La ideología de la clase dominante, la burguesía, se encarga todos los días por diferentes medios de convencernos que no somos imprescindibles en nuestros empleos que si no nos gusta nuestro trabajo y el salario que percibimos hay millones afuera que lo harían por lo mismo o hasta por menos. Esta presión existente nos obliga entre otras tanta cosas en mantener el status quo como trabajadores soportando todo tipo exigencias superiores a nuestro cargo, aumento de jornada, falta de personal, etcétera, todo esto sin un incremento salarial.

Lo anterior es relevante ante el anuncio de finales del año pasado por parte de la Comisión Nacional de Salarios Mínimos donde declara que este año a los trabajadores se nos otorgará un aumento de 3.9%, aumento que conforme a la inflación no significa ni un ápice. Traducido para el área geográfica A un salario diario de 67.29 pesos y para el área geográfica B de 63.77 pesos, ¡¿Puede sobrevivir alguien con este salario?! Según el INEGI hay 6.7 millones de mexicanos que lo hacen.

El resultado de esa ofensiva contra los salarios ha significado que mientras las masa total de salarios en 1980 equivalía a una cantidad similar al 36.04% del Producto Interno Bruto (PIB) ahora, en datos del 2010, dicho porcentaje se redujo hasta el 27.03%; por su parte el comportamiento de los beneficios empresariales ha sido diametralmente opuesto al pasar del 29% al 62.1% en proporción al PIB durante el mismo lapso.

Sin duda estos beneficios empresariales los han obtenido por una mayor explotación de los trabajadores. Veamos, este año varias empresas han reportado ganancias importantes incluso superiores a las del año pasado, esto en contraste con los resultados que nosotros vemos en las empresas día a día dónde las ventas de mercancías y servicios son menores. La diferencia entre las pérdidas que acusan los patrones y el aumento de ganancias es la reducción de la riqueza generada obtenida por el trabajador. Ya sea a través de la reducción directa del salario o de su reducción indirecta a través de aumentar la jornada laboral, intensificar ritmos, agregar funciones, sustituir puestos, reducir personal, reducir descansos, horas de comida, cancelar vacaciones y días de asueto, no pagar prestaciones, obligar a la compra propia de herramientas de trabajo o cobro de las proporcionadas por la empresa (incluyendo uniformes), outsourcing (tercerización) y un larguísimo etcétera. Esto explica porque los salarios han pasado de ser el equivalente a 12 minutos de la jornada laboral en 2008 a nueve minutos en 2012 así como el que seamos uno de los países con la mano de obra más barata incluso más que China.

El estado de los salarios tiene que ver con esto, la lucha por un salario digno es una lucha contra la clase que nos mantiene en estas condiciones y que incluso pretende rebajar aun más nuestras condiciones de vida. En nuestros centros de trabajo debemos de organizarnos, desde nuestro sindicato y en donde no contemos con esta herramienta, en pequeños círculos. Exigiendo cero violaciones a nuestro contrato y mejoras salariales inmediatas. El aparato gerencial encargado de intimidarnos con el despido si levantamos la voz es lo que mantiene pasivos a una capa de compañeros inconformes, pero organizándonos inicialmente de forma modesta e incluso clandestina teniendo reuniones donde en primer instancia conozcamos a fondo nuestro contrato y discutiendo políticamente los origines de nuestras condiciones de miseria nos permitirá generar organización ante la ofensiva de la patronal. Los trabajadores estamos unidos por nuestras condiciones de vida, nuestra lucha por el salario digno es una de ellas. Exigimos a nuestros sindicatos a levantar un programa que exija al gobierno un salario no de 67 pesos, sino de 18 mil pesos, situación nos permitiría a los trabajadores cubrir nuestras necesidades básicas.

Pero ¿La patronal resolverá esto favorablemente?, ¿Los empresarios estarán dispuestos a disminuir sus privilegios para que una masa de gente goce de una vida dejemos ya de semejantemente a la de ellos sino estable? Creemos que no, los acontecimientos en todo el mundo lo demuestran, los empresarios han manifestado que incluso están dispuestos a matarnos de hambre antes de ver disminuidos sus beneficiosos. Nosotros la clase trabajadora debemos de responde con la misma contundencia que ellos, organizados desde nuestros sindicatos o conformándolos y retomando nuestras mejores tradiciones de lucha como es la huelga. Esta batalla no será sencilla, ya que en muchos casos no solo luchamos contra el aparato gerencial sino también contra cúpula charra de nuestros sindicatos que sin aviso alguno pacta con la patronal en prejuicio nuestro. Sin embargo nuestros compañeros en otras latitudes del mundo nos han puesto el ejemplo del potencial de la clase obrera organizada, haciendo retroceder no solo a patrones sino a gobiernos enteros. Compañero generemos organización en nuestros centros, vinculémonos con otros trabajadores, rescatemos nuestros sindicatos y combatamos juntos contra la ofensiva de los empresarios.

No más salarios de hambre

¡Unidos y organizados... venceremos!