El Anti-Dühring es uno de los trabajos más sobresalientes de Friedrich Engels, en el que expone de forma sistemática los principios esenciales del socialismo científico.

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La dialéctica materialista para comprender los procesos cambiantes en la naturaleza, la historia, la economía y la política, en la lucha de clases, ocupa un lugar central en una obra que fue escrita para refutar las tesis idealistas del profesor Eugen Dühring, y que nos acerca de manera concreta al método analítico del marxismo. 

En su folleto Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo, Lenin señaló:

“La filosofía del marxismo es el materialismo. A lo largo de toda la historia moderna de Europa, y especialmente a finales del siglo XVIII en Francia, donde se libró la batalla decisiva contra toda la basura medieval, contra el feudalismo en las instituciones y en las ideas, el materialismo demostró ser la única filosofía consecuente, fiel a todo lo que enseñan las ciencias naturales, hostil a la superstición, a la mojigata hipocresía, etc. Por eso los enemigos de la democracia trataban con todas sus fuerzas de ‘refutar’, de minar, de difamar el materialismo y defendían las diversas formas del idealismo filosófico, que se reduce siempre, de un modo u otro, a la defensa o al apoyo a la religión.

“Marx y Engels defendieron del modo más enérgico el materialismo filosófico y explicaron reiteradas veces el profundo error que significaba cualquier desviación de esta base. Donde con mayor claridad y detalle aparecen expuestas sus opiniones es en las obras de Engels Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana y el Anti-Dühring, que, al igual que El Manifiesto Comunista, son libros que no deben faltarle a ningún obrero con conciencia de clase”.

León Trotsky y Rosa Luxemburgo también realizaron los mayores elogios de la obra que aquí presentamos se ha convertido en un texto de cabecera del movimiento marxista.

En esta edición hemos añadido como introducción el artículo Cincuenta años de Anti-Dühring, escrito por David Riazánov, gran especialista en la historia del marxismo y a quien el Comité Central del Partido Bolchevique encargó la dirección del Instituto Marx-Engels de Moscú.

Riazánov realiza una detallada investigación de las motivaciones que llevaron a Engels a escribir esta defensa del marxismo en una época en que el oportunismo revisionista estaba penetrando en la concepción ideológica y práctica de cualificados dirigentes de la socialdemocracia alemana.

Os dejamos con la maravillosa introducción de Riazánov de este texto fundamental del marxismo revolucionario.

Cincuenta años de Anti-Dühring. David Riazánov | 1928

I

Cincuenta años han transcurrido desde que el Anti-Dühring apareció editado en forma de libro. El prólogo de la primera edición fue escrito por Engels el 11 de junio de 1878, pero esta fecha no es del todo exacta. Los artículos contra Dühring se publicaron primero en Vorwärts, órgano central de la socialdemocracia alemana unificada.[1] El primero apareció el 3 de enero de 1877; la primera sección, «Filosofía», se incluyó en diecinueve números y acabó de publicarse el 13 de mayo de 1877. Luego hubo una interrupción. La sección segunda, «Economía Política», comenzó el 27 de junio, ocupó nueve números y su publicación concluyó el 30 de diciembre de 1877. Después de un intervalo de más de cuatro meses se inició la sección tercera, «Socialismo», que apareció en cinco números, del 5 de mayo al 7 de julio de 1878. Así, el último capítulo se publicó en Vorwärts cerca de un mes después de la fecha que lleva el prólogo.

Por una carta que poseemos de Wilhelm Liebknecht a Engels, fechada el 8 de junio de 1878, podemos orientarnos sobre este asunto. En ella, Liebknecht ruega a Engels que se apresure a escribir el prólogo si quiere que el libro aparezca antes de la catástrofe que se aproxima. Alude a la ley contra los socialistas[2] que se esperaba de un momento a otro. Era fácil suponer que el libro de Engels sería una de las primeras víctimas de la persecución. Es probable que Engels se diera prisa en redactar el prólogo, pero Liebknecht no consiguió insertar a tiempo los artículos en el periódico. Lo cierto es que la edición del Anti-Dühring, como libro, no apareció hasta comienzos de agosto de 1878.

Para apreciar la importancia del Anti-Dühring no hay que olvidar la situación de la socialdemocracia en aquella época. Se sabe, especialmente por quienes conocen las discusiones originadas acerca del Programa de Gotha, lo deficiente que era la formación marxista de la socialdemocracia alemana en el año 1875. Las polémicas mantenidas sobre este programa de transacción son muy conocidas, pero no dan una idea completa del nivel inconfesablemente bajo que caracterizaba a la socialdemocracia alemana de entonces.

En un aspecto Mehring tiene razón, al decir que cuando Marx y Engels reprochaban a Liebknecht el acuerdo al que llegó con los lassalleanos, en los asuntos programáticos y de táctica, exageraban el grado de madurez marxista de los de Eisenach,[3] es decir, del partido socialista alemán considerado como marxista. En el periódico central de la socialdemocracia seguía campando, aun después de la fusión y sin que fuese objetado, un socialismo increíblemente confuso, casi vulgar. Era una mezcla extraña de algunas tesis marxistas con frases de Lassalle perdidas entre un cúmulo de doctrinas tomadas de la literatura burguesa de la época. Baste observar cómo a partir de 1873 la autoridad de Dühring entre los socialistas alemanes creció cada vez más.

Leyendo el Anti-Dühring podría suponerse que Dühring era un perfecto cretino. Pero Dühring no era un necio, sino un hombre de gran valía, poseedor de cualidades aptas para suscitar el entusiasmo y la admiración de la juventud. Poseía una cultura enciclopédica, que le permitía orientarse con inusual libertad en los problemas de las ciencias naturales y la filosofía, de la economía política y del socialismo. Sus doctrinas exponían un sistema ideológico completo y daban respuesta a las preguntas más complicadas. Había conquistado, además, influencia entre la juventud debido al odio que los profesores abrigaban contra él. Añádase que su vida estaba lejos de ser feliz, como no puede serlo la de un hombre que a los veintiocho años se queda ciego y está obligado a adquirir todos sus conocimientos con ayuda de otros, a menudo, extraños. Había sufrido mucho y eso contribuía a que generara simpatías.

El principal apóstol de Dühring en la socialdemocracia alemana fue Eduard Bernstein, quien ha escrito, al menos, cinco relatos distintos de esa interesante etapa de su vida. En todos confiesa que era discípulo celoso y entusiasta de Dühring, y que contagió a Fritzsche, Most, Bebel y Bracke el gusto dühringiano. Afirma que en 1873 no perdía ocasión de asistir a las conferencias de Dühring y que consiguió transmitir su entusiasmo a varios camaradas, incluso extranjeros, en su mayoría rusos. De estos hablaremos más adelante. Bernstein envió el libro de Dühring a Bebel, entonces en prisión, quien escribió desde su celda, en marzo de 1874, el artículo Un nuevo comunista.

En este artículo, que es muy interesante, Bebel comienza preguntándose por qué saludamos a este nuevo comunista, cuando tantos otros se afilian al partido, y hace una apología de la personalidad de Dühring como la de un sabio, como la de un hombre profundamente convencido de que no abraza el comunismo por motivos personales ni para conseguir ninguna ventaja de ese tipo. En este artículo, que no es necesario reproducir totalmente, se expone el pensamiento socialista de Dühring y se destaca que aboga por la nacionalización de la propiedad del suelo, la implantación de consejos económicos y la organización de la producción industrial mediante la asociación. Conviene decir que Bebel acepta completamente la opinión de Dühring acerca de los partidos socialistas:

«El socialismo soñador o pequeñoburgués, como lo profesan Saint-Simon, Fourier, Proudhon y otros, solo está tratado aquí someramente, como algo que no puede considerarse con seriedad; en cambio, se destaca el sistema de Louis Blanc, de Lassalle y el socialismo internacional, representado en Alemania por el Partido Obrero Socialdemócrata. En el socialismo internacional ve el señor Dühring su manifestación más amplia y consecuente».

Solo en un punto disentía Bebel de Dühring. Este decía que el socialismo internacional insistía demasiado en la necesidad de una transformación internacional simultánea, de una revolución social realizada a la vez en todos los países. Según él, el país más avanzado económica y políticamente podría implantar dentro de sus fronteras el socialismo, naturalmente en la forma por él concebida. Luego ya no existiría el problema de proteger y defender el país de las influencias extranjeras. Bebel no compartía esto; opinaba que el país en que se instaurara aisladamente el socialismo se atraería el odio de todas las naciones circundantes:

«Pero un Estado socialista que pueda aislarse y defenderse eficazmente de los demás estados es algo perfectamente inconcebible, y no precisamente porque los estados vecinos ejerzan influencia corruptora sobre su régimen interno, como teme el señor Dühring, sino porque, lejos de ello, todos los demás estados verán en ese un mal ejemplo y una fuente de trastornos para su propia política, lo considerarán como un enemigo mortal y se conjurarán contra él en una lucha a vida o muerte».[4]

Bebel terminaba su artículo con estas palabras:

«Estas objeciones que formulamos a la obra del señor Dühring no afectan, sin embargo, a sus ideas fundamentales, que son excelentes y a las que aplaudimos hasta el punto de que no tenemos inconveniente en declarar que, después de El Capital de Marx, esta reciente obra del señor Dühring es lo mejor que se ha publicado últimamente en materia económica. Por lo tanto, recomendamos de todo corazón el estudio de su libro».

Así opinaba Bebel, uno de los que se mostraría en desacuerdo con la unidad y el compromiso establecidos en el Congreso de Gotha.

Es fácil imaginar el efecto que produjo ese artículo en Londres. Tenemos documentos que demuestran que Engels escribió de inmediato a Berlín para saber quién era el autor de aquel artículo. Los redactores de Der Volksstaat, órgano central del partido, se apresuraron a contestarle para librarse de cualquier sospecha. El primero en responder fue Hepner: «El artículo de Der Volksstaat en que tan espantosamente se ensalza a Dühring no es mío; sí lo es, en cambio, uno sobre Schopenhauer que aparecerá próximamente». Blos escribió a Engels en estos términos: «El artículo sobre Dühring lo escribió Bebel. Por mi parte no he hecho más que hojear el “Dühring” muy por encima».

Liebknecht se apresuró a escribir una carta, el 13 de junio de 1874, para tranquilizar a Engels:

«Las necedades no pueden evitarse, pero siempre procuramos corregirlas, dentro de lo posible, cuando se descubren. Esto me recuerda el asunto Dühring. ¿Tiene razones para creer que se trate de un granuja o de un enemigo encubierto? Cuanto he podido averiguar de él me confirma en la idea de que, aunque se trata de un hombre sin duda algo confuso, es honesto y está resueltamente con nosotros. Reconozco que el artículo criticado por usted no era del todo correcto y que estaba escrito con demasiado entusiasmo, pero es indudable que llevaba buena intención y no ha producido mal efecto».

Algún tiempo después, Blos escribía a Engels desde la prisión:

«Respecto a Dühring usted tiene razón (...) En su Historia crítica del socialismo y de la economía política este sujeto escribe los mayores disparates. Hasta ahora no había leído el libro».

Así opinaban Bebel, Liebknecht, Blos y Hepner, pertenecientes todos al partido de Eisenach, es decir, a la fracción en que Marx y Engels cifraban tantas esperanzas.

Cuando Liebknecht y sobre todo Blos conocieron mejor a Dühring, el primero envió a Engels una carta el 19 de febrero de 1875 pidiéndole que escribiera un artículo contra Dühring. Desafortunadamente no poseemos las cartas escritas por Marx y Engels con este motivo, pero podemos asegurar que los «viejos», como los llamaban entonces, armaron bastante ruido.

Liebknecht escribe:

«¿Cuándo recibiremos algún artículo para anonadar a Dühring, quien, en la segunda edición de su Historia de la economía política, repite todas sus numerosas majaderías sobre Marx? Antes de Navidad asistí a una conferencia de este hombre: megalomanía y, al mismo tiempo, una envidia furiosa hacia Marx, voilá tout. Se ha parapetado fuertemente entre nuestra gente, especialmente en Berlín, y por eso hay que examinarlo en profundidad. ¿Tienes la última edición? Si no, te la mandaremos desde aquí».

En otra carta que no va dirigida directamente a Engels ni a Marx, sino a la esposa del primero, Liebknecht añade:

«Algo más: diga a Engels que hay que acabar con Dühring de raíz, pero que tenga en cuenta que Dühring se está muriendo literalmente de hambre».

Pero a Engels no le agradaba nada aquel encargo, y se resistió durante mucho tiempo. Por su correspondencia con Marx sabemos que no le atraía, dedicado como estaba al estudio de las ciencias naturales con gran entusiasmo. Recientemente había expuesto a Marx y a Schorlemmer los principios fundamentales de su dialéctica de la naturaleza, y se proponía recoger en una obra especial los frutos de ese trabajo. No quería interrumpir sus estudios y afrontar una polémica con Dühring, a quien conocía mejor que Liebknecht. Marx y Engels ya habían roto con Dühring, quien les había interesado en la década del 60, cuando publicó una de las primeras críticas que aparecieron sobre El Capital. Entonces averiguaron que era un «docente libre»[5] de economía política y colaborador del periódico oficial Staatsanzeiger, con el cual Marx se había negado rotundamente a colaborar; se enteraron también de que había tenido un juicio contra Wagener, conocido consejero del Gobierno prusiano, acerca de la paternidad de un informe escrito para Bismarck sobre el modo de resolver los problemas sociales. Wagener, creyendo que se trataba de un simple profesor, estampó su firma en el informe; Dühring lo llevó a los tribunales y ganó el proceso. Marx y Engels también sabían que, en el terreno de la economía política, Dühring era un ardiente entusiasta de Carey y de List, algo que ignoraban sus jóvenes camaradas.

Ocupado Engels en temas que le interesaban más, tenía muy pocas ganas de detenerse a criticar la obra de Dühring. Por su correspondencia, sabemos que Liebknecht tuvo que valerse de todas las artes de la persuasión para convencer a Engels de la necesidad de emprender ese trabajo.

Los nuevos documentos de que disponemos nos permiten asegurar que fue Liebknecht, y no Bebel, como creíamos, quien insistió reiteradamente a Engels sobre la necesidad de acometer esa labor. Bebel fue l’enfant terrible, la causa principal del escándalo. Sin su artículo quizás Engels y Marx no habrían reparado en el entusiasmo que estaba despertando Dühring. Su indignación sin duda llegaba un poco tarde. Es fácil imaginar el estado de ánimo de Marx y Engels al averiguar que el autor del artículo que tanto los había indignado era August Bebel, por quien sentían tanto afecto.

En los años 1875 y 1876 el culto a Dühring aumenta. Bernstein escribe:

«El antiguo grito de combate “¡Por Marx o por Lassalle!” parece haberse sustituido por un nuevo lema: “¡Por Dühring o por Marx y Lassalle!”. Y a ello contribuí considerablemente».

Se intentaba utilizar Vorwärts para difundir las ideas de Dühring. Después de haber admitido en sus columnas el error de Bebel, Liebknecht luchaba denodadamente para impedir que el periódico del partido exaltara a Dühring como un pensador a la altura de Marx. En estas intrigas participaba un tal Enss, que vivía en Suiza y que atrajo a su causa, en cierto modo, hasta al viejo Becker. Pero procedió de manera tan torpe que Liebknecht se negó en redondo a publicar un artículo que era un reclamo de las obras de Dühring. El asunto se complicó aún más cuando Most escribió y envió a Liebknecht un extenso artículo filosófico sobre el autor en cuestión. En 1876 Most superaba a Bernstein en fanatismo dühringiano, y como era un enérgico y brillante agitador —la Berliner Freie Presse, periódico de la agrupación de Berlín estaba muy influida por él— no tardó en conseguirle a Dühring una gran popularidad entre los obreros berlineses.

Liebknecht envió a Engels el artículo de Most con la esperanza de que su lectura le convenciera de la necesidad de acometer, por mucho que le desagradara, la crítica de Dühring. En efecto, Engels accedió por fin a esa tarea y se consagró a ella.

No me detendré más en este punto, puesto que en la correspondencia mantenida entre Marx y Engels hay varios pasajes que muestran el fastidio con que afrontó el tema al principio. No obstante, no pudo enviar el primer artículo antes del otoño de 1876, cuando ya se había producido el conocido incidente en el congreso del partido, celebrado en Gotha. En agosto de 1876, Fritzsche, que era un entusiasta partidario de Dühring, como Most, preguntó en el congreso por qué se condenaban al silencio sus ideas y por qué en Vorwärts no se publicaba un solo artículo sobre Dühring, pues le constaba que Most había enviado un extenso estudio sobre él. Liebknecht le respondió (aunque en las actas del congreso no figura esta respuesta, la conocemos por una carta de Liebknecht a Engels) que el artículo de Most no se publicó porque ya se había encargado a Engels un trabajo sobre el mismo tema. Como ya hemos visto, hasta el otoño de 1876 no envió Engels la primera parte de su trabajo, la sección titulada «Filosofía».

En ese momento tuvo lugar un pequeño contratiempo. Liebknecht no pensaba que Engels se retrasaría tanto en el envío de sus artículos, que esperaba recibir antes del comienzo de la campaña electoral (las elecciones fueron en enero de 1877). Se comprende que Liebknecht, tan absorbido como muchos otros compañeros por los preparativos electorales, no pudiera vigilar debidamente cómo se publicaban los artículos de Engels. Si atendemos a la cronología establecida por mí, o sea, a las sucesivas fechas de publicación de los artículos que forman el Anti-Dühring, es evidente que el descontento de Engels estaba plenamente justificado. Era imposible proceder peor con los artículos de Engels de lo que hizo Vorwärts en enero de 1877. Los capítulos de la sección de «Filosofía» fueron impresos con las más arbitrarias mutilaciones y divididos sin ningún fundamento. Al ver sus artículos desfigurados de tal modo, Engels se encolerizó y atacó duramente a la dirección del periódico, viendo en todo ello las intrigas de los seguidores de Dühring en el seno de la redacción. Lo cierto es que cualquiera que viera cómo se habían publicado los capítulos del Anti-Dühring tenía que ser asaltado por esa sospecha.

Engels escribió a Liebknecht una de sus cartas más furiosas y, aunque sus cartas a Liebknecht se distinguían siempre por su gran dureza, esta superó a todas. Le acusó de los pecados más terribles. Liebknecht, que mostró siempre una gran paciencia con el «viejo», hizo ver a Engels que todo había ocurrido durante la campaña electoral, cuando él había pasado varias semanas sin aparecer por la redacción y los redactores habituales apenas iban dos días seguidos, con lo cual el periódico, como ocurría a menudo con la prensa socialdemócrata alemana, salía como podía, compuesto a medias por el ajustador y por el corrector...

Finalmente, Engels y Liebknecht llegaron a reconciliarse, pero a continuación se produjo un nuevo incidente, el del famoso Congreso de Gotha de 1877. El 13 de mayo apareció en Vorwärts la última parte de la sección de «Filosofía» y ese mismo mes, entre el 27 y el 29, se reunía en Gotha el congreso del partido. He aquí cómo relatan dos autores la historia de lo acaecido en ese congreso.

Oigamos primero a Mehring:

«La acogida bastante desfavorable que le dispensó el partido es, quizás, lo que con más elocuencia demuestra cuán necesaria era la obra de Engels. Most y otros le hubieran cerrado de buena gana las columnas del Vorwärts y habrían dado al hereje de Engels un destino semejante al que la camarilla universitaria oficial había otorgado a Dühring. Por fortuna, el congreso de 1877 no se prestó a ello y acordó, únicamente por razones prácticas y de agitación, que en adelante la polémica no se publicara en el periódico, sino en un suplemento científico. Sin embargo, no faltaron un buen número de duras palabras. Para disculpar al periódico, Neisser acusó al comité de redacción de Vorwärts de no hacer los esfuerzos suficientes para supervisar debidamente el trabajo de Engels, y Vahlteich opinó, con su actitud arrogante, que ya le había enfrentado a Lassalle, que el tono de Engels en sus artículos arruinaría el buen gusto literario y haría intragable el alimento espiritual proporcionado por el periódico».

Veamos ahora el relato de Bebel:

«Aún más desagradables fueron los debates que provocó Most acerca de la serie de artículos de Friedrich Engels que se publicaban en Vorwärts sobre el profesor Dühring. Este había conseguido ganar para sus teorías a casi todos los dirigentes del movimiento obrero de Berlín; yo también opinaba que, para la agitación, cualquier autor que atacara enérgicamente el orden social vigente y se declarara comunista debía ser utilizado y aprovechado para nuestros fines. Desde este punto de vista, ya había escrito en 1874, estando en prisión, dos artículos que se publicaron en Volksstaat con el título de Un nuevo comunista y en los que analizaba los trabajos de Dühring. Sus libros me los había enviado Eduard Bernstein, que figuraba entonces, con Most, Fritzsche y otros, entre los más entusiastas partidarios de Dühring. Las circunstancias de que Dühring entrara en conflicto con las autoridades universitarias y el Gobierno —que terminó con su despido de la Universidad de Berlín en junio de 1877— aumentó aún más el prestigio del que gozaba entre sus seguidores. Todo esto llevó a Most a presentar al congreso una proposición redactada de este modo: “El Congreso declara que, en lo sucesivo, no se publicarán en el órgano central los artículos que, como las críticas de Engels aparecidas en estos últimos meses, carecen de interés para la mayoría de los lectores o solo sirven, a lo sumo, para promover escándalo”».[6]

Ni Bebel ni Mehring refieren con exactitud lo que realmente ocurrió en ese congreso, que fue muy desagradable. Mehring reseña la intervención de Neisser, contra quien tomó la palabra Liebknecht. Después, Most y sus camaradas presentaron la proposición siguiente:

«El Congreso declara que artículos como, por ejemplo, las críticas que en los últimos meses se han publicado por Engels contra Dühring, y que carecen de interés para la mayoría de los lectores del Vorwärts, deben excluirse en el futuro del órgano central».

Cuando Liebknecht se disponía a intervenir en contra, Kleimich y algunos más presentaron otra proposición:

«El debate iniciado acerca de la proposición de Most y otras semejantes (relacionadas con los artículos de Engels en Vorwärts) se limitará a asuntos materiales y al aspecto de la conveniencia, sin extenderse a las cuestiones científicas o de principio».

Esta proposición de Kleimich fue aceptada por 37 votos contra 36. Después de esto, Liebknecht expuso que los debates carecerían de sentido si el problema solo podía discutirse desde el punto de vista de la conveniencia material. Bebel y sus camaradas presentaron entonces una proposición redactada en estos términos:

«Dada la extensión (!) que han tomado los artículos de Engels contra Dühring y la que probablemente tomarán en lo sucesivo; dado también que la polémica mantenida por Engels contra Dühring en las columnas del Vorwärts da a sus partidarios el derecho de contestarle con idéntica extensión, con lo que no solo se recarga más de lo debido el espacio del periódico, sino que nada gana la causa sobre la cual versa la polémica, que tiene carácter puramente científico, el Congreso decide:

“Suspender la publicación de los artículos de Engels contra Dühring en la página principal del Vorwärts e insertarlos en la revista[7] o, en todo caso, en el suplemento científico del Vorwärts, o como un folleto. Tampoco deberá insertarse en la página principal del periódico ningún comentario sobre esta polémica”».

Con una enmienda presentada por Frohme, esta propuesta fue aceptada por el congreso después de que Most retirara la suya para adherirse a la de Bebel, quien desempeñó en este congreso un papel bastante distinto del que se asigna en sus memorias.

En una de sus cartas a Engels, Liebknecht le dice que, desgraciadamente, no había podido hablar con Bebel, por lo que este cometió ese error.

Sea como fuere, lo cierto es que este episodio ocurrido con el Anti-Dühring y con los artículos de Engels publicados en el órgano central del partido —cuyo editor principal era Liebknecht, sobre quien Bebel ejercía gran influencia— describe bastante bien el nivel intelectual de la socialdemocracia alemana de entonces.

La policía y las autoridades universitarias acudieron de nuevo en ayuda de Dühring. Clausurado el congreso del partido en mayo de 1877, llegaba la hora de reanudar la publicación de los artículos de Engels justo en el momento en que la popularidad de Dühring alcanzaba su apogeo. El Ministerio de Instrucción Pública exigió que Dühring fuera expulsado de su cátedra en la Universidad de Berlín. Fue uno de los acontecimientos más sensacionales en la Europa de la época, y también fue seguido atentamente en nuestra tierra, donde, ya con anterioridad, había comenzado el interés por Dühring. Mijáilovski escribió un extenso artículo en Notas de la Patria sobre este escándalo. Vorwärts y Liebknecht no tuvieron otro remedio que salir en defensa de Dühring, pues no podían dejarle a merced de las autoridades universitarias. En Vorwärts se publicaron numerosos artículos en su defensa, esta vez no como autor de determinado sistema, sino como abanderado de la libertad de la ciencia, a quien era preciso defender contra las prácticas policíacas del Estado prusiano. Se llegaron a publicar incluso poemas y odas en honor a Dühring, que se incluyeron en las columnas del periódico socialista justo en el intervalo que transcurrió entre la aparición de los capítulos de la sección de «Filosofía» y los que constituyen la sección segunda del Anti-Dühring, titulada «Economía Política».

Muchos jóvenes estudiantes (Schippel, Emanuel Wurm, Firek, Manfred Wittich) formaron junto con Fritzsche y Most un comité para la defensa de Dühring. Mientras Most desarrollaba una labor de agitación entre los trabajadores y organizaba mítines, los jóvenes reunían asambleas estudiantiles en las que se defendía a Dühring por ser el representante de la ciencia oprimida. En su Historia de la socialdemocracia alemana, Mehring dice, respecto a esta campaña, que fue el último movimiento idealista que prendió en las filas de los estudiantes alemanes.

Sin embargo Dühring, que conquistó muchas simpatías como intelectual perseguido por el Estado, no tardó en ahuyentar a casi todos sus seguidores debido a su carácter insoportable.[8] Precisamente cuando alcanzó su mayor éxito en el acercamiento a los obreros de Berlín y a sus dirigentes, cometió una serie de torpezas que imposibilitaron toda colaboración. Quiso, por ejemplo, erigir frente a la universidad oficial una academia libre. Pero los estatutos que redactó para esta universidad libre le enfrentaron irremediablemente con los socialdemócratas de Berlín. Opuso su academia libre a la idea de una universidad obrera, que se negó a considerar con el pretexto de que no permitiría que nadie lo explotara.

En dos versiones de sus Recuerdos, Bernstein apunta la sospecha de que Dühring, en unión con Most, hubiera organizado la campaña librada contra Engels en el Congreso de Gotha. Sospecha que se apoya en ciertos hechos. En octubre de 1878 la Berliner Freie Presse, en la que trabajaban Most y sus compañeros, todavía defendía en su totalidad a Dühring; pero en noviembre del mismo año se produjo la más completa ruptura. Dühring había llegado a la conclusión de que Most y sus colegas se habían dejado engañar por Liebknecht y no cumplieron sus promesas, pues no consiguieron que se suspendiera la publicación de los artículos de Engels en Vorwärts. Según escribe Bernstein, Dühring afirmaba que los socialdemócratas lo habían querido utilizar, de tal suerte que destruyeron su carrera científica.

En otra variante de sus Recuerdos, Bernstein dice: «No fue Engels quien mató a Dühring, sino Dühring quien se suicidó».

Esta misma opinión la encontramos en una carta de Liebknecht a Engels. Naturalmente, era una exageración. Dühring había perdido prestigio ante muchos, pero el culto a su persona no había desaparecido. Todavía era preciso luchar contra él, como se demostró en 1878 al fundarse, con el nombre Die Zukunft (El Porvenir), la nueva revista que sustituiría al suplemento científico del Vorwärts. El programa de esta revista, destinada a ser el órgano central del partido en el terreno científico, constituía una mezcla tan ecléctica que Engels, a propósito de ella y con toda la razón, escribía a Marx sobre el desarrollo en Alemania de un nuevo socialismo vulgar que nada podía reprochar al «verdadero socialismo»[9] de 1845. En consecuencia, Engels escribió con un tono diferente los siguientes artículos contra Dühring de las secciones de «Economía Política» y «Socialismo». Se golpea el saco para no pegar al asno, dice el refrán. Engels arremetía contra Dühring, pero en realidad dirigía sus golpes contra Most, Fritzsche, Liebknecht y Bebel; en algunos pasajes de la obra polemiza directamente con ellos, aunque sin nombrarlos.

Engels acabó de publicar la serie de artículos en julio de 1878. Entre mayo y junio de ese año, Hödel y Nobiling atentaron contra la vida del emperador de Alemania. Bismarck lo utilizó para imponer la ley de persecución contra los socialistas. Apenas salía de las imprentas la obra de Engels, cuando cayó sobre ella todo el peso de la ley.

II

Apuntaremos algunos datos acerca de la influencia de Dühring en Rusia, para que se comprenda la gran importancia que los artículos de Engels contra él tuvieron también para el destino del marxismo ruso. En sus ensayos El socialismo y la lucha política y Nuestras diferencias, Plejánov dice que Naródnaia Volia[10] había fundado su programa teórico en las doctrinas de Dühring y cita, como prueba, el nombre de Lavrov. Pero se olvida de añadir que el comienzo de la popularidad de Dühring en Rusia coincide también con la época de Zemliá i Volia, del bakuninismo, de los narodniki y de que Pável Axelrod, recientemente fallecido, era uno de los más destacados propagandistas rusos de Dühring.

Si abrimos el libro de Axelrod —Experiencias y pensamientos— por la página 133, leemos:

«Me parecía que todas estas formalidades eran superfluas, pero me entregué con todo entusiasmo a la crítica del centralismo del partido. Esa crítica se vinculaba con las ideas federalistas y antiautoritarias que yo, como bakuninista, apreciaba mucho. Profesaba con ardor, en mis conversaciones con Metzner, los principios de política y organización del bakuninismo, y al parecer, no sin cierto éxito, que yo atribuía a la influencia ejercida en él por Dühring. En efecto, el entusiasmo que sentía por El Manifiesto Comunista no le impedía ser gran admirador de Dühring, que era uno de sus asiduos clientes.[11] Tanto me habló de él, que decidí visitarlo, para lo cual me presenté como emigrado socialista ruso y amigo del compañero Metzner. Asistí también a una conferencia suya, que no me produjo gran impresión».

Estudiaremos algo acerca de estos datos. En la biografía de Dühring escrita por Emil Döll, que con Schippel y otros estudiantes socialdemócratas era uno de los miembros más activos del comité contra la destitución de Dühring, se relata, con datos facilitados por el mismo Dühring, que en 1876 lo visitó un joven que se presentó como estudiante y emigrado ruso y le dijo que no podía dar su nombre exacto —viajaba con el supuesto de Steinberg—, pero no ocultó que era judío. Dühring era, como se sabe, un furioso antisemita. Luego sigue una larga historia de este judío con las bellezas estilísticas habituales, tanto en Dühring como en sus discípulos; pero Döll añade un detalle interesante. La conversación incidió en el aspecto serio de la cuestión social y Dühring se declaró a favor del ruso Bakunin, pues dijo que no cabía duda de que en algunos puntos tenía razón y que, además, en sus ideas y en su carácter era un hombre más honesto que Marx.

Como el joven quería poseer algo importante de Dühring y no disponía de medios para comprar libros, Dühring le regaló un ejemplar para prueba de imprenta de su Historia de la Economía. Más tarde escribió desde Suiza, creo que desde Ginebra, y refería que sus amigos le estaban enseñando el oficio de tipógrafo para que pudiera ganarse la vida; que había leído el libro de Dühring y que hacía propaganda de él. Pero Dühring no contestó esta carta.

No la contestó porque ya el encabezamiento con que Axelrod se permitía dirigirse a él, dándole el tratamiento de «estimado señor colega», denotaba la presunción y la falta de tacto de aquel judío…

Axelrod olvida que no fue Metzner, sino Bernstein, quien le inculcó sus simpatías por Dühring; él fue, en efecto, uno de los rusos a quienes Bernstein dice haber convertido a las doctrinas de Dühring. En sus artículos sobre Los éxitos del Partido Socialdemócrata en Alemania, publicados en 1878, muy interesantes por la enumeración de los síntomas favorables que mostraban la posibilidad de un renacimiento de la socialdemocracia alemana, Axelrod dice, entre otras cosas:

«Hace algunos años que actúa en Alemania un hombre que predica la idea de una comunidad organizada de abajo arriba, es decir, con un contrato libre entre distintos grupos y comunas sociales. Dühring, exdocente libre de la Universidad de Berlín, expulsado por su radicalismo y por sus ataques a la ciencia oficial, se erigió en defensor de esta nueva idea. Su propaganda solo consiguió prender en un pequeño número de seguidores, en parte por ser inaccesible a la masa obrera y en parte por la hostilidad que los marxistas le opusieron».

En los recuerdos de Axelrod, Experiencias y pensamientos, la «hostilidad que los marxistas le opusieron», es decir, la que opuso principalmente Engels, se convierte en una «resistencia de los órganos dirigentes del partido». Pero Dühring tenía en Rusia otro partidario, Plejánov. En su estudio sobre La ley del desarrollo económico de la sociedad y los deberes del socialismo en Rusia, Plejánov escribe:

«Rodbertus, Engels, Marx y Dühring forman una brillante pléyade de representantes del periodo positivista en el desarrollo del socialismo».

Y agrega algo más adelante:

«Dühring, que reconoce plenamente la influencia de los individuos en el curso del desarrollo social, añade que la actuación del individuo debe tener amplio apoyo en el estado de ánimo de las masas».

En 1878, es decir, cuando ya se habían publicado los artículos de Engels, Plejánov no veía la diferencia existente entre Dühring y Marx, igual que le ocurría a Bebel en 1874. Y nótese la diferencia con Axelrod, pues Plejánov no opone Marx y Engels a Dühring, sino que completa su obra con la de este. Una probabilidad histórica que abona la siguiente observación de Axelrod en sus mencionados recuerdos:

«Las ideas de Plejánov en lo concerniente a la aplicación de los principios del marxismo a la solución de los problemas del movimiento revolucionario ruso parecían desarrollarse paulatinamente y no con la rapidez que, a priori, podía suponerse dado el extraordinario vigor de su capacidad teórica. Recordaré que el verano de 1878, cuando fui a Ginebra para discutir sobre las reformas programáticas y de organización que debían introducirse en la fracción de Chorni Peredel, vi por primera vez abierto sobre su mesa el libro de Engels La revolución de la ciencia por el señor Eugen Dühring (que solo leí algunos años después). Es evidente que la lectura de ese libro debía influir en un hombre como Plejánov».

Es característico que los narodniki Axelrod y Plejánov tomaran de la doctrina de Dühring —al conocerla— precisamente lo que necesitaban: la organización de la sociedad de abajo arriba, es decir, «con un contrato libre entre los distintos grupos y comunas sociales». En una polémica con los marxistas, Axelrod insistía en la importancia de los sindicatos como órganos de libre iniciativa de las masas. Dühring reprochaba a Lassalle, con toda la razón, y a Marx, sin razón alguna, que no tuvieran en consideración la importancia de los sindicatos.

En 1878, el año en que se publicaron los trabajos de Axelrod y Plejánov, apareció en Otéchestvennye Zapiski (Anales Patrióticos) un interesante artículo de Nikolái Mijáilovski acerca de Las utopías de Renan y las teorías de Dühring sobre la autonomía de la personalidad. Ya se sabe que Mijáilovski pecó en 1878 en lo referente a la libertad política. También sentía alguna debilidad por Dühring; con motivo de la persecución que este padeció, escribió un artículo sobre el escándalo de la Universidad de Berlín. Publicó además una notable nota crítica sobre el libro de Koslov.[12] En el citado artículo, Mijáilovski adopta una actitud crítica frente a Dühring, pero es sintomático que resalte otros aspectos de su doctrina. Enseguida veremos cuáles.

«Especial consideración requiere el sentimiento de la venganza, por la gran importancia histórica que le asigna nuestro pensador. Desde su punto de vista, la venganza es la base de toda la filosofía jurídica (...) El mal existe y es necesario combatirlo, a veces con medios crueles y hasta terroristas (...) Cometido el desafuero, ejecutado el acto de violencia, no hay más remedio que ver en el enemigo al enemigo y son lícitas las armas de la astucia y de la fuerza (...) Es evidente que son las personas, y no los grupos sociales, quienes deben cargar con la responsabilidad moral. El hombre, único ser consciente y por consiguiente único sujeto responsable, no debe atrincherarse detrás de un grupo ni disculparse invocando voluntad ajena alguna (...) La venganza de la que está poseído Dühring y el terror con que amenaza a quienes atenten contra la dignidad de la personalidad parecen, justamente, una réplica directa a Renan».

Precisamente por esa senda, acogiéndose al entusiasmo por Dühring, que proporcionaba los argumentos teóricos necesarios para justificar la actuación práctica de los revolucionarios rusos —basta recordar las proclamas que siguieron a los primeros actos de terrorismo—, se operó el tránsito de la práctica terrorista de Zemliá i Volia al terrorismo político de Naródnaia VoliaDühring se convirtió en el ideólogo predilecto de este grupo político. Sus doctrinas contenían la justificación filosófica que necesitaba la táctica terrorista. Es significativo que los mismos Anales Patrióticos publicaran, pocos años después de insertar los artículos más escépticos de Mijáilovski, una apología de Dühring escrita precisamente desde este punto de vista. Aludimos al conocido artículo de Krasnossolski La voz de la vida en el mundo del pensamiento (1883, números de septiembre y octubre), que fue muy leído y comentado entre la juventud de Naródnaia Volia, como puedo confirmar por experiencia propia.[13] Por eso Lavrov, en el artículo Una ojeada al pasado y el presente del socialismo ruso, publicado por Naródnaia Volia en 1883, se inclinaba incluso «a defender la doctrina sociológica de Dühring, según la cual el elemento político-jurídico del orden social ejerce mayor influencia que el elemento económico».

III

Todavía hemos de decir algo acerca de la importancia del Anti-Dühring. Ya hemos apuntado las principales causas de la popularidad de Dühring. No hay que olvidar que este autor brindaba una ideología a la juventud revolucionaria de su tiempo. Le daba un sistema de ideas y concepciones, un sistema de respuestas definidas para todos los problemas que torturaban el espíritu. ¿Con qué contaba entonces un marxista? Con El Manifiesto Comunista. Pero sin todo lo que le había precedido, sin el conocimiento de los hechos que en él se sintetizan, sin la correspondiente información histórica, El Manifiesto Comunista era menos inteligible que El Programa Obrero[14] de Lassalle. Agréguese que El Manifiesto Comunista empezaba entonces a difundirse, pues tras una larga interrupción había sido reeditado en 1872. El Capital se leyó más ampliamente, pero incluso a Liebknecht esta obra le sirvió principalmente como fuente de datos para las intervenciones parlamentarias sobre la legislación obrera y como material para los discursos solemnes, cuando se trataba de evidenciar el grado a que había llegado la explotación de los obreros por los capitalistas. En 1874, Liebknecht estaba sinceramente convencido de que Buckle era el más grande de los historiadores y el creador de una nueva concepción histórica; en Marx solo veía al inventor de un nuevo sistema económico. Tanto en Alemania como en Rusia, las partes de filosofía y materialismo histórico de El Capital eran para los lectores de Marx, según la frase de Plejánov, «el capítulo que se pasaba por alto en un libro predilecto».

Engels empezó a colaborar en el Volksstaat, dirigido por Liebknecht, a comienzos de 1873. En sus artículos tenía que responder muchos asuntos de orden práctico. Así, por ejemplo, un tal Mühlberger publicó un estudio sobre el problema de la vivienda, demostrativo de que el periódico había olvidado las diferencias que separaban al marxismo del proudhonismo. Engels lo aprovechó para, basándose en un ejemplo concreto, escribir un magnífico estudio donde dejó muy claras esas diferencias. Era el modo alemán de escribir, científico y profundo, partiendo de temas específicos. No existía aún una exposición completa del sistema, del ideario marxista. Ni existió hasta que Engels lo hizo en su Anti-Dühring. Él mismo dice, en los prólogos de su obra, en qué estriba la importancia del libro:

«Este trabajo (la crítica de Dühring) me daba ocasión para desarrollar de modo positivo, en los más diversos campos que había de recorrer, mis ideas acerca de problemas que encierran un interés general, científico o práctico (prólogo de la primera edición)».

Era forzoso que siguiera las huellas (de Dühring) en todos los campos que ha pisado y opusiera mis ideas a las suyas. De este modo, la crítica negativa cobraba aspecto positivo y la polémica se convertía en una exposición más o menos sistemática y coherente del método dialéctico y del ideario comunista mantenidos por Marx y por mí sobre una serie bastante considerable de problemas (prólogo de la segunda edición).

Engels reconoce que la polémica contra Dühring le dio ocasión para oponer a su sistema otro sistema; a su ideario, otro ideario. Y en esto radica justamente la importancia fundamental del Anti-Dühring. Marx y Engels sabían, naturalmente, lo que nosotros no hemos sabido hasta ahora, que en sus archivos se guardaba el original de su inédita La ideología alemana. Sabían que en la década del cuarenta pudieron oponer a la ideología burguesa imperante, al «verdadero socialismo», su sistema y su ideario comunistas. Pero solo lo sabían ellos. Ni siquiera Liebknecht lo sabía, a pesar de que vivió doce años en contacto directo y manteniendo la más estrecha colaboración con Marx y Engels. No lo sabían sus numerosos lectores, ni podía saberlo, naturalmente, quien fijara la vista en el Programa de Gotha.

Hasta el año 1878 en que se publicó el Anti-Dühring no existía un sistema completo de ideología comunista que pudiera enfrentarse con la ideología pequeñoburguesa en todos sus matices y variantes. Está de más decir que, para trazar este sistema, Marx y Engels se basaron en sus trabajos anteriores. Leyendo los capítulos que en La ideología alemana dedican a Feuerbach y que se han publicado por el Instituto Marx-Engels,[15] hoy podemos —y es un asunto interesantísimo— determinar con precisión hasta qué punto Marx y Engels habían modificado sus posiciones primitivas cuando fue escrito el Anti-Dühring. Y no desde La sagrada familia, pues la posición que mantienen en esta obra había sido ya revisada por ellos en La ideología alemana. La sagrada familia representaba una etapa anterior, y superada. Era un avance considerable hacia el marxismo, pero aún no era marxismo.

En un artículo contra Heinzen, Marx dice:

«Es característico de la gran torpeza del “sentido común” (...) que donde consigue ver las diferencias no alcance a ver la unidad y que donde ve la unidad no sepa penetrar en las diferencias. En cuanto establece una determinación distintiva se le petrifica entre las manos, y si alguien se dedica a golpear en esos leños conceptuales hasta hacerlos arder, ve en ello la más detestable sofística».

Entre la posición mantenida en La ideología alemana y la que se desarrolla en el primer volumen de El Capital no hay ningún «salto». Las ideas fundamentales desarrolladas por Engels en la sección filosófica del Anti-Dühring aparecen ya enteramente formuladas, incluso en la parte que se refiere a las ciencias naturales, en varias notas al pie de El Capital, unas notas que indignaban a Dühring. Engels desarrolla en el Anti-Dühring el método dialéctico, creado por él y por Marx, y que utilizaban desde 1846, desde la época de La ideología alemana.

Al editar los papeles póstumos de Engels —descubiertos por mí— sobre Dialéctica de la naturaleza subrayé en mi introducción que, si se comparaba ese trabajo con las páginas del Anti-Dühring, no aparecía formulada ni una sola idea nueva. Lo dije literalmente: «Ni una sola idea nueva». La tentativa, insostenible, de quienes quieren encontrar no sé qué diferencias entre el Engels del Anti-Dühring y el Engels de la década del ochenta con la pretensión de que este había llegado, unos años más tarde, a «concepciones radicalmente opuestas» a las de aquel libro, estriba en la comprensión algo confusa de varios pasajes del Anti-Dühring y en la lectura poco atenta del prólogo de la segunda edición.

¿Qué dice Engels en ese prólogo? Que hubo de empeñarse en la crítica de Dühring coincidiendo, precisamente, con una época en la que estaba atravesando por un «proceso de muda» en el campo de las ciencias naturales. Al decir esto, usa una terminología que no es del todo exacta; lo que quiere decir es que no disponía aún de los datos que necesitaba y que confiaba en que acaso más adelante le fuera posible exponer su modo de ver las cosas de una forma más profunda. Así escribía en el año 1885. Quien lea atentamente el prólogo de la segunda edición sabe que Engels se abstuvo de introducir en ella modificación alguna, movido por un sentimiento consciente de decoro literario. Basta leer las cartas de Engels a Marx para saber lo difícil que fue para Engels polemizar con Dühring. Le resultaba cruel —dice en una de esas cartas— mantener una polémica con un ciego. Y hubo de luchar durante mucho tiempo consigo mismo para superar esos escrúpulos puramente sentimentales. Eso mismo le llevó a decir en ese prólogo que no tenía derecho a modificar nada de cuanto había escrito en 1878, absteniéndose, por esa razón, de introducir ninguna clase de alteraciones.

En mi introducción a Dialéctica de la naturaleza aludí al hecho de que, al escribir el Anti-Dühring, Engels no conocía aún la ley periódica de Mendeléiev. No debe olvidarse que los artículos recogidos en la sección «Filosofía» aparecieron antes de mayo de 1877 y que ya estaban en la redacción en otoño de 1876. Engels no se hallaba en condiciones de seguir atentamente la literatura química especializada, cuyos trabajos aparecían dispersos en las más diversas revistas científicas profesionales. Puede servir de justificación el que esa ley tampoco aparece expuesta hasta 1877, en el gran tratado de química de Roscoe y Schorlemmer. Engels hubiera podido tenerla en cuenta en la segunda edición, pues en 1885 disponía ya de muchos datos que confirmaban sus ideas fundamentales. Pero se abstuvo deliberadamente de hacerlo. En el prólogo de la segunda edición traza un esbozo de su futuro trabajo; sin embargo, no modifica en absoluto sus concepciones. Este esbozo está inspirado por la misma idea esencial formulada ya en el Anti-Dühring y desarrollada más extensamente en las notas y proyectos de artículos escritos después de 1878. El intento de encontrar alguna contradicción a este respecto entre el Engels de 1878 y el de 1882 nace simplemente del deseo de poner una nueva etiqueta en las antiguas ideas, y está condenado al más completo fracaso.

Tras la publicación del Anti-Dühring, Engels tuvo oportunidad de desarrollar más extensamente algunas concepciones que había formulado en la sección de «Filosofía» de su polémica contra Dühring. En su estudio sobre Feuerbach, hizo una exposición detallada de la actitud adoptada por Marx y por él ante la filosofía de Hegel y Feuerbach. En relación con esto, Engels resuelve también en términos positivos varios problemas relacionados con la filosofía, la ética y las ciencias sociales. En este sentido, el libro de Engels sobre Feuerbach no solo completa eficazmente el Anti-Dühring, sino que es también un excelente comentario de los capítulos correspondientes de esta obra. No menos importantes son hoy, a este respecto, los capítulos que he editado de La ideología alemana Dialéctica de la naturaleza. Conviene resaltar la brillante exposición que hace Engels, en la sección primera del Anti-Dühring, de los orígenes y el desarrollo de la idea de igualdad. Ya Marx había demostrado en El Capital que la determinación del valor de las mercancías por el trabajo y el libre intercambio —sobre la base de ese criterio valorativo— de estos productos del trabajo constituyen la verdadera base en que se asienta la ideología política, jurídica y filosófica de la burguesía moderna.

El esbozo de Engels sirvió de estímulo para varios trabajos marxistas, en particular los de Lafargue, Kautsky y Plejánov, en los cuales se investiga el origen de diversas ideas «eternas».

La segunda sección del Anti-Dühring se dedica a los problemas fundamentales de la teoría económica marxista y es, hasta hoy, la mejor introducción al estudio de El Capital. Engels define el objeto, el método y las tareas de la economía política. En este punto tengo que disentir con quienes pretenden convertir la economía política en una ciencia que investiga únicamente el régimen económico de las mercancías y las relaciones mercantiles capitalistas, y con quienes solo conciben el derecho como el derecho del productor de mercancías. Todos esos intentos se resumen en el afán de poner a todo un «principio» y un «final», en la pretensión de dar definiciones precisas de todo, de poner punto final allí donde el desarrollo no ha terminado aún, allí donde unas formaciones económicas se están convirtiendo en otras y donde las siguientes revelan y explican las anteriores, a la par que son explicadas por ellas, como supuestos que las condicionan.

En esta sección hay magníficos pasajes dedicados a la teoría de la violencia, que estudian y exponen magistralmente las relaciones mutuas entre el factor económico y el factor político en la historia de la sociedad humana. Además, Engels ofrece una breve historia del arte de la guerra, que demuestra cuánta importancia encierra ese capítulo desde el punto de vista del materialismo histórico. La importancia de esos pasajes solo se apreciará plenamente cuando aparezcan todos los trabajos de Engels sobre asuntos militares. Sin embargo, el esbozo contenido en el Anti-Dühring es, junto con el prólogo a la obra de Borkheim (1887) y los artículos titulados ¿Puede Europa ir al desarme? (1893), la mejor exposición de las ideas arraigadas en Engels a lo largo de sus años de paciente estudio de la historia y de la teoría del arte de la guerra.

En esas páginas se describen, con palabras casi proféticas, la futura guerra imperialista y sus probables consecuencias. No olvidemos, sin embargo, que el esbozo de la historia del arte de la guerra contenido en el Anti-Dühring termina en 1877. La última gran guerra, cuya experiencia investiga Engels, fue la de 1870 entre Alemania y Francia. A este respecto, el esbozo de Engels necesita ser considerablemente completado.

Puede decirse, también, que algunas de las afirmaciones de Engels son demasiado categóricas. Así ocurre, principalmente, con el pasaje en que sostiene que las armas han adquirido «tal grado de perfección que no cabe ya ningún nuevo progreso que pueda revolucionar esta esfera». Desde 1878 se han introducido varias innovaciones importantísimas, han aparecido nuevas ramas de la técnica militar basadas en el desarrollo de la aviación y de la industria química. El submarino ha producido grandes cambios en la guerra por mar. Pero es cierto que la experiencia de la guerra de 1914-1918 ha confirmado plenamente las conclusiones a las que llegó Engels analizando la cuestión del duelo entre las corazas y los cañones. Incluso en la forma del dreadnought,[16] el buque acorazado ha acabado por adquirir tal perfección que se ha vuelto «inasequible e inútil para la guerra».

Pero lo que Engels expone impecablemente es la dialéctica interna del militarismo. También el militarismo, en su forma imperialista moderna, encierra los gérmenes de su propia destrucción:

«Y lo que no pudo conseguir la democracia burguesa de 1848, precisamente porque era burguesa y no proletaria, es decir, infundir a las masas trabajadoras una conciencia adecuada a su posición de clase, lo conseguirá inevitablemente el socialismo. Al conseguirlo, destruirá de raíz el militarismo y, con ello, los ejércitos permanentes».

La sección tercera trata del socialismo. Ya hemos visto cómo juzgaba Bebel a los precursores de Marx y Engels, a los socialistas utópicos. Dühring no solo tergiversaba la historia de la economía política, sino también la historia del socialismo. El Anti-Dühring dio un nuevo y poderoso impulso al estudio del socialismo. Todos los trabajos de Kautsky, Bernstein, Plejánov y Mehring en este campo arrancan, tanto en sus temas como en su concepción general, de la tesis fundamental formulada por Engels en su digresión sobre la historia del socialismo. Pero en esta sección, Engels no se limita solo a eso.

Por primera vez desde El Manifiesto Comunista, y basándose en las experiencias de la revolución de 1848, de la Primera Internacional y de la Comuna de París, desarrolla en toda su extensión los problemas centrales del programa, la estrategia y la táctica del proletariado. Por primera vez muestra la cantera inagotable que contiene El Capital para quienes buscan una solución a esos problemas. Por primera vez, Engels expone detalladamente cómo el capitalismo genera y prepara todos los elementos materiales e intelectuales de la sociedad futura. También por primera vez, en esta sección, se desarrolla la concepción marxista acerca del papel y el origen del Estado —que Marx y Engels habían esbozado en La ideología alemana—, y se hace en oposición a Dühring, a los anarquistas, a los seguidores de Lassalle e incluso a los eisenacheanos, que no acababan de desprenderse de la influencia del culto lassalleano del Estado. No es ninguna casualidad que fuera justo después de la aparición del Anti-Dühring cuando los marxistas comenzaron a elaborar cuidadosamente las cuestiones programáticas. El programa que votó en Erfurt la socialdemocracia alemana y que era, en esencia, obra de Engels, no hubiera sido concebible sin el gigantesco trabajo preparatorio realizado por él en el Anti-Dühring. Lo mismo cabe afirmar del programa del grupo ruso Emancipación del Trabajo y del primer programa de nuestro partido.[17]

En gran medida, la obra Del socialismo utópico al socialismo científico,[18] que sigue siendo, con El Manifiesto Comunista, el mejor compendio para la asimilación del marxismo, está tomada de la sección tercera del Anti-Dühring.

En el libro Socialismo Filosofía, de Antonio Labriola, encontramos esta interesante idea:

«Por desgracia, todos los países tienen su Dühring. ¡Quién sabe qué otros anti escribiría o habría escrito un Engels de otro país! La verdadera importancia de ese libro, en mi opinión, estriba en que ofrece a los socialistas de otros países y de otras lenguas la posibilidad de armarse con el método crítico indispensable para escribir todos los anti necesarios para combatir cuanto obstaculiza o corrompe el socialismo, en nombre de todas esas sociologías que pululan por doquier».

Labriola tenía razón. En los países donde el marxismo comienza a desarrollarse no puede limitarse a ser un producto del «pensamiento extranjero». Si quiere triunfar, ha de explicar —basándose en los principios del marxismo— la realidad histórica concreta dentro de ese país; ha de demostrar que el método dialéctico, el materialismo dialéctico, es un método universal. Es decir, que la realidad concreta de que se trata, cualesquiera que sean sus características específicas, tiene su explicación en sí misma, en la pugna de sus contradicciones internas, y que todas esas «características específicas» brotan de una raíz: la lucha de clases, el desarrollo de la pugna de los antagonismos en la realidad concreta —histórica, económica, geográfica— del país que se estudia.

En su folleto ¿Quiénes son los amigos del pueblo y cómo luchan contra los socialdemócratas?[19] Lenin subraya esa idea. El marxismo solo puede incorporarse a un país como parte de él y dirigir al proletariado contra la burguesía convirtiéndose en la nueva ideología comunista de ese proletariado y de la intelectualidad revolucionaria, y enfrentándose con todas las variantes de la ideología burguesa.

El mérito inmortal de Engels —y tienen razón quienes dicen que el Anti-Dühring es, después de El Capital y con él, la obra más importante del marxismo— consiste en erigir con esta obra, por vez primera, una ideología comunista frente a la ideología burguesa. Quedaba reservada a los marxistas posteriores la misión de desarrollarla a partir de las nuevas experiencias nacionales e internacionales, cada vez más ricas y complejas, hasta darle los rasgos de una ideología amplia y completa, pero sin olvidar jamás que ese resultado solo puede alcanzarse gracias a la ayuda de un instrumento tan incomparable como es el método del materialismo dialéctico.

Nota biográfica de David Riazánov

Riazánov, pseudónimo de David Borisovich Goldendach, nació en 1870 en la ciudad de Odesa. A los 14 años ya era «correo secreto» de los narodniki, con los que se inició en la militancia revolucionaria, y a los 17 años se unió a los socialdemócratas, edad a la que fue arrestado por primera vez. Dos años más tarde fue condenado a cinco de cárcel y a tres de libertad vigilada. En las prisiones zaristas organizó grupos de estudio sobre el marxismo y tradujo los escritos del economista David Ricardo.

En 1890, con 20 años, comienza su exilio europeo. Interviene como representante ruso en el Congreso de Bruselas de la Segunda Internacional y entabla relaciones con los principales dirigentes de la socialdemocracia: August Bebel, Karl Kautsky, Eduard Bernstein…, también con la hija de Marx, Laura, y su marido, Paul Lafargue. Con el fin de participar en la vida política del socialismo europeo, aprende alemán, francés e inglés y se hace entender en polaco e italiano. Colabora con la revista teórica del SPD, Die Neue Zeit, dirigida por Kautsky, y con Der Kampf, la revista teórica de la socialdemocracia austríaca.

En esos años empieza a labrarse una reputación como estudioso de la obra de Marx y Engels, y publica ensayos sobre su pensamiento, la historia del marxismo y la lucha contra el absolutismo zarista. En su trabajo de investigación, visita numerosas bibliotecas y archivos de toda Europa y accede a la biblioteca del SPD y al depósito de los manuscritos de Marx y Engels. Su amistad con Laura Lafargue le permite investigar los archivos familiares. De esta labor obtuvo los borradores de las cartas de Marx a Vera Zasúlich, que pudieron ser publicadas en 1923. En aquellos años ya se hablaba de que Riazánov «conocía hasta los puntos y comas de los escritos de Marx y Engels».

En la escisión de 1903 del POSDR, entre mencheviques y bolcheviques, renuncia a situarse en ninguna de las dos fracciones, abogando por la reunificación y mostrando una total disposición a colaborar y participar en las escuelas de cuadros de los militantes socialdemócratas rusos. Durante la Primera Guerra Mundial mantiene una posición internacionalista, colabora con Nashe Slovo (el periódico impulsado en París por Antónov-Ovséyenko y dirigido por Trotsky) y participa en la Conferencia de Zimmerwald[20]. De vuelta en Rusia, en mayo de 1917, se unió al Comité Interdistritos[21], integrado por gente de la talla de Trotsky, Lunacharski, Joffe, Uritski… Cuando entre julio y agosto el Comité Interdistritos se unifica con los bolcheviques, Riazánov se transforma en uno de los más prominentes oradores y activistas antes de Octubre, aunque mantuvo una posición contraria a la insurrección armada propuesta por Lenin.

Tras el triunfo de la revolución se incorpora al Comisariado del Pueblo para la Educación, encabezado por Lunacharski. En todo momento manifiesta una gran independencia política y de criterio. Riazánov fue nombrado director de los servicios de archivo de la joven república soviética en plena intervención imperialista y guerra civil. En esos años trabaja con gran entrega para rescatar bibliotecas, documentos y materiales de los archivos de los diferentes países y administraciones. Su reputación como historiador del marxismo no para de crecer. A finales de 1920, el Comité Central del Partido Bolchevique propone fundar un museo del marxismo, pero Riazánov transforma la iniciativa en un proyecto mucho más amplio y audaz: crear un instituto en el cual historiadores y militantes puedan estudiar la obra del marxismo en las mejores condiciones, y que además sea en un centro de formación para los cuadros comunistas. En enero de 1921 el Comité Central aprueba la fundación del Instituto Marx-Engels.

El proyecto más importante de Riazánov al frente del Instituto fue la edición de las obras completas de Marx y Engels. Para esta ingente tarea, entre 1923 y 1925, reclutó a numerosos especialistas, sin albergar ningún prejuicio sobre sus posiciones políticas anteriores al triunfo de Octubre de 1917. Desde ese momento, Riazánov desarrollará todo tipo de iniciativas para recuperar y reunir todos los escritos de Marx y Engels, en una búsqueda incesante por las bibliotecas y archivos —públicos, privados y de organización— del mundo entero. Incluso revisionistas como Bernstein, depositario de importantes manuscritos que le había entregado Engels, facilitaron al Instituto su trabajo. Así fue como Riazánov publicó una de las obras principales de Marx y Engels que había permanecido inédita: La ideología alemana.

Con el ascenso del estalinismo, Riazánov mantuvo una actitud desafiante frente a la burocracia termidoriana.[22] Su prestigio internacional jugaba a su favor; pero los epígonos[23] de Lenin, entregados a la tarea de reescribir la historia, de modificar el pasado en beneficio del culto personal al secretario general, no podían permitir que Riazánov siguiese manteniendo su posición. Según el testimonio de Victor Serge, Riazánov reprendió a Stalin en plena campaña de este contra Trotsky: «¡Déjalo, Koba![24] No te pongas en ridículo. Todo el mundo sabe muy bien que la teoría no es tu fuerte». También, y según el testimonio de Serge, cuando en 1927 Stalin visitó el Instituto Marx-Engels y vio los retratos de Marx, Engels y Lenin preguntó a Riazánov: «¿Dónde está mi retrato?». Riazánov le replicó: «Marx y Engels son mis maestros, Lenin fue mi camarada. Pero ¿qué eres tú para mí?».

Riazánov fue arrestado por el NKVD[25] en febrero de 1931, bajo la falsa acusación de recibir paquetes de un supuesto «centro internacional menchevique». Stalin decidió su deportación, como anteriormente había hecho el régimen zarista, a la región de Sarátov, en el Volga. Cuando tuvo conocimiento de su detención, Trotsky refutó las acusaciones estalinistas y defendió al veterano revolucionario:

«En el momento de escribir estas líneas, no sabemos nada acerca de la expulsión de Riazánov del partido, exceptuando los informes de los despachos oficiales de TASS [la agencia de prensa soviética]. Riazánov fue expulsado del partido no por tener divergencias con la llamada línea general, sino por «traición» al mismo. Riazánov es acusado —nada más y nada menos— de haber conspirado con los mencheviques y eseristas,[26] que estaban aliados a los conspiradores de la burguesía internacional. Esta es la versión del comunicado oficial (…)

En Riazánov tenemos a un hombre que ha participado en el movimiento revolucionario durante más de 40 años; y todas las etapas de su actividad han entrado, de una forma u otra, en la historia del partido proletario. Riazánov tuvo serias divergencias con el partido en distintos periodos, incluyendo los tiempos de Lenin, o mejor, especialmente en aquellos tiempos, cuando participaba activamente en la formulación cotidiana de la política partidista. En uno de sus discursos, Lenin habló directamente del lado fuerte de Riazánov así como de su lado débil. Lenin no consideraba a Riazánov como un político. Cuando hablaba de su lado fuerte, tenía en cuenta su idealismo, su profunda devoción por la doctrina marxista, su erudición excepcional, su honestidad de principios, su intransigencia para defender la herencia de Marx y Engels. Precisamente por eso el partido colocó a Riazánov a la cabeza del Instituto Marx-Engels, que él mismo había creado. Su trabajo tenía importancia internacional no solo desde una perspectiva histórico-científica, sino también desde un punto de vista revolucionario y político. El marxismo es inconcebible si no se acepta la dictadura revolucionaria del proletariado. El menchevismo es la refutación democrático-burguesa de esta dictadura. Al defender el marxismo contra el revisionismo, Riazánov llevó a cabo, a través de toda su actividad, una lucha contra la socialdemocracia y, en consecuencia, contra los mencheviques rusos. ¿Cómo puede, entonces, reconciliarse la posición principista de Riazánov con su participación en la conspiración menchevique?».[27]

Condenado a la miseria y al hambre, Riazánov apenas pudo sobrevivir gracias a trabajos esporádicos y a traducir algunos textos para la universidad local. A pesar de todo, el viejo revolucionario se negó a representar el papel de arrepentido y de delator durante los interrogatorios que sufrió. Incluso se negó a autoinculparse, como contó el propio Nikolái Yezhov, jefe del NKVD.

Su asesinato, a manos de los verdugos de Stalin, llegaría pocos años después, en el furor de las grandes purgas. El 19 de enero de 1938, el fiscal general de Sarátov le acusa, entre otras cosas, de «extrema hostilidad personal hacia el camarada Stalin». Finalmente, el 21 de enero de ese año fue juzgado a puerta cerrada, en una sesión que solo duró quince minutos. La delegación regional de Sarátov del Colegio Militar de la Corte Suprema de la URSS lo condenó a muerte por formar parte de una «organización terrorista trotskista» y por «difundir invenciones calumniosas sobre el partido y el poder soviético». Fue ejecutado.

Notas:

[1]El Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) nació en 1875 producto de la fusión, en el Congreso de Gotha, del Partido Obrero Socialdemócrata —de inspiración marxista y dirigido por August Bebel y Wilhelm Liebknecht— y la Asociación General de los Trabajadores Alemanes, fundada por Ferdinand Lassalle. La unión de ambas fuerzas inspiró una profunda desconfianza a Marx y Engels, especialmente por las importantes concesiones hechas a los seguidores de Lassalle, como atestigua la correspondencia que ambos mantuvieron al respecto. Esas cartas están compiladas en la famosa obra Crítica del Programa de Gotha (existe edición de la Fundación Federico Engels).

[2]La ley de excepción contra los socialistas alemanes se promulgó en octubre de 1878. El SPD, las organizaciones obreras de masas y la prensa obrera fueron prohibidas. La presión del movimiento obrero logró su derogación en octubre de 1890.

[3]Ciudad donde se fundó el Partido Obrero Socialdemócrata en 1869 por August Bebel y Wilhelm Liebknecht.

[4]Acerca de las perspectivas que se abrían para un Estado socialista aislado, G. Vollmar se pronunció en un estudio especial, El Estado socialista aislado, a favor de Dühring y en contra de Bebel. A su juicio, las probabilidades históricas indicaban que el socialismo empezaría por triunfar en un país y que nada podría oponerse a su consolidación y florecimiento. (Nota de Riazánov)

[5]«Privat-dozent» designa a los profesores con título universitario pero que aún no han recibido una cátedra de docencia o investigación y, por eso, no recibían remuneración del Estado. Era un paso imprescindible para conseguir la plaza.

[6]A. Bebel, Aus meinem Leben, II, pág. 388. (Nota de Riazánov)

[7]Se aludía al proyecto de publicación de una revista científica del partido. (Nota de Riazánov)

[8]«Pero el prestigio de Dühring se desvaneció enseguida y por completo a los ojos de sus adeptos socialistas. Su conducta tomó características tan autocráticas y rayanas en la megalomanía que todos fueron, sucesivamente, separándose de él» (A. Bebel, Aus meinent Leben, II, pág. 388). (Nota de Riazánov)

[9]              Marx y Engels dedican al «verdadero socialismo» un apartado en El Manifiesto Comunista, denunciándolo como representante de un interés reaccionario —el del pequeñoburgués alemán— y arma del Gobierno prusiano contra la democracia.

[10]             La Voluntad del Pueblo, cuyos seguidores eran conocidos como como narodniki o populistas. Surgió de Zemliá i Volia (Tierra y Libertad), organización en la que se desarrollaron tendencias políticas contradictorias y que en 1879 se escindió en dos: Naródnaia Volia (La Voluntad del Pueblo), que se orientó al terrorismo individual y fue aplastada tras el asesinato del zar Alejandro II (1881), y Chorni Peredel (Repartición Negra, alusión a la demanda del reparto de la tierra entre los «negros», los siervos), grupo encabezado por Plejánov que evolucionó hacia el marxismo, formando en Suiza la primera organización marxista rusa, el grupo Emancipación del Trabajo (1883).

[11]Metzner era, además de socialdemócrata, zapatero de profesión, y Dühring le visitaba para requerir sus servicios. (Nota de Riazánov)

[12]A. Koslov, autor de un estudio sobre la Historia crítica de la filosofía, que apareció en la revista Snanie (Saber), publicó en Kiev un libro titulado La filosofía de la realidad, una exposición del sistema filosófico de Dühring, seguida de un resumen crítico. Este libro, aunque publicado en 1878, fue escrito antes de que Dühring fuera expulsado de la universidad. (Nota de Riazánov)

[13]Mencionaremos además el artículo de Isk-Ov Resumen de las teorías de Hartmann, Dühring y Lang, publicado en la revista Dielo, diciembre de 1883. (Nota de Riazánov)

[14]Discurso pronunciado por Lassalle el 12 de abril de 1862 en Oranienburg (Berlín) ante los obreros mecánicos y en el que abogaba por que la clase obrera actuara como una fuerza política independiente. Suscitó una gran acogida en el Comité Obrero de Leipzig, y en una carta le pidieron opinión sobre el movimiento obrero y su forma de lucha. La respuesta de Lassalle es el conocido como Manifiesto Obrero, una carta abierta, que se publicó en Zúrich el 18 de marzo de 1863.

[15]Fundado en Moscú en 1921 y dirigido por Riazánov.

[16]También llamado «acorazado monocalibre». Desde 1906 fue el tipo de acorazado predominante durante el siglo XX.

[17]Riazánov se refiere al Partido Obrero Socialdemócrata Ruso (POSDR).

[18]F. Engels, Del socialismo utópico al socialismo científico. Fundación Federico Engels, Madrid, 2019.

[19]Escrito por Lenin durante la primavera y el verano de 1894.

[20]Se celebró del 5 al 8 de septiembre de 1915 en Zimmerwald (Suiza). En ella se enfrentaron los internacionalistas revolucionarios, encabezados por Lenin, y la tendencia centrista, impregnada por el espíritu conciliador y pacifista de Kautsky.

[21]Corriente del POSDR formada en 1913, tras la escisión definitiva del partido entre bolcheviques y mencheviques un año antes, con el objetivo de impulsar una futura reunificación. Muy activos durante toda la revolución (fueron el primer grupo socialdemócrata en sacar un panfleto en febrero de 1917 llamando a un levantamiento armado). Los acontecimientos y el giro a la izquierda del Partido Bolchevique, tras la llegada de Lenin a Petrogrado en abril, llevaron a la unificación de ambas corrientes en julio. Muchos miembros del Comité Interdistritos (Trotsky, Joffe, Lunacharski, Uritski, Riazánov...) jugaron un papel destacado durante y después de Octubre.

[22]Término para describir un periodo de reacción política sin una contrarrevolución social. Hace referencia al mes de julio (termidor, en el calendario revolucionario francés) de 1794, cuando un golpe reaccionario derrocó a los jacobinos, cuyo dirigente era Robespierre, pero mantuvo las conquistas fundamentales de la Revolución francesa de 1789. Trotsky calificó el ascenso del estalinismo de «termidor soviético» porque llevó a cabo una contrarrevolución política en la URSS, pero manteniendo la conquista fundamental de Octubre: la economía nacionalizada y planificada.

[23]Un epígono es una persona que sigue las enseñanzas de un maestro o generación anterior, a menudo con menor genialidad. Como término político, Trotsky lo utilizó con frecuencia para describir a los estalinistas.

[24]Alias de Stalin en su primera etapa de militancia revolucionaria.

[25]Policía política estalinista.

[26]Mencheviques: miembros de la corriente reformista del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia. Recibieron su nombre en el II Congreso del POSDR (1903), donde quedaron en minoría (menshinstvó), mientras que los socialdemócratas revolucionarios, encabezados por Lenin, obtuvieron la mayoría (bolshinstvó) y fueron llamados bolcheviques. || Eseristas: miembros del Partido Social-Revolucionario ruso, llamados así por su acrónimo (SR). Surgidos en 1902 de la unificación de diferentes grupos narodniki. Era un partido pequeñoburgués cuyas concepciones eran una amalgama ecléctica de reformismo y anarquismo.

[27]León Trotsky, El caso del camarada Riazánov, 8 de marzo de 1931, publicado en The Militant (1/05/1931).

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