Un análisis desde el marxismo revolucionario

Para la izquierda comunista y antiimperialista es una obligación abordar las amenazas de intervención militar del presidente Trump en Irán desde un punto de vista internacionalista y de clase. Por eso rechazamos sin ninguna reserva cualquier ataque desde Washington, porque sus objetivos no son reestablecer ninguna democracia, ni otorgar la libertad al pueblo iraní.

Lo ocurrido con el genocidio sionista en Gaza, o con el secuestro de Nicolás Maduro, deja en evidencia esta demagogia ridícula que oculta los intereses depredadores del imperialismo occidental y de sus grandes monopolios por hacerse con el petróleo iraní y establecer un régimen títere vasallo.

Al mismo tiempo, este rechazo a los planes criminales del imperialismo estadounidense debe ir unido a la denuncia y la lucha contra el régimen teocrático reaccionario de los mulás. Pensar que la dictadura integrista de Teherán es un aliado de la clase obrera en la lucha contra el imperialismo es ridículo. La masacre perpetrada en las últimas semanas contra miles de trabajadores y jóvenes, la opresión contra las mujeres y las nacionalidades oprimidas, deja claro la naturaleza reaccionaria de este régimen, que nació en 1979 apoyado por los capitalistas occidentales para evitar el triunfo de la revolución socialista[1].

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" Los objetivos del imperialismo yanqui en Irán no son reestablecer ninguna democracia, ni otorgar la libertad al pueblo iraní. Esta demagogia ridícula oculta los intereses depredadores para hacerse con el petróleo iraní y establecer un régimen títere vasallo.  "

Una posición internacionalista y antiimperialista de clase

Organizaciones antiimperialistas de izquierdas con presencia en Irán han denunciado las dimensiones de esta represión: los disparos y ametrallamientos de las fuerzas policiales contra manifestantes indefensos han podido causar entre 10.000 y 20.000 víctimas. El propio líder iraní, el ayatola Alí Jamenei, hablaba de “miles de muertos”.

Trump y sus títeres de la oposición burguesa iraní utilizan de forma despreciable esta masacre en su beneficio. Los mismos que han asesinado al pueblo palestino utilizando bombas de fósforo, planificado una hambruna letal que golpea a decenas de miles de niños y niñas, los que han destruido las infraestructuras sanitarias y el 90% de las viviendas, arrasando con todo lo que permite la vida humana y ahora deciden coronar este Holocausto con una limpieza étnica definitiva, pretenden presentarse como adalides de la lucha contra una dictadura.

¡Pero sí su apoyo al régimen nazisionista de Netanyahu es incondicional, y dentro de EEUU organizan una Gestapo del siglo XXI para combatir al enemigo interno, a la clase obrera inmigrante, y a la juventud y los trabajadores que han decidido levantar una resistencia masiva!

Mantener una firme posición antiimperialista no tiene nada que ver con blanquear el integrismo islámico, a la burguesía iraní y a sus patrocinadores del otro bloque imperialista liderado por Rusia y China.

La política seguidista de “el enemigo de mi enemigo es mi amigo” ha mostrado sus consecuencias nefastas en todas partes. Los casos más recientes son Gaza y Cisjordania, con el abandono criminal del pueblo palestino por parte de los imperialistas chinos y rusos, y del propio régimen iraní, en quienes cifraban sus esperanzas los defensores de estas políticas. O Venezuela, donde Beijing y Moscú no dudaron en dejar caer a Maduro, uno de sus principales aliados, con el que mantenían acuerdos comerciales y de “defensa militar estratégica”.

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" La política seguidista de “el enemigo de mi enemigo es mi amigo” ha mostrado sus consecuencias nefastas en todas partes. Los casos más recientes son Gaza, Cisjordania, o Venezuela que han sido abandonados a su suerte por los imperialistas chinos y rusos.  "

Los supuestos “amigos de los pueblos oprimidos”

Las inversiones chinas en Irán, que han crecido hasta alcanzar decenas de miles de millones de dólares en los últimos años, solo benefician a la clase dominante. La crisis del capitalismo iraní ha incrementado exponencialmente las desigualdades y la pobreza, provocando levantamientos y movimientos de masas a lo largo de los últimos quince años que han sido violentamente reprimidos por la casta religiosa, burocrática y militar que domina el aparato estatal y está completamente fusionada con los capitalistas.

Pero lo ocurrido en este enero ha representado un salto cualitativo. En el último año el Gobierno iraní aplicó recortes presupuestarios y sociales salvajes, incluidos subsidios claves para la subsistencia, y aumentó los impuestos a los pequeños y medianos comerciantes. A ello se suma una hiperinflación que duplica o triplica los precios de productos esenciales mientras un puñado de capitalistas se hacen de oro especulando.

La población soporta también una crisis energética crónica por desinversión en infraestructuras eléctricas, con apagones constantes que golpean la capacidad productiva y la vida cotidiana; una crisis brutal de la vivienda que obliga a millones a vivir en condiciones infrahumanas y una sequía endémica agudizada por la crisis climática.

El aumento del 67% en el precio de la gasolina hizo estallar todo el malestar acumulado. La movilización de los comerciantes de los bazares y sus familias, un pilar del régimen desde 1979, animó a la juventud y la clase obrera a pasar a la acción desatando una rebelión generalizada.

Para aplastarla, el régimen se ha basado en el ejército y la policía, y especialmente en la  autodenominada  “Guardia Revolucionaria”. Esta fuerza de choque, que algunos presentan como parte del llamado “eje de la resistencia”, ya desempeñó un papel contrarrevolucionario durante la revolución de 1979, reprimiendo sangrientamente a la izquierda anticapitalista y a la vanguardia obrera.

Desde entonces, los oficiales de esta Guardia y del Ejército se han convertido en un sector clave de la clase dominante que controla del 20 al 40% de la economía, incluida una de las principales constructoras -encargada de buena parte de las obras del régimen- y varias grandes empresas vinculadas a la exportación de petróleo y otras inversiones chinas. Sobre esta base, mantiene a centenares de miles de milicianos armados y redes de espionaje que utilizan para atemorizar a la población y aplastar cualquier foco de descontento.

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" Los partidarios de la vuelta del sha son agentes políticos de EEUU. La lucha heroica de las masas iraníes han vuelto a plantear la cuestión del poder y la necesidad de un derrocamiento revolucionario del régimen integrista que abra paso a un Irán socialista.   "

Pero la crisis del capitalismo iraní también ha ido reduciendo su base. Aunque han podido ahogar en sangre las recientes manifestaciones, una represión tan brutal ha impactado la conciencia de las masas, marcando un antes y un después. El régimen ha salido de estos acontecimientos seriamente tocado. Su carácter reaccionario y criminal se ha desvelado ante millones en todo el mundo, empezando por los países árabes y musulmanes.

Obviamente, los comunistas revolucionarios rechazamos frontalmente las maniobras de sectores de la burguesía exiliada de Irán, de los partidarios de la restauración del sha, que en la práctica actúan como agentes políticos de Washington. La lucha heroica de las masas iraníes ha vuelto a plantear la cuestión del poder y la necesidad de un derrocamiento revolucionario del régimen integrista que abra paso a un Irán socialista. 

Trump sube la apuesta

Viendo esta brutal crisis interna, Trump ha retomado la ofensiva que ya lanzó junto a Netanyahu en junio de 2025.

Entonces, intentaron forzar mediante bombardeos durante 12 días un cambio de régimen en Teherán, pero China y Rusia suministraron misiles y tecnología avanzada a Teherán, que puso en evidencia el “inexpugnable” sistema defensivo sionista.

El propio Trump recibió un mensaje disuasorio inequívoco, con un ataque iraní a la principal base militar regional estadounidense en Catar que no ocasionó víctimas pero mostró la capacidad de causarlas. A ello se unió la amenaza de Teherán de cerrar el estrecho de Ormuz, por el que pasa el 15% del comercio mundial.  EEUU e Israel se vieron obligados a dar un paso atrás. Pero, como explicamos entonces[2], nada se había resuelto y nuevos enfrentamientos y ataques eran inevitables.

Según fuentes próximas al círculo de confianza de Trump, existía un plan sobre la mesa para atacar Irán en enero[3]. Aliados como las monarquías reaccionarias del Golfo Pérsico (Arabia Saudí, Catar, Omán y Emiratos Árabes Unidos), Egipto, Turquía y el propio Netanyahu, incluso la CIA y un sector de la propia clase dominante estadounidense, presionaron para aplazarlo.

Temían los efectos de una agresión de las dimensiones que se barajaban pudiese desembocar en una guerra prolongada y costosa y las consecuencias políticas de ello en Oriente Medio y en los propios EEUU[4].

Pero el imperialismo yanqui ha mantenido todas las opciones abiertas y, envalentonado por sus victorias recientes en Venezuela, por las exigencias sobre Groenlandia sin que la UE plante cara, y las vacilaciones y dudas de sus rivales, ha seguido escalando en sus amenazas, enviando una flota de guerra a Irán que según diferentes analistas posee un poder de ataque bastante superior al desplegado para cercar Venezuela. A esto se suman los 40.000 soldados que EEUU ya mantiene en diferentes países de Oriente Medio.

Esta presión ha hecho retroceder al Gobierno iraní de una posición desafiante a aceptar varias de las condiciones de Washington sobre el programa nuclear iraní. En el trasfondo de todo, se trata de apuntalar y consolidar los avances que el imperialismo estadounidense ha logrado en Oriente Medio y debilitar al máximo a Teherán, e indirectamente a China y Rusia.

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" EEUU ha mantenido todas las opciones abiertas y, envalentonado por su victoria en Venezuela, la falta de respuesta de la UE frente a sus pretensiones sobre Groenlandia y las vacilaciones de sus rivales, ha seguido con sus amenazas, enviando una flota de guerra a Irán.  "

Tras la primera ronda de negociaciones en Omán, Trump anunciaba una posible flexibilización de las sanciones al régimen iraní a cambio de diferentes concesiones, sin retirar sus amenazas de ataque si Teherán no sigue cediendo.

Perspectivas inciertas

Los acontecimientos en Irán también han dejado en evidencia a los imperialistas chinos y rusos, que han dado el visto bueno a la represión. Aunque China y Rusia no cargan con el historial de crímenes de Washington, están demostrando una y otra vez que solo se mueven para preservar los beneficios de sus monopolios y sus intereses geoestratégicos.

Beijing firmó en 2021 un acuerdo de cooperación con Teherán que contempla inversiones por 400.000 millones de dólares a lo largo de 25 años. A cambio, Irán le vende su petróleo con descuento, y ya representa el 16% de las importaciones de crudo chinas, siendo su tercer suministrador tras Arabia Saudí y Rusia.

Las inversiones previstas por Beijing en Irán no se limitan al sector petrolero y abarcan prácticamente todos los sectores: energía, infraestructuras, transporte, telecomunicaciones, banca, etc. Pero de 2021 a 2023 las inversiones ejecutadas apenas llegaron al 1% y en 2024 y 2025 han seguido llegando con cuentagotas.

Según datos del Gobierno iraní, el comercio no petrolero entre ambos países no se ha cortado, como sí ocurrió con Venezuela desde 2018, incluso ha seguido creciendo, alcanzando 34.100 millones en el último año iraní, finalizado el 20 de marzo de 2025[5].

Pero la baja ejecución de las inversiones chinas en Irán y la ralentización de los intercambios comerciales contrasta brutalmente con el incremento vertiginoso de las inversiones y el comercio de Beijing con Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Irak o Egipto, e incluso Israel, y con el peso creciente que las monarquías del Golfo o Pakistán han ido adquiriendo en los nuevos proyectos de la Ruta de la Seda.

Frente a la ofensiva global de Trump y el imperialismo estadounidense, China y Rusia han apostado, al menos de momento, por concentrarse en sus áreas de influencia más próximas: Ucrania, Taiwán y el Mar de China, eludiendo un choque directo en zonas que no consideran vitales a corto plazo, apostando porque la superioridad económica de Beijing les garantice imponerse a medio plazo. 

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" Un Irán bajo control de EEUU, o que se vea obligado a hacerle concesiones importantes, sería un golpe al prestigio y autoridad de China y Rusia superior al infligido en Venezuela y animaría a  Washington a incrementar su ofensiva con fuerzas redobladas.  "

Pero es una estrategia arriesgada. La conciencia de la propia fuerza y la decisión para utilizarla hasta el final es un factor de primer orden tanto en la lucha de clases como en la pugna interimperialista. Trump y el imperialismo yanqui están rebasando líneas que hasta ahora no se habían atrevido a cruzar. Y están consiguiendo avances importantes.

Un Irán bajo control estadounidense, o que se vea obligado a hacerle concesiones importantes, sería un golpe al prestigio y autoridad de China y Rusia superior al infligido en Venezuela y animaría a  Washington a incrementar su ofensiva con fuerzas redobladas.

Por supuesto es imposible trazar una perspectiva cerrada sobre lo que ocurrirá, pero la pugna imperialista entre los bloques liderados por EEUU y China y Rusia se va a agudizar considerablemente con nefastas consecuencias para los pueblos del mundo. Cualquier acuerdo explícito o implícito al que lleguen para repartirse momentáneamente áreas de influencia se firmará sobre la sangre y la opresión de millones y será el preámbulo, más pronto que tarde, de nuevos choques y guerras.

Notas: 

[1]La represión salvaje no frena el levantamiento contra el régimen de los Mulás

[2]Trump incendia Oriente Medio con su ataque a Irán, y ahora quiere una paz podrida

[3]Trump aumenta la presión contra Irán mientras sopesa una acción militar

[4]Irán gana tiempo para evitar un ataque de Estados Unidos

[5]Comercio no petrolero entre Irán y China alcanza los 34.100 millones de dólares

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