Más de medio millón de personas en Roma y decenas de miles en Turín, Milán o Palermo. Un grito de ira contra la violencia machista recorrió las calles de Italia el último 25N, pero también contra el Gobierno ultraderechista de Giorgia Meloni y sus políticas de complicidad con la violencia machista y contra los derechos de las mujeres.

Un estallido canalizado por el brutal asesinato a puñaladas de una joven de 22 años por su expareja. Lamentablemente otro asesinato machista más que, como tantos otros, podía haber sido evitado si la policía, siempre la policía, no hubiera ignorado la llamada de unos vecinos alertando de la agresión. Horas más tarde las cámaras de seguridad de un polígono industrial grabaron la saña y la brutalidad con la que su exnovio la asesinaba.

Ha sido la gota que ha colmado un vaso ya muy lleno. Al hecho de que en Italia hayan sido asesinadas 105 mujeres hasta el 20 de noviembre, según datos oficiales, se suma la violencia y el machismo sistémicos de un país en que uno de cada cinco hombres considera que la manera de vestir de las mujeres puede ser una causa de violencia sexual y donde casi el 5% considera que "siempre o en algunas circunstancias" es tolerable que "una pareja reciba una bofetada de vez en cuando".

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Desde que Giorgia Meloni llegó al Gobierno, la violencia machista y sexista se ha recrudecido y esta fascista ha emprendido una guerra contra los derechos de las mujeres y el colectivo LGTBI. 

Meloni contra los derechos de las mujeres y el colectivo LGTBI

Desde que Giorgia Meloni llegó al Gobierno, la violencia machista y sexista se ha recrudecido. Esta neofascista ha impuesto un recorte del 70% de los fondos para la prevención de la violencia machista y ha emprendido una guerra contra los derechos de las mujeres y el colectivo LGTBI.

Aunque oficialmente no ha cambiado la ley del aborto, esta ultrarreaccionaria sí está a favor de “ampliar las opciones” de las madres que quieren abortar y defiende a ultranza a las mal llamadas asociaciones pro vida. De hecho los ataques a este derecho se producen a nivel regional con su beneplácito tácito. Por ejemplo, el hospital Santa Ana de Turín, en la región del Piamonte, gobernada por la derecha de Forza Italia, con el apoyo de la ultraderecha, inaugurará el próximo mes la polémica “sala de la escucha”, un espacio en teoría dedicado “a la acogida y la escucha” de las mujeres que tienen intención de interrumpir su embarazo. ¡Y esto ocurre en 2023 en la “avanzada Europa”!

El otro de sus objetivos a batir ha sido el colectivo LGTBI. En Italia el matrimonio entre personas del mismo sexo sigue sin ser legal, pero según parece eso no es suficiente para la extrema derecha, que ha emprendido una guerra contra las parejas homosexuales y sus hijos e hijas. Esto fue el pasado marzo, cuando el Gobierno exigió al Ayuntamiento de Milán que dejara de inscribir a los hijos no biológicos de parejas del mismo sexo en el registro civil.

Tres meses después, a principios de junio, la ultraderechista Giorgia Meloni amplió esta orden a todos los ayuntamientos de Italia. La respuesta no se hizo esperar. El aparato del Estado italiano actúo en consecuencia, con la Fiscalía de Padua a la cabeza, enviando un comunicado a 33 familias donde les informó de la necesidad de modificar la inscripción en el registro civil de sus hijos retroactivamente. El Ministerio les exige eliminar el nombre de la madre no biológica del registro y que su apellido no pueda constar en el DNI del menor, por lo que una de las madres, la no biológica, queda sin derechos sobre su propio hijo, ya que la legislación italiana no contempla que un recién nacido pueda tener dos madres.

Aquí vemos lo que les importa realmente a estos reaccionarios la vida y los derechos de los niños y niñas.

La fuerza del movimiento feminista: un ariete contra la extrema derecha

Hasta qué punto las manifestaciones del 25N fueron movilizaciones más allá de la violencia machista y este asesinato terrible  es evidente. Pero si a alguien le queda alguna duda, se despeja en cuanto se ve la reacción del propio Gobierno italiano tras estas manifestaciones: ya han anunciado la implantación de “educación en la afectividad” en las escuelas. Obviamente un intento de desviar la atención y sacudirse la responsabilidad directa que Meloni y sus colegas de extrema derecha tienen en la violencia machista.

Evidentemente sabemos qué educación en la afectividad va a implantar Giorgia Meloni. La educación de la familia tradicional, donde la mujer calla, se resigna y acepta, y el hombre decide. La familia en la que un joven o una joven no puede tener derecho a ser como es, prohibido ser gay, lesbiana o transexual, en la que tener dos mamás o dos papás es pecado mortal, y el derecho al aborto un crimen, tal como manda la moral podrida de la jerarquía católica italiana, tan de derechas, tan fascista.

En cualquier caso Meloni sabe que movilizaciones como las que han teñido de morado las calles de Italia van más allá de la violencia machista y son  una contundente expresión del descontento hacia su Gobierno.

La fuerza que ha demostrado el movimiento feminista estos últimos años ha sido una gran escuela para las luchadoras y luchadores de todo el mundo. Un movimiento internacional que ha puesto contra las cuerdas a la extrema derecha de Trump o de Bolsonaro, que ha logrado conquistas como el derecho al aborto en Irlanda o Argentina, o que logró ser un factor determinante para evitar el triunfo electoral de la extrema derecha aquí en el Estado español. Un movimiento nutrido por las mujeres trabajadoras, la juventud y el colectivo LGTBI, junto a nuestros compañeros de clase, que ha señalado directamente al corazón de este sistema capitalista que solo puede ofrecernos la barbarie.

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Meloni sabe que movilizaciones como las que han teñido de morado las calles de Italia van más allá de la violencia machista y son  una contundente expresión del descontento hacia su Gobierno. 

Hemos aprendido mucho estos años. Hemos desnudado la farsa de que todas las mujeres, solo por el hecho de serlo, somos iguales. Giorgia Meloni no es como nosotras. Está justo enfrente, está en la otra barricada, es una representante del capitalismo patriarcal y la cultura de la violación. Por eso, ver movilizaciones como las que vimos en Italia el pasado 25N, es también un recordatorio de nuestra fuerza para seguir actuando como ariete contra la extrema derecha.


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