Para los trabajadores, la economía guatemalteca está hecha jirones, más del 50 por ciento de la población vive en la miseria y cerca de 13.5% subsiste con menos de un dólar diario, la fibra social del país está desgarrada; décadas de regímenes militares, la guerra civil se propagó durante más de 30 años, desde 1960 hasta 1996 dejando tras de sí más de 200 mil muertos, a pesar de los Acuerdos de paz, la violencia de clase prevalece y se ha convertido en una herida abierta; la clase dominante está en crisis y profundamente dividida, un sector de la dirección de la URNG ha capitulado e intentado aplastar la energía de la resistencia de masas, después de 36 años de guerra la dirección de la URNG sólo alcanza a una pequeña parte del electorado.

La cultura está destrozada, las sectas religiosas brotan como hongos después de la lluvia; las relaciones humanas están deterioradas y como ejemplo basta la barbarie hacia la mujer trabajadora que, como en el caso de Ciudad Juárez en México, cientos de mujeres han sido asesinadas, vejadas, usadas como producto de consumo para los hombres del poder; el cinismo domina a grandes sectores de la intelectualidad; los colmillos del militarismo amenazan a los trabajadores, quienes asisten a la exclusión por raza y cultura, la miseria prevalece, el analfabetismo alcanza al 30 por ciento de la población; la concentración de riqueza es obscena, la impunidad se pasea sonriente y la creciente inseguridad amaga todos los días; entre tanto se consolidan las redes de privilegio y corrupción, el conservadurismo resuma una vulgaridad nauseabunda y la opresión social y económica es angustiosa para la vida humana.

Bajo este contexto se realizaron las elecciones presidenciales en Guatemala este 9 de septiembre de 2007. Un indicador de la profundidad de la crisis, es que se presentaron 14 partidos con candidatos para 158 diputaciones y 332 alcaldías. Una campaña sembrada con la sangre de más de 50 personas, la violencia como mecanismo de ajuste de los grupos de poder. Expresiones políticas dispersas, tanto de derecha como de izquierda. Ninguno de los partidos obtuvo el 50 por ciento más uno, así que el proceso se va a segunda vuelta, para que el 4 de noviembre se confronten los dos principales partidos, según los resultados de la primera vuelta que se observan en el siguiente gráfico:

La Unidad Nacional de la Esperanza (UNE), de Álvaro Colom; el Partido Patriota (PP), de Otto Pérez Molina; Gran Alianza Nacional (GAN), de Alejandro Giammattei (candidato oficialista que tiene como mayor mérito haber sido jefe de reclusorios), y Encuentro por Guatemala (EG), de Rigoberta Menchú. La UNE y el PP son los dos partidos que pasaron a la ronda del 4 de noviembre. Es sintomático que ninguno de los dos partidos ha gobernado antes, es decir, la burguesía no puede hacer uso de instrumentos políticos estables; es sintomático también que hubo una participación nutrida del 60 por ciento, -sólo 4 de cada 10, de un padrón de casi 6 millones, no fue a votar-, esto indica que las masas buscaron algún tipo de salida a su situación y están usando el frente electoral para intentar un cambio, es decir, que las masas están haciendo lo que les corresponde, pero la ausencia de una alternativa revolucionaria de masas, es el factor más importante en la ecuación de la revolución socialista en Guatemala y es, en última instancia, la variable que provoca la cada vez mayor profundidad en la crisis capitalista en ese país.

El conjunto de la derecha fue incapaz de aliarse con el Partido Patriota (PP), de Otto Pérez Molina, un ex militar, quien quedó en segundo lugar con aproximadamente el 24% de la votación (es decir, 771 mil votos) y es una de las expresiones más recalcitrantes de la derecha, cuyo eje de campaña ha sido la "mano dura" y la amenaza del retorno a la militarización.

Pero también la izquierda está dispersa. La Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URGN) alcanzó apenas poco más de 2 por ciento de los votos. Dado que la naturaleza no conoce el vacío, las masas están empujando a la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE), de Álvaro Colom, que logró el 28 por ciento de la votación aproximadamente. Candidato por tercera ocasión consecutiva desde 1999, Colom fue abanderado de la Alianza Nueva Nación, una coalición de izquierda encabezada por la ex guerrilla; luego de separarse de la alianza, en 2000, fundó la UNE para competir otra vez en 2003. Colom fue de 1991 a 1997 director del Fondo Nacional para la Paz, periodo en que negoció el retorno de 45 mil refugiados guatemaltecos desde México. El contenido programático de la UNE, que a pesar de ser totalmente reformista, explica en parte la votación obtenida en esta primera ronda; en entrevista con La Jornada, Colom explica que su gobierno impulsará "la seguridad democrática y justicia plena, mayor empleo, una economía competitiva pero que genere seguridad social y la promoción de los derechos humanos en un país de injusticias." Y sigue: "Necesitamos democracia y no mano dura, participación ciudadana, no clientelismo político". No es tanto que la UNE sea una opción, más bien es la dispersión de las opciones de izquierda lo que coloca a Colom, a la vista de las masas, como una alternativa viable.

Un elemento de la dispersión del voto en la izquierda es el papel que jugó Rigoberta Menchú, premio Novel de la Paz en 1992, la activista indígena y creadora del movimiento Winaq (que significa equilibrio e integridad en idioma quiché), quien estuvo acompañada en su postulación por el empresario Luís Fernando Montenegro de Encuentro por Guatemala (EG), como candidato a vicepresidente. Menchú comete el grave error de la discriminación positiva, es decir, combatir a la clase dominante no desde una postura de clase sino desde una postura de raza, por cierto, este es el mismo error fundamental de Marcos del EZLN que ahora está en bancarrota política después de haber vilipendiado un nada despreciable apoyo social.

Menchú en aras de combatir la discriminación racial que la burguesía criolla y la pequeña burguesía mestiza hacen de los indígenas, y basada en que el 40 por ciento de la población es miembro de alguna de las 23 etnias indígenas, esgrimió un programa burgués ajustado con un énfasis de carácter racial, he ahí la respuesta a su derrota (3 por ciento de la votación, aproximadamente 100 mil votos). Indistintamente de su raza, los trabajadores son explotados en las relaciones de producción, más que un programa basado en la raza, se necesita un programa de clase que responda a la pregunta: ¿Qué tipo de sociedad necesitamos los trabajadores? En el que por supuesto se resuelva la problemática indígena, pero para poder resolverlo, se necesita primero resolver la contradicción capital-trabajo, es decir, se necesita un programa de lucha que permita colocar las principales palancas de la economía bajo control democrático de los trabajadores y en el marco de una Federación socialista de América Latina, se construya una sociedad en la que desaparezca la exigua minoría que hoy bajo el capitalismo explota a la enorme mayoría, y a cambio se erija a la clase obrera y al campesinado pobre como los ejes sobre los cuales se planifique y se controle la sociedad.

Los marxistas guatemaltecos tienen más elementos para definir una estrategia y táctica de intervención, aquí se plantean simplemente algunos elementos de análisis para un debate ulterior más profundo. En la medida que los marxistas no tenemos aún la posibilidad de plantear una alternativa de masas de transformación social, no podemos llamar a la abstención electoral. Pero es claro que ninguno de los partidos de izquierda presenta las condiciones completas para hacer un trabajo de construcción de una tendencia marxista. También es claro que no podemos construir al margen de las masas, por el contrario, es deber de los marxistas fertilizar el proceso de toma de conciencia de los sectores más avanzados.

Por el resultado electoral, se percibe que las masas están optando por la UNE, los 20 muertos de la UNE en este proceso electoral son un indicador del temor que tiene la derecha a la UNE. Por eso, una posibilidad que se pone a debate, es el otorgar un apoyo crítico a la UNE de cara a la segunda vuelta en noviembre, a fin de lograr un gobierno con más elementos democráticos y en contra de lo que representa el PP. Esto no significa que estemos a favor de participar en un gobierno UNE, ni mucho menos que estemos a favor de la UNE en abstracto. Significa que es mejor para la construcción de una tendencia marxista de masas un régimen democrático burgués, que una dictadura militar que amenaza desde el PP y la suma de los partidos de ultraderecha, que más temprano que tarde se aliarán en contra de la UNE. Sin hacer una comparación mecánica, recordemos que Marx entre el 22 y el 29 de noviembre de 1864, escribió una carta a Abraham Lincoln, Presidente de EUA, dándole apoyo crítico por su oposición al esclavismo: "Los obreros de Europa tienen la firme convicción de que, del mismo modo que la guerra de la Independencia en América ha dado comienzo a una nueva era de la dominación de la burguesía, la guerra americana contra el esclavismo inaugurará la era de la dominación de la clase obrera". Y sí, hoy la clase obrera es el principal sujeto histórico no sólo de EUA, sino del mundo entero. ¿Esa carta significaba que Marx estaba a favor del régimen burgués de Lincoln? No, significaba que era necesario enterrar el modo de producción esclavista y por eso Marx apoyó críticamente los esfuerzos de Lincoln contra los esclavistas.

Por supuesto, es necesario abordar el tema del trabajo hacia la URNG y auscultar las posibilidades que haya en ese sentido, pero ese es tema de otro texto. La tarea no es fácil, hace falta mucho debate, y eso es precisamente el objetivo de este artículo. En noviembre es posible que la UNE gane la elección presidencial si es que no se impone el fraude electoral o no se vende Colom antes de la elección. La victoria de la UNE podría significar un avance con relación a lo que se tiene hoy, sin embargo, un gobierno UNE no resolverá las cosas. Pero Colom podría girar a la izquierda, eso no está descartado, aunque es poco probable, ya que apunta más a que tome como referente a Lula de Brasil que a Chávez de Venezuela, eso se vería en concreto y en determinado momento no está sólo en función de Colom, sino en función de las presiones desde abajo que puedan ejercer las masas a un gobierno UNE. Esto podría convertirse en la expresión guatemalteca del giro a la izquierda que observamos prácticamente en todo nuestro continente, es decir, expresa el fermento revolucionario y contra revolucionario del periodo que atravesamos.

¡Invitamos a los marxistas guatemaltecos a debatir!

¡Por una Tendencia marxista de cuadros en Guatemala y Centroamérica!

¡A rescatar las organizaciones tradicionales de los trabajadores y la juventud!

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