Frente a las maniobras de la burguesía y el aparato demócrata
¡Necesitamos un partido independiente de la clase trabajadora y la juventud!

Iowa y New Hampshire han inaugurado la carrera para elegir al candidato demócrata que se enfrentará a Donald Trump el próximo noviembre. Por primera vez, un candidato que se declara socialista – Bernie Sanders – lidera las encuestas a nivel nacional. Mítines multitudinarios y recaudaciones récord corroboran el gran apoyo que el senador de Vermont ha cosechado con su discurso contra el 1% y en defensa de la clase trabajadora. Las alarmas han sonado a todo volumen en los despachos de los grandes magnates y sus representantes políticos – muchos de ellos al frente del Partido Demócrata - . Las maniobras para evitar su victoria no han hecho más que empezar.

Hace apenas unas semanas la Cumbre del Foro Económico Mundial celebrada en Davos señalaba a EEUU como el principal factor de riesgo político para el año 2020. No les faltaba razón. Y es que pese a los optimistas datos económicos que sitúan a EEUU como un país con prácticamente pleno empleo y el mayor período de crecimiento de su historia, las bases sobre las que se ha “resuelto” la crisis de 2008 son más que dudosas y amenazan con un efecto boomerang elevado al cubo. El empobrecimiento generalizado de la clase trabajadora, la precariedad o el debilitamiento de las capas medias son algunos de los síntomas que muestran cómo esta recuperación ha sido vivida como una recesión para la mayoría: es el sueño americano convertido en pesadilla.

Las conclusiones políticas que amplias capas han sacado en este contexto y su efecto en la lucha de clases también están siendo profundas. Desde el movimiento Occupy Wall Street en el año 2011 hasta la reciente e histórica huelga de seis semanas en la General Motors, pasando por el movimiento Black Lives Matter, las mujeres que recibieron a Donald Trump con manifestaciones masivas, las movilizaciones contra los centros de internamiento de inmigrantes, la lucha por el salario mínimo de 15$ por hora o el levantamiento de los profesores de West Virginia que se extendió por todo el país alcanzando victorias… todos estos ejemplos expresan el giro profundo a la izquierda que se ha gestado en el seno de la sociedad norteamericana.

Bernie Sanders: la expresión política del giro a la izquierda en EEUU

La irrupción de Bernie Sanders en 2016 y su apoyo cada vez más masivo sólo encuentran explicación sobre esta base. Defendiendo la sanidad pública, gratuita y universal y la cancelación de la deuda billonaria de los estudiantes hipotecados, denunciando al 1% que se ha hecho de oro a costa de hundir las condiciones de vida de la mayoría y apoyando las principales luchas que se han desarrollado en estos años, Sanders ha logrado desempolvar la “vieja idea” del socialismo. La ha desprendido de toda rémora negativa y ésta se ha convertido en una fuerza poderosa en la mente de millones. Aunque no sea un marxista ni un revolucionario y - por muy amplia o confusa que pueda resultar hoy en EEUU la idea del socialismo - lo que es evidente es que marca un punto de ruptura: un enfoque clasista y de izquierdas es entendido hoy por millones como la única alternativa para transformar su realidad. Es un punto de inflexión que viene marcado por la fuerza desde abajo y que ha encontrado su expresión en la candidatura de este veterano.

Sanders no sólo habla de “clase trabajadora” sino que sus campañas -tanto en 2016 como ahora- han puesto sobre la mesa por la vía de los hechos la ruptura con el “establishment demócrata” en favor de una campaña construida desde abajo, con la participación de los movimientos sociales, sindicatos y luchas más destacadas. Una de sus banderas ha sido el rechazo de las aportaciones económicas de empresas, algo muy tradicional y público en este tipo de campañas en EEUU. El efecto que esto ha tenido ha sido lograr cifras récord de donaciones con respecto al resto de candidatos: concretamente 121 millones de dólares en un año, de los cuales un 63% corresponden a donaciones de menos de 200 dólares – que dicen mucho del tipo de donantes: aportaciones humildes de gente trabajadora-.

No es ninguna casualidad que el senador de Vermont se haya convertido en el favorito indiscutible entre la juventud: el favorito de quienes han vivido toda su vida consciente bajo una crisis económica de cuyos ataques parece imposible escapar. La lucha y la movilización, el descrédito del sistema y la necesidad de cambiarlo se asumen con la mayor naturalidad entre este sector que está transformando -con su precariedad, su pluriempleo o su incapacidad para comprar una vivienda - a la clase trabajadora norteamericana, constatando el final de los “viejos buenos tiempos” y los “buenos trabajos” que tuvieron sus padres.

El aparato demócrata en guerra contra Sanders

Sanders es un enemigo declarado de la burguesía. El movimiento cada vez más poderoso sobre el que se levanta es lo que más temen los capitalistas y el efecto que podría tener su victoria como candidato demócrata para las presidenciales les provoca directamente sudores fríos. Algo así sería vivido lógicamente como una victoria del movimiento y esto desataría una fuerza y una confianza aún mayores. De hecho las propias encuestas plantean que si fuera Sanders quien se presentara contra Trump, éste vencería al magnate neoyorkino: algo que no está nada claro en el caso de ser otro el candidato demócrata.

Obama y Hillary Clinton ya han salido a la palestra para desacreditar a Sanders. “A nadie le gusta trabajar con él” aseguraba la ex candidata a los medios en unas declaraciones que dejaban ver, de forma velada, que bajo ninguna circunstancia - ni siquiera aunque ganase las primarias - se ganaría su apoyo. Obama en cambio, optaba por las redes sociales para decir que el discurso del viejo socialista y su programa estaban #Toofarleft (demasiado a la izquierda) para la sociedad norteamericana. Las miles de respuestas cargadas de indignación que provocó este comentario entre los seguidores de Sanders lo convertirían en trending topic en apenas unas horas.

Lo que está en juego es mucho y por eso los intentos por deshacerse del senador de Vermont no podían quedarse sólo en declaraciones o tweets. El aparato demócrata también ha construido de la nada una candidatura “de izquierdas” para hacer sombra a Sanders: Elisabeth Warren, una autodeclarada “capitalista hasta los huesos” que, no obstante, tomaba algunas de las ideas de Sanders como la sanidad pública para tratar de ocupar ese espacio creciente a la izquierda. Ha relatado a diestro y siniestro la historia de su familia – la de la clase media golpeada y con dificultades para pagar el alquiler – para ganar puntos. Hasta ahora parece que tampoco les ha servido de mucho.

La desesperación del aparato del Partido Demócrata ha quedado visiblemente manifiesta en las primeras elecciones demócratas en el estado de Iowa, donde Sanders era el claro favorito. Con unos resultados y un recuento más que dudoso, el completo desconocido Pete Buttigieg, se autoproclamaba ganador antes incluso de terminar el primer recuento. El desconcierto y la indignación ante lo que parecía ser un intento de pucherazo de la peor especie, obligaban a extender durante varios días el nuevo recuento de los votos. El descaro de la maniobra y el efecto provocado llevaban a que finalmente se declarase un “empate técnico” entre Buttigieg y Sanders, aunque el primero haya obtenido por los pelos un delegado más y el segundo una victoria en el voto popular.

La siguiente cita, New Hampshire, ha dado la victoria a Sanders, que ha sacado mayor número de votos aunque empata en delegados con Buttigieg. El sistema de elección de candidatos en las primarias demócratas está plagado de mecanismos que permitirían una derrota final de Sanders aunque lograse más votos que cualquier otro candidato. A pesar de todo, lo que se confirma en los resultados de estos dos primeros estados es que los candidatos por los que apostaba el aparato del partido se han estrellado. En New Hampshire, por ejemplo, Joe Biden -vicepresidente de Obama - o Elisabeth Warren quedaban por debajo del 10% del voto y por tanto sin ningún delegado.

El Partido Demócrata no se puede reformar ¡Por un partido independiente de la clase trabajadora!

El hecho de que no exista en EEUU un partido de izquierdas, de clase, ni siquiera un partido socialdemócrata clásico como existen en Europa ha provocado siempre una enorme distorsión: el Partido Demócrata ha sido tradicionalmente donde se ha concentrado el voto “más progresista” y de izquierdas frente al discurso abiertamente reaccionario del Partido Republicano. Pero los vínculos entre la clase dominante -el famoso 1% - y el Partido Demócrata son indestructibles. No es posible transformar el Partido Demócrata en el partido de la clase trabajadora norteamericana. La gran contradicción es que pese a ser uno de los partidos de la burguesía norteamericana ¡tienen a su principal enemigo ganando elecciones primarias y liderando las encuestas de su propia formación! De ahí que los mayores ataques a Sanders vengan de las filas del propio partido que pretende liderar.

La carrera hasta la convención nacional del Partido Demócrata - que se celebrará en Junio – será todavía larga. Aún quedan la mayor parte de los estados por votar. Nevada y Carolina del Sur serán los siguientes en este mes de febrero, y el 3 de marzo – conocido como Supermartes – lo harán de forma simultánea 14 estados más. Las maniobras se sucederán sin lugar a dudas para evitar que el veterano de Vermont logre la victoria. La burguesía hará todo lo posible por evitar ese escenario, que sería el peor para ellos y tendría efectos profundos en la lucha de clases de la primera potencia mundial.

El punto central es lo que está revelando todo este proceso: una situación inmejorable para que Sanders rompa de una vez con el podrido Partido Demócrata y lance su propia candidatura independiente - con un partido de clase y un programa izquierdas que ponga sobre la mesa todas las reivindicaciones del movimiento, que confronte con los grandes poderes económicos y defienda los derechos de la mayoría basándose en el enorme movimiento y apoyo que ha cosechado en esta campaña - . La campaña contra él sería aún más furiosa pero, pasase lo que pasase con los resultados, esto sería un paso de gigante para la clase trabajadora y la juventud norteamericana.

Es necesario sacar las lecciones del pasado. Si en 2016 los capitalistas no permitieron que Sanders saliera elegido candidato, ahora tienen aún más razones que entonces para evitarlo. La clase trabajadora y la juventud necesitamos nuestras propias herramientas y nuestro propio programa, en defensa de nuestros intereses – los de la mayoría – y nunca dentro del Partido Demócrata podremos defenderlo. Sería un gran error que Sanders apoyara a otro candidato demócrata si sale derrotado en las primarias. Generar cualquier tipo de esperanza en el Partido Demócrata sería engañar a todos los que se han volcado en su campaña y se han entusiasmado con sus ideas. El Partido Demócrata no es una alternativa. Necesitamos levantar una alternativa revolucionaria y luchar por la transformación socialista de la sociedad para acabar con toda la miseria a la que nos somete este sistema. Eso es lo único que podrá liberar a los oprimidos y oprimidas en Norteamérica.


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