El 17 de diciembre de 1999, en Asamblea General, la ONU declaró el 12 de agosto como el Día Internacional de la Juventud, celebrándose éste por primera vez en el año 2000. Mientras la ONU hace llamados estériles a realizar foros, discusiones públicas y campañas de información, nosotros mantenemos que la juventud es la llama de la revolución proletaria.

Aprovecharemos, pues, la efeméride para hacer un análisis de la situación de la juventud desde un punto de vista de clase. Y es que para nosotros, la juventud va mas allá del cliché vacio que dice que “la juventud es el futuro de la humanidad”. Cómo puede ser esto posible precisamente en estos tiempos donde se cierra toda posibilidad de acceder a una educación de calidad, a empleos dignos, al arte y la cultura.

Da lo mismo el joven de los decadentes suburbios norteamericanos; el del barrio popular ahogado en violencia en San Salvador, Sao Paulo o la Ciudad de México; el azotado por el régimen islámico en Irán o Pakistán; el migrante en condiciones de semi existencia en Estados Unidos o Europa; o el joven obrero en cualquier parte del mundo consumiendo todas sus energías en extenuantes jornadas de trabajo siempre en busca de un “mejor futuro”. Las condiciones, aunque igual de lamentables, puede que sean distintas; lo que es común a todas ellas es la causa que las genera: el depredador sistema capitalista.

Desde luego, no consideramos a la juventud como un sector aislado de la sociedad, es sí, su parte más poderosa pero también la más vulnerable. En el presente artículo no hablamos tampoco la juventud en general, no referimos a los jóvenes estudiantes y trabajadores que no son ajenos a las condiciones de precariedad actual, que son la mayoría y que se encontrarán luchando, hombro a hombro con el resto de nuestra clase, el día de mañana.

Así no existe alternativa

Según las últimas estadísticas, en nuestro país existen alrededor de 30 millones de jóvenes, esto representa poco más de una cuarta parte de la población total. Para darnos una idea, la cantidad de jóvenes en México rebasa a la población total de Belice, Honduras, El salvador, Nicaragua, Costa Rica y Panamá juntas; es equiparable a la población total de Canadá; triplica al de países como Suecia, Senegal y Bolivia; y quintuplica al total de Israel, Paraguay, Dinamarca y Nueva Zelanda.

Es evidente que la juventud representa una increíble fuerza en nuestra sociedad, sin embargo ha comenzado a gestarse un proceso de descomposición putrefacta dentro de algunos sectores producto de las condiciones materiales: falta de empleo y oportunidades de educación principalmente. Este proceso, que de hecho está llevando a la liquidación física de la juventud, debería ser frenado por el PRD y los sindicatos. Los trabajadores jóvenes y estudiantes del PRD y los sindicatos debemos exigir desde las bases que la dirección levante un programa que tenga como eje central a la educación, el empleo y la cultura para los jóvenes.

Sin condiciones que nos permitan vivir de manera digna, la “válvula de escape” está siendo enrolarse a las filas de la delincuencia organizada, la prostitución e incluso el suicidio.

A pesar de todo esto, existe otro sector importante de la juventud dentro de las escuelas y los centros de trabajo que tampoco está exenta de las condiciones de explotación del sistema. Es en este sector donde la crudeza de los acontecimientos está poniendo en cuestión miles de conciencias con sus antiguas ideas que parecían indudables.

Aquellas ideas basadas en el “estudia y trabaja duro para poder salir adelante el día de mañana” se han evaporado. La crisis económica está evidenciando nuevamente la verdadera naturaleza del capitalismo. Ahora de lo que se trata, nos dice el gobierno, es de mantener nuestro empleo a toda costa y de aceptar las reformas educativas adaptadas a las necesidades del mercado. De acceder al arte y la cultura mejor ni hablamos.

La crisis económica no solo está significando una inmensa loza sobre nuestras espaldas, por si no fuera suficiente ahora hay que soportar el tufo del narcotráfico y la violencia.

Los jóvenes por naturaleza concentran en sí mismos una gran capacidad creativa y una fuerza vigorosa, las cuales están siendo asfixiadas por la drogadicción, la prostitución, el crimen organizado y la delincuencia. Es menester de cada joven comprender la situación que nos ha orillado a tal condición y luchar por transformarla radicalmente.

¿Estudiar y “salir adelante”?

Por los siglos de los siglos desde pequeños nos habían hecho creer que estudiar abnegadamente, sin preocuparse por ninguna otra cosa en el universo, a final de cuentas nos trasladaría al mundo del traje y la corbata, del auto del año, de la casa propia, de la familia feliz paseando por el parque los fines de semana. Lo que nunca nos dijeron es qué hacer si estudiar se hiciera casi imposible.

Según los datos oficiales, este año 114 mil 462 estudiantes presentaron su examen a la UNAM, de los cuales tan solo 9 mil 360 fue aceptado. La cantidad de jóvenes que no fue aceptada fue, entonces, de 105 mil 102 estudiantes.

En el caso del IPN, solo fueron aceptados 21 mil estudiantes y rechazados 53 mil.

En la UAM, de los 70 mil jóvenes que presentaron el examen de ingreso, sólo 11 mil fueron admitidos y 59 mil no admitidos.

En total, de los estudiantes que presentaron su examen éste año a la UNAM, IPN y la UAM, poco más de 41 mil fueron aceptados y ¡más de 217 mil fueron rechazados!

Estamos hablando, tan solo, de tres de las universidades más importantes del país, pero el problema no se circunscribe aquí. Miles de jóvenes son rechazados de Universidades como la de Guanajuato, la Benemérita de Puebla, la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo y las Universidades públicas de Aguascalientes, Baja California Sur, Chiapas, Ciudad Juárez, Durango, Hidalgo, Estado de México, Morelos, Tabasco, Tamaulipas y Veracruz.

El problema se ha convertido en una bola de nieve que crece año tras año. La cuestión es que muchos de los estudiantes no admitidos éste año, presentarán su examen el próximo, sumándose a los que egresan del nivel bachillerato. Esta situación ha provocado que cada año el número de aspirantes a ingresar a las universidades públicas vaya en aumento, y al no existir inversión en infraestructura o contratación de nuevos docentes, los rechazados aumenten también.

Hasta hace poco tiempo, el problema era amortiguado por el hecho de que muchas familias (con sudor y lágrimas muchas de ellas) podían enviar a su hijo o hija a una institución privada. De hecho, no es poco común que muchos de los estudiantes que hoy están en una Universidad de paga estén ahí porque no pudieron acceder a una institución pública en primera instancia.

Sin embrago, bajo las condiciones de crisis actual, esa alternativa ya no es posible. De hecho, como pinta la situación podríamos ver un fenómeno contrario donde jóvenes que estudian en escuelas privadas ya no puedan mantener las colegiaturas (de universidades principalmente donde las colegiaturas son más elevadas) y sean obligados a abandonar sus estudios, terminando por orientarse a instituciones públicas y acentuando el problema de la masificación.

Si el socialismo tal como lo plantea Marx, Engels, Lenin y Trotsky parece una utopía para algunos, habría que preguntarle a cualquiera de los adolescentes que han presentado dos, tres o más veces su examen de ingreso y que no han sido seleccionados, si aun mantienen, siquiera, la esperanza de algún día poder culminar sus estudios superiores.

Para un joven común, no ser seleccionado por la escuela de su preferencia es consternación en un principio, pero luego es rabia. Para nosotros es necesario comprender.

El rezago educativo a nivel superior se ha convertido en un autentica bomba de tiempo, pero solo es la punta del iceberg. La reciente tragedia en la guardería ABC en Sonora demuestra que los rezagos educativos vienen desde los niveles más bajo.

Según el Compendio Mundial de la Educación 2008, de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura realizado por la UOE, OCDE y la UNESCO, México ocupa el lugar 33 de 42 naciones en el gasto educativo que el Estado realiza por alumno, desde la primaria hasta el nivel superior. El gobierno gasta por alumno un total de 32 mil pesos anuales (2 mil 405 dólares), lo que contrasta con los 93 mil 669 pesos que gasta España o los 170 mil pesos que destina Estados Unidos, país que encabeza el listado. [1]

No obstante la profunda crisis en el sistema educativo, el Estado no da muestras de querer solucionar el problema de fondo. Para este año el presupuesto educativo se incremento un 15.8% con respecto al 2008. Pero las verdaderas prioridades para el gobierno son otras: la Defensa Nacional tuvo un incremento del 18.6%, Gobernación obtuvo un 35.9%, la Procuraduría general de la República un 25.7% y el presupuesto para la Secretaría de Seguridad Pública aumento un increíble 60.5%.

Además es necesario hacerse la pregunta de si los incrementos al presupuesto educativo se traducen en construcción o (al menos) mejoramiento de la infraestructura, contratación y capacitación de docentes, mayor número de becas, etc.

Para responder a esta pregunta pongamos como ejemplo lo ocurrido con el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACyT). Para 2009 el CONACyT obtuvo un aumento de su presupuesto del 23.8% con respecto al año anterior, asignándosele en total cerca de 15.5 mil millones de pesos. Pues resulta que hace algunos días el CONACyT entregó a la iniciativa privada 2 mil millones de pesos como parte del llamado “programa de apoyo a la innovación científica y tecnológica” [2]. Suena a una auténtica locura que éste dinero esté siendo destinando a empresas como Volkswagen, Kimberly Clark y Monsanto y no a la investigación desde universidades de prestigio como la UNAM o el IPN. Qué sentido tiene destinar millones de pesos para que la Volkswagen “innove científica y tecnológicamente” cuando a principios de año anuncio el despido de 800 trabajadores y un plan de paros técnicos, es decir, parar las máquinas y comenzar a disminuir la producción de automóviles debido a la crisis de sobreproducción. Lo que el gobierno está haciendo es subsidiar la crisis económica en estas empresas.

Y los problemas no terminan si finalmente logramos entrar a alguna institución pública. Estamos presenciando un periodo de ataques sin precedentes a la Educación en general. El gobierno ha impulsado contrarreformas como la Reforma Integral de Educación Media Superior, la reforma al Modelo Educativo en el IPN y, con la complacencia de la dirección del SNTE, La llamada “Alianza por la Calidad de la Educación”, que están poniendo en jaque a la Educación desde adentro.

La lógica de estas reformas para el gobierno es simple: reducir los costos en Educación ya que son considerados como gastos sin sentido. Esto se traducirá (o se está traduciendo) en peores condiciones laborales para los trabajadores del sector y una calidad educativa más deficiente.

En concreto estas reformas significan que nuestros estudios tengan menos reconocimiento, que sean más “lights” y que ello en consecuencia signifique peores salarios. Laboralmente significa cierre de plazas y condiciones de trabajo más precarias, fundamentalmente para los trabajadores jóvenes que recién buscan ingresar al sector educativo.     

Es necesario hacerle frente a estos ataques. Aunque ha habido una serie de luchas en lo aislado es necesario levantar un plan de acción conjunta. Las bases del SNTE-CNTE deben hacer suyas las demandas estudiantiles y los estudiantes reivindicar las demandas de los trabajadores. La última lucha en el IPN contra el modelo educativo ha mostrado que éste es el camino: la unión de profesores, trabajadores administrativos y estudiantes para golpear todos al mismo tiempo es una precondición para la victoria.

Debemos impedir que estas reformas sigan en marcha y revertirlas. El gobierno tiene que destinar al menos el 8% del PIB a la educación, acompañado de una fiscalización transparente que incluya la reducción de salarios de la alta burocracia quien consume grandes cantidades de recursos. Si el pretexto es que no hay dinero, el gobierno tiene que cancelar los pagos millonarios de la deuda externa (que de hecho ya está pagada) y orientar esos recursos a la construcción de nuevas universidades, mejoramiento de las instalaciones en el nivel básico, aumento de los salarios, al menos en 100%, de toda la base de trabajadores en el ramo, mas y mejores becas, comedores gratuitos en todos los niveles; en general, el Estado tiene le  tiene que asegurar a cada niño sus estudios desde la guardería (de manera segura) hasta los estudios superiores en condiciones de calidad de manera totalmente gratuita.

Estas medidas, que son necesarias y que podrían ser reales si el gobierno se preocupara realmente por atender las necesidades de los niños, adolescentes y jóvenes, tienen que ser acompañadas del aseguramiento de un puesto de trabajo digno para cada egresado del nivel técnico y superior. Porque de poco sirve pasar 20 años de nuestras vidas estudiando para que al final nos encontremos con que no hay trabajo, y que los que hay, no cuben para nada nuestras expectativas.

Necesitamos trabajo… ¡y trabajos dignos!

El capitalismo se basa en la explotación de la mayor parte de la sociedad por parte, y en beneficio, de algunos cuantos parásitos quienes no tienen que trabajar para poder sobrevivir. El burgués no ve en un trabajador más allá que fuente de riqueza bajo la forma de trabajo no remunerado. Pero para cualquier persona el trabajo significa la existencia misma.

El burgués percibe el mundo como un mero juego de ajedrez, pará él todo se reduce a ganar cada vez más, o en todo caso, a no perder. Si sus mercancías ya no tienen cabida en el mercado la solución es quitar y mover alguna de sus piezas. El empresario no ofrece empleos como obra de caridad, ni tampoco los va a dejar de eliminar por un acto de humanidad; quien gobierna al capitalista es el dinero, esa es su ley.

Para el obrero la cosa es muy distinta: más allá de su capacidad para trabajar no tiene nada. Para la juventud, el trabajo es el puente a todas sus aspiraciones futuras. Los jóvenes desempleados es la canallada más grande que nos puede restregar el capitalismo.

Igual no es menos cruel trabajar para vivir al día. De la casa al trabajo, a la casa de nuevo y futbol los fines de semana no puede ser considerado como vida. 

Los datos estadísticos sobre la situación laboral en nuestro país, son ya de por sí suficientes para declarar en bancarrota este sistema. El panorama general según cifras oficiales del INEGI es el siguiente: Para febrero de este año el desempleo alcanzó un nivel histórico del 5.3%, lo que equivale a 2 millones 394 mil 445 paradas. Si consideramos que para finales del 2008 existían 45.2 millones de Personas Económicamente Activas (PEA), estamos hablando de que, en teoría, existen 43.3 millones de personas ocupadas en el país.

En realidad de esas 43.3 millones solo 12 millones están afiliadas al IMSS, es decir, tienen un trabajo formal. Además de que en éste tipo de encuestas el INEGI cataloga la ocupación como empleo, o sea, si la persona estuvo ocupada cuando menos una hora en la semana anterior al levantamiento de la encuesta, se le considera empleada.

Aunque oficialmente estamos en niveles de desempleo no vistos desde 1996, las cifras reales son más altas, al menos en dos o tres veces.

En el caso de los jóvenes, durante el primer trimestre de 2008, había 14.9 millones de población entre 15 y 29 años económicamente activa, esto representa un 33.1% del total de la fuerza de trabajo del país [3], lo que significa que uno de cada tres trabajadores en el país se le puede catalogar como trabajador joven.

Los últimos datos oficiales son los arrojados por la Encuesta Nacional de Juventud (ENJ), realizada en 2005 por el Instituto Mexicano de la Juventud. Echaremos mano de estas estadísticas para darnos una idea de la situación de la juventud en términos laborales, considerando, por ejemplo, que a finales de 2005 la tasa de desocupación general era de 3.1% y que hoy en día es de 5.3%.

Según la ENJ, el 54.3% de los jóvenes trabajadores ganaba de 1 a 3 salarios mínimos, y 1 de cada 10 ganaba menos de uno. En total el 82.8% (8 de cada 10) ganaba de 1 a 5 salarios mínimos, es decir entre 1600 y 8000 pesos mensuales.

Según la ENJ, al finalizar el año 2005, la tasa de desocupación entre los jóvenes en México fue de 5.3%, mientras que a nivel general de la población fue de 3.1% [4], lo que significa que entre la juventud 5 de cada 100 jóvenes no tenía empleo mientras que a nivel general solo 3 de cada 100 era desocupado.  

Algunas estimaciones calculan que en el caso de los jóvenes, su participación en la PEA ascenderá a 57.9% en 2010, esto es, más de 18 millones de jóvenes. Pero de mantenerse una tasa de desocupación promedio de 5% habrá más de 900 mil sin trabajo, un 58.8% de los estimados para la población en general, esto quiere decir que 6 de cada 10 desocupados serán jóvenes.

Según la ENJ, 29.3% de los jóvenes achacan el problema de su desocupación a la inexperiencia laboral, pero luego el 21.7% cree que se debe a la situación económica del país y el 37,4% considera que simplemente no hay empleos.

El panorama para los jóvenes no podía ser más gris. Aunque el gobierno ha dicho que la crisis ha tocado fondo, también dice que la recuperación, la cual será lenta, comenzará en la segunda mitad del 2010. Como sea, y aunque esas declaraciones estén llenas de optimismo y buenos deseos, en el transcurso del año se han perdido 735 mil empleos formales y solo se han credo 350 mil, menos de la mitad.

Las tareas de los trabajadores jóvenes no se pueden reducir a simplemente “cuidar” nuestro empleo sin importar los costos que ello implique. La pasividad invita a la agresión y si no hacemos nada el gobierno seguirá depredando más empleos. Desde las bases de nuestros sindicatos y el PRD debemos exigir que la dirección se oponga decididamente a los recortes y paros técnicos. Todos sabemos que llegado el momento, los primeros en ser despedidos son los trabajadores más jóvenes, pero si permitimos el despido de un compañero estamos aceptando que el día de mañana cualquiera pueda ser despedido también.

La amenaza incluso ahora es más grande con el cierre total de fábricas. Los jóvenes debemos ser los primeros en impulsar comités en cada uno de nuestros centros de trabajo y levantar la guardia; si una fábrica es cerrada tenemos que impulsar la consigna de la toma de la fábrica controlada por los trabajadores mismos.  

¡Estamos cargando con un muerto que no nos corresponde! La crisis económica actual no fue culpa de los trabajadores. A diferencia de los burgueses, lo cuales ensancharon sus cuentas bancarias, nosotros no percibimos un beneficiamos en lo absoluto en el boom económico que antecededlo a esta crisis catastrófica. En cambio, ahora vienen y nos exigen que aceptemos las medidas “responsables” todos juntos para “salvar a la nación”, nos piden que actuemos como gente civilizada cuando no hace mucho tiempo, en pleno frenesí del auge económico, la locura por acaparar más riqueza se apoderó de la burguesía en todo el mundo. Que sean los burgueses y empresarios quienes paguen la crisis; los trabajadores debemos exigir mejor educación, mas empleo y un sistemas de salud más completo y eficiente.

Narcotráfico y Violencia

Finalmente toda esta situación ha creado un caldo de cultivo para la cooptación de sectores lumpenizados de la juventud a las filas de la delincuencia organizada. Ya no hablamos, tan solo, de jóvenes que roban el bolso, el celular o los rines de auto, ahora se trata de jóvenes (realmente adolescentes) que van a parar al ejército del narcotráfico.

Si anteriormente la válvula de escape para muchas personas era emigrar a los Estados Unidos, ahora esa alternativa es impensable, hasta podría ser considerada peor. Sin trabajo, sin estudio, sin ninguna otra posibilidad más que la de resignarse a una vida miserable, el narcotráfico ha entrado en la jugada aprovechando la situación asfixiante de la juventud.

Lo que acontece en Michoacán, es fiel reflejo de lo que ocurre en otras zonas del país controladas por el crimen organizado. En Lázaro Cárdenas, Taxistas del lugar aseguran que los cárteles ofrecen 10 mil pesos por ingresar a la organización y un seguro de vida por 100 mil [5], los primeros en ser atrapados son los jóvenes. En el mismo reportaje se menciona que un obrero siderúrgico de Sicartsa afirma que  “el narco no se combate con madrazos... lo que se necesita son empleos”. En Baja California la gente del lugar comenta que el narco está comenzando a reclutar gente de las maquilas, otrora sector clave del país, ofreciéndole a la gente salarios entre 1500 y 2000 pesos semanales.

La cosa no para en rumores. En Ciudad Juárez el narco recluta a jóvenes para traficar droga a los Estados Unidos mediante los avisos clasificados en los periódicos de circulación local. Los cárteles ofrecen empleo “bien remunerado” a quienes cuenten con visa y pasaporte. Primero convencen a los jóvenes para manejar hacia los Estados Unidos sin saber que llevan droga, para luego, en la mayoría de los casos, ser detenidos allá. Y también utilizan “sus propios métodos”. Recientemente en la revista proceso del 8 de agosto apareció un reportaje acerca de un joven de 17 años en Ciudad Juárez que ahora pertenece a un grupo de sicarios que lucha por el control del tráfico de drogas en la ciudad. Este joven, cuenta el reportaje, contaba con un historial delictivo desde los 12 años, paso un año preso por portación de arma exclusiva del ejército y cuando salió asesino a tres jóvenes. Fue detenido e iba ser trasladado al consejo tutelar cuando fue rescatado por bandas delictivas de los barrios en la ciudad, y su suerte estaba echada.

Estos mismos métodos han sido utilizados en otras ciudades del norte donde los grupos delictivos ubican a los jóvenes con los historiales más sangrientos y los cooptan a sus filas. En Monterrey el proceso de reclutamiento ha alcanzado incluso a sectores lumpenizados de la juventud como jóvenes de la calle y vagabundos.

El Ejército tampoco es ajeno a toda esta descomposición. En los últimos años ha habido una deserción masiva dentro de las filas del Ejército. Parece una contradicción pero ahora mismo parece que el lugar menos seguro para laborar es el ejército. El presidente de la Comisión de Defensa Nacional de la Cámara de Diputados, Jorge González Betancourt declaró que “80 por ciento de las deserciones en el Ejército son de jóvenes que no tienen vocación por la vida militar” [6]. Para 2008 estábamos hablando de cerca de 100 mil deserciones en los últimos siete años.

Según las estimaciones de la propia Secretaría de la Defensa Nacional al menos uno de cada tres narcos tiene antecedentes en la milicia oficial [7], y si es así, lo hacen por una cuestión meramente material. El narco no solo ofrece la posibilidad de pagos más elevados sino la posibilidad de estar mejor armados y en muchas zonas superar al propio ejército en todos los sentidos. El narco cuenta entre su arsenal con Ametralladoras calibre 7.62 milímetros, explosivos B-4, cohetes antitanque M72 y AT-4, lanzacohetes RPG-7, lanzagranadas MGL calibre 37 milímetros, granadas de 37 y 40 milímetros, además de fusiles Barret calibre .50, así como proyectiles con tiro nocturno y expansivos y armas con capacidad para disparar municiones calibre 5.7 x 28 o "matapolicías", al ser capaces de penetrar distintos tipos de blindajes (en autos y chalecos) [8].

Sin embargo orientarse hacia el narco no puede ser considerada como alguna solución. Nuevamente el PRD y los sindicatos tienen que establecer un programa de desempleo juvenil que acerque a los jóvenes desocupados al arte y al deporte, donde el gobierno remunere con un salario decoroso que permita vivir sin mayores problemas en tanto no se les coloque en un empleo digno y apto para las capacidades de cada uno.

La guerra contra el narco no pasa por “tirar madrazos” como comentaba el compañero obrero en Lázaro Cárdenas sino por destruir este sistema. La única alternativa definitiva contra el problema del narcotráfico se encuentra en una sociedad basada en la igualdad y la fraternidad, donde cada individuo sea dueño de su propio destino. En una sociedad donde se alcen ante las personas un mundo infinito de posibilidades las drogas, la violencia y la prostitución, perderían el sentido que hoy les da su existencia.

Debemos denunciar, también, las leyes que legalizan el consumo “individual y moderado” de drogas. Estas leyes que dan la apariencia de ser “progresistas” son en el fondo de los mas retrogradas. La ley aprobada por el Senado en el mes de Abril habla de la permisión dosis personales de drogas como la marihuana, la cocaína y el cristal. Esto es una invitación abierta al consumo masivo de las drogas; es sencillo, nadie comienza consumiendo cantidades de drogas en grandes cantidades, pero luego, casi nadie lo hace en pequeñas. Las drogas, sobre todo las sintéticas, son la peor porquería que pueda existir, desde luego abstrayéndote de tu mundo real al gobierno le conviene que la gente permanezca en el “viaje” y no razone sobre las condiciones de su existencia. 

¡Es el Socialismo!

Es evidente que no hay mucho que celebrar el Día Internacional de la Juventud. Lo que si podemos hacer es someter a una crítica seria lo que por años hemos mantenido como incuestionable, ello seguramente nos llevará a cuestionarnos profundamente la situación actual, buscar alternativas y encontrarlas.

La idea de una sociedad donde tengamos, a priori, la oportunidad de vivir con plena educación y trabajo, con la oportunidad de ser parte del arte y la ciencia tienen un nombre: socialismo.

La situación que hemos expuesto aquí, y lo que permanentemente hemos publicado, apunta a un choque social entre las clases que pondrá en cuestión todo el orden establecido. Las ideas aparentemente eternas permeadas en la sociedad están chocando cruelmente con lo que está pasando en realidad. Por un lado nos dicen que el 70% de la gente en México vive en condiciones de pobreza, pero por otro tenemos a la persona más millonaria en todo el mundo.

Invitamos a todos nuestros lectores, en particular a los jóvenes, a analizar esta situación y prepararnos para las luchas que se avecinan. No estamos descubriendo el hilo negro, incluso Pascal Lamy, director general de la Organización Mundial de Comercio (OMC), declaró recientemente en la reunión del G8 en Ginebra que “Lo peor de la crisis en materia social está por venir; esto quiere decir que lo peor de la crisis en materia política está por venir”.

Esta lucha pasa también, por democratizar a nuestros sindicatos, el PRD y luchar por un programa anti crisis dentro de ellos. Nuestra consigna principal tendría que ser la de que la crisis actual sea pagada por quienes la generaron, por la burguesía y no por los trabajadores.

Finalmente, habremos de decir que la juventud sí es el futuro de la humanidad, porque es la juventud la llama de la revolución proletaria, la que mantiene la esperanza siempre viva en el triunfo de la revolución socialista. Arrebatemos a la burguesía el monopolio sobre los principales medios sociales de vida y pongámoslos bajo el control democrático de los trabajadores para ofrecerles a los jóvenes una vida digna de ser llamada tal. 

 

[1] La jornada 22-07-2009

[2] La jornada 06-08-2009

[3]http://www.inegi.gob.mx/inegi/contenidos/espanol/prensa/contenidos/estadisticas/2008/juventud.asp?s=inegi&c=2634&ep=5

[4] Víctor Hernández Pérez. Panorama del empleo juvenil en México: situación actual y perspectivas. Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública

[5] El universal 26-07-2009

[6] [milenio 2008-11-18]

[7] http://www.elagora.com.mx/Soldados-desertores-se-unen-al,10196.html

[8] http://www.oem.com.mx/oem/notas/n1121995.htm


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