El costo de la pandemia está siendo muy alto para las familias trabajadoras y dentro de ellas somos las mujeres las que nos llevamos la peor parte.

Más precariedad para las más desprotegidas

Además de las cifras alarmantes de muertes, las repercusiones de la pandemia son extensas y han provocado un retroceso en las condiciones de vida ya de por sí precarias para nosotras. Es suficiente con mencionar algunos ejemplos para reconocer la magnitud del costo que tendrá para las mujeres de todo el mundo. Casi ocho veces más mujeres que hombres abandonarán su trabajo en EEUU, el desempleo de mujeres latinas ronda el 15%. En México las mujeres cargarán con el 67% del desempleo total; y el trabajo no remunerado que ha ido incrementando durante la pandemia, se mantendrá así durante bastante tiempo. Según los datos de la Oxfam, los ricos han tardado nueve meses en recuperar su nivel de ingresos, pero los más pobres tardaremos 10 años en recuperarnos, podemos imaginar el amargo panorama que enfrentamos millones de oprimidas.

Las que no han perdido sus empleos, están siendo sometidas a presiones muy duras; la triple jornada laboral con la educación en casa de los niños se suma a la enorme brecha salarial y el aumento del trabajo no remunerado. Las mujeres trabajadoras esenciales en la economía siguen padeciendo la desigualdad, el 70% del personal médico en todo el mundo son mujeres que reciben 28% menos salario que sus compañeros; aunado a la buena proporción de trabajadoras que se relacionan con este sector, como las de ¿intendencia?, industria química y farmacéutica, etc. Todas estas presiones, ya de por sí insoportables, se agudizan para el 37.8% de las mujeres jefas de familia que hay en México.

La violencia machista no ha parado

Las formas más crudas de violencia que padecemos, también se han incrementado durante la pandemia. El confinamiento nos ha condenado a un mayor aislamiento y a convivir más de cerca con los violentadores; el desempleo y presiones para abandonar el empleo alimentan la dependencia económica y la vulnerabilidad de muchas de nosotras. En México, las solicitudes de ayuda a los refugios aumentaron 51% durante los primeros cinco meses de pandemia, y los feminicidios rompieron record en el 2020.

También otras expresiones de la violencia machista como la explotación sexual y la marginación de la comunidad sexodiversa se están viviendo de manera más cruel, dejando a su suerte a estos sectores, una muestra más de la urgencia por terminar con esta forma cruel de explotación.

El deterioro de la salud mental también está siendo uno de los elementos que están afectando a miles de nosotras en el confinamiento. La violencia, opresión y explotación que dentro de este sistema no están siendo resueltos sino todo lo contrario, se han convertido en una losa aún más pesada. Incluso los derechos que se han conquistado en el pasado están seriamente amenazados.

Para las mujeres jóvenes y niñas, la situación no será mejor. 11 millones de niñas dejarán la escuela en todo el mundo, según datos de ONU Mujeres, y los embarazos adolescentes no deseados se han incrementado 20% durante la pandemia, debido a un peor acceso a los servicios de planificación y salud reproductiva.

La lucha contra la opresión debe continuar

En este terrible contexto, la lucha de las mujeres por su derecho a una vida digna en todos los sentidos no puede tomar descanso, al contrario, es más necesario organizarnos y luchar.

La conquista del derecho al aborto seguro en Argentina en medio de la dureza de la pandemia, es inspiradora y un ejemplo de que es posible y necesario continuar con la lucha.

Este es el modelo que debemos seguir y oponerlo a la consulta que pretende realizar el Gobierno federal, los derechos no se consultan. Somos las mujeres de la clase trabajadora las que morimos por abortos clandestinos ante la falta de un sistema de salud y prevención del embarazo, las que pagamos las consecuencias de una sociedad machista y patriarcal que ejerce su poder sobre nuestros cuerpos, apropiándoselos como si fuesen una mercancía más. Las consecuencias de esta política se notan en el ámbito privado con violaciones silenciadas con la máscara de las relaciones de pareja, o en el ámbito ilegal por el crimen organizado, disfrazado de empleo remunerado: la prostitución.

Esta violencia hacia nuestros cuerpos es atizada por la propaganda burguesa de grandes marcas, que se benefician económicamente por medio de la proyección de nuestros cuerpos como una mercancía más, como una mercancía sexual, sobre la que todos tienen opinión y decisión, menos nosotras mismas. El lucro y sometimiento de nuestros cuerpos al escrutinio público debe parar, es totalmente inaceptable que se realice una consulta sobre nuestro derecho a decidir sobre nuestros cuerpos.

Parar la masacre con un programa revolucionario

En medio de la pandemia no hay lugar para titubeos, es imprescindible dar una batalla igual de dura que la guerra que han declarado a nuestra clase; no estamos dispuestas a pagar la crisis sanitaria, no bajaremos los puños/cerraremos los puños, ni pondremos la otra mejilla, mientras los mismos ricos de siempre se siguen embolsando grandes fortunas a nuestra costa. Este no es momento para dar pasos atrás y salvar así la economía capitalista, este es el momento de avanzar y dilapidar a un sistema que ha demostrado una vez más no tener nada que ofrecernos además de explotación, miseria y opresión.

Este 8 de marzo todas las organizaciones de izquierda, sindicatos y las bases de Morena debemos convocar a una huelga general y luchar por un programa revolucionario que nos permita ganarle carrera a la pandemia, y con ello evitar los costos que está teniendo para las familias trabajadoras. La dirección de Morena y el Gobierno federal deben dar pasos serios en resolver la situación que estamos viviendo, y responder a las esperanzas puestas en los millones de votos que se les dieron en las elecciones pasadas; debemos defender efectivamente el empleo y la vida de los trabajadores, mujeres, campesinos, jóvenes, niños y niñas, dejar de lado el misticismo y la conciliación con la burguesía pues sus intereses son claramente opuestos a los nuestros.

Ha sido la patronal la que ha echado a millones de trabajadoras y trabajadores a las calles en la vulnerabilidad de la pandemia, han sido los grandes dueños de las empresas que se niegan a cerrar sin siquiera asegurar medidas sanitarias adecuadas, son las grandes farmacéuticas que hacen negocio con la elevación de precios y los bancos quienes se benefician de la especulación y el endeudamiento de los estados, etc. Ninguno de ellos nos salvará como no lo han hecho hasta hoy, las cifras crudas de las repercusiones de la pandemia lo demuestran.

Las mujeres no queremos ser heroínas o mártires de la pandemia, cargando en nuestros hombros el cuidado de los enfermos, apretando los dientes ante la violencia o resignándonos a volver al aislamiento de las cuatro paredes del hogar; lo que queremos es una vida libre y digna, y la única manera de conseguirla es luchando hombro a hombro con nuestros compañeros, nadie nos ha regalado nunca nada, todos los derechos de los que gozamos hoy han sido fruto de grandes batallas, es por eso que hoy más que nunca es necesario el llamado a una huelga de todas las trabajadoras y trabajadores, para extender y fortalecer nuestro movimiento, defender nuestras conquistas y arrebatar de una vez por todas lo que nos siguen negando.

Súmate a Libres y Combativas y lucha con el feminismo revolucionario y socialista este 8 de marzo por:

  • La aprobación de un decreto federal de control estatal total de la sanidad privada. Obligar a todos los establecimientos privados que se están frotando las manos para enriquecerse en el paso de la contingencia, a dar atención gratuita, para así poder contar con las instalaciones y personal que pertenece a este sector. Si no acceden, se deberán plantear sanciones por lucrar con el derecho humano a la salud. Las mujeres no podemos cargar con los enfermos sean graves o no, debe haber espacios dignos para poner en cuarentena a todos los que lo necesiten.
  • Inyección de emergencia de recursos equivalentes al 10% del PIB, apenas necesario para sobrellevar la crisis sin descuidar el resto de los padecimientos y programas de planificación familiar.
  • Contratación inmediata de al menos 270 mil profesionales de la salud, para cubrir el déficit que se tiene actualmente y eso tan sólo para el seguimiento regular. Es decir, las contrataciones deben ser permanentes y el salario igualitario entre hombres y mujeres del mismo puesto, a igual trabajo, igual salario. Debe haber suficiente personal para que se asegure su rotación y un ambiente seguro y libre de violencia machista; así los acosadores o abusadores que proliferan en el medio médico podrían ser sancionados y sustituidos inmediatamente.
  • Poner a disposición los hoteles y centros vacacionales para los enfermos no graves, con personal capacitado y bien protegido.
  • Adecuación y apertura de escuelas lo antes posible con las medidas sanitarias necesarias, y la construcción de nuevos centros escolares de todos los niveles para combatir el hacinamiento frente a la pandemia y para el futuro.
  • Pruebas masivas, al menos 20 mil por día a toda la población, priorizando a la de mayor riesgo de contagio y/o de agravamiento en caso de ser portador. Sin listas de espera ni selectividad rigurosa para su aplicación, realizar un procedimiento más eficiente de rastreo de contactos y aportar los kits médicos necesarios.
  • Ningún despido de trabajadores, ni trabajadoras. ¡No pagaremos su crisis con nuestros empleos! Durante y después de la contingencia todos los empleos deben mantenerse aplicando el artículo 429 de la Ley Federal del Trabajo y ampliando el mes de pago por la indemnización que estipula, al plazo que sea necesario por caso de contingencia. Aplicar el subsidio de desempleo a toda la población que lo necesite en base al salario mínimo fijado ¡Ningún trabajador sin sueldo!
  • Las empresas que aleguen no poder mantener esta responsabilidad con los trabajadores, deben hacer públicas sus cuentas y ceder sus instalaciones a la gestión del Estado y los trabajadores.
  • Realizar apoyos alimentarios extraordinarios a las mujeres jefas de familia que a falta de escuelas no cuentan ya con los programas de desayunos y comedores escolares.
  • Reducción de precios. ¡No a la especulación con las necesidades de emergencia! Sancionar la elevación de precios de la canasta básica, evitar la escasez calculada para incrementar los precios.
  • Asegurar los derechos laborales de todos los trabajadores, sindicalizados o no, otorgando permisos pagados a cabezas de familia o trabajadores con dependientes económicos, y asegurar que puedan trabajar desde casa mientras dure la pandemia.
  • Asegurar la libertad de expresión, la pandemia no puede significar un discurso de “unidad” hipócrita con los que pretenden explotarnos, aprovechándose de la contingencia para incrementar sus ganancias, los empresarios no son nuestros aliados, y debemos mantener nuestro derecho a movilizarnos y luchar por defender nuestros derechos aún, pese y sobre todo por la contingencia ¡Todos y todas a la huelga este 8 de marzo!
  • Derogación de todas las reformas estructurales, eliminar el outsourcing que vulnera entre otros, el derecho a la seguridad social de las y los trabajadores, pero especialmente al de las mujeres cabezas de familia.
  • Paquete de protección social que suspenda el pago de rentas, y de todos los servicios públicos, suspendiendo cortes de luz o agua para dar protección a más de 50% de la fuerza laboral que vive al día. Duplicar los refugios gratuitos y en buenas condiciones para mujeres y sus hijos víctimas de violencia.
  • Créditos de vivienda y programas de empleo para romper la dependencia económica.
  • Licencias laborales con goce de sueldo para trabajadoras que sufran violencia doméstica.
  • Es fundamental para sortear la crisis sanitaria actual y las futuras, nacionalizar todo el sistema de salud, así como los bancos, y la industria farmacéutica y relacionadas. Un derecho tan básico como la salud no puede ser negocio para nadie ni estar en manos de los intereses de unos pocos.

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