“Acaba de llegar la noticia desde el Tribunal Criminal Central y soy el primero en informar a la Cámara. El diputado Paul Murphy, no culpable; el concejal Michael Murphy, no culpable; el concejal Kieran Mahon, no culpable; Frank Donaghy, no culpable; Michael Banks, no culpable; y Scott Masteron, no culpable”.

Como miembro de Solidarity y del Socialist Party, el parlamentario Mick Barry anunciaba el 29 de junio en el Dáil (parlamento irlandés) el veredicto de absolución para los seis acusados de Jobstwown. Frente a él, los parlamentarios de los partidos del establishment capitalista, la Tánaiste (viceprimera ministra) Frances Fiztgerald y el líder del Partido Laborista, Brendan Howlin, estaban llamativamente cabizbajos: era más que evidente que este no era el veredicto que ellos habrían querido. En realidad, la resolución del jurado popular ha sido un golpe demoledor contra la Garda (policía irlandesa), el Estado y los medios de comunicación capitalistas que orquestaron el juicio contra los siete activistas basándose en una acusación de retención ilegal a la entonces Tánaiste Joan Burton y su ayudante Karen O’Connell el pasado 15 de noviembre de 2014.

Un golpe impresionante

Ese día se celebraba una protesta pacífica contra las tasas del agua y la visita de Joan Burton a ya castigada comunidad trabajadora de Jobstown en West Tallaght. Durante la protesta su coche oficial fue detenido durante dos horas, mientras los manifestantes hacían una sentada frente al mismo. Esta acción no fue algo aislado, sino que formaban parte del movimiento que sacudía todo el país. El movimiento contra las tasas del agua explotó en el otoño de 2014 reflejando el descontento existente contra la imposición desde 2008 de las políticas de austeridad. Además, existía un amplio sentimiento de rabia contra el Partido Laborista que mintió descaradamente para llegar al poder en febrero de 2011, para implantar posteriormente un programa salvaje de recortes de servicios públicos mientras rescataba a los bancos con los recursos del Estado.

El veredicto del juicio representan un golpe muy importante para la clase dominante y llega sólo meses después de la anulación de las tasas del agua para el uso doméstico. En ninguna otra parte este revés es más evidente que en los medios de comunicación capitalistas, particularmente en las páginas del Irish Times. El día después del veredicto apareció en su portada una historia maliciosa sobre el envío de dos tweets por parte de Paul Murphy al final del juicio, en lugar de mencionar el hecho obvio de que Paul y los otros cinco acusados fueron absueltos por unanimidad por el jurado. Este artículo está directamente relacionado con el malestar general que existe entre la clase dominante con el uso de las redes sociales que han hecho los seguidores de los acusados de Jobstown en su campaña destinada a explicar los hechos de la causa. Su editorial aparecía con el titular: “Absueltos de Jobstown: el jurado del juico bajo presión”.

El argumento del escrito es que el uso de las redes sociales influirá inevitablemente en el resultado de cualquier juicio. Ignoran de manera conveniente cómo las mentiras virulentas y la propaganda del establishment capitalista contra la población de Jobstown durante dos años y medio habían ayudado a formar prejuicios contra los manifestantes, particularmente entre sectores de la clase media. Solidarity, la izquierda alternativa en la que participa el Socialist Party, y la campaña #JobstownNotGuilty utilizaron eficazmente las redes sociales junto con una activa campaña previa al juicio, para explicar lo que realmente ocurrió en la protesta y la motivación política que había detrás de empezar esta causa contra los activistas por parte de la policía y el Estado.

Al Irish Times y a los de su ralea les gustaría que nos olvidáramos de la verdadera indignación que ha causado la celebración de este juicio, y el hecho de que una sucesión de policías mintieran en sus declaraciones y bajo juramento sobre lo que presenciaron. Esto incluye al Superintendente de la Garda y al Inspector de la misma (los dos mandos policiales más veteranos presentes en la protesta) que presuntamente habían escuchado a Paul Murphy decir a la multitud allí reunida: “¿Y si la retenemos aquí [a Joan Burton] toda la noche?” La realidad es que la policía mintió porque estas palabras porque nunca fueron pronunciadas por Paul, como demostró un video que se presentó como prueba al tribunal. Este hecho ilustra con claridad que hubo un intento en los escalafones superiores del Estado de alterar el rumbo de la justicia.

Los medios se han mofado de la sugerencia de que ha habido una conspiración para conseguir una condena contra los manifestantes de Jobstown. Sin embargo, actos como el arriba mencionado demuestran otra cosa. Solidarity y el Socialist Party están exigiendo que se cree una comisión de investigación totalmente independiente para exclarecer cómo actuaron los fiscales de Jobstown. Todos los cargos contra los 11 acusados de Jobstown deben ser retirados inmediatamente, empezando por la condena del joven de 17 años en el Tribunal de Menores por los cargos de retención ilegal.

Jobstown calumniado

Después de la protesta, la clase dominante de Irlanda del Sur pasó al ataque contra la población de Jobstown, la Alianza Anti-Austeridad (AAA – como se llamaba entonces Solidarity), el Socialist Party y sus representantes públicos, a través de una campaña difamatoria de calumnias, mentiras, intimidación y detenciones.

En la semana posterior a la protesta el actual Taoiseach (primer ministro) Leo Varadker, la describió como algo “diseñado para intimidar a la Tanáiste [Burton]”. También afirmó que Paul Murphy había “quebrantado la ley” y atacó “el vandalismo” de la protesta. El entonces Taoiseach Enda Kenny, dijo que Burton había sido “verdaderamente secuestrada” por los manifestantes. El diputado de Fine Gael (derecha en el gobierno), Noel Coonan, declaró que la protesta demostraba que Irlanda se enfrentaba a “la situación de un ISIS potencial”. De una manera traicionera el entonces líder del Congreso de Sindicatos Irlandeses (ICTU), David Begg, declaró que Joan Burton fue “golpeada y pateada” por los manifestamtes.

El sábado siguiente el Daily Mail publicó en su portada una imagen de Paul Murphy y Ruth Coppinger con el titular: “Demócratas que creen en el gobierno de la turba”. Esto es sólo un ejemplo de la bilis arrojada sobre la población de Jobstown y los parlamentarios del Socialist Party tanto en las pantallas de televisión como en los medios escritos. Esta campaña de mentiras y difamaciones ayudó a poner la base de los arrestos y acusaciones que se produjeron después.

En febrero hubo una serie de redadas, empezando con las casas de Paul Murphy, y de los concejales de Solidarity y miembros del Socialist Party, Kieran Mahon y Mick Murphy. El 12 de agosto el corresponsal de crímenes de la Radio Televisión de Irlanda (RTE) dio la noticia de que los manifestantes serían acusados de falsa retención basándose en las declaraciones de policía, ilustrando así las estrechas conexiones entre los medios de comunicación y el Estado.

Mientras tanto, reflejando la naturaleza política de estas detenciones, el Superintendente Jefe de la Policía no permitió a la AAA recaudar fondos en Dublín sudoeste. El argumento que dio fue que el dinero sería utilizado para fomentar “la acción de un acto ilegal”. La existencia de la “Operación Mizen”, una operación policial contra los promotores de las protestas contra las tasas del agua, incluido Paul Murphy, también salió a la luz en ese momento. Ambos hechos apuntaban claramente a una campaña política para atacar a la izquierda y al movimiento de la clase obrera y que ha estado detrás de las detenciones.

¿Qué hay detrás del juicio?

El arresto y los juicios de los manifestantes de Jobstown representan una parodia de la justicia. Hubo varios factores que llevaron a diferentes sectores de la clase dominante a llevar a cabo este proceso. El entonces gobierno Laborista-Fine Gael quería tener la oportunidad de atacar y dividir el movimiento contra las tasas del agua. La policía quería utilizar los arrestos y las acusaciones para reafirmar su disminuida autoridad cuando la protesta en las comunidades obreras impidió la instalación de los contadores de agua.

El surgimiento del movimiento contra las tasas del agua fue visto como una afrenta por la clase capitalista en Irlanda: pensaban que las familias trabajadoras aceptarían pasivamente la implantación de sus medidas de austeridad, incluyendo esta tasa abusiva que suponía el pago de más de 1.000 euros por familia, y que fue impuesta por la Troika. Querían utilizar este juicio para arrojar un jarro de agua fría a cualquiera que desafiara el statu quo. Querían atacar y socavar la AAA y al Socialist Party que jugaron un papel decisivo en defender de manera enérgica el impago de las tasas del agua, algo que el Sinn Féin y los sindicatos afiliados al Right2Water no estaban dispuestos a hacer.

Un veredicto de culpabilidad combinado con una pena de prisión superior a seis meses, habría inhabilitado a Paul Murphy. El establishment está claramente preocupado por la creciente influencia de la izquierda socialista, como demuestran las recientes palabras de Leo Varadker hablando sobre la posibilidad de recudir el tiempo de intervención a los partidos pequeños en el Dáil.

Este acontecimiento ha sucedido en un momento de gran inestabilidad económica, política y social para el capitalismo irlandés e internacional que ha tenido su reflejo en un auge de la lucha de clases. Las importantes huelgas que han tenido lugar el año pasado entre diferentes sectores de la clase obrera irlandesa, y el floreciente movimiento que exige derecho al aborto, las protestas de masas el Día Internacional de la Mujer, junto con el creciente apoyo a la separación de la iglesia y el Estado o por los derechos de la comunidad LGTBI, demuestran que existe un claro deseo de cambio radical de la sociedad entre los trabajadores, las mujeres y los jóvenes.

Necesitamos una izquierda socialista de masas

El veredicto del jueves 29 de junio representó una victoria espectacular para la clase obrera. Además de socavar la autoridad de la policía, las instituciones y los partidos capitalistas tradicionales, servirá para educar a muchos sobre el papel corrupto del Estado en nuestra sociedad. El juicio ha coincidido con acontecimientos políticos importantes en Gran Bretaña, que dada su proximidad con Irlanda tendrán un impacto importante. El éxito de Jeremy Corbyn y su capacidad de ganar apoyo para un programa de izquierda sin duda inspirará a muchos, así como el horroroso incendio en Grenfell ha demostrado la criminal injusticia de clase que reside en el corazón del capitalismo.

También ha coincidido con la elección de Leo Varadkar como Taoiseach (primr ministro), un personaje que se mueve por un declarado odio ideológico a la izquierda y que pudo ganar la dirección de su partido atacando y vilipendiando a los que dependen de los servicios sociales. La llegada al poder de este individuo junto con los acontecimientos que rodearon este juicio, plantean la necesidad de construir una izquierda anticapitalista y socialista que desafíe el sistema capitalista antidemocrático, corrupto y corrompido que él representa.