Los medios de comunicación están desarrollando una campaña masiva sobre los supuestos riesgos de que la gripe aviar pueda desembocar en una epidemia de gripe humana de proporciones mundiales. Aprovechando el desconocimiento de la población y la ausencia de una vacuna efectiva se está fomentando el miedo. Es significativo que tras aparecer los primeros casos en Europa, se haya intensificado una gigantesca campaña de propaganda, que no persigue sino elevar las cuentas de la multinacional suiza Roche, fabricante del medicamento Tamiflu, sin que se aborde de manera racional y científica el problema.

¿Qué es la gripe aviar?

Es una enfermedad infecciosa causada por cepas A del virus de la gripe, identificado por vez primera en Italia hace más de cien años, que afecta a las aves y que sólo se puede transmitir a los seres humanos por contacto directo, por lo que los casos detectados corresponden a personas en estrecho contacto con las aves infectadas (granjas, campesinos, manipuladores de aves, etc.). A partir de los focos iniciales asiáticos, la enfermedad se está extendiendo por todo el mundo, incluyendo la civilizada Europa, por lo que se han disparado las alarmas. La única medida de control puesta en marcha, el sacrificio de millones de aves, no ha conseguido detener su expansión, aunque puede suponer la ruina para miles de campesinos de Asia.

Se considera que todas las aves son vulnerables a la gripe aviar, pero algunas especies son más resistentes a la infección que otras. La infección causa un amplio espectro de síntomas en las aves, desde una variante leve hasta un cuadro altamente contagioso y rápidamente mortal que da lugar a graves epidemias. Esto último es lo que se conoce como «gripe aviar altamente patógena». Esta variante se caracteriza por su rápida aparición, por la gravedad de los síntomas y por su evolución fulminante, con una mortalidad muy cercana al 100%. Se conocen 15 subtipos de virus de la gripe que infectan a las aves, lo que representa un amplio reservorio de virus gripales potencialmente circulantes en las poblaciones de aves. Hasta la fecha, todos los brotes de la forma hiperpatógena han sido causados por los subtipos H5 y H7 de la cepa A.

Las aves acuáticas migratorias -en particular los patos salvajes- constituyen el reservorio natural de los virus de la gripe aviar, y estas aves son también las más resistentes a la infección. Las aves de corral domésticas, en particular los pollos y los pavos, son especialmente vulnerables a estas epidemias de gripe fulminante. El contacto directo o indirecto de las aves domésticas con las aves acuáticas migratorias salvajes se ha citado como una causa frecuente de epidemias. Los mercados de animales vivos son otro eslabón importante en la propagación de esas epidemias. Investigaciones recientes han demostrado que los virus de baja patogenicidad pueden, después de estar circulando durante periodos a veces breves en una población de aves de corral, mutar y transformarse en virus hiperpatógenos.

Durante una epidemia que se produjo en 1983-1984 en los Estados Unidos de América, la cepa H5N2 causó inicialmente una baja mortalidad, pero en sólo seis meses adquirió una alta virulencia, con una mortalidad cercana al 90%. Para controlar el brote hubo que sacrificar más de 17 millones de aves, lo que costó casi 65 millones de dólares. Durante una epidemia que sufrió Italia en 1999-2001, la cepa H7N1, inicialmente de baja patogenicidad, había mutado al cabo de nueve meses en una variante hiperpatógena. Más de 13 millones de aves murieron o fueron sacrificadas.

La cuarentena de las granjas infectadas y el sacrificio de las poblaciones infectadas o potencialmente expuestas son medidas de control habituales para prevenir la propagación a otras granjas y el eventual arraigo del virus en la población de aves de corral de un país. Además de ser altamente contagiosos, los virus de la gripe aviar se transmiten fácilmente de una explotación a otra por medios mecánicos, como los equipos, vehículos, pienso, jaulas o ropa contaminados. Los virus altamente patógenos pueden sobrevivir durante largos periodos en el ambiente, sobre todo a temperaturas bajas. Así y todo, aplicando unas medidas estrictas de saneamiento en las granjas se puede lograr cierto grado de protección. En ausencia de unas medidas de control rápidas respaldadas por una buena vigilancia, las epidemias pueden durar años. Por ejemplo, una epidemia de gripe aviar por H5N2 que se declaró en México en 1992 comenzó con una baja patogenicidad, pero evolucionó hacia una forma altamente mortífera y no se pudo controlar hasta 1995.

La epidemia actual de gripe aviar por el subtipo H5N1 se inició en Japón y luego se extendió por toda Asia. La aparición reciente de casos en Turquía, Rumanía y Grecia han hecho saltar todas las alarmas, a pesar de que no se han producido casos humanos. Ahora acaban de añadirse a la lista casos sospechosos en Macedonia, Croacia y Bulgaria. Todos estos casos podrían deberse a la coincidencia con las migraciones otoñales de aves salvajes desde Asia hacia el Delta del Danubio. En nuestro país se está procediendo a analizar aves salvajes en Doñana y el Delta del Ebro para ver si poseen el subtipo H5N1.

La infección del hombre por la gripe aviar

Todos los virus de la gripe de tipo A, incluidos los que regularmente causan epidemias estacionales en el hombre, son genéticamente lábiles y tienen la tendencia a experimentar cambios antigénicos frecuentes y permanentes que obligan a vigilar constantemente la situación mundial de la gripe y a introducir cada año ajustes en la composición de las vacunas antigripales.

Además, los diferentes subtipos de los virus gripales tipo A pueden intercambiar o «recombinar» el material genético y fusionarse, surgiendo un nuevo subtipo. Como las poblaciones carecen de inmunidad frente al nuevo subtipo, y como no hay ninguna vacuna que confiera protección contra él, el cambio antigénico ha dado lugar a lo largo de la historia a pandemias altamente mortíferas, como la famosa pandemia de 1917. Para que ello ocurra, el nuevo subtipo ha de poseer genes de los virus de la gripe humana que le permitan transmitirse fácilmente de una persona a otra.

Se considera desde hace tiempo que la existencia de poblaciones humanas que viven en estrecho contacto con aves de corral y cerdos domésticos es un factor que favorece el cambio antigénico.

Como los cerdos son vulnerables a la infección tanto por virus aviares como por virus de mamífero, incluidas las cepas humanas, esos animales pueden hacer las veces de «tubo de ensayo» de mezcla del material genético de los virus del hombre y de las aves, del que emergería así un nuevo subtipo. Sin embargo, algunos acontecimientos recientes han permitido identificar otro mecanismo posible: existen cada vez más indicios de que, al menos para algunos de los 15 subtipos de virus de la gripe aviar que circulan entre las poblaciones de aves, la propia especie humana podría servir de «tubo de ensayo».

Los virus de la gripe aviar no suelen infectar a otros animales aparte de las aves y los cerdos. El primer caso de que se tiene noticia de infección del hombre por virus de la gripe aviar se produjo en Hong Kong en 1997, cuando la cepa H5N1 causó una enfermedad respiratoria grave a 18 personas, seis de las cuales fallecieron.

Esa infección coincidió con una epidemia de gripe aviar hiperpatógena, causada por esa misma cepa, en la población de aves de corral de Hong Kong. Una amplia investigación de ese brote concluyó que el contacto estrecho con las aves infectadas vivas había sido el origen de la infección humana. Los estudios genéticos realizados posteriormente mostraron que el virus había saltado directamente de las aves al hombre. Se produjo también una transmisión limitada al personal sanitario, sin llegar a causar síntomas de gravedad.La rápida destrucción, a lo largo de tres días, de toda la población de aves de corral de Hong Kong, estimada aproximadamente en 1,5 millones de animales, redujo las posibilidades de transmisión directa a la especie humana y evitó tal vez una pandemia.

Ese acontecimiento alarmó a las autoridades sanitarias, pues demostraba por primera vez que un virus de la gripe aviar podía transmitirse directamente al hombre y causar una enfermedad grave con alta mortalidad. La alarma cundió de nuevo en febrero de 2003, cuando un brote de gripe aviar por H5N1 registrado en Hong Kong causó dos casos y una muerte entre los miembros de una familia que había viajado recientemente al sur de China. Otro hijo de la familia falleció durante esa visita, pero se desconoce la causa de la muerte. Un nuevo brote del mismo tipo se detectó en diciembre de 2003 en la República de Corea y otro en enero de 2004 en Vietnam.

Otros dos virus de la gripe aviar han sido causa reciente de enfermedad en el hombre. Un brote de la gripe aviar H7N7 altamente patógena, declarado en los Países Bajos en febrero de 2003, causó la muerte de un veterinario dos meses más tarde, y un cuadro leve en otras 83 personas. Se han registrado casos leves de la gripe aviar H9N2 entre niños en Hong Kong en 1999 (dos casos) y a mediados de diciembre de 2003 (un caso). La cepa H9N2 no es altamente patógena en las aves.

¿Por qué la cepa H5N1 es especialmente precocupante?

De los 15 subtipos del virus de la gripe aviar, la cepa H5N1 es especialmente preocupante por varias razones. Es una cepa que muta rápidamente y tiene una tendencia demostrada a adquirir genes de virus que infectan a otras especies animales. Su capacidad para causar una enfermedad grave en el hombre ha quedado ya constatada. Además, los estudios de laboratorio realizados han demostrado que los aislados de este virus tienen una alta patogenicidad y pueden tener serios efectos en el hombre. Las aves que sobreviven a la infección excretan el virus durante al menos 10 días, oralmente y por las heces, lo que facilita la ulterior propagación en los mercados de aves de corral vivas y a través de las aves migratorias.

Si a medida que pasa el tiempo crece el número de personas infectadas, aumentará también la probabilidad de que el ser humano, cuando se vea infectado simultáneamente por cepas de la gripe humana y la gripe aviar, sirva también de «tubo de ensayo» del que emerja un nuevo subtipo que posea los suficientes genes humanos para poder transmitirse fácilmente de una persona a otra. Ese hecho marcaría el inicio de una pandemia de gripe.

¿Pueden evitarse las pandemias de gripe?

A juzgar por lo ocurrido a lo largo de la historia, las pandemias de gripe tienden a producirse como media unas tres o cuatro veces cada siglo, de resultas de la aparición de un nuevo subtipo del virus que se transmite fácilmente de una persona a otra. Sin embargo, la aparición de una pandemia de gripe es impredecible. En el siglo XX, a la gran pandemia de gripe de 1918-1919, que causó entre 40 y 50 millones de muertos en todo el mundo, siguieron las pandemias de 1957-1958 y 1968-1969.

Los expertos coinciden en que la aparición de otra pandemia de gripe es inevitable y posiblemente inminente. La mayoría de los expertos en gripe coinciden también en que la rápida matanza de la totalidad de la población de aves de corral de Hong Kong en 1997 evitó probablemente una pandemia.

Es posible adoptar varias medidas para intentar reducir al mínimo los riesgos para la salud pública mundial que pueden derivarse de los grandes brotes de gripe aviar por H5N1 altamente patógena. Una prioridad inmediata es detener la propagación de la epidemia en las poblaciones de aves de corral, estrategia que reduce las oportunidades de exposición humana al virus. La vacunación de las personas con alto riesgo de exposición a las aves infectadas, usando las vacunas más eficaces existentes contra las cepas circulantes de la gripe humana, permite reducir la probabilidad de coinfección del ser humano con cepas aviares y humanas, y reducir también así el riesgo de que se produzca un intercambio de genes. Los trabajadores que participan en la matanza selectiva de aves de corral deben protegerse debidamente contra la infección empleando la ropa y el equipo adecuados. Estos trabajadores deben recibir asimismo medicamentos antivíricos como medida profiláctica.

Ante la aparición de casos de gripe aviar en el hombre, se precisa urgentemente información sobre la extensión de la infección gripal en los animales y en el hombre y sobre los virus gripales circulantes a fin de poder evaluar los riesgos para la salud pública y determinar las medidas de protección más idóneas. También es esencial investigar exhaustivamente cada caso. Si bien la OMS y los miembros de su red mundial de vigilancia de la gripe, en colaboración con otros organismos internacionales, pueden contribuir a muchas de esas actividades, la contención de los riesgos para la salud pública depende también de la capacidad epidemiológica y de laboratorio de los países afectados y de la idoneidad de los sistemas de vigilancia ya implantados.

Aunque todas estas actividades tenderán a reducir la probabilidad de que aparezca una cepa pandémica, no es posible predecir con certitud si se podrá evitar otra pandemia de gripe.

Hasta la fecha se han confirmado 117 casos en seres humanos (60 muertos) y han tenido que sacrificarse 150 millones de aves en todo el mundo.

Evolución clínica y tratamiento de los casos humanos de gripe aviar por H5 N1

La información publicada sobre la evolución clínica de la infección humana por la cepa H5N1 de la gripe aviar se limita a los estudios de casos realizados durante el brote declarado en Hong Kong en 1997. En esa ocasión los pacientes desarrollaron síntomas de fiebre, dolor de garganta, tos y, algunos de los casos mortales, disnea grave por neumonía vírica. Se vieron afectados adultos y niños previamente sanos, y algunos con dolencias crónicas.

Las pruebas disponibles para diagnosticar todas las cepas del virus de la gripe que afectan a los animales y al hombre son rápidas y fiables. Numerosos laboratorios de la red mundial OMS de vigilancia de la gripe poseen las instalaciones de alta seguridad y los reactivos necesarios para llevar a cabo esas pruebas, así como una considerable experiencia. Se dispone también de pruebas rápidas de cabecera para el diagnóstico de la gripe humana, si bien tales pruebas carecen de la precisión de los análisis más sofisticados que actualmente se requieren para dilucidar por completo los casos más recientes y determinar si la infección humana se está propagando, ya sea directamente desde las aves o entre las personas.

La experiencia acumulada en la producción de vacuna antigripal también es considerable, sobre todo teniendo en cuenta que cada año se modifica su composición para adaptarla a los cambios que experimenta el virus circulante como consecuencia de la deriva antigénica. Sin embargo, en principio se necesitan al menos cuatro meses para producir en cantidades importantes una nueva vacuna que confiera protección contra un nuevo subtipo del virus.

¿Existe riesgo de pandemia humana?

Los catastrofistas de toda condición están agitando el fantasma de millones de muertos, recurriendo a la experiencia de la pandemia gripal de 1917, que se llevó por delante a millones de seres humanos y cuyas consecuencias todavía son visibles en las pirámides demográficas de muchos países, incluido el nuestro.

El problema que se puede plantear, más pronto o más tarde, es que este virus se recombine dentro de un enfermo con gripe humana, dando como consecuencia la aparición de un nuevo virus humano de la gripe para que el que no existe vacuna. Esta nueva mutación del virus de la gripe todavía no se ha producido, pero cuando lo haga, podría producirse una pandemia gripal tal vez similar a la de 1917.

El tratamiento “preventivo” o el afán de lucro de las multinacionales

No es casualidad que recientemente el laboratorio Roche, fabricante del oseltamivir (TamifluR) “donara” a la OMS 3 millones de tratamientos. Y no es casualidad porque la campaña de psicosis que se está fomentando puede hacer que las ventas de este medicamento se disparen en todo el mundo. El otro medicamento disponible es el zanamivir (RelenzaR, de la multinacional Glaxo-Wellcome).

Pero no es oro todo lo que reluce. Este medicamento no cura en absoluto la gripe, sino que simplemente frena su evolución y disminuye los síntomas. Según las autoridades sanitarias, el Tamiflu, autorizado en 2002, aporta una “nula o muy pequeña mejora terapéutica” (Información Terapéutica del Sistema Nacional de Salud, vol. 27, nº 2, 2003). El coste de un tratamiento ascendía ese año a 32,39 euros. Por otra parte, si hacemos caso a la OMS: “Los fármacos antivíricos, algunos de los cuales se pueden utilizar a efectos tanto de tratamiento como de prevención, son eficaces clínicamente contra las cepas del virus gripal en adultos y niños por lo demás sanos, pero no están exentos de inconvenientes. Algunos de esos medicamentos son además caros, y de suministro limitado”.

Como señala El Mundo en su edición digital del 19 de octubre (www.elmundo.es): “Muhos expertos en gripe aviar cuestionan la postura tomada por los gobiernos de distintos países dirigiendo sus esfuerzos a la compra masiva de antivirales. (…) Los motivos de esta crítica se basan en que los antivirales que hay actualmente en el mercado nunca han sido utilizados para controlar brotes de gripe aviar y ni siquiera se tiene claro si son eficaces contra la temida cepa H5N1 si ésta mutase y saltara de las aves a los humanos”.

El Dr. Mike Ryan, director para la vigilancia de la gripe de la OMS en Ginebra, aclara que "los fármacos son eficaces si se utilizan en un lugar adecuado y de una manera correcta". Y añade que "no hay una gran literatura o experiencia" en el empleo de estos antivirales para controlar epidemias de gripe.

A pesar de esto, los ministros de exteriores de la Unión Europea han calificado de “amenaza global” un virus inexistente y la propia Unión Europea está alentando la compra masiva de Tamiflu. Afirman, sin ninguna base científica, que cada país debe tener antivirales para el 25% de la población. El Reino Unido va a comprar 40,5 millones de dosis de Tamiflu, que se añadirán a los 3 millones que ya tiene. Nuestro país, que había contratado un pedido de 2 millones de tratamientos a Roche, ha elevado su petición a 10 millones más. El coste de este pedido es de unos 100 millones de euros.

A pesar de que no se trata de un medicamento curativo ni preventivo, la ausencia de una vacuna humana (que no se puede fabricar todavía porque ni existe tal pandemia de gripe humana ni se sabe cuál será su subtipo) está disparando las ventas de este medicamento, por supuesto en los países desarrollados. Su precio, prohibitivo para la mayoría de los países del Tercer Mundo, unido a la presión social que pudiera generarse para su adquisición por los gobiernos, está haciendo que el negocio de Roche esté creciendo como la espuma. No es casual que EE.UU. haya aprobado la construcción de una planta de Roche para fabricar Tamiflu en su país.

No deja de llamar la atención que el ESWI (Grupo de Trabajo Científico Europeo sobre Gripe) afirme sin tapujos que el Tamiflu reduce un 38% la gravedad de los síntomas , un 37% su duración, un 67% sus complicaciones y un 65-85% los contagios. La pregunta que debemos hacernos es cómo se puede afirmar esto cuando todavía no se ha producido ninguna pandemia humana por la variante H5N1 ni se sabe la respuesta al tratamiento. Se obvian cuidadosamente otros aspectos muy importantes, como por ejemplo, que se podría producir un aumento de las resistencias de otras variantes de gripe humana, lo cual invalidaría este medicamento, aunque, y esto es lo que le interersa a los carroñeros de la salud, alentaría la investigación de otros nuevos, sin duda más caros. Contradiciendo al ESWI, en la información de uso de Tamiflu se dice que “no evitará el contagio a otros”. ¿En qué quedamos?

Como en el caso del SIDA o la meningitis C, volvemos a encontrarnos con el afán de beneficio, ya que los laboratorios no están en absoluto dispuestos a rebajar los precios o permitir que lo fabriquen otros a menos precio. El ofrecimiento de Roche de ceder licencias a otros países o laboratorios, queda “matizada” por la condición de que “acrediten su capacidad técnica para desarrollar el fármaco de principio a fin” (El País, 19/10/05).

El capitalismo ignora las prioridades humanas

El control de la gripe aviar mediante la obtención de vacunas para las aves domésticas, que debería ser el principal objetivo para prevenir la aparición de nuevas pandemias, como señalan los veterinarios, no se está haciendo en absoluto. Según afirman Robert Welser y Diane Hulse, virólogos del Departamento de Enfermedades Infecciosas del St. Jude Children’s Research Hospital de los Estados Unidos, “la tecnología para producir vacunas veterinarias baratas a través de técnicas de genética inversa está disponible y debe ser desarrollada». Y sin embargo, se está permitiendo el sacrificio de millones de aves y el enriquecimiento de algunos laboratorios, sacrificando la necesaria investigación a los intereses de las empresas farmacéuticas fabricantes de antivirales.

A los capitalistas no les importa en absoluto el destino de los campesinos o agricultores o la propia ruina de los países afectados del Tercer Mundo, obligados a indemnizar a los propietarios de las aves sacrificadas. Al fin y al cabo, esta pandemia aviar servirá para aumentar la deuda y para incrementar la cuenta de beneficios de las multinacionales.

Estamos ante otra prueba más de los límites del capitalismo, incapar de enfrentarse a las necesidades sociales. Sólo una planificación social y económica en interés de la mayoría de la población, basada en una democracia real, o lo que es lo mismo el socialismo, podrá poner a disposición de toda la humanidad los conocimientos y la tecnología desarrollados por nuestra especie y preparar un salto gigantesco hacia un futuro mejor.

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