido Europa y, particularmente la zona euro, el epicentro de la misma. Uno tras otro, los eslabones más débiles (Grecia, Irlanda, España, Portugal…) se han ido rompiendo, llegando en varios casos a situaciones de bancarrota parecidas a las que padecieron los países latinoamericanos en los años 90 del siglo XX. 
Las contradicciones generadas por la existencia de una moneda única para economías y estados nacionales con dinámicas e intereses distintos (muchas veces opuestos) se mantienen. Más aún que en EEUU, la inyección de ingentes cantidades de liquidez al sistema no ha resuelto ningún problema de fondo (la inversión productiva y el empleo siguen hundidos) y ha elevado la deuda a niveles históricos. En el conjunto de la zona euro, entre 2007 y el tercer trimestre de 2013 la deuda pública pasó del 66,4% al 95,1% del PIB. En Grecia, del 107,4% al 171,8%; Italia, del 103,3% al 132,9%; Portugal, del 68,4% al 128,7%; Irlanda, del 24,9% al 124,8%; Francia, del 64,2% al 92,7%; España, del 36,3% al 93,4%; y Alemania, del 65,2% al 78,4%. 
Los “problemas estructurales” que hicieron que la crisis se expresase con mayor virulencia en Europa siguen intactos. Aunque los medios burgueses dedican muchos titulares a los avances en la unión bancaria de la zona euro, la tendencia real ha sido hacia una mayor fragmentación financiera en líneas nacionales, mayor desconfianza entre bancos de los diferentes países a la hora de realizar préstamos en el mercado mayorista, más diferencias en los tipos de interés de los préstamos y la seguridad de los depósitos, etc. 
La banca, responsable y a la vez beneficiaria de este endeudamiento, sigue siendo una bomba de relojería. Algunas informaciones sitúan las necesidades de recapitalización de la banca europea en 767.000 millones de euros (las entidades francesas cuentan con la mayor brecha, 285.000 millones, seguidas de las alemanas, 199.000 millones). Pese a los fuegos artificiales sobre la “salida de la crisis” la economía europea sigue en situación de semiparálisis. Alemania, la “locomotora europea”, creció un 0,4% en 2013, la menor tasa desde 2009. El endeudamiento creciente, acompañado de un estancamiento que se prolongará años, puede llevar a nuevas situaciones de insolvencia, afectando a Estados o bancos “sistémicos”. Esto creará nuevas situaciones de pánico, descontrol e inestabilidad en el conjunto de la zona.

Lucha de clases mundial

Este es el trasfondo general que alimenta el cuestionamiento del capitalismo, de las instituciones de la democracia burguesa y de la política oficial. La experiencia de los últimos años ha desvelado ante millones de personas la brutal dictadura del capital financiero que domina el mundo y el carácter de clase de las instituciones “democráticas”. La pérdida del equilibrio capitalista y el desmoronamiento de las bases materiales sobre las que se cimentaba la estabilidad social del sistema, se ha traducido en una crisis profunda de la socialdemocracia y de los partidos tradicionales de la burguesía. La pauperización y proletarización de las capas medias priva a la derecha tradicional de una parte considerable de su base de apoyo. La guerra contra las conquistas históricas del movimiento obrero genera polarización, radicalización y un divorcio creciente entre los trabajadores y los dirigentes reformistas de las organizaciones obreras. La adaptación de las direcciones de la socialdemocracia y de los sindicatos al capitalismo les convierte (por acción u omisión) en cómplices de los recortes y ataques, reduciendo su margen para embaucar a las masas.
Estamos ante un auge de la lucha de clases mundial, cuyas consecuencias son evidentes. Las burguesías de los distintos países se preparan para frenar este ascenso, que puede transformarse en crisis revolucionarias, recortando drásticamente los derechos democráticos, aprobando leyes antiobreras y recurriendo cada vez más profusamente a la represión. Pero a pesar de esta reacción, en todo el mundo vemos una impresionante demostración de fuerza de los trabajadores y la juventud. Nuevos movimientos de masas en América Latina (México, Brasil, Colombia) y persistencia del giro a la izquierda de los últimos años (elecciones en Ecuador, Venezuela, Argentina, Chile, el fraude en Honduras…). La situación prerrevolucionaria en Grecia y el auge de la lucha de clases en el Estado español y Portugal, se combinan con estallidos sociales en ciudades de Gran Bretaña, Suecia o Alemania… A ello se suma la continuidad de la revolución árabe pese a las maniobras y golpes contrarrevolucionarios del imperialismo y de las oligarquías locales. 
La atmósfera de rebelión contra el sistema se extiende a capas cada vez más amplias. Este es el campo fértil en el que las ideas y las fuerzas del marxismo revolucionario se están desarrollando y conquistarán en el próximo periodo el apoyo de la mayoría de los oprimidos.

1. Ver artículo en la pág. 3 de este número.
2. Leon Trotsky, ‘La curva de desarrollo capitalista’, en Marxismo Hoy nº 8, Fundación Federico Engels, 2002.
3. Los autores del estudio son Stefania Vitali, James B. Glattfelder y Stefano Battiston, investigadores de la Universidad de Zurich (Suiza), quienes publicaron su trabajo el 26 de octubre 2011, bajo el título ‘La Red de Control Corporativo Global’ (The Network of Global Corporate Control) en la  revista científica PlosOne.org.

La ideología de la clase dominante, la burguesía, se encarga todos los días por diferentes medios de convencernos que no somos imprescindibles en nuestros empleos que si no nos gusta nuestro trabajo y el salario que percibimos hay millones afuera que lo harían por lo mismo o hasta por menos. Esta presión existente nos obliga entre otras tanta cosas en mantener el status quo como trabajadores soportando todo tipo exigencias superiores a nuestro cargo, aumento de jornada, falta de personal, etcétera, todo esto sin un incremento salarial.

Lo anterior es relevante ante el anuncio de finales del año pasado por parte de la Comisión Nacional de Salarios Mínimos donde declara que este año a los trabajadores se nos otorgará un aumento de 3.9%, aumento que conforme a la inflación no significa ni un ápice. Traducido para el área geográfica A un salario diario de 67.29 pesos y para el área geográfica B de 63.77 pesos, ¡¿Puede sobrevivir alguien con este salario?! Según el INEGI hay 6.7 millones de mexicanos que lo hacen.

El resultado de esa ofensiva contra los salarios ha significado que mientras las masa total de salarios en 1980 equivalía a una cantidad similar al 36.04% del Producto Interno Bruto (PIB) ahora, en datos del 2010, dicho porcentaje se redujo hasta el 27.03%; por su parte el comportamiento de los beneficios empresariales ha sido diametralmente opuesto al pasar del 29% al 62.1% en proporción al PIB durante el mismo lapso.

Sin duda estos beneficios empresariales los han obtenido por una mayor explotación de los trabajadores. Veamos, este año varias empresas han reportado ganancias importantes incluso superiores a las del año pasado, esto en contraste con los resultados que nosotros vemos en las empresas día a día dónde las ventas de mercancías y servicios son menores. La diferencia entre las pérdidas que acusan los patrones y el aumento de ganancias es la reducción de la riqueza generada obtenida por el trabajador. Ya sea a través de la reducción directa del salario o de su reducción indirecta a través de aumentar la jornada laboral, intensificar ritmos, agregar funciones, sustituir puestos, reducir personal, reducir descansos, horas de comida, cancelar vacaciones y días de asueto, no pagar prestaciones, obligar a la compra propia de herramientas de trabajo o cobro de las proporcionadas por la empresa (incluyendo uniformes), outsourcing (tercerización) y un larguísimo etcétera. Esto explica porque los salarios han pasado de ser el equivalente a 12 minutos de la jornada laboral en 2008 a nueve minutos en 2012 así como el que seamos uno de los países con la mano de obra más barata incluso más que China.

El estado de los salarios tiene que ver con esto, la lucha por un salario digno es una lucha contra la clase que nos mantiene en estas condiciones y que incluso pretende rebajar aun más nuestras condiciones de vida. En nuestros centros de trabajo debemos de organizarnos, desde nuestro sindicato y en donde no contemos con esta herramienta, en pequeños círculos. Exigiendo cero violaciones a nuestro contrato y mejoras salariales inmediatas. El aparato gerencial encargado de intimidarnos con el despido si levantamos la voz es lo que mantiene pasivos a una capa de compañeros inconformes, pero organizándonos inicialmente de forma modesta e incluso clandestina teniendo reuniones donde en primer instancia conozcamos a fondo nuestro contrato y discutiendo políticamente los origines de nuestras condiciones de miseria nos permitirá generar organización ante la ofensiva de la patronal. Los trabajadores estamos unidos por nuestras condiciones de vida, nuestra lucha por el salario digno es una de ellas. Exigimos a nuestros sindicatos a levantar un programa que exija al gobierno un salario no de 67 pesos, sino de 18 mil pesos, situación nos permitiría a los trabajadores cubrir nuestras necesidades básicas.

Pero ¿La patronal resolverá esto favorablemente?, ¿Los empresarios estarán dispuestos a disminuir sus privilegios para que una masa de gente goce de una vida dejemos ya de semejantemente a la de ellos sino estable? Creemos que no, los acontecimientos en todo el mundo lo demuestran, los empresarios han manifestado que incluso están dispuestos a matarnos de hambre antes de ver disminuidos sus beneficiosos. Nosotros la clase trabajadora debemos de responde con la misma contundencia que ellos, organizados desde nuestros sindicatos o conformándolos y retomando nuestras mejores tradiciones de lucha como es la huelga. Esta batalla no será sencilla, ya que en muchos casos no solo luchamos contra el aparato gerencial sino también contra cúpula charra de nuestros sindicatos que sin aviso alguno pacta con la patronal en prejuicio nuestro. Sin embargo nuestros compañeros en otras latitudes del mundo nos han puesto el ejemplo del potencial de la clase obrera organizada, haciendo retroceder no solo a patrones sino a gobiernos enteros. Compañero generemos organización en nuestros centros, vinculémonos con otros trabajadores, rescatemos nuestros sindicatos y combatamos juntos contra la ofensiva de los empresarios.

No más salarios de hambre

¡Unidos y organizados... venceremos!


A lo largo de la última década el salario de la clase obrera mexicana se ha desplomado a tal grado que ahora es uno de los más bajos del mundo. Según un informe del Fondo Monetario Internacional, publicado en noviembre pasado, la brecha entre los salarios industriales que se pagan en México y China se ha reducido dramáticamente: “En 2003, el salario promedio en México  medido en dólares,  era seis veces más elevado del que se pagaba en China, mientras que en 2011 los salarios en México sólo fueron superiores en un 40%”. Por su parte la Organización Internacional del Trabajo sitúa  al salario mexicano cómo uno de los que menos han crecido en Latinoamérica, ya que entre el año 2000 y 2010 en dicha región éstos se incrementaron en promedio un 42.1%, en México el incremento sólo fue de apenas 5%. Con esos resultados la Universidad Obrera de México estima que nuestro país se ubicó como el tercer país que menos  incrementó sus salarios mínimos, a diferencia de lo ocurrido en  Argentina donde el incrementó fue 221%, en Brasil 82%, en Bolivia 19% y en Venezuela un 13%.

 

En la medida en que la burguesía no han encontrado una oposición contundente a su política pauperizante de la clase obrera, han profundizado esta tendencia; así, la más reciente información de la empresa calificadora Merry Linch, dada a conocer en abril, estima que la mano de obra mexicana ahora es más barata que la de china ¡en un 19.6%! Pero no hay tiempo para celebrar tan tremenda hazaña, no se nos olvide que el esfuerzo capitalista no tiene límites, todavía falta que se apliquen, una a una, las nuevas cláusulas de la Ley Federal del Trabajo. No hay tiempo para festejar, aún hay mucho trabajo, sudor, miseria, hambre y pobreza por delante, en éste el mejor de los mundos posibles para los capitalistas.

Menos salarios, mayor productividad: más rabia contra el capital

A partir de la entrada de China a la Organización Mundial de Comercio en 2001, está desplazó a México cómo el país con más exportaciones hacia EUA, ello sirvió como un fuerte acicate para la burguesía Mexicana, la cual hacía depender en un 20% el PIB del país de las exportaciones a EUA, de ahí que la batalla que se estableciera contra la clase obrera fuera a muerte, la pregunta era ¿quién preserva su posición?, los trabajadores con sus salarios o la burguesía con su posición económica mundial.

                                                                                                                     

En la medida en que los capitalistas han logrado abatir los niveles de vida de la clase obrera mexicana también han logrado reposicionar las exportaciones provenientes de México hacia los EUA. En particular han sido las exportaciones ligadas a la industria automotriz y a las comunicaciones las que desde 2005 han crecido anualmente  en promedio un 18%, lo cual es más significativo si consideramos que estos sectores abarcan el 76% del total de las exportaciones manufactureras. Si bien en 2009 las exportaciones totales y a EUA en particular se desplomaron un 24.3%, el año siguiente se recuperaron casi en la misma medida; creciendo 23.8% hacia los EUA y un 24.3% en total, en 2011 las exportaciones totales dieron un nuevo paso al frente con un avance del 11.9% y en 2012 volvieron  a crecer un 12.2%. El componente fundamental en el incremento de las exportaciones han sido productos manufacturados dirigidos a EUA, por ejemplo, de un total de 26 sectores manufactureros que contabilizan las importaciones norteamericanas, en el periodo 2001-2004 México retrocedió en 13 de ellos, por el contrario entre 2010 y 2012 México tuvo un incremento en 20 de éstos sectores, que al mismo tiempo representaron el 80% de las exportaciones manufactureras.

 

Gráfica 1

Pero el “secreto” no ha estado únicamente en la contención y depreciación de los salarios en México, a la par de ello se ha incrementado exponencialmente la presión sobre los nervios y músculos de la clase obrera, se le ha explotado más, en términos burgueses se le ha hecho “más competitiva”.  Basta ver la gráfica publicada en el citado informe del FMI, la cual describe con frialdad la terrible realidad de la clase obrera, mientras la línea punteada señala la productividad en asenso vertiginoso, la línea contigua señala los costos laborales cayendo  miserablemente. En el espacio que año con año se abre más entre el aumento de la productividad y la caída de los costos laborales caben todas las miserias de la clase trabajadora; siempre crecientes, pero también en este espacio cada vez más amplio se extiende con fuerza el coraje y  la rabia para combatir al capital.

Una competencia donde no tenemos nada que ganar

El grado al que se ha llevado la explotación de la fuerza de trabajo en México revela  el carácter de la burguesía nacional y el imperialismo, los cuales basan su fuente de ganancias en sobrepasar permanentemente el nivel máximo de explotación de la fuerza de trabajo y en la medida en que avanzan en este terreno es que activan la inversión productiva: máquinas, herramientas y equipo para la producción. Así por ejemplo argumentaba la Secretaría de Economía, en el Programa Nacional Estratégico para la Industria Automotriz, las “ventajas" de la inversión en México,  al contar “con mano de obra experimentada y bajos costos laborales. En las plantas más eficientes de México estos costos llegan a ser hasta un cuarto del costo laboral en Estados Unidos". Además de costos bajos también se señalaba la abundancia de mano de obra calificada, ya que en México “destaca la graduación de 100 mil técnicos e ingenieros por año, cifra superior a los egresados de Alemania y Brasil”. Únicamente después de ofertar salarios miserables es que las transnacionales se han decidido a invertir y a lo largo de 2012 se ratificaron y anunciaron nuevas inversiones por parte de Ford, Audi, GM, Honda, Mazda, Daimler trucks, Nissan, esta última, por ejemplo, construirá una nueva planta en Aguascalientes, una vez construida y puesta a funcionar  junto con la planta que actualmente tiene en Morelos, Nissan espera que su producción sea de un automóvil ¡casi cada 30 segundos! Según datos publicados en The Economist.

Un ejemplo que termina de ilustrar las motivaciones reales de las transnacionales al invertir en México, es el hecho de que “Según los propios industriales de la maquila, sólo 3.3% de lo que sale de sus seis mil fábricas es ingrediente mexicano… El contenido nacional promedio de lo que exportamos es apenas siete por ciento.” Más adelante el columnista de Excélsior, Julio Feaesler señala “Nuestros intercambios internacionales son una irónica paradoja de aumentos en la exportación de manufacturas y obligados aumentos en la importación de los bienes intermedios para fabricarlas”. Así tenemos que el valor y destino de las  importaciones-exportaciones siempre es casi idéntico pero en sentido contrario. Las fábricas más importantes establecidas en México importan fundamentalmente de los EUA, aquí utilizan la fuerza de trabajo que pagan a un costo bajísimo, luego llevan de regreso sus productos al mercado estadounidense, donde compiten con los productos chinos, la meta al llegar al mercado es saber quién puede ofrecer los productos más baratos, quién logró pagar menos salarios, quién logró explotar más a los trabajadores;  el imperialismo Chino o el Yanqui. Esta es una competencia donde los trabajadores no tenemos nada que ganar. 

 

Gráfica 2

La lucha de clases es la lucha por la plusvalía

Las presiones que se ciernen sobre la clase obrera y sus organizaciones no son menores, el imperialismo y la burguesía autóctona se juegan su posición en el mercado; la primera  como gendarme del capitalismo mundial y la otra como una de sus mascotas favoritas la cual recibe premios y castigos según su comportamiento y docilidad. La clase obrera no se juega algo menor, es su existencia misma la que ha sido degradada con brutalidad y lo peor es que esta tendencia continúa. Bajo éstas condiciones no hay lugar para la estabilidad económica, política y social, el deseo de los dirigentes sindicales reformistas de que tarde o temprano se podrá regresar décadas atrás al llamado “estado de bienestar” es un sueño guajiro que únicamente ha servido para justificar la inacción, la postración ante los ataques de los capitalistas. En esta época de crisis orgánica del capitalismo el “viejo sindicalismo” que busca pactos por arriba es totalmente inviable, la más mínima de las concesiones tendrá que arrebatarse a los capitalistas con acciones que pongan en peligro real su dominación. El discurso acartonado de cada revisión salarial e incluso las amenazas verbales; “ahora si habrá una huelga general”, han demostrado su total impotencia. La clase obrera tiene la necesidad apremiante de defender su existencia misma, su salario, para ello tiene que reorganizarse, particularmente dentro de sus sindicatos, haciendo de ellos auténticas organizaciones de defensa de un nivel de vida digno para la clase obrera, esta es su primer tarea: ¡Aumento salarial de emergencia del 100%!  Si los actuales dirigentes no están dispuestos a enarbolar seriamente esta demanda es válido preguntarse, ¿y entonces, cuál es su función? Es preciso que dentro de la base sindical surja una nueva generación de sindicalistas jóvenes y veteranos dispuestos a defender sus intereses más básicos, como cualquier otra obra no se hará en un día, pero tiene que comenzarse de inmediato, tenemos que ponerle un alto rotundo a los ataques del capital. Únete a Militante y forma una corriente combativa, democrática y socialista dentro de tu sindicato.

Fecha: 23 abril 2013

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Con apenas algunas modificaciones y menos de una semana de discusión en cada caso, los legisladores aprobaron las leyes de ingresos y egresos de la federación bajo el perfil dictado por los intereses del capital; recaudar más por impuestos que afectan el bolsillo de los trabajadores, continuar con los gasolinazos, mientras se reducen gastos en educación, programas agrarios, ciencia y tecnología. Por otra parte se asignan más recursos para la seguridad pública, como una herramienta para contrarrestar al movimiento obrero, así como un mayor presupuesto a estados y municipios que van directamente a la banca.

Bajo la perspectiva de un crecimiento del PIB de 3.5%, un déficit público de 0%, inflación de 3%, un tipo de cambio de 12.90 pesos por dólar y un precio de 86 dólares por barril de petróleo, se estableció un presupuesto de ingresos y egresos de 3 billones 956 mil 361.6 millones de pesos (mdp) cada uno. De la cantidad de ingresos, 1 billón 605 mil 162.5 mdp (41%) provendrán del cobro de diversos impuestos, de los cuales 818 mil 095.4 mdp (21% del presupuesto total de ingresos) serán del Impuesto Sobre la Renta (ISR) y 44 mil 638.4 mdp del Impuesto Empresarial a Tasa Única (IETU). Claro está que la mayoría de estas contribuciones corren a cargo de los asalariados, bien sea a través de los impuestos pagados por los productos o servicios que consumen o a través de los impuestos que se descuentan de su salario, engordando aun más el bolsillo de empresarios y banqueros, que lejos de pagar esos impuestos al Estado, se ven beneficiados con las evasiones fiscales. Tan solo en 2012, los llamados gastos fiscales, es decir, los impuestos que no se recaudan por lo privilegios otorgados a empresarios y banqueros, ascienden a 590 mil mdp, y en 2013 se pronostican en torno a los 502 mdp; no obstante, a estas dos cantidades hay que sumar las devoluciones de IVA e ISR, que en 2012 sumaron 205 mil mdp y en 2013 se prevén en 200 mil mdp. Esto incrementa las cifras de privilegios fiscales en 2012 a 795 mil mdp y en 2013 a 702 mil mdp, aunque la cifra podría aumentar. Ello significa que en 2012 se devolvió o no se cobró impuestos a empresarios y banqueros por lo equivalente al 23% del presupuesto, y para 2013 estos barones del dinero se relamen los bigotes para acumular 18% del presupuesto. Esta es la lógica de las finanzas capitalistas, un Estado a su servicio que les permita extraer mayor plusvalía a los trabajadores.

Más aun, se prevé que con el retiro del subsidio a las gasolinas y diesel, se recauden 48 mil 895 mdp, es decir, que el 1% del presupuesto se recaude por los gasolinazos que se aplicarán tan solo este año. Son mentira los argumentos de la burguesía y sus economistas a sueldo al decir que “los ricos pagan más impuestos, porque ellos son los que consumen gasolina”, porque estos aumentos producen el encarecimiento de los bienes de consumo, del transporte y otros servicios, ¿o es que sólo los empresarios y banqueros pagan los siete pesos del pasaje mínimo en el Estado de México? ¿o los cinco pesos del metrobús en el DF? Y que hay de la inflación situada en torno al 4% en 2012. Todo esto explica la urgencia de la clase dominante por gravar con el IVA alimentos y medicinas, pues representarían 172 mil mdp más para mantener sus ganancias. La clase trabajadora se ve así golpeada por la plusvalía extraída por su fuerza de trabajo, y por la presión fiscal del Estado, que no es más que una herramienta de la burguesía.

El presupuesto de egresos contempla la desaparición y reducción de recursos de algunos programas sociales, así como el fortalecimiento de otros. Sin embargo, todos estos problemas no mejoran las condiciones de vida de la clase trabajadora ni tienen la cobertura necesaria. Para mejorar radicalmente la situación de miseria que somete al 80% de la población mexicana se requiere que la riqueza no se concentre en pocas manos, y que sean los mismos trabajadores, campesinos y sectores explotados quienes controlen las palancas de producción y definan los rumbos de la riqueza por ellos creada.

Tenemos también los gastos en seguridad que van destinados a mantener la política de militarización del país y el reforzamiento de la policía para ser utilizada ante las movilizaciones de la clase trabajadora; de ello habla el 76% del presupuesto de la Secretaría de Gobernación que se empleará para tareas policiacas. Y lo que da al traste con la supuesta política de austeridad del gobierno es la percepción salarial mensual de 105 mil 378 pesos para diputados, que contrasta con el mínimo que perciben millones de mexicanos y que apenas llega a 64.76 pesos en la zona A y 61.38 en la zona B.

Otro aspecto importante del presupuesto de egresos es que se destina 1 billón 171 mil 634 mdp para estados y municipios (30% del total), gran parte de ello se ocupará para cubrir la deuda que sostienen y no para mejorar los servicios públicos para la población. A nivel federal, se autorizó un monto de endeudamiento interno de hasta por 415 mil mdp y un endeudamiento externo de 90 mil 300 mdp. ¿Cuál es el problema de esta deuda? Que los acreedores son los banqueros y empresarios, tal como sucede en Europa y Estados Unidos. Las exigencias de la banca para recuperar sus inversiones y acumular más ganancias someten al Estado para captar más recursos que se extraigan de la clase trabajadora. La Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) reporta que la deuda total de los gobiernos municipales en México llegó a 43 mil 646.5 mdp, 158% más que la registrada en 2007, la mayoría de ella a partir de emisiones bursátiles (préstamos que otorgan bancos y empresas que cotizan en la Bolsa de Valores). Tan sólo 21 mil 732.1 mdp de la deuda de estados y municipios pertenecen a la banca comercial, lo que significa que ese 30% del presupuesto de egresos ya va etiquetado para la acumulación de banqueros y empresarios. Ante el panorama de crisis de deuda que afecta a estados y municipios como Chiapas, Jalisco, Acapulco, Cuernavaca, Naucalpan, etcétera, los legisladores aprobaron la Ley de contabilidad gubernamental, que prevé candados y restricciones en los egresos estatales. Como en Europa, ahora la burguesía con el respaldo de la ley podrá obligar a entidades y municipios a recortar en gastos sociales o aumentar impuestos y, por supuesto, avalar medidas privatizadoras.

Es así que el presupuesto de este año nuevamente beneficia más a la burguesía y pretende exprimir a la clase trabajadora. Pero también da muestras de la debilidad del régimen, que no ha podido pasar la reforma educativa ni la fiscal que gravaría con IVA a medicinas y alimentos; también se muestra titubeante para lanzar la reforma privatizadora en PEMEX. La burguesía y su Estado son débiles, a pesar de intentar mostrar fortaleza; necesitan urgentemente explotar más al proletariado, pero temen la respuesta feroz de éste. Es momento de que las direcciones de sindicatos y partidos de izquierda asuman su misión histórica y convoquen a la lucha en las calles a todo el pueblo trabajador, en su lucha por mejorar sus condiciones de vida.

¡Compañero trabajador, la lucha por mejorar tus condiciones de vida es la lucha por el socialismo!

¡Únete a Militante!

fecha: 10 de febrero del 2013

El gobierno del Estado moderno no es más que una junta que administra los negocios comunes de toda la clase burguesa” (Marx y Engels, El Manifiesto Comunista).

Ante la prolongación de la crisis capitalista a nivel mundial y la tendencia general a la desaceleración de la economía norteamericana en particular, el gobierno de Enrique Peña Nieto está decidido a seguir cuidando los intereses de la burguesía (nacional y extranjera) que lo impuso en la presidencia, a destruir las conquistas laborales y precarizar todavía más las miserables condiciones de vida de la mayoría de la población, pretendiendo aumentar (del 15 al 19%) y generalizar (a medicinas y alimentos) el Impuesto al Valor Agregado (IVA).

Crisis y mayores impuestos a los trabajadores

Recientemente el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Información (INEGI) dio a conocer que el crecimiento de la economía mexicana durante el año pasado fue del 3.9%, similar al de 2011. No obstante ello, organismos internacionales como el Banco Mundial (BM) y la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), prevén un menor crecimiento para nuestro país este año del 3.3%, mientras que el Banco de México (BdM) considera que podría ser del 3.4 por ciento. En cualquier caso, el crecimiento que pueda obtenerse, se inscribirá en la tendencia general descendente de la economía nacional, tal como lo ha sido durante los últimos cuatro sexenios. En el caso de los 12 años de gobiernos panistas, por ejemplo, el crecimiento fue de apenas 2.04% en promedio (2.13% en el sexenio de Vicente Fox y 1.93% en el de Felipe Calderón). Así que a pesar del optimismo del BdM y el gobierno federal, ante la persistencia de la crisis mundial del capitalismo, la perspectiva de crecimiento para nuestro país es incierta, pues está condicionada por la desaceleración económica de los Estados Unidos en particular, cuyo Producto Interno Bruto (PIB) apenas creció al 2.2% el año pasado.

Ante este panorama, los capitalistas nacionales y extranjeros, con la intención de seguir manteniendo sus ganancias, llevaron a cabo un cínico fraude electoral para imponer en la presidencia de la república a Enrique Peña Nieto, como nuevo administrador de sus negocios. Éste, en su primer acto público de 2013, ratificó su cometido de seguir impulsando más reformas estructurales (después de haberse aprobado la contrarreforma laboral con Felipe Calderón) como la hacendaria y la energética, para supuestamente fortalecer el mercado interno y no estar sujetos a factores externos. Pero ya antes, inmediatamente después de haber tomado posesión y para tratar de legitimar su gobierno, promovió el famoso “Pacto por México” (firmado por su partido el PRI, el PAN y la dirección de derecha del PRD), donde se contempla, entre las contrarreformas sociales la fiscal, consistente en “incrementar la base de contribuyentes”, así como en combatir “la elusión y la evasión fiscal”, supuestamente.

En ese mismo sentido del “Pacto por México”, desde inicios de año, se han pronunciado tanto la OCDE como la Confederación Patronal de la República Mexicana (COPARMEX), diciendo que lo prioritario para impulsar el crecimiento en el país es concretar una reforma fiscal que le dé “viabilidad a las demás”. De aprobarse esta reforma, junto con la energética, supuestamente el PIB potencial del país aumentaría de 2.8 a 3.7% anual, según BBVA Bancomer (La Jornada, 20/02/13).

También, el Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF) declaró que “la reforma laboral era necesaria para mejorar el desempeño de la economía, pero no es suficiente”, por lo que se manifestó a favor de “una reforma hacendaria integral” que incluya “IVA generalizado”, para de esa manera obligar a los trabajadores que se encuentran en la informalidad a pagar impuestos.

De igual modo, el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP) se ha pronunciado por más reformas que, supuestamente, estimularan la inversión y permitirán generar empleos formales. Para ello, además de insistir en la privatización de PEMEX, también se pronuncia porque la reforma hacendaria contemple exenciones tributarias para favorecer la inversión y “la infraestructura productiva, lo cual se traducirá en mayor crecimiento y por ende en mayor capacidad de generación de empleos”.

Parasitismo de la burguesía

No obstante todo lo que dicen la burguesía (a través de sus organismos) y su representante en el gobierno para justificar el aumento y generalización del IVA a medicamentos y alimentos, la verdad es que, de aprobarse dicha reforma significará no mayor inversión ni generación de empleos, sino un agravamiento mayor de las ya de por sí precarias condiciones de vida de la mayoría de los trabajadores mexicanos, mientras una minoría de magnates continua enriqueciéndose. Pues la cúpula empresarial, si no es que evade su pago, sigue siendo la única verdaderamente beneficiada en sus ganancias por los bajos impuestos que paga, y esto no se ha traducido en mayor inversión productiva, ni en mayor empleo formal, ni mucho menos en mayores salarios, como tanto pregona el gobierno; sino que se han canalizado al sector financiero-especulativo.

En el caso de la inversión extranjera, por ejemplo, por cada dólar de inversión que llega a México para financiar actividades productivas, otros dos dólares ingresan para adquirir instrumentos financieros y tratar de aprovechar los altos rendimientos que, comparados con los países en desarrollo, se pagan hoy en nuestro país. En el último año, el rendimiento promedio de la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) ha sido de 18.8%, el doble del registrado en el mercado accionario de Shanghai, el principal de China continental, que ha sido de 9.2% y superior al del mercado de Hong Kong, de 10.3% en el mismo periodo; o el de India, de 11%. Hasta ahora está entrando más inversión al mercado financiero que al sector real. Sólo en el último año, ingresaron a México 40 mil millones de dólares del extranjero para la compra de bonos de deuda (públicos y privados) y otros 5 mil millones de dólares a la BMV. Y esa suma, 45 mil millones de dólares, fue más del doble de los 20 mil millones de dólares que llegaron de inversión directa, la cual es canalizada a la actividad productiva (La Jornada, 08/02/13).

Lo anterior refleja claramente el parasitismo de la burguesía en la época actual, pues ahora los empresarios pretenden obtener dinero del dinero mismo, sin tener que pasar por el proceso de la producción. Este hecho pone de manifiesto que la crisis capitalista continúa, pues, desde la lógica de los empresarios no tiene sentido invertir en la producción real si la economía se encuentra estancada, y para generar un empleo, primero evalúan si éste les reditúa mucho más de lo que invierten en su contratación. Por eso, para supuestamente promover y atraer mayor inversión en nuestro país, los partidos de la burguesía (el PRI y el PAN) aprobaron la contrarreforma a la Ley Federal del Trabajo, que abarata todavía más la mano de obra en nuestro país y genera mayores ventajas a los grandes capitales mediante la legalización del outsourcing (subcontratación), entre otras cuestiones que atentan contra los derechos y prestaciones de los trabajadores.

Capitalistas evasores de impuestos

Según informó la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), los ingresos tributarios del gobierno federal en 2012 alcanzaron su menor nivel en los últimos dos sexenios, al representar 8.4% del Producto Interno Bruto (PIB) de ese año. La recaudación de impuestos fue de un billón 314 mil 464.8 millones de pesos, según los informes preliminares divulgados por la dependencia, un monto menor en casi 153 mil millones respecto a lo que se estimó obtener durante el último año de gobierno de Felipe Calderón, por lo que el rezago fue de 10.4 por ciento (La Jornada, 05/02/13).

BBVA Bancomer argumenta que lo anterior se debe a que quienes laboran en la informalidad no pagan impuestos y porque hay muchos que evaden el pago. Considerando el tema de la informalidad, es cierto que ésta se ha incrementado considerablemente, pues mientras al inicio del sexenio anterior el número de personas ocupadas en dicho sector era de 14 millones 221 mil 779, para el tercer trimestre del año anterior había alcanzado una cifra equivalente a 29 millones 271 mil 23 personas (La Jornada, 31/12/12), pero esto en realidad ha sido una válvula de escape para quienes no pueden acceder a un empleo formal.

Es la evasión en el pago de impuestos la que explica mayormente la reducción de los ingresos tributarios en las finanzas públicas. La misma SHCP, ha reconocido que la elusión del pago de impuestos fue de 668 mil 543.7 millones de pesos (catalogados como créditos fiscales) al término de 2012, cantidad equivalente al 88% de la recaudación total del Impuesto Sobre la Renta (ISR) durante ese año. Pero ¿quiénes son los que evaden el pago de impuestos? No somos los trabajadores (formales e informales), sino los que se apropian de la riqueza que generamos socialmente. Resulta, por ejemplo, que durante el 2012 los trabajadores asalariados fuimos los principales contribuyentes del ISR, en tanto los empresarios quedaron en un segundo plano. Esto es que, de la recaudación total del ISR que ascendió a 760 mil 106.2 millones de pesos, el 38% correspondió a los pagos realizados por las empresas (268 mil 360.3 millones de pesos); mientras que las retenciones por salarios se elevaron a 377 mil 663.2 millones de pesos, lo que representaron 49.7% del ISR recaudado en todo el año anterior (La Jornada, 04/02/13). Vemos pues, que la baja recaudación fiscal no se debe a que haya trabajadores que no pagan impuestos por encontrarse en la informalidad, sino al no pago de los grandes empresarios que se quedan con toda la plusvalía creada por la clase trabajadora.

Pero ahí no termina el asunto. Los grandes empresarios no sólo se niegan a pagar impuestos, sino que además les son devueltos los impuestos que llegan a pagar, o bien, reciben condonaciones. De acuerdo a la Auditoria Superior de la Federación, el gobierno de Felipe Calderón, por ejemplo, se caracterizó por las altas devoluciones de impuestos a grandes contribuyentes, lo cual afectó los ingresos tributarios. En 2010, un año después de haberse expresado dramáticamente la crisis capitalista en nuestro país, la recaudación ascendió a un billón 813 mil 811 millones de pesos, y las devoluciones fueron de 233 mil 261 millones (12.9% del total recaudado); mientras que en 2011, los reintegros representaron, en promedio, 13.8% de la recaudación anual total que fue de 2 billones 49 mil millones de pesos. Ese año, 20 grandes contribuyentes fueron beneficiados con la tercera parte de las devoluciones solicitadas al Servicio de Administración Tributaria (SAT). Así que de 283 mil millones de pesos registrados por devoluciones, esas 20 compañías recibieron 63 mil millones. Los sectores a los que pertenecen los empresarios beneficiados por esas devoluciones fueron: fabricación o ensamble de camiones y tractocamiones, casi 30 mil millones de pesos; tiendas departamentales y supermercados; comercios de partes y refacciones nuevas para automóviles; alimentos, casi 9 mil millones; dirección de corporativos y empresas no financieras; producción de aves de corral en incubadora; telefonía celular; almacenamiento con refrigeración; electrónica, y explotación, refinación y fundición de materiales no ferrosos (La Jornada, 21/02/13).

En cuanto a las condonaciones en el pago de impuestos, del total de créditos fiscales del año pasado (668 mil millones de pesos no pagados), 61% están en litigio y la posibilidad de recuperación es de apenas el 45%, lo cual significa que 185 mil millones de pesos no se van a recuperar y otros 136 mil millones tienen baja posibilidad de cobrarse. Ochenta y cuatro por ciento de dichos créditos fiscales corresponde a grandes empresas, que con argucias alargan los juicios para que después de cinco años queden condonados. Y para este año, la SHCP prepara la condonación de 410 mil millones de pesos, mientras que las devoluciones por ISR serán de 250 mil millones de pesos (La Jornada, 24/02/13).

Concentración de la riqueza social

Además de lo anterior, los grandes empresarios siguen enriqueciéndose, a pesar de la crisis económica que ellos mismos generaron. Ha sido tal la concentración de la riqueza en nuestro país en los últimos 20 años, que actualmente hay un multimillonario por cada 10 millones de habitantes, o lo que es lo mismo, casi 6 millones de pobres por cada barón de la revista Forbes. En 1991, Carlos Slim apareció como el primer barón mexicano entre los multimillonarios Forbes, con mil 600 millones de dólares (en ese entonces ya controlaba Teléfonos de México), veinte años después su fortuna se había incrementado 4 mil 300%, para redondear 70 mil millones de dólares. Otro caso es Ricardo Salinas Pliego, quien aparece por primera vez en 1994 con mil 200 millones de dólares (ya propietario de Imevisión) y para 2012 acumulaba 17 mil 400 millones (segundo en la lista mexicana de súper ricos), lo que significa un crecimiento cercano a mil 500% en el periodo. En igual lapso, la fortuna de Alberto Bailleres (zar de la plata en México, por medio de Grupo Peñoles) pasó de mil 900 a 16 mil 500 millones, con cerca de 1000% de aumento. El rey del cobre, Germán Larrea (Grupo México, el de Pasta de Conchos), incrementó sus haberes en mil 300% (de mil 100 a 14 mil 200 millones). En 1994, el último año –oficialmente– de Carlos Salinas de Gortari en Los Pinos, Forbes ya registraba 24 mexicanos súper ricos (todos asociados con la venta de empresas del Estado) y por primera (y última) vez aparecía un político: Carlos Hank González, con 3 mil millones de dólares. Pero a partir de 1995 el inventario de súper ricos se estabilizó en una decena de empresarios, uno de ellos, desde 2009, Joaquín El Chapo Guzmán. Por esto, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), afirma que “México es el segundo país de América Latina con mayor número de billonarios, pero a escala mundial es uno de los que menos recursos obtienen por los impuestos que cobra sobre la propiedad o el patrimonio”. Si se considera 1991 como punto de partida (con sólo Slim en la lista de multimillonarios) y se compara el acumulado en 2012 (con 10 megaempresarios, incluido un narcotraficante), el incremento de la riqueza por ellos acaparada ha sido cercano a 10,000% con un promedio anual de 500%, y pretenden más con Peña Nieto como su administrador en el gobierno (La Jornada, 31/12/12).

Por su parte, la banca privada que opera en nuestro país, cerró 2012 con un monto histórico de utilidades. De acuerdo a la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), el conjunto de instituciones del sistema bancario, en su mayoría controlado por firmas extranjeras, logró ganancias netas el año pasado por 87 mil 126.20 millones de pesos, 20.6% más que las obtenidas en 2011 y una tasa que multiplicó por cinco el crecimiento que tuvo la economía en ese periodo. En el primer sitio se ubicó BBVA Bancomer, con ganancias el año pasado por 23 mil 151 millones de pesos; siguió Santander, con 17 mil 398 millones de pesos; Banamex, 12 mil 356 millones; Banorte, 9 mil 419 millones, y HSBC, 4 mil 370 millones (La Jornada, 31/01/13).

Mayores calamidades sociales

Mientras todo lo anterior ocurre, la clase trabajadora (y sus hijos) que crea la riqueza social en nuestro país, enfrenta cada vez mayores calamidades para sobrevivir. De acuerdo al Consejo Nacional para la Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), 22 millones de personas, que representan 19.4% de la población (o dos de cada diez) viven con hambre, pues disponen de un ingreso "inferior a la línea de bienestar mínimo", y que, aun cuando hagan uso de todo su ingreso para la compra de comida, no pueden adquirir lo indispensable para tener una alimentación adecuada. Y esta situación pretende ser resuelta por Peña Nieto a través de su llamada “Cruzada Nacional contra el Hambre”, anunciada el 21 de enero pasado, la cual apenas está orientada a atender, "en una primera etapa", a 7.4 millones de personas (una tercera parte del total) de 400 municipios del país que carecen de ingresos para alimentarse adecuadamente (La Jornada, 20/02/13).

Una de las causas del deterioro en el acceso de las familias mexicanas a la alimentación es la disminución en la capacidad de compra de los trabajadores. De acuerdo al Centro de Análisis Multidisciplinario (CAM), de la Facultad de Economía de la UNAM, durante la gestión de Felipe Calderón, por ejemplo, en nada mejoró la situación de los trabajadores. Al contrario, su gobierno se caracterizó por mantener los aumentos salariales en 4% anual durante los seis años, lo que se vio reflejado en una disminución acumulada del poder adquisitivo de 45.11%. Pues, mientras el salario mínimo nominal en este periodo aumentó 28.06%, el precio ponderado diario de la Canasta Alimenticia Recomendable (CAR) aumentó 133.81%; en términos absolutos, los aumentos al salario mínimo de manera acumulada en los seis años fueron de 13.66 pesos, mientras el precio de la CAR aumentó 108.16 pesos.

Por lo anterior, el CAM afirma que “el salario mínimo diario sólo durante el calderonato acumuló un rezago de 47 años”. De manera que para recuperar la pérdida (registrada sólo con Calderón) del 45.11% en el poder adquisitivo, se requería mantener su mismo incremento salarial promedio de cada año, así como congelar los precios de los productos que comprenden la CAR durante 49 años y aumentar año tras año sólo el salario mínimo diario entre 4 y 5%. De esa forma, para el año 2061 el salario mínimo sería de 189.62 pesos y el precio de la CAR debería ser de 188.99 pesos (La Jornada, 24/12/12). Lo que significa que, tendrían que pasar prácticamente 10 generaciones de trabajadores mexicanos para que con un salario mínimo y sin incremento en los precios de la canasta alimenticia recomendable cualquier trabajador pudiera adquirir la CAR (sólo 40 alimentos).

Pero la caída del poder adquisitivo de los trabajadores no ocurrió sólo durante el gobierno de Calderón; si retrocedemos a finales de los años ochenta en estudio (cuando el PRI gobernaba como ahora), vemos que la pérdida es mucho mayor. El mismo CAM ha señalado que el salario acumula una pérdida de 82.36% desde diciembre de 1987 a octubre de 2012. Dicho de otra manera, se requerirían más de seis salarios mínimos para adquirir la canasta básica indispensable, que es el promedio de lo que consumiría una familia de cinco miembros. Lo que significa que están fuera del alcance de los trabajadores el pago de servicios de salud, recreación, educación, vestido y calzado (La Jornada, 20/12/12).

¡Que los capitalistas paguen por su crisis!

Si lo anterior no fuera suficiente para los capitalistas, ahora pretenden aumentar y generalizar el IVA a alimentos y medicinas a través de sus representantes en el gobierno y sus partidos políticos (el PRI y el PAN) en el Congreso, mientras ellos siguen evadiendo sus pagos, exigiendo devoluciones o condonaciones y aumentando sus ganancias en medio de la crisis que ellos mismos generaron.

Los trabajadores no podemos permitir un ataque más a nuestras ya de por sí precarias condiciones de vida. Debemos ser conscientes de que si nosotros somos la única clase creadora de la riqueza en la sociedad, nosotros podemos y debemos administrarla democráticamente para resolver definitivamente los problemas cotidianos que enfrentamos (desempleo, pobreza, analfabetismo, violencia, narcotráfico, etc.). Los capitalistas han demostrado su parasitismo total, viven de explotar nuestra fuerza de trabajo, son incapaces de administrar adecuadamente la sociedad y quieren que nosotros sigamos pagando más, mientras ellos siguen apropiándose la riqueza social.

Sin organización seguiremos siendo carne de explotación. Es necesario presionar a los dirigentes de nuestras organizaciones sindicales y de los partidos políticos de izquierda para que se pongan al frente de la lucha por la defensa de nuestros derechos laborales y contra los ataques que pretende dar la derecha privatizando PEMEX e imponiendo el IVA a medicinas y alimentos. Los dirigentes sindicales y de los partidos de izquierda no sólo deben pronunciarse en contra de tales ataques, tienen que llamar a la movilización masiva en las calles que demuestre la fuerza numérica y el potencial de la clase trabajadora para transformar completamente la sociedad capitalista que está sumiendo en la barbarie a la mayoría de la población.

Al mismo tiempo que luchamos por frenar y revertir los ataques a nuestras condiciones de vida, rechazando el aumento y generalización del IVA a medicinas y alimentos, y exigiendo que los capitalistas paguen por tener más (impuesto progresivo), debemos plantearnos también la lucha por la revolución socialista, pues ninguno de los problemas que enfrentamos tendrá solución definitiva mientras sigamos sobreviviendo en esta sociedad capitalista decadente. Solamente expropiando a los capitalistas (grandes empresarios, banqueros y terratenientes) y planificando la producción económica con la participación democrática de los trabajadores, se podrá administrar mejor la riqueza social para resolver el problema del hambre, el desempleo, la falta de educación, salud, vivienda digna; se podría industrializar el campo y dar créditos baratos a los campesinos, entre muchas otras cosas.

¡Únete a Militante y luchemos juntos por estas demandas al interior de tu sindicato, escuela o centro de trabajo!

Más dominación imperialista auspiciada por Calderón

Antes de tener que retirarse, Calderón, se ha encargado de redoblar el yugo del imperialismo norteamericano sobre el conjunto de la clase obrera mexicana adhiriendo al país al Acuerdo Transpacífico, el pasado mes de junio. Este acuerdo comercial tiene el objetivo de colocar en una situación todavía más ventajosa a los monopolios norteamericanos en los mercados de 12 países de Asía y América, la mayoría de ellos subdesarrollados. De esta manera los monopolios gringos buscan reposicionarse para ganar la guerra comercial que está librando con el capitalismo chino, a costa de exacerbar la miseria de millones de obreros y campesinos a escala continental.

La guerra comercial entre EUA y China

La asociación comercial con 12 países en ambos extremos del Pacífico es una de las  tácticas más importantes del imperialismo norteamericano en su guerra comercial con China. Ambos países están en una franca disputa por el mercado mundial; cada uno requiere apropiarse de recursos naturales, mano de obra y áreas dónde sus mercancías puedas ser consumidas, para hacer prevalecer su  poderío económico mundial. 

El plan nacional de exportación lanzado por Obama en 2010 se propuso incrementar las exportaciones norteamericanas al doble, en un lapso de cinco años. Para lograrlo es preciso reconquistar y ampliar sus áreas de influencia, en otras palabras es necesario detener la cada vez mayor influencia de los capitalistas chinos en América Latina, pues en los últimos años China se ha convertido en el socio comercial más importante de Brasil, Chile, Perú y Argentina.  Por otro lado, el plan de Obama también requería establecer políticas económicas que permitieran el acceso sin restricciones de mercancías y capitales norteamericanos a las economías de los distintos países que ahora forman parte del Acuerdo Transpacífico,  TPP pos sus siglas en inglés. 

Con la firma del TPP, el imperialismo norteamericano ha dado otro paso más al frente de cara a realizar exorbitantes negocios para un puñado de capitalistas que ahora podrán colocar sus mercancías en condiciones por demás favorables, en un mercado de más de 650 millones de personas. También se prevé que los capitales imperialistas podrán acceder a la adquisición o inversión dentro de empresas que son propiedad del Estado, como es el caso de PEMEX o CFE en México. De igual manera el TPP establece reglas que inhiben la producción de ciertas mercancías, si no están elaboradas por las multinacionales más poderosas que poseen las patentes o licencias de producción, acabando así también con la competencia en cada uno de los países. Ello significara, por ejemplo, restricciones en la producción de medicamentos genéricos, tan socorridos en América Latina. 

Adhesión de México al Acuerdo Transpacífico

A pesar de que las negociaciones del TPP están prácticamente terminadas, el contenido específico del mismo se ha mantenido en total secrecía (incluso para el parlamento 8norteamericano), tal como lo describe un artículo publicado en el periódico británico The Guardian: “No es posible discutir los meritos del TPP ya que el gobierno ha mantenido los borradores del texto en secreto para el público. Solamente los propios negociadores y un selecto grupo de socios de los corporativos  tienen acceso al documento actual. Los altos ejecutivos de General Electric, Goldman Sachs y Pfizer, probablemente, todos ellos tengan borradores de secciones relevantes del TPP. Sin embargo, los miembros correspondientes al relevante comité del congreso, aún no han hablando  de lo que se está negociando”. 

A espaldas de las mismas instituciones burguesas los peces gordos del capitalismo se están repartiendo el “derecho” a usufructuar la fuerza de trabajo de cientos de millones de trabajadores. En todo caso con quién el imperialismo ha tenido que sentarse a convencer, presionar y en última instancia obligar a firmar el acuerdo es con los capitalistas más acaudalados de cada uno de los países. Es un hecho que los Carlos Slim, Caludio X. Gonzales, y demás bandidos de su categoría sacarán alguna ventaja de este acuerdo, para el resto de medianos y pequeños capitalistas (“Pepe y Toño”) habrá muy poco y para otros de plano no habrá nada. 

No es casualidad que México y Canadá hayan sido los últimos dos países en adherirse al TPP, es decir, tardaron al menos 5 años antes de decidirse a establecer un nuevo tratado comercial con EUA, puesto que los tres países se encuentran  regidos desde 1994 por el Tratado de Libre Comercio para América del Norte. Esta vacilación tiene que ver con las contradicciones internas que genera para la clase dominante de cada uno de los países el hecho de que el imperialismo se sirva con la cuchara grande frente a sus narices, sin que ellos puedan tomar otra cosa más que las sobras. Mientras  que el grueso de las ganancias se queda en los bancos norteamericanos, ellos, sin embargo, se quedan con la inestabilidad política y una situación económica socavada para sus propios intereses. 

Pero en última instancia son impotentes, y por ello no pueden hacer otra cosa más que aceptar los designios del imperialismo. Ante el optimismo del presidente del Consejo Coordinadora Empresarial por la adhesión de México al TPP, Francisco Funtanet, presidente de la Confederación de Cámaras Industriales, explicó que, “Por un lado, las autoridades mexicanas no podrán abrir ni opinar sobre los textos que ya se han negociado, como, por ejemplo, el capítulo de Pymes; y por el otro, que nuestro país no tendrá “autoridad de veto” sobre el cierre de los capítulos restantes y está incapacitado para proponer nuevos”. Mas adelante sentenció: “Las negociaciones avanzan, pero México no podrá estar en las mesas de las discusiones. Hay que transitar de forma cuidadosa y coordinada en las negociaciones” (El Economista 28/06/2012).

Más rapiña imperialista: Pemex y la Reforma a la Ley Federal del Trabajo

Hablando de acuerdos tras bambalinas, es preciso también señalar que, el pasado mes de febrero, Calderón y Hillary Clinton  firmaron el acuerdo de explotación de yacimientos petroleros transfronterizos, después de una década de haberse prorrogado. Dicho acuerdo contempla que las reservas de petróleo que se extienden en ambos lados de la frontera marítima de México y EUA, en el Golfo de México, deberán ser explotadas de manera conjunta por ambos países, evitando así el dilema de calcular la parte de los recursos que a cada país le corresponde. Acto seguido el acuerdo contempla que “Si los dos gobiernos no pueden llegar a un acuerdo sobre cómo explotar un yacimiento, podrán tomar su parte unilateralmente” (Ágora No 3, 2012). Tomando en cuenta que tanto para el primero como para el segundo caso únicamente las multinacionales gringas cuentan con la capacidad técnica para llevar adelante la extracción de petróleo puesto que se encuentra en aguas profundas,  resulta obvio que dicho acuerdo se ha hecho a la medida de las necesidades de los imperialistas, teniendo que contentarse la burguesía mexicana con lo que tengan a bien concederles sus congéneres de clase.

De igual manera el debate sobre la reforma a la Ley Federal del Trabajo está vinculado a las necesidades tanto de la burguesía nacional como imperialista. Si de lo que se trata es de hacer las mercancías norteamericanas más rentables en el mercado mundial, se requiere abaratar los costos de producción, en este caso los salarios en México, ya que están involucrados en la producción de las mercancías norteamericanas, al nivel de los salarios chinos(1). Un estudio del gobierno norteamericano, publicado en 2011, señaló que “En 2003 el salario manufacturero en México medido en dólares era 4 veces superior al de China, pero 5 años después esa diferencia bajó a 2.3 veces” (Trabajadores, No 87, 2011). Información más reciente señala que: “El poder adquisitivo del salario promedio de los trabajadores chinos es ya 1.7 veces el de sus contrapartes mexicanos, una situación que es totalmente inversa a la que ocurría hasta hace pocos años” (La Jornada. 23/09/2012).

 En conclusión, los ataques a las condiciones de vida del proletariado en México forman parte de un entramado de relaciones económicas a nivel mundial, de ahí que la lucha del proletariado no se reduce a movilizarse contra Calderón o Peña Nieto y el PRI. No hay lugar para una lucha a medias para “reformar el capitalismo”, lo que se requiere es la lucha revolucionaria del proletariado a escala mundial para subvertir los cimientos de esta sociedad que a unos y a otros elementos de la clase obrera, hunde en la miseria. 

*Para hacernos de una idea de la importancia de los salarios pulverizados en México para el imperialismo yanqui basta recordar que la siguiente lista de gigantes corporativos como los siguientes también están instalados en México: General Motors, Chrysler, Ford, Pepsi, Coca Cola, Wal-Mart, Mc Donlad´s, IBM, Intel, Hewlett Packard, Kimberly-Clark, General Electric y CITIBANK-Banamex, entre otros.

 

El segundo descubrimiento importante de Marx consiste en el haber puesto definitivamente en claro la relación entre el capital y el trabajo; en otros términos, en haber demostrado cómo se opera, dentro de la sociedad actual, con el modo de producción capitalista, la explotación del obrero por el capitalista.

(Federico Engels).

A unas semanas de dejar la Presidencia de la República, Felipe Calderón declaró que su gobierno enfrentó una crisis sanitaria (influenza), social (violencia por el narcotráfico) y económica (carestía alimentaria) de grandes magnitudes. Adversidades ante las cuales, sin los “esfuerzos” realizados por su gobierno, “otras naciones se hubieran derrumbado. En suma, que su sexenio fue tiempo de “vacas flacas”, pero que ahora la economía del país es “solida”, a pesar de la recesión en Europa y la desaceleración de China, por lo que debe haber "una gran confianza en el futuro del país. Y a pesar de que mucha gente tiene problemas para tener un ingreso digno […], finalmente nuestra economía está generando muchos empleos formales que se necesitan” (La Jornada, 30/10/12).

Sin duda, para millones de trabajadores y jóvenes en todo el mundo es evidente que la crisis del capitalismo aún continúa y tardará algunos años más en darse la recuperación, pues, como explicamos los marxistas, no se trata de una crisis coyuntural o pasajera, sino que es la expresión de la crisis orgánica de este sistema explotador. Las consecuencias, por supuesto, son una verdadera catástrofe para la clase trabajadora y sus hijos que están cargando con el elevado costo del desempleo, la pobreza y la carestía que colapsan más sus de por sí precarias condiciones de vida. Todo esto ocurre, mientras los barones del dinero en el mundo siguen acumulando la riqueza social producida por los trabajadores.

De ese contexto, nuestro país no está aislado. Calderón tiene razón al declarar que su sexenio fue tiempo de “vacas flacas”, pero para millones de trabajadores y jóvenes que no tienen oportunidades de encontrar un empleo ni acceder a la educación (existen al menos 10 millones de NINIS); tampoco la posibilidad de adquirir la canasta básica alimentaria recomendable, pues la mayoría de los que cuentan con un trabajo ganan de uno a dos salarios mínimos y cuentan con precarias condiciones laborales. Contrario a esta miserable realidad en la que vive la mayoría de la población en nuestro país, para unos cuantos capitalistas el gobierno de Calderón fue tiempo de “vacas gordas”, por ejemplo, para aquellos que recibieron 2 mil 155 nuevos títulos de concesiones mineras en cada año de su sexenio y que en conjunto abarcan 6 millones de hectáreas de territorio nacional anualmente (La Jornada, 29/10/12). Y para los 203 mil 23 inversionistas de la Bolsa Mexicana de Valores que el año pasado acaparaban el equivalente a poco más del 45% del Producto Interno Bruto nacional. Estos inversionistas representan el 0.18% de la población nacional, y han obtenido ganancias en 2011 que llegan a los 6 billones 122 mil 632 millones de pesos (http://militante.org/quienes-son-los-11-barones-del-dinero-en-mexico).

¿Cuál es la explicación a lo anterior? Si son los trabajadores los que mediante la cooperación producen socialmente la riqueza y las mercancías capitalistas se intercambian en general por su valor, de dónde proviene la desigualdad social en la que unos pocos se hacen cada vez más ricos y la mayoría de la población cada vez más pobre. Carlos Marx, uno de los fundadores del socialismo científico, junto con Federico Engels, encontró la respuesta a ese misterio y planteo las bases para resolver tal contradicción a favor de la clase trabajadora, única capaz de remover las bases de este sistema capitalista decadente y transformar la sociedad en líneas socialistas.

De ahí la necesidad de estudiar y formarnos en la teoría científica y revolucionaria marxista, pues como decía Ferdinand Lassalle: “Si se abrazan la ciencia y los obreros, esos polos opuestos de la sociedad, aplastarán con sus brazos todos los obstáculos que se oponen a la civilización”. Por ello la Tendencia Marxista Militante, invita a todos los trabajadores y jóvenes de izquierda que luchan contra la opresión y explotación capitalistas a asistir a su segunda Escuela Nacional de Formación Marxista sobre Economía Política o Ley del Valor del Trabajo, la cual se dividirá en los siguientes dos módulos: 1) Génesis, desarrollo y consolidación del capitalismo y, 2) Introducción a la teoría de la plusvalía.

La cita es a las 9:00 horas del sábado 17 de Noviembre del año en curso, en el Auditorio “17 de abril” (tercer piso) del edificio sindical de la sección IX de la CNTE-SNTE ubicado en Belisario Domínguez No. 32, Centro Histórico, entre Allende y República de Chile, cerca de las estaciones del Metro Allende y Bellas Artes.

¡Te esperamos!