Actualmente, varias empresas venezolanas (Constructora Nacional de Válvulas CNV- en Los Teques, la Industria de Perfumes en Caracas, la textilera Fénix Guárico- CODIMA) permanecen tomadas por los trabajadores luego de que sus empresarios en algunos casos prácticamente las abandonasen, en otros las hayan conducido a la quiebra y en casi todos intentasen despedir a trabajadores. Otras muchas empresas están en crisis en estos momentos y podrían ser tomadas en cualquier momento para defender el empleo.
Estos trabajadores vienen soportando: salarios caídos, problemas familiares y humanos de todo tipo, ataques de los empresarios y la derecha como el asalto de sicarios armados enviados por el empresario de Fénix, derrotado por los trabajadores y sus familias, o el intento de desalojo contra los trabajadores de CNV, paralizado por la respuesta de estos y las comunidades cercanas con el apoyo y solidaridad de centenares de trabajadores y sindicalistas venezolanos e incluso de otras partes del mundo.
Pero lo más importante es que los trabajadores, pese a todos estos obstáculos -y a que no llegaba la respuesta del gobierno a sus demandas de que interviniese- se han mantenido claros en la necesidad de continuar la lucha así como en su apoyo al proceso revolucionario que vive el país. Recientemente, además, han dado un paso adelante decisivo unificándose en un Comité de Empresas Tomadas y en Conflicto. Este paso es la primera vez que se da en la historia del movimiento obrero venezolano, pero no es un hecho aislado sino que sigue el camino abierto por los trabajadores argentinos que han tomado centenares de empresas para resguardar las fuentes de trabajo.
El desempleo en Venezuela ha alcanzado en los últimos años niveles récord, la oposición culpa al gobierno pero esto es una falacia. Un factor es el saboteo económico pero en realidad la causa fundamental es que el sistema capitalista está en crisis en todo el mundo. Los empresarios sólo buscan el máximo beneficio y ello supone que en un contexto de crisis y mercados saturados a escala mundial reducen empleo y atacan las condiciones de vida de los trabajadores para mantener sus ganancias. Si además, esos empresarios que exigen medidas neoliberales, ataques a los trabajadores, leyes más permisivas para ellos y más duras para los trabajadores, se encuentran con un gobierno tan permeable a la presión de los sectores populares cono el de Chávez que no aplica sumisamente todos sus dictados se llevan sus inversiones a otros países y boicotean la economía.
Los capitalistas están cerrando empresas, despidiendo trabajadores, etc. en todos los países debido a la decadencia de sus sistema. Y ello está provocando una reacción. En América latina lo vemos clarísimamente: el desempleo y la pobreza crecen en todos los países y como reacción vemos huelgas, una oleada de poderosas luchas populares en los últimos años (Argentina, Ecuador, Perú, Brasil, Chile, Uruguay, Panamá, Bolivia ahora) y una recuperación de la izquierda. Incluso en los países más avanzados de Europa, en Japón o en EE.UU. el desempleo alcanza niveles récord y crece el malestar social. En España de cada 100 nuevos empleos que se crean más de 90 son temporales y en condiciones precarias, en EE.UU. el número de pobres ha crecido en más de un millón en un año y alcanza ya los 35 millones de personas.
La respuesta al desempleo y al cierre de empresas de gobiernos reaccionarios como los de España, EE.UU, Colombia o Bolivia es anteponer la sacrosanta propiedad privada al derecho del pueblo al trabajo y a una vida digna; privatizan, atacan las condiciones de vida y los derechos de los sectores populares y cuando estos protestan responden con la represión. La respuesta de un gobierno popular y revolucionario debe ser bien distinta: hay que anteponer los intereses de los trabajadores y los demás sectores populares (campesinos, desempleados, buhoneros, pequeños propietarios, etc) ,que somos la inmensa mayoría de la sociedad a los de los grandes capitalistas, hay que hacer prevalecer el derecho al trabajo y a una vida digna sobre cualquier otra consideración.
Si el gobierno quiere defender el proceso revolucionario y responderle a su base social debe afrontar problemas como el de las empresas tomadas y en crisis de forma valiente e inteligente. No puede ocurrir que trabajadores que apoyan el proceso y están luchando por poner a producir empresas que fueron saboteadas por los empresarios golpistas pasen diez meses sin cobrar sus salarios y sin ninguna ayuda estatal (como ocurre en Constructora Nacional de Válvulas –CNV- o 4 meses en Industrial de Perfumes (Cristine Carol) de Caracas, tampoco puede ocurrir que trabajadores que piden materia prima para trabajar, como los de Fénix, en Guárico, lleven 10 meses esperando por ella..
Como medida de urgencia, en tanto el gobierno no ofrezca una solución, debe garantizarse la supervivencia de los trabajadores concediéndoles subsidios dignos, así como impedir cualquier posible desalojo, toda vez que algunas empresas tomadas se encuentran es estados gobernados por golpistas. Pero como expresión de la voluntad popular que es, el gobierno bolivariano debe ir más allá y resolver esta situación en un sentido favorable a los trabajadores de las empresas tomadas cuanto antes, conjuntamente con las situaciones de otras muchas empresas en crisis que podrían verse abocadas a problemas similares.
El gobierno debe estatizar estas empresas y ponerlas a funcionar bajo control de los trabajadores y asumir el resto de las justas reivindicaciones del Comité de Empresas tomadas y en conflicto que publicamos en estas mismas páginas.
Los dirigentes de la UNT tienen también mucho que decir en esta cuestión. Uno de los acuerdos del Congreso fue impulsar la lucha contra el desempleo y el cierre de empresas y defender su estatización. Deben organizar un encuentro nacional de empresas tomadas, en conflicto y en crisis y extender la lucha. Además de las cuatro empresas tomadas hay otros muchos colectivos de trabajadores que se enfrentan a situaciones muy difíciles. Si se uniese a todos esos trabajadores sería posible empujar a este gobierno, que es actualmente el más sensible a la presión de los trabajadores y los sectores populares que existe a nivel internacional, más hacia la izquierda y que llegase a estatizar las empresas.

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