Este 8 de marzo miles de mujeres trabajadoras y jóvenes, brillando con luz propia, hemos vuelto a llenar las calles de la CDMX y en cada Estado del país. Una vez más, demostramos que ni la pandemia ni el machismo frena nuestra lucha y mucho menos nuestra movilización. Salimos a denunciar que a un año de iniciada la primera cuarentena los motivos para luchar no sólo siguen presentes, sino que se han extendido.

La pasada movilización demuestra que hay fuerza, deseos de organizarse y luchar, pero también mucha indignación y hartazgo de que a dos años del nuevo gobierno las cosas no sólo no hayan cambiado sustancialmente, sino que ahora nos enfrentamos a un menosprecio de nuestra lucha, y a la negación abierta del problema que vivimos miles de oprimidas. El ambiente era sumamente combativo, demostraba energía, entrega, garra y mostró claramente que las oprimidas seguimos siendo la punta de lanza en las batallas contra esta barbarie social. Como Libres y Combativas estuvimos presentes dando la batalla. 

La movilización por sí misma hizo callar todas aquellas voces que exponían que no había condiciones para convocar. Incluso algunos sectores feministas de la pequeña burguesía se atrevieron a decir que como a ellas sí les interesa la vida de las mujeres, esta vez no saldrían a marchar. Este argumento no sólo lo usan las y los partidarios de la derecha y la reacción, sino que nos condena a la inacción ante la situación que padecemos todos los días; además les da oxígeno a todos aquellos sectores que desde la comodidad del reformismo establecen que todo se soluciona legislando adecuadamente, así como a los grupos del feminismo pequeño burgués que fomentan las salidas individuales de corto plazo y sin sentido.

Las miles de oprimidas que salimos a pesar de la pandemia sabemos claramente que la única vía para conquistar una sociedad libre de violencia machista es precisamente luchando en la calle. Se deben dejar de lado los pretextos por parte de las organizaciones feministas y centrales sindicales, y convocar a dar la batalla para defender los derechos arrebatados, así como también para conquistar los que aún no poseemos, como es el derecho al aborto libre, gratuito y seguro eliminando con ello su penalización, así como obtención de justicia por los feminicidios y las desaparecidas ¡Basta de excusas, sí hay fuerza:  usémosla para avanzar!

AMLO tiene que recapacitar

Es mentira que nuestra lucha no existiera antes de este sexenio; todo lo contrario, han sido años de resistencia y batallas que muchas veces se han saldado con nuestras propias vidas. Se ha acumulado mucha rabia y descontento durante todo este tiempo, que ahora se exacerban ante las declaraciones del presidente, y estallan claramente en expresiones ultraizquierdistas donde la mayoría de las asistentes no nos vemos involucradas, pero que los medios explotan al máximo para mandar un mensaje distorsionado de nuestra lucha, inhibiendo a muchas compañeras y compañeros a sumarse y generando una polarización dentro de la sociedad que sólo beneficia a nuestros explotadores.  

Estas acciones demuestran la necesidad de soluciones urgentes y concretas a la situación en la que vivimos la mitad de la población. La violencia que hemos visto en las manifestaciones es la respuesta a la actitud del gobierno; si bien ha dado apoyos sociales y ha llevado a cabo una serie de medidas, éstas son totalmente insuficientes ante lo que estamos viviendo, una muestra de ello es que los feminicidios siguen aumentando. Nuestras demandas son legítimas y llevamos años exigiéndolas; sin embargo, no han sido recogidas con agilidad y concreción. No se trata de desplegar más seguridad o aumentar la presencia de la Guardia Nacional, porque incluso muchas víctimas han sido en manos de los cuerpos policiacos y militares; no es un tema de seguridad policial, es un tema de mejorar nuestras condiciones de vida y en ese sentido no hemos visto un adelanto contundente.

Estos actos expresan también la indignación y el enojo por acusarnos de ser de derecha o decir que somos unas provocadoras. Pero cómo no indignarnos, si el gasto en inhibidores de drones, seguridad pública y el presupuesto a las Fuerzas Armadas es histórico en medio de la “austeridad republicana”, mientras que la situación de las mujeres empeora cada día   y se recrudece por la crisis sanitaria y económica; esos recursos se pudieron gastar en las necesidades reales del pueblo.

Además, una gran deuda con el movimiento social y feminista es la depuración de las fuerzas de seguridad pública, de estos sectores reaccionarios y machistas que nos reprimen en las manifestaciones y en la lucha cotidiana. Lamentablemente AMLO ha optado por otro camino, exaltando y limpiando el rostro a las fuerzas armadas y a la policía: un gravísimo error, porque la experiencia histórica nos ha demostrado que no podemos confiar en este cuerpo de hombres armados en defensa de los intereses de la clase dominante. Los altos mandos, los jueces y los magistrados saben claramente de qué lado están y cuando se vean en una posición más favorable no dudarán en usar su poder e infraestructura contra quienes les cuestionamos sus intereses. 

A AMLO se le olvida que está donde está gracias a la lucha del pueblo, en la que las mujeres tuvimos y tenemos un papel de primera línea. Había muchas expectativas con este gobierno que no se están cumpliendo y aquí está el resultado; o cumple con esa base social o nos veremos en las calles las veces que sea necesario, porque gobierne quien gobierne los derechos deben defenderse.

Por un feminismo eficaz y que haga avanzar la lucha 

Las acciones de destrucción de grupos limitados que priorizan el enfrentamiento son producto de la rabia ante a la gravedad de la situación, pero son totalmente ineficaces e incapaces de ofrecer una alternativa política de largo plazo y de fondo. Su rabia y desesperación son producto de la cerrazón del gobierno y también de la ineptitud y desmovilización de las organizaciones sindicales y políticas, que al igual que el sector ultraizquierdista no son capaces de brindar una solución o alternativa organizativa tangible para millones de trabajadoras en el país.

Como lo vimos el año pasado, la entrada en escena de miles de trabajadoras puso el sello en la marcha; mediante la organización, la discusión y la colectividad, logramos llegar al zócalo, llenarlo y demostrar nuestra fuerza, así como integrar a nuevas capas, politizarlas y ampliar la organización; ése es el camino.

La naturaleza aborrece el vacío, y este año, ante la falta de sectores más proletarios, los sectores más anarquizantes destacaron. Por eso, desde Libres y Combativas hemos insistido en que no vale por convocatoria mandar un cartel por redes sociales; es necesario hacer un trabajo político de concientización en los sindicatos, llamar a asambleas por centro de trabajo para explicar nuestra lucha y organizar contingentes combativos, defendiendo un feminismo de clase y anticapitalista.

Otro aspecto del feminismo no eficaz es culpar de la situación y poner como principal enemigo a los hombres; este debate es de primer orden en nuestra lucha. Hemos reiterado que la unidad y la fuerza no se construyen en líneas de género, sino en líneas de a qué clase social pertenecemos. Nosotras no tenemos nada que ver con las mujeres ricas, empresarias, burguesas que no sólo fomentan e impulsan nuestra opresión, sino que además se benefician de ella. El poner a los individuos como culpables del problema es desviar la atención hacia nuestro verdadero enemigo: el sistema capitalista. Si bien las personas son las que llevan a cabo acciones machistas, el problema de fondo es que los representantes del capitalismo difunden y se sirven de ese machismo.

El sistema es quien reproduce estos estereotipos, es quien inunda los medios y la cultura de que nuestros cuerpos se pueden comercializar sexualmente, o de que los cuerpos de las mujeres son desechables. ¿A quién le conviene que haya desigualdad entre hombres y mujeres? A los empresarios y a la patronal que se enriquecen con la desigualdad salarial y trabajos precarios. ¿A quién le conviene la sexualización de nuestros cuerpos? A todas las empresas capitalistas de moda. Son las instituciones de justicia que mandan el mensaje de que a una mujer se le puede violar, acosar o asesinar sin ninguna consecuencia. El problema de fondo no son nuestros pares masculinos, sino el sistema, y si no atacamos el fondo del problema, seguirá habiendo individuos que reproduzcan esta cultura machista y patriarcal al grado de monstruosidades como el feminicidio. Por eso defendemos un feminismo anticapitalista, de clase y revolucionario.

El oportunismo descarado de la derecha

Este año nuevamente la derecha se hizo presente en nuestra movilización. Esto es sumamente peligroso, y el movimiento feminista combativo en su conjunto debe de pronunciarse exigiendo la salida de la derecha, no sólo de nuestras movilizaciones sino de toda nuestra lucha. Su oportunismo electoral nos da náuseas; quieren engancharse a nuestras demandas para atacar a un gobierno que no les beneficia del todo, pero a las oprimidas y los oprimidos no se nos olvida que ellas y ellos son los causantes y motivadores de nuestra opresión.

Es un descaro que Margarita Zavala se llame feminista, cuando esta mujer es conservadora por excelencia; desde sus costumbres religiosas incompatibles con nuestras demandas hasta la violencia, opresión y explotación hacia las mujeres en donde su partido ha gobernado, incluyendo el sexenio de Felipe Calderón y toda su misoginia y machismo. Esta gente no nos representa, desde el feminismo revolucionario y anticapitalista que defendemos como Libres y Combativas sí hacemos distinción: para nosotras, las mujeres de la burguesía no luchan por lo mismo que nosotras, pues ellas y ellos pretenden defender su derecho a vivir “en paz”, la misma paz que les ha permitido explotar a otras mujeres y hombres más humildes y vulnerables que ellos con total impunidad; nosotras, en cambio, queremos acabar no sólo con la opresión de género sino también de clase.

Los gobiernos del PRIAN tiñeron de sangre el país con el incremento exponencial de los feminicidios, los cuales aumentaron 68% durante el gobierno de Calderón y 49% tan sólo en el primer año del gobierno de Peña Nieto. La derecha siempre hizo oídos sordos a nuestras demandas, han permitido que sigan existiendo mafias que lucran con nuestros cuerpos, han solapado condiciones laborales deplorables para las mujeres, han dejado impunes a feminicidas y violadores, se han opuesto a la legalización del aborto provocando con ello que sigan ocurriendo miles de muertes, y ahora vienen a decirnos que esta es su lucha. No tiene límites el descaro del PRI al exigir “justicia para todos los feminicidios” cuando gobierna el Estado de México, entidad con las cifras históricamente más altas en violencia machista y feminicidios.

Es claro que a la derecha nunca le han interesado ni le interesarán nuestras vidas, pero también es clara su desesperación por sobrevivir; este intento oportunista de montarse en las demandas del feminismo únicamente demuestra su debilidad política y militante, le viene bien colgarse de un movimiento auténtico para atacar a López Obrador y sobre todo para poder ganar terreno en las próximas campañas electorales. Pero también se trata de un intento por diluir el contenido anticapitalista y antipatriarcal, para sustituirlo con una burda denuncia de la violencia en abstracto sin señalar a los responsables, pues tendrían que señalarse a sí mismos y a sus partidos.

La única manera de combatir el oportunismo de la derecha y las infiltraciones de intereses ajenos al movimiento feministas  es con la lucha organizada, amplia y democrática, llamando siempre a la acción; llenar de combatividad y conciencia cada una de las acciones que realizamos, llamar a acciones concretas para acabar con la violencia y no abandonar las calles dándole un contenido revolucionario, dejando claro que esta lucha es contra el machismo y el sistema capitalista que nos oprime, violenta y explota.

Por una organización permanente, democrática y combativa

Este 8 de marzo se demostró que ¡Sí se puede! Y ahora más que nunca tenemos razones para luchar. Nunca nadie nos ha regalado nada, todo lo hemos conquistado luchando combativamente y hay un gran ánimo para continuar. Las manifestaciones en todo el país pusieron en evidencia que somos miles de mujeres las que tenemos deseos de transformar esta realidad, por eso consideramos que nuestra lucha debe ser permanente; sólo a través de ella lograremos que los deseos se concreten en medidas efectivas: depurando a las instituciones de justicia, a la policía y el aparato del Estado de machistas y represores. Poniendo en marcha de una vez por todas la igualdad salarial, el derecho a una vivienda pública digna, a un puesto de trabajo decente o un subsidio de desempleo que nos permita escapar de la miseria y la violencia. Implementando una asignatura de educación sexual inclusiva en nuestras escuelas.

Hoy más que nunca es el momento de levantar la bandera del feminismo revolucionario y seguir señalando a nuestros opresores y opresoras. Como han demostrado nuestras hermanas en Argentina: ¡la lucha es el único camino! Para seguir dando pasos adelante, debatir y seguir organizándonos, te invitamos a participar con nosotras y nosotros para luchar no sólo contra el machismo sino también contra este sistema capitalista que únicamente nos ofrece feminicidio, impunidad, miseria y explotación. 

¡Viva el 8M combativo, día de la mujer trabajadora!

¡Ni violencia machista, ni represión, ni derecha!

¡Únete a Libres y Combativas!


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