El 8 de marzo no es una fecha conmemorativa ni un día de discursos vacíos. Es una jornada de rabia, memoria y lucha. Aunque en el discurso oficial se hable de avances en igualdad y derechos, la vida cotidiana de millones de mujeres sigue atravesada por la violencia, la precariedad laboral, la sobrecarga de cuidados y la discriminación estructural.

Violencia feminicida: una emergencia permanente

México vive una crisis de violencia contra las mujeres. Los feminicidios, transfeminicidios, desapariciones, agresiones sexuales y violencia familiar, forman parte de una realidad cotidiana que el Estado no ha logrado —ni querido— erradicar de raíz. Durante 2025, cada día, 16 mujeres fueron asesinadas por el simple hecho de ser mujeres, mientras la impunidad sigue siendo la norma.

Las denuncias suelen encontrarse con ministerios públicos que minimizan los hechos, revictimizan a las víctimas o retrasan los procesos. Para las mujeres, denunciar implica exponerse a más violencia, no a protección; especialmente para las mujeres trans, racializadas, indígenas y pobres. La militarización del país y la expansión del crimen organizado han agravado aún más la situación, especialmente en territorios donde la complicidad del Estado ha dado rienda suelta a una impunidad casi absoluta.

Las desapariciones de mujeres jóvenes y adolescentes es alarmante, sin embargo, el presupuesto que debería destinarse a la búsqueda y atención de víctimas, se destina a infraestructura porque el ojo está puesto en el Mundial de este año.

Desigualdad laboral y precarización

En el ámbito económico, las mujeres en México enfrentamos condiciones laborales profundamente desiguales. Ganamos en promedio 20 por ciento menos que los hombres, tenemos menos acceso a empleos formales y estamos sobrerrepresentadas en trabajos informales, sin seguridad social ni derechos laborales. La maternidad sigue siendo un factor de discriminación: despidos, contratos temporales y estancamiento profesional son prácticas habituales.

Sectores altamente feminizados como el trabajo doméstico, los cuidados, la maquila, el comercio informal y los servicios, siguen siendo los peor pagados y más precarizados. Aunque millones de mujeres sostienen la economía del país, se calcula que el trabajo doméstico equivale al 23.9 por ciento del PIB nacional.

Las desigualdades que enfrentamos no son fallas aisladas del sistema, sino parte de un entramado económico, social y político que reproduce el machismo, el clasismo y la explotación.

Derechos reproductivos bajo disputa

Aunque el derecho al aborto ha avanzado legalmente en varios estados, en la práctica sigue siendo un derecho desigual. El acceso efectivo a servicios de salud sexual y reproductiva depende del lugar donde se vive, de la situación económica y de la voluntad del personal médico. La objeción de conciencia, la falta de información y el estigma continúan siendo barreras reales.

Las mujeres pobres, rurales, indígenas y jóvenes son quienes enfrentan mayores obstáculos para decidir sobre su propio cuerpo. En un país donde la maternidad forzada y los embarazos adolescentes siguen siendo una realidad arrolladora, hablar de autonomía corporal es insuficiente, tenemos que asegurar presupuesto suficiente para garantizar nuestro derecho a decidir sobre nuestra maternidad.

Mujeres contra la guerra, mujeres contra el capital

La proliferación de tendencias fascistas a nivel internacional nos ha puesto en la mira a las mujeres y las disidencias sexogenéricas. Las y los supremacistas, racistas, LGTBIfobicxs y misoginxs, para quienes las libertades y los derechos de la clase trabajadora en toda su diversidad son sinónimo de terrorismo, delincuencia e inmoralidad, estan a la ofensiva.

Los Trump, Meloni, Milei, Noboa, etc., nos han declarado la guerra, y para combatirles tenemos que levantar una lucha unificada, antifascista y antiimperialista, siguiendo el ejemplo de los y las trabajadoras en Argentina o en Italia, quienes han convocado huelgas multitudinarias, o el ejemplo del ICE out en EEUU, que ha levantado una orgazanición barrial desde abajo para defender a su comunidad de las camisas pardas de Trump.

En el pasado, grandes revolucionarias que la historia ha querido ocultar, han enfrentado estos peligros y nos han marcado el camino: Angela Davis, Rosa Luxemburgo, Clara Zetkin… Hoy es más necesario que nunca levantar la bandera del feminismo de clase y antifascista, ¡súmate a Libres y Combativas y lucha con nosotras!

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