El pasado domingo 21 de febrero las fuerzas armadas de México abatieron a “El Mencho”, narcotraficante con más de cuarenta décadas de historia criminal y líder del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG), el más poderoso a nivel nacional e internacional. Solo este cartel genera entre 10 y 30 millones de dólares anuales y “El Mencho” tendría una fortuna de más de 500 millones.
El Gobierno racista y colonialista de Donald Trump ha presentado el operativo contra El Mencho como un resultado de su presión sobre el Gobierno mexicano. Por su parte, el gobierno de Claudia Sheinbaum lo ha utilizado para intentar ganar credibilidad ante Washington y presentar a las Fuerzas Armadas mexicanas como un puntal en la lucha contra el narco.
Pero la realidad es que la lacra capitalista del narcotráfico está lejos de erradicarse. El imperialismo estadounidense y los capitalistas mexicanos y de otros países, más allá de declaraciones y golpes de efecto como éste, son los máximos responsables del poder que tiene el narco y no han hecho otra cosa que fortalecer su peso.

Una lacra inseparable del capitalismo y el imperialismo
El día que capturaron a El Mencho las llamas de los autos incendiados bloqueando las calles, las balaceras, el caos y el miedo se apoderaban de Tapalpa y numerosas localidades mexicanas en diferentes estados: Jalisco, Michoacán, Aguascalientes, Guanajuato, Colima, Guerrero, Tamaulipas, Oaxaca, Nuevo León y Veracruz.
La ola de violencia paralizó la vida cotidiana, golpeando la ya mermada tranquilidad de muchas poblaciones que dejaron de ir a la escuela o al trabajo al menos hasta el lunes siguiente. La paranoia promovida por los medios amarillistas de derecha y del mismo cártel se apoderó de las redes sociales, magnificando aún más este escenario amenazante para la población indefensa. Al día siguiente, los más de 250 bloqueos se habían disipado y la “normalidad” volvía, al menos temporalmente. Una civil asesinada y al menos una herida, además de 45 miembros del crimen organizado y 26 de las fuerzas militares fueron el saldo.
La violencia del narco y la adicción, sufrimiento y muerte de miles y miles de jóvenes y trabajadores llenan los bolsillos de los narcos. Pero también de los banqueros y grandes capitalistas que participan en el blanqueo de sus capitales, empezando por los bancos mexicanos y estadounidenses. Un ejemplo reciente es la investigación que evidencia como HSBC de México ha participado en este delito permitiendo al narco lavar al menos 881 millones de dólares. Los narcos, especialmente el CJNG, diversifican sus fuentes de negocios, combinándolos con negocios “legales” y hasta empresas que cotizan en las bolsas.
Otra fortaleza del narcotráfico es su armamento de última generación, suministrado por la industria armamentística estadounidense. El 80% de las armas del narco provienen de este país y el calibre utilizado es el mismo del ejército estadounidense. No solo se trata del mercado negro. Una donación de 2.000 armas del operativo “rápido y furioso”, para supuestamente rastrearlas y ubicar los centros logísticos de los carteles, no logró su objetivo y los narcos se quedaron con las armas.
No se puede entender el aumento del consumo de drogas y el narcotráfico en EEUU sin hablar de las grandes empresas farmacéuticas como Purdue pharma, Insys Therapeutics, Johnson & Johnson o Endo Pharmaceuticals. Estos “narcos legales” originaron la epidemia de adicciones a la oxicodona y el fentanilo. La gran mayoría de estas empresas siguen funcionando y haciendo negocios millonarios en Wall Street y otras bolsas mundiales.
La hipocresía de EEUU no tiene límites. Desde hace décadas la CIA y la DEA protegen a destacados narcos, supuestamente a cambio de información o de colaborar en acciones violentas y contrarrevolucionarias contra movimientos de izquierda. Un ejemplo es el del agente de la DEA Paul Campo, con quien “acordaron lavar alrededor de 12 millones de dólares para el cártel y convirtieron alrededor de 750 mil dólares en efectivo a criptomoneda para el grupo”. También proporcionaron un pago por aproximadamente 220 kilogramos de cocaína que se distribuiría y vendería en Estados Unidos por alrededor de 5 millones de dólares, y obtendrían una parte de las ganancias, según las acusaciones.”
Finalmente, detrás de la extensión de la crisis brutal del fentanilo en EEUU están la crisis política y económica, la lumpenización social, la incertidumbre y desesperanza que cunde entre amplios sectores de la juventud y la clase obrera, como consecuencia de las políticas de la burguesía estadounidense bajo los gobiernos de sus dos partidos: republicanos y demócratas.
Trump utiliza el narco como cortina de humo para su ofensiva militarista
La narrativa de una supuesta “lucha contra el narcotráfico” en América Latina y especialmente en México, además de desviar la atención de la crisis interna y el rechazo masivo a las políticas de Trump en los propios EEUU, tiene otro objetivo: el ser el chivo expiatorio para incrementar su intervencionismo y militarismo en toda América Latina.
En el operativo contra “El Mencho” participó la inteligencia de EEUU. Además, las FFAA mexicanas son entrenadas por las agencias yanquis; y sus manuales y protocolos copian las tácticas del sionismo, a quien también el gobierno mexicano compra la tecnología de inteligencia.
Trump pretende llevar al gobierno de México a una situación cada vez más complicada dónde sea más fácil someterlo. Escenarios de caos, como las jornadas posteriores al operativo contra el Mencho, alimentan el discurso de Washington presentando México y otros países latinoamericanos como estados fallidos, justificando posibles amenazas de intervención para imponer sus exigencias.
El intervencionismo estadounidense en México está creciendo, por más que la presidenta lo niegue. El 10 y 11 de febrero se celebró una cumbre militar con secretarios de defensa de 36 países, casi todos los latinoamericanos a excepción de Cuba, Venezuela y Nicaragua. Diez días después se realizaba el operativo contra el narco más importante de las últimas décadas.
En aquella cumbre se pidió a los países presentes el incremento al presupuesto militar, es decir, mayor compra de armas a Estados Unidos. ¡Un negocio redondo para las empresas estadounidenses a través del chantaje, las amenazas y el intervencionismo! ¡Y un paso más en la ofensiva estadounidense por retomar el control de América Latina que ha tenido su punto álgido en Venezuela y continúa en estos momentos con el criminal asedio contra el pueblo cubano!
La estrategia de Sheimbaum y el gobierno de Morena es aplacar a la bestia haciendo todo lo que le demanda: asumiendo de forma escandalosa cortar el suministro de petróleo a Cuba, poniendo aranceles a China, aceptando revisiones totalmente asimétricas en el T-MEC, creando un plan minero para poner los recursos a disposición de las empresas yanquis... La detención de narcos cuando Trump lo exige, para alimentar su campaña de propaganda e intervencionismo en el continente, forma parte de este sometimiento.
Pero la debilidad invita a la agresión. La política internacional del imperialismo estadounidense en su lucha por mantener una hegemonía gravemente amenazada, implica una política cada vez más destructiva, agresiva y rabiosa y las exigencias y amenazas al Gobierno mexicano no irán a menos. Todo lo contrario.
Levantar una alternativa revolucionaria
Como decíamos al comienzo de este artículo, los carteles están estrechamente vinculados al aparato estatal y su existencia es inseparable del funcionamiento del capitalismo mexicano. Los gobiernos derechistas de los dos grandes partidos de la burguesía mexicana que dominaron México durante décadas: PRI y PAN, permitieron que el narco campara a sus anchas, coludiéndose con él y participando en el reparto del botín. El mejor ejemplo fue García Luna, secretario de seguridad del Gobierno priísta de Felipe Calderón condenado a 38 años de prisión por narco. Pero la lista de casos similares es amplia.
La la llegada al poder en 2018 de Morena, con Andrés Manuel López Obrador (AMLO) al frente, fue vista por las masas como una oportunidad de gobernar para el pueblo, romper con el sometimiento a Washington y acabar con el poder de la oligarquía, incluido el narco. Pero los dirigentes de Morena han renunciado a basarse en el apoyo y la movilización masiva de la clase obrera y la juventud, los movimientos feminista y LGTBI, el campesinado pobre y los pueblos originarios para enfrentarse al sistema.
Sheinbaum está aplicando las mismas políticas de gestionar el capitalismo y buscar pactos y acuerdos con la burguesía y el imperialismo que han llevado a graves derrotas políticas en otros países del continente. Esto ha supuesto dejar intacta la estructura estatal capitalista estrechamente vinculada al narco. La consecuencia ha sido dejar crecer a este monstruo, que ya domina gran parte del territorio.
El fin del Mencho no detendrá al narcotráfico. Están por verse los efectos, pero difícilmente serán pacíficos. Tras cada detención o de muerte grandes líderes del narco hemos asistido a luchas sangrientas por el poder, sometimiento de pobladores, despojos de tierra, desplazamientos forzados, etc. Un escenario que sobre todo impactará a los mismos de siempre, las familias trabajadoras que no estamos librando ninguna batalla más que la de la supervivencia.
Atender de verdad “las causas de fondo” del problema solo es posible acabando con la marginación, el empleo precario, la falta de acceso a educación pública, etc. No se puede acabar con una lacra que ha logrado tal nivel de dominación y fusión con los intereses y estructuras estatales capitalistas, en México y todo el mundo, negociando (“abrazos no balazos”, como decía AMLO) . Pero tampoco con la política de “guerra al narco” que, como hemos visto, significa disciplinar y eliminar a algunos jefes que acumulan demasiado poder y escapan del control del conjunto de la clase dominante, mientras el negocio sigue viento en popa.
La única forma de erradicar al narco es impulsando la auto-organización y acción directa de las masas para acabar con el capitalismo. Tenemos que impulsar y armar comités de acción y autodefensa, siguiendo el ejemplo de las “policías comunitarias” organizadas por campesinos y trabajadores en diferentes territorios para enfrentar a los narcos.
Junto a ello hay que levantar una izquierda revolucionaria que plantee un programa socialista, defendiendo la expropiación y nacionalización bajo control obrero de los bancos y grandes empresas para planificar democráticamente la economía, garantizando empleo, salarios, condiciones de vida y una educación digna.
Un programa revolucionario en estas líneas entusiasmaría y movilizaría a las masas en todo México y es también el camino para resistir las amenazas y ataques imperialistas, vinculándonos con los movimientos de la clase trabajadora nativa y migrante que se está enfrentado al ICE en los propios Estados Unidos y se han autoorganizado para combatir las políticas militaristas, autoritarias, supremacistas y racistas del trumpismo.
Estos millones de trabajadores, trabajadoras, jóvenes, mujeres, comunidad sexodisidente, son nuestrxs aliadxs naturales. Y la fuerza más poderosa para derrotar al narco, la oligarquía mexicana y el imperialismo.












