Hay que decir que en este escrito no encontraremos una actitud aduladora y nostálgica hacia viejos tiempos, sino todo lo contrario. Su punto de partida es el análisis concreto del contexto histórico en el que se desenvolvió la Internacional, sobre todo, analizándola desde la perspectiva del grado de desarrollo que tenía el movimiento obrero europeo en la segunda mitad del siglo XIX. Así mismo, explica las tareas que tenía por delante la Internacional, sus limitaciones impuestas por las circunstancias históricas y, cómo no, los aciertos y errores cometidos. Ha pasado más de un siglo desde entonces, y la clase obrera cuenta con una experiencia histórica mucho mayor en su tarea de construir un partido revolucionario internacional, pero nunca está de más volver a repasar los inicios para poder sacar las lecciones necesarias.
Las primeras luchas obreras llegaron a su punto culminante en la Revolución de 1848, sobre todo en Francia e Inglaterra. Después de diferentes derrotas, la reacción fijó su punto de mira en las organizaciones obreras. Pero los obreros de estas organizaciones sacaron valiosas lecciones. A medida que el capitalismo se extendía por Europa en un auge industrial, la burguesía inglesa siempre amenazaba a sus obreros con que importaría mano de obra más barata desde Francia, Alemania o Bélgica si luchaban por mejorar sus condiciones de vida.
El nuevo despertar político de la clase obrera puso en pie la idea de la unidad de la clase obrera por encima de las fronteras nacionales. En 1862, en una "fiesta de fraternidad" celebrada entre delegados obreros ingleses y franceses, concluyeron que era necesaria una organización obrera internacional. La necesidad creó el órgano. En 1864 se reunieron en un gran mitin en Londres obreros delegados de diferentes países europeos para fundar la Primera Internacional.

El papel del marxismo

Es necesario valorar en su justa medida el papel jugado por el marxismo en esta primera internacional. Como Mehring comenta: "Esta organización no era obra de un individuo, un "cuerpo pequeño con una gran cabeza". (...) Era simplemente una forma transitoria de la cruzada de emancipación del proletariado, cuyo carácter histórico la hacía, a la par, necesaria y perecedera".
Marx jugó un papel central desde el principio en la Internacional. Participó activamente en la fundación y en el comité elegido en el mitin de 1864. Comprendía, por un lado, que su labor teórica era de una importancia gigantesca para la clase obrera, pero también tenía presente que para poder acabar definitivamente con la explotación capitalista era necesaria una organización revolucionaria internacional. Empezar esta labor por buen camino era crucial y pospuso sus trabajos teóricos de buen agrado. Marx demostró que no era un intelectual que sólo contemplaba desde la distancia el movimiento obrero sino que participaba activamente en él.
Sin embargo, la Internacional no se asentaba sobre un programa claro ni una meta concreta. Había muchas ambigüedades y divergencias en el terreno ideológico. Marx y Engels dieron la batalla en este campo. Supieron clarificar todos los puntos centrales, trazar un programa para la Internacional y demostraron a la vanguardia del movimiento obrero, a pesar de las adversidades y con mucha audacia, que el socialismo científico era el instrumento teórico más importante de la clase obrera, que la hacía plenamente consciente del carácter de su lucha contra el capital.
La memoria inaugural fue redactada por Marx. Un texto de excepcional relevancia donde supo trazar breve y claramente las perspectivas generales para el movimiento obrero para esa época y su programa general hacia la revolución, expresando que el primer deber de la clase obrera es conquistar el poder. Dice: "Tienen en sus manos un factor para el triunfo: el número. Pero el número sólo pesa en esta balanza cuando la organización le da unidad y lo proyecta hacia un fin consciente". Y termina con las mismas palabras que El Manifiesto Comunista: "Proletarios del mundo uníos".


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