En mayo de este mismo año se hicieron públicas las primeras denuncias por violencia machista y acusaciones contra el cantante de Rammstein, Till Lindemann. Mujeres jóvenes compartieron sus experiencias: abuso y agresiones sexuales, y ahora han salido nuevos episodios que también salpican al teclista de la banda, Christian Lorenz. Pero es más que eso.

La irlandesa Shelby Lynn dio el pistoletazo de salida cuando en mayo expresó en su cuenta de Twitter su firme sospecha de que había sido drogada con gotas noqueadoras en un concierto de Rammstein en Vilnius (Lituania). Describió como Lindemann se puso furioso cuando, en el backstage, ella le paró los pies y le dijo que no quería tener relaciones sexuales con él. En esta denuncia también enseñaba fotos de su cuerpo magullado, heridas provocadas por el cantante cuando ella estaba en un estado de semiinconsciencia.

Shelby destapó una olla podrida de abusos, agresiones, drogas y víctimas relacionadas con el grupo de música alemán, al que han bautizado como “sistema Lindemann”. Este ser despreciable, aprovechándose de su posición de poder, reclutaba sistemáticamente a mujeres jóvenes, muchas fans de Rammstein y otras que eran contactadas por las redes sociales. Las invitaban a fiestas antes y después de sus conciertos, les pedían que usaran “ropa corta y sexy” y que fueran bien maquilladas.

Todo este plan para engañar a chicas y mujeres, que se parece mucho a la organización de una red de trata y prostitución, parece haber sido puesto en marcha por la llamada directora de casting Alena Makeeva. Pero según las últimas investigaciones, ella no era la única implicada. Las salas y estadios donde han organizado sus shows y fiestas privadas contaban con personal de seguridad extra para controlar a estas jóvenes. Por ejemplo, ellos se encargaban de coger y guardar los teléfonos móviles de las víctimas, quienes entraban en antros oscuros sin poder tener contacto con lo que pasaba fuera de esas cuatro paredes, así lo informó en detalle la YouTuber Kayla Shyx. 

En estos eventos, el alcohol y la droga fluyen con normalidad. Incluso menores de edad fueron incentivadas a consumir, y muchas de las afectadas afirman que veían como otras mujeres parecían confundidas al tomar la primera copa o que ellas mismas se sentían repentinamente mareadas y mal. Por supuesto, todas las voces que han destapado este caso horripilante, recuerdan como fueron presionadas para tener relaciones sexuales con Lindemann. Es decir, como fueron víctimas de violaciones y agresiones sexuales sin que nadie en esos espacios dijera nada.

Los informes de la investigación apuntan en una misma línea: coacciones, presión, ignorar el deseo de irse a sus casas de las víctimas… Pero aparte de Lindemann, también hay acusaciones contra Christian Lorenz, culpable de haber violado a dos chicas, una de las cuales era menor de edad.

Toda esta información detallada no sólo muestran cómo Lindemann, de 60 años, abusó y violó sistemáticamente a mujeres jóvenes (principalmente menores de 30 años), sino que también revelan la incapacidad de las instituciones capitalistas de protegernos de la violencia sexual.

El hecho de que Rammstein siga de gira y tocando en salas con entradas agotadas –aunque ahora han retirado del escenario su famoso y asqueroso cañón de espuma en forma de pene– demuestra que es imposible perseguir y actuar de forma consecuente contra la violencia machista siguiendo las vías legales que nos ofrece el capitalismo. Especialmente cuando los agresores y los acusados son mundialmente famosos y ricos.

Hace pocas semanas, el 29 de agosto, conocíamos a través de la prensa que la Fiscalía de Berlín ha abandonado su investigación contra Lindemann por falta de pruebas, y por tanto, queda absuelto. ¡Qué vergüenza y qué asco! La “justicia” protegiendo a un agresor.

Se estima que Rammstein tiene unos ingresos totales de entre 400 millones y 1.000 millones de euros, el grupo que más dinero gana en toda la industria musical alemana. Por otro lado, fuera de Alemania se ha corrido un tupido velo ante este caso para garantizar que el tour pueda continuar con normalidad. Desde las empresas de merchandising hasta agencias de conciertos, organizadores de eventos, actores y otros cantantes… miran hacia otro lado.

El caso de Till Lindemann se suma a muchos otros, como el de Harvey Weinstein, Jeffrey Epstein o Marilyn Manson, que durante años han violado y abusado de mujeres y, bajo la “presunción de inocencia” que les otorga el sistema judicial capitalista y de estar podridos de dinero y poder contratar a los bufetes de abogados más prestigiosos, salen del paso sin pagar las consecuencias. El sistema capitalista protege a los suyos: a los poderosos.

Ahora muchos sellos discográficos están diciendo que no sabían nada de nada. Es una mentira descarada: hace tres años, por poner un ejemplo, Till Lindemann publicó un clip con contenido pornográfico violento que estaba disponible gratuitamente en Internet.

En política no existen casualidades. No es casualidad a quienes les permiten cantar y hablar en los escenarios, delante de miles de personas, y a quién no. El sistema coloca un micrófono a quienes seguirán defendiendo la lógica del capitalismo, y esa lógica pasa por seguir perpetuando la opresión de las mujeres y la violencia contra nosotras. Es la misma lógica que promueve una cultura repugnante y misógina que va desde las agresiones sexuales hasta la industria pornográfica, la prostitución o los medios de comunicación. Estos son los “ideales” de esta sociedad capitalista – y todo esto, aparte de los juicios por violación, es completamente “legal” porque hay muchas ganancias y beneficios en juego.

El debate que ha estallado ahora sobre la violencia sexual ha sido alimentado especialmente por mujeres jóvenes que se niegan a aceptar estas condiciones. Nosotras, como marxistas, enviamos toda nuestra solidaridad con las víctimas de este caso, con todas las mujeres, con todas las oprimidas. Solo nosotras, como mujeres trabajadoras junto a los hombres de nuestra clase, tenemos el poder de derrocar el sistema capitalista que genera sexismo, violencia y opresión.

Luchemos por una sociedad libre de lacras, luchemos por el comunismo.


banner libres y combativas

banner

banner

banner libres y combativas

banner revolutionary left

banner sindicato de estudiantes

banner revolucion rusa