El despliegue del ejército con armamento pesado en la frontera de Ceuta con Marruecos es una nueva demostración de la inhumanidad de una política migratoria basada en la represión y el absoluto desprecio a los derechos humanos.

Como ya ocurrió hace unos meses en Canarias, miles de personas que intentan huir de la miseria y de la opresión de su país de origen se encuentran a su llegada al Estado español con un dispositivo que los trata de forma brutal y que, como si fueran peligrosos criminales, los conduce de nuevo a la frontera para ser inmediatamente expulsados.

Que sea un gobierno que se declara “progresista” y “defensor de los Derechos Humanos” el que toma estas medidas no sirve de consuelo a los migrantes tan duramente tratados. De hecho, es muy difícil encontrar diferencias sustanciales entre la política migratoria del Gobierno de Mariano Rajoy y la del gobierno actual.

Pedro Sánchez ha llamado a defender la frontera por todos los medios, como si estuviésemos ante una agresión armada. Del PSOE no cabía esperar otra cosa, pero la connivencia con esta actuación de Unidas Podemos es escandalosa. Desde sus filas no se ha elevado la más mínima protesta contra esta acción brutal, y desde las redes del PCE, el partido que cuenta con dos ministros, se ha justificado como un medio para "proteger la soberanía nacional" frente a la provocación de Marruecos. Leer algo así en los medios del Partido Comunista no sólo produce vergüenza. Es el tipo de demagogia que utiliza también la extrema derecha para diseminar su mensaje de odio y llamar a frenar la "invasión".

Se ve que las propuestas recogidas en el programa de Unidas Podemos con el que concurrieron a las últimas elecciones – cero muertes en el Mediterráneo, cierre de los CIE, garantizar los derechos civiles de las personas migradas y el derecho de asilo – han sido arrinconadas al trastero de las buenas intenciones en aras de la "razón de Estado". Pero este Estado del que hablamos defiende una política exterior imperialista y en materia migratoria se somete a la política racista de la UE.

Que no nos vengan ahora con el cuento de la soberanía cuando no tienen ningún escrúpulo, ni este Gobierno ni los anteriores, para apoyar económica, militar y políticamente a dictadores como Mohamed VI y Erdogan para que hagan el trabajo sucio de gendarmes fronterizos..

La actitud de la izquierda gubernamental da alas a la extrema derecha, no solo la del Estado español sino también la europea. El fascista Matteo Salvini, ex vicepresidente del gobierno italiano, ha reclamado al gobierno de su país que aplique a los inmigrantes la misma mano dura que el gobierno de Pedro Sánchez. Y Vox, después de ver cumplida su exigencia de despliegue del Ejército, vomita sus proclamas racistas y xenófobas con la esperanza de recuperar aún más protagonismo.

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Esta actitud da alas a la extrema derecha, no solo a la española sino también a la europea: el fascista de Matteo Salvini ha exigido al gobierno italiano la misma mano dura que el ejecutivo de Sánchez contra los inmigrantes.

Es innegable que la extrema derecha tiene motivos para alegrarse. Que el gobierno PSOE-UP aplique en cuestiones de migración la misma agenda represiva que el PP solo puede servir para reforzar el enfrentamiento entre trabajadores nativos y trabajadores migrantes que la clase dominante tan celosamente ha promovido desde los primeros tiempos del capitalismo.

Las restricciones a la migración solo favorecen a los capitalistas

El discurso demagógico que plantea una total incompatibilidad entre los derechos y conquistas sociales de los trabajadores nativos y el derecho de los migrantes a buscar unas mejores condiciones de vida y a huir de la guerra, de la tiranía y de la miseria, es completamente falso, y así lo ha demostrado la historia del movimiento obrero.

Quién ataca y erosiona desde hace décadas las condiciones de vida de la clase trabajadora en el Estado español, al igual que ocurre en todos los países capitalistas, es la burguesía y su Estado. Son las políticas de austeridad, que hunden sus raíces en la crisis estructural del capitalismo, las que ponen en peligro derechos y avances sociales que hace unas pocas décadas parecían inamovibles. La mayor o menor presencia de trabajadores inmigrantes no determina por si misma ni mejores ni peores condiciones de vida para los trabajadores nativos. En cambio, los momentos en que la clase trabajadora ha actuado unida, superando diferencias de origen o raza, han sido los que más triunfos le han asegurado.

Lo qué si contribuye a deteriorar las condiciones de vida de toda la clase trabajadora, con independencia de la nacionalidad, es que las fuerzas de izquierda y los sindicatos hagan suyo el discurso xenófobo y racista que promueven los empresarios y entren en el juego de enfrentar entre si a diferentes colectivos de trabajadores, ya sea por su país de origen, por el color de su piel, por su religión, o por cualquier otra excusa.

Esta es la vía más segura de debilitarnos y hacernos vulnerables frente a los ataques de la patronal. En vez de oponer frente a los ataques patronales un sólido muro de trabajadoras y trabajadores con un programa combativo y de clase, fomentando la unidad por encima de cualquier diferencia de origen o status legal, lo que hace es alimentar la idea de privilegiar a uno u otro colectivo (del tipo de “los españoles primero” o “primero los que tiene papeles en regla”), y no salirse de la estrategia del pacto social y el respeto al régimen del 78.

¡Abajo la dictadura de Mohammed VI!

Desde las filas del gobierno PSOE-UP se echa la culpa de la situación en Ceuta al gobierno marroquí, coincidiendo, de nuevo, con la opinión de Vox, que ya se ha apresurado a exigir a la Unión Europea sanciones contra Marruecos.

¡Qué demagogia tan despreciable! ¡Qué hipocresía tan rastrera! PSOE y UP simulan ignorar que la dictadura sanguinaria de Mohamed VI, igual que la de su padre Hassan II y la de su abuelo Mohamed V, son una creación directa del imperialismo europeo, que al final de la época coloquial colocó a la familia real marroquí en el poder, la ha protegido militarmente en todo momento, ha colaborado en sus peores crímenes políticos (como el secuestro, tortura y asesinato en territorio francés del dirigente socialista Mehdi Ben Barka) y la ha asociado a sus prósperos negocios en Marruecos, basados en la explotación más despiadada de su población trabajadora y del saqueo de sus grandes recursos naturales.

El gobierno de coalición no ha movido un dedo contra la infame ocupación militar del territorio de lo que fue el Sahara español, una traición al pueblo saharaui y su justo combate por la libertad y la independencia que ayuda, y mucho, a Mohamed VI a sostener su dictadura criminal.

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En lugar de tratar como criminales a la población que huye de las condiciones de miseria de su país, una miseria mantenida por la UE, un gobierno de izquierdas cortaría inmediatamente sus vínculos con el régimen marroquí.

En lugar de tratar como criminales a la población que huye de las condiciones de miseria de su país, una miseria que las políticas de la UE ayudan a mantener, un gobierno realmente de izquierdas debería cortar inmediatamente sus vínculos con el régimen marroquí y, aplicando una política realmente solidaria y socialista, ayudar a la clase trabajadora de Marruecos a deshacerse de la dictadura de Mohamed VI y avanzar en el camino de su emancipación.

La política exterior de Pedro Sánchez, con el apoyo de UP, ha sido clara: continuar respaldando la agenda imperialista de la UE y EEUU en todos los aspectos cruciales. Su actitud escandalosa respecto a la masacre sionista en Palestina o su silencio cómplice frente al régimen de Duque en Colombia son los últimos ejemplos destacados. Pero la lista es muy amplia. Nos gustaría decir lo contrario claro, pero la verdad es esta por amarga que sea para miles de activistas de la izquierda.

¡Por una izquierda revolucionaria, internacionalista y antirracista!

En política migratoria, igual que en el resto de los ámbitos de la acción gubernamental, la dura realidad del capitalismo en crisis se impone. No hay ya lugar para terceras vías o caminos intermedios. La inhumanidad de las políticas que está aplicando el gobierno, la pendiente por la que se desliza haciendo participar al Ejército en tareas represivas, demuestra una vez más que quién renuncia a transformar la sociedad y, en nombre de algo que denominan “realismo”, opta por convertirse a sí mismo en un fiel gestor de los intereses del capital, se ve abocado a tomar medidas que no solo contradicen sus principios, sino que se convierten en el principal obstáculo para el desarrollo de una política que dé solución a los problemas de la clase trabajadora.

Levantar una alternativa de izquierda revolucionaria, internacionalista y antirracista es una tarea inaplazable. ¡Únete a nosotros para construirla!


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