En 28 estados de la República se criminaliza el aborto, el pasado mes de julio en el Estado de Veracruz se tuvo la posibilidad de votar un proyecto que obligaba a reformar el Código Penal para legislar a favor de los derechos reproductivos de las mujeres. Finalmente, la reforma fue desestimada por la Suprema Corte de la Justicia de la Nación, sumando así un elemento más a la ofensiva reaccionara auspiciada por la derecha.

Las mujeres y la juventud en el punto de mira.

La desestimación de la reforma del Código Penal en Veracruz que hubiese permitido avanzar en los derechos de las mujeres trabajadoras no es algo anecdótico, ni una cuestión de compleja discusión de terminología sobre el derecho y las leyes ―como algunos medios nos lo quieren vender―. Es una decisión concreta y meditada cuyas consecuencias afectan a la vidas de miles de mujeres. En un Estado que posee unas de las leyes más atrasadas en materia de derechos reproductivos ―con apenas unos pocos supuestos para poder acceder al derecho de interrumpir el embarazo y con una ley que puede condenarte a la cárcel hasta con 4 años de prisión― la negativa por parte de los congresistas de no votar a favor de esta reforma no es cuestión menor.

Tampoco es una cuestión aislada, también se rechazó en Querétaro la posibilidad de ampliar las causas por las que es legal la interrupción del embarazo. En este caso, además, aprovechando la coyuntura de la pandemia, los legisladores de la Comisión de Puntos Constitucionales del Congreso local ―en su mayoría formada por diputados del PAN― se reunieron a puerta cerrada para votar en contra del derecho al aborto.

Tampoco se conforman con negarnos el derecho a decidir sobre nuestro cuerpo y nuestra maternidad, sino que también quieren hacernos retroceder en materia de educación introduciendo la moral más reaccionaria de la Iglesia Católica y la ultraderecha. La intentona de querer traer el llamado “PIN Parental” a México y su reciente aprobación en Aguascalientes demuestran que la derecha está organizando una ofensiva reaccionaria para golpear a la clase trabajadora y, en especial, a las mujeres y la juventud.

La derecha se organiza para su ofensiva reaccionaria.

La organización de la derecha para esta ofensiva es parte de un plan muy consciente. La derecha está rabiosa y está dispuesta a dar la batalla por recuperar el total poder político que perdieron parcialmente con el triunfo de López Obrador en las pasadas elecciones.

Los gobernadores de los Estados han creado un bloque reaccionario contra AMLO y, sobre todo, contra lo que la llagada de este nuevo presidente representa: a millones de trabajadoras y trabajadores, jóvenes en pie de lucha, que de manera firme decidieron terminar con años de miseria y precariedad de gobiernos de la derecha.

Este sector de políticos representa a lo peor de la sociedad, a un puñado de empresarios que no están dispuestos a perder sus privilegios y que no se van a quedar de brazos cruzados sino que, por el contrario, están dispuestos a intensificar los ataques contra el actual gobierno. Es por ello que la reacción se ensaña principalmente con nuestros derechos sexuales y reproductivos y nuestro derecho a una educación laica y de calidad. De esta manera atacan, por una parte a Morena y al Gobierno Federal y, por otra, a un sector que ha jugado y juega un papel fundamental en la lucha de clases en México que somos las mujeres y la juventud de la clase trabajadora.

Luchar en las calles para conquistar derechos.

 Ante la ofensiva de la reacción no podemos quedarnos sin respuesta. Precisamente quienes hemos conseguido echar a la derecha del poder ahora no podemos quedarnos impertérritos a la espera. Si Morena quiere hacer frente a la manada de buitres carroñeros que solo quieren recuperar sus sillones para seguir haciendo negocios a costa de la clase trabajadora tiene que tener claras sus alianzas. Los aliados no son los empresarios, ni los banqueros, ni Televisa, ni la Iglesia, ni los grupos evangelistas,  sino la clase trabajadora organizada y en pie de lucha.

La ola feminista revolucionaria internacional está cuestionando no solo el machismo sino las bases del patriarcado bajo el capitalismo. Debemos unificar las luchas del movimiento feminista y de trabajadores y trabajadoras a nivel nacional. Luchar por una Ley Federal que permita el aborto libre y gratuito en hospitales públicos sería un buen comienzo para golpear juntas por esta batalla que librar, para que nunca más dependamos del gobernante en turno para poder ejercer nuestro derecho a la libre elección de la maternidad. Es crucial no abandonar las calles para no dejar avanzar ni un paso más a la derecha.

¡Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar y aborto legal para no morir!

¡Ante los ataques de la derecha: movilización y lucha!


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