La perspectiva para la economía mexicana este 2026 no es nada alentadora. Se encuentra entre la incertidumbre y la subyugación en medio de la rebatinga imperialista y dependiente de la economía estadounidense decrépita. La confrontación imperialista se traduce para México en amenazas de intervención militar, tirones y chantajes constantes de Trump, y todo indica que nuestro principal socio comercial no se saciará con el claro alineamiento de Claudia Sheinbaum con Washington para cerrarle el paso a China, necesita más: más saqueo de los recursos naturales, mayores ventajas en el T-MEC y mano de obra barata.
Dependencia histórica
El miércoles 14 de enero, Sheinbaum afirmaba: “Es mucho mejor que nos mantengamos como América del Norte para competir con China, que solito Estados Unidos, a ellos les conviene”. Una declaración muy reveladora de la posición que ha tomado la presidenta de México en la lucha interimperialista por la hegemonía mundial. Y es que hasta la fecha la presidencia ha incrementado aranceles a China, ha llevado a cabo las peticiones en materia de migración dictadas desde Washington, ha respondido a las exigencias de la supuesta lucha contra el narcotráfico y, aunque no le quiera llamar intervencionismo, eso lo que es.
De seguir así, la economía mexicana está aún más condenada a ser arrastrada por EEUU. El primero de enero de este año entraron en rigor los últimos incrementos arancelarios, que hasta ahora suman 1,463 fracciones arancelarias sobre China. Esta es solo una parte de la política gubernamental de incremento de entre el 5 y hasta el 50 por ciento a las importaciones de países con los que México no tiene un tratado de libre comercio, pero la realidad es que es una política dirigida contra China, al ser este país su segundo socio comercial en importaciones.
EEUU, desde el primer periodo de Trump, en 2017 inició una guerra comercial para desacoplarse de China y depender en menor medida de sus importaciones. El problema es que no ha sido capaz de sustituir esas mercancías por las propias, tal como lo desea y necesita. Si quiere seguir siendo el abanderado del imperialismo hegemónico, tiene que revertir la ventaja que China tiene actualmente. China ya aventaja a EEUU liderando 57 de 64 “tecnologías básicas”; hace 20 años, EEUU lideraba 60 de las 64 y China solo 3. La premura es mucha y eso explica su agresividad para tomar por la fuerza lo que cree que le pertenece.
Como resultado de ello, en 2023 México se convirtió en el principal socio comercial de EEUU, desplazando a China y Canadá. Sin embargo, la triangulación de importaciones ha llevado a que muchos componentes que ahora no pueden entrar directamente a EEUU, entren a través de México; se calcula que en las exportaciones hacia EEUU, el componente chino ronda al menos el 7%, pero podría ser más.
Durante los últimos 20 años la presencia de importaciones chinas e Inversión Extranjera Directa (IED) de este país ha sido creciente, y hoy se han convertido en esenciales, aunque sean mucho menos que las estadounidenses.
La negociación del T-MEC
Este 2026 se hará una nueva revisión del T-MEC y varixs analistas creen que no habrá cancelación del mismo porque eso tendría consecuencias en la certidumbre que los empresarios necesitan; lo más seguro es que todas las bravuconadas de Trump de cara a la negociación sean para sacar mayor ventaja de la que tienen hasta ahora.
La contradicción de fondo es que mientras EEUU no dé marcha atrás en su dinámica de desindustrialización, los requerimientos de insumos chinos siguen siendo una necesidad –por baratos y cada vez más eficientes–. Ridículamente, el gobierno de EEUU presiona al mexicano para detener la entrada de productos chinos, a la vez que son sus propias empresas estadounidenses, especialmente las automotrices, las que importan insumos chinos baratos para terminar la producción en territorio mexicano.
Un ejemplo es General Motors, que importa masivamente componentes chinos para su ensamble en México. En 2023, el 51% de las exportaciones automotrices hacia EEUU fueron de GM. El 70% de las importaciones que se hacen a México las hacen empresas extranjeras y el 60% de los autos importados de China lo realizaron empresas de EEUU.
Debido a las presiones de EEUU en la región y a un cambio en la estrategia económica china para orientarse más hacia su mercado interno frente al incremento de medidas proteccionistas, la inversión de China hacia América Latina se redujo en 50% de 2022 a 2024.
¿Cómo podrá mantener México las exportaciones a EEUU si no puede importar productos chinos o estos se encarecen debido a los aranceles? Esta política trumpista presionará la revisión del T-MEC este año, seguramente con un incremento del porcentaje de contenido regional en las reglas de origen, es decir, que las mercancías producidas en la región (Norteamérica) sea por arriba del 75 por ciento actual. Entonces, Canadá, México y EEUU deberán producir más insumos que antes importaban de China, o, con el ya conocido método del trumpismo, se obligará a México y Canadá a importar insumos “made in USA”. Es decir, EEUU buscará someter a sus aliados más próximos a comprarle exclusivamente a él y producir exclusivamente para él.
Pero el plan de sustitución de importaciones planteado en el Plan Nacional que impulsa Sheinbaum para hacer frente a las exigencias de EEUU requeriría al menos una década para llevarse a cabo. Estamos ante la crónica de una asfixia económica anunciada.

La sumisión total
Tras el asalto a Miraflores y el secuestro de Maduro y Cilia en Caracas, Trump dejó de lado la demagogia y planteó muy claramente sus intenciones: tomar el petróleo venezolano y otras riquezas (el oro, por ejemplo), convertir a Venezuela en una colonia y romper el vínculo comercial de Venezuela con China, Cuba, Rusia e Irán. Exclusividad total.
Estas son las intenciones de Trump en Venezuela ¿por qué no serían las mismas para México, que tiene a EEUU como su principal socio comercial y al que dirige el 83 por ciento de sus exportaciones?
Los países excoloniales sabemos muy bien lo que significa esto, y no son grandes inversiones para mejorar la infraestructura, ni modernización, ni tampoco es pleno empleo. Se trata de despojo de recursos naturales y de territorios, destrucción de ecosistemas, miles de desplazadxs, opresión a comunidades indígenas, genocidios y precariedad laboral.
La ahora tan popular pregunta de “¿qué se puede hacer con una pistola en la cabeza?”, es otra forma del “posibilismo”. No es más que autocomplacencia para lxs reformistas en la época en la que las reformas son imposibles y no queda más que adaptarse al sistema y subyugarse, disfrazándolo de “estrategia”. Pero, es más utópico pensar que Trump se detendrá con llamados a la razón, como ha hecho AMLO, que combatir uniendo la lucha de la clase trabajadora estadounidense –ya en pie– y latinoamericana, con el espíritu antiimperialista que le caracteriza.
La experiencia de Venezuela nos ha dejado claro que diversificar tampoco es una opción como garante de estabilidad y no intervención. ¿En dónde están ahora los aliados y principales socios comerciales de Venezuela?
Claudia ha tomado el camino utópico, intentando negociar y contener a la bestia naranja, pero la debilidad invita a la agresión y no podemos esperar ningún tipo de consideración de un individuo que ha creado las camisas pardas del siglo XXI, que secuestra niñxs latinxs, les usa como carnada, les separa de sus padres y les mantiene en condiciones inhumanas.
Los empresarios del tipo Trump están acostumbrados a que, si no tienen algo, lo toma por la fuerza o el chantaje, eso aplica desde una chica de 15 años hasta una isla enorme. Y la impunidad, como en el caso de la violencia machista, si no se detiene, es gasolina para que estos abusadores sigan avanzando. El silencio y la complicidad de la mal llamada “comunidad internacional” no ha hecho más que dar manga ancha a este supremacista fascistoide y no se detendrá hasta que se le ponga un alto.
Trump dice muchas mentiras, lo sabemos, y una de ellas es que “su límite es su moral”, pero es mentira. Su límite no vendrá de la “comunidad internacional”, sino del levantamiento social que a su paso genera por todo el mundo: contra la anexión de Groenlandia, el asalto en Caracas, o el genocidio en Palestina; pero fundamentalmente en su propio país, con el movimiento “No reyes”, que ha movilizado entre 5 y 7 millones de personas, y el “ICE out” que ha generado una resistencia y autoorganización barrial sin precedentes. La lucha de clases, no la diplomacia burguesa, será quien trace los límites al imperialismo.
Este es el camino que hay que seguir en toda latinoamérica. Como diría Emiliano Zapata: ¡La tierra para quien la trabaja!, pero también: ¡Las fábricas para quien produce!, y, ¡América para los pueblos americanos!












