¡Expropiar a la oligarquía para defender a los trabajadores!

Bajo el grito de “se acabó la dictadura”, miles de personas se concentraron espontáneamente en el centro de Tegucigalpa el sábado 4 de diciembre al conocerse los primeros resultados de las elecciones generales celebradas seis días antes. A falta del escrutinio de las últimas actas [1], la izquierda, encabezada por Xiomara Castro y su partido Libertad y Refundación (LIBRE), se ha hecho con 1.7 millones de votos, más del 50%.

Esto son 14 puntos porcentuales por encima de Nasry Asfura, el candidato del oficialista Partido Nacional, que obtuvo cerca de 1.3 millones de apoyos, según el Consejo Nacional Electoral de Honduras.

A pesar de la engrasada maquinaria de fraude electoral, que se impuso en las citas de 2013 y 2017, la victoria ha sido tan contundente que no ha dado ningún margen al régimen para volver a implementar un nuevo fraude. Esto se debe sin lugar a dudas a la enorme participación, cerca del 70%, que ha convertido a Xiomara Castro en la candidata más votada de la historia. Tanto el imperialismo norteamericano a través de Kamala Harris, como el PN y la Iglesia Católica, han tenido que reconocer los resultados, impotentes ante la fuerza demostrada por la clase obrera y la juventud hondureña. 

En las coincidentes elecciones municipales, parlamentarias y al Parlamento Centroamericano, también se ha producido una contundente victoria de LIBRE, que obtiene las dos alcaldías más importantes (DC y San Pedro Sula), 50 de los 128 diputados del Congreso nacional y la mitad de los representantes en el Parlacen [2].

La lucha de masas derrotó a la derecha y al imperialismo

Tras el golpe de estado de 2009 contra Manuel Zelaya, el Partido Nacional se ha mantenido en el poder sobre la base de la represión y del fraude electoral, instaurando un régimen profundamente corrupto y reaccionario. Después del mandato de Porfirio Lobo (PN), el gobierno ha sido encabezado por Juan Orlando Hernández (JOH), una figura de “consenso” vinculada al ejército, los imperialistas y el narcotráfico. Sus lazos criminales son tan profundos, que su hermano, Tony Hernández, cumple cadena perpetua en EEUU por tráfico de drogas.

El escandaloso amaño en las elecciones de 2017 fue respondido por el Frente Nacional de Resistencia Popular, en donde se agrupan diferentes colectivos, sindicatos y organizaciones sociales, con una extraordinaria lucha y grandes movilizaciones de masas. JOH respondió con la represión salvaje y la militarización del país. Este mismo escenario se repitió frente al levantamiento de 2019 en defensa de la sanidad y la educación. Las masas tomaron la consigna “Fuera JOH” como el primer paso para acabar con el régimen, desacreditando a este criminal hasta el punto de que tanto la ONU como la OEA se vieron forzados a pedir su salida.

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La victoria de la izquierda ha sido tan contundente que no ha dado ningún margen al régimen para volver a implementar un nuevo fraude. Tanto el imperialismo norteamericano, como el PN y la Iglesia Católica han tenido que reconocer los resultados.

El PN ha intentado recuperar credibilidad llevando como candidato a Nasry Asfura, conocido como Papi a la Orden, un empresario de la construcción, implicado en casos de corrupción y totalmente vinculado al régimen, que ha adoptado un discurso populista de orden al estilo de la nueva extrema derecha latinoamericana. Por su parte, otro sector de la burguesía, plenamente consciente del odio existente hacia el oficialismo, intentó captar el voto de La Resistencia a través de la candidatura de Yani Rosenthal, del Partido Liberal, que fue ministro en el gobierno de Zelaya. Este partido, que abandono a Zelaya, su candidato, frente al golpe en 2009, ha actuado, junto al PN, para garantizar los intereses de la oligarquía y el imperialismo. Fruto de ello, en las elecciones no ha alcanzado ni el 10% de los votos. 

Un voto masivo contra la miseria, la violencia y el capitalismo

Debido a la salvaje opresión imperialista sobre el país, la historia de Honduras está caracterizada por una enorme miseria y violencia contra el pueblo. Ha habido una constante sucesión de gobiernos extraordinariamente corruptos, dependientes del capital estadounidense, y sostenidos por la violencia militar y las mafias. En medio del giro a la izquierda que se producía en toda Latinoamérica a principios de siglo, en el 2006, Manuel Zelaya logró la presidencia como candidato del PL. Fruto de la presión de las masas, inició una serie de reformas sociales y legislativas, que despertaron la ira de los capitalistas y la reacción, los cuales propiciaron el golpe de estado de 2009.

Desde entonces, las condiciones de vida en el país, ya extremadamente penosas, han ido empeorando, a la vez que la mafia del PN ha ido engordando sus bolsillos a costa de saquear las arcas públicas. La crisis capitalista y la pandemia de la COVID-19, a lo que hay que añadir las consecuencias de los huracanes Iota y Eta, han hundido aún más en la miseria a millones de hondureños. Alrededor del 70% de la población vive en la pobreza, 700 mil personas más a cierre de este año (un 7% del total de la población), y la economía se encuentra en caída libre, con un retroceso del PIB del 7,5%.

En medio de esta situación, y con un Estado totalmente fallido, la violencia de las bandas del narco supone una lacra, campando a sus anchas en colaboración con el propio aparato del Estado. A ello, hay que sumar el drama de la violencia machista, con un promedio de un feminicidio al día y más de 15 mil denuncias por agresiones sexuales en el último año. Fruto de esta situación miles de hondureños emigran atravesando Centroamérica y México tratando de alcanzar los EE.UU. Un millón de hondureños, el 10% de la población, se ha visto forzado a emigrar, habiéndose triplicado dicha cifra entre los años 2019 y 2020.

Durante la campaña electoral, Castro y LIBRE han planteado la “lucha contra el capitalismo como un sistema injusto, y por la construcción de un Estado Socialista Democrático”3, vinculando esta lucha a la batalla por echar al PN. Igualmente, han defendido la lucha contra la violencia machista, el derecho al aborto y plenas garantías democráticas al colectivo LGTBI.  Estos planteamientos han conectado con el profundo deseo de transformación social y con la experiencia de casi una década de lucha contra un régimen autoritario y corrupto por parte de las masas de la clase trabajadora, la juventud y los oprimidos.

¡Ningún acuerdo con la derecha! Por un Gobierno de los trabajadores y el pueblo con un programa socialista.

Sin embargo, los guiños por parte de Castro a sectores de burguesía y de la derecha, llamando a realizar un gran “pacto social y económico” o incluyendo como vicepresidente al empresario y presentador de televisión populista de derechas Salvador Nasralla, van en dirección opuesta al deseo de esos millones de hondureños que han votado por Castro. Tal y como estamos viendo en Perú, la burguesía no va a renunciar a sus privilegios y no se les va a convencer para ello. 

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Los guiños por parte de Castro a sectores de la burguesía y de la derecha van en dirección opuesta al deseo de los millones de hondureños que han votado por ella.

El propio ex presidente Zelaya también está insistiendo en este planteamiento: “En nuestro Gobierno hemos logrado unir la izquierda moderada de Libre y la derecha de Salvador Nasralla y esa apertura también incluye el campo internacional” [3]. Como hemos visto durante estos últimos 20 años en América Latina, con decenas de experiencias revolucionarias,  la derecha, la burguesía y el imperialismo sí están dispuestos a llegar a “pactos”, pero solo si la izquierda renuncia a su programa de transformación social y a tocar los privilegios de la oligarquía. 

No hay vía intermedia posible, o con los trabajadores y los oprimidos, o con la burguesía y el imperialismo. Esta es la disyuntiva que tendrá que enfrentar desde que se constituya el Gobierno de Xiomara Castro. La derecha y el imperialismo se sienten débiles y necesitan reagrupar sus fuerzas. Por el momento centrarán sus fuerzas en intentar asimilar al Gobierno de Castro, utilizar el bloqueo parlamentario para frenar cualquier iniciativa que toque el poder de la oligarquía, y ejercer presión económica junto al imperialismo norteamericano. 

Estos resultados electorales plantean un nuevo posible retroceso de la influencia estadounidense en la zona. Al avance de China en la región a través de El Salvador y Nicaragua, ahora se podría sumar Honduras, habiendo insinuado Castro su intención de instaurar importantes relaciones con el gigante asiático [4]. Sin embargo, es de esperar que a medio plazo desde Washington se utilice la enorme dependencia del dólar y las remesas, que representan el 23% del PIB de Honduras, para lanzar una respuesta agresiva de cara a evitar retroceder aún más en la región y cualquier tipo de medida de corte “socialista”. 

En cualquier caso, poner las esperanzas en China como alternativa frente al imperialismo norteamericano, de cara a implementar una nueva política con ambiciosos planes sociales, es también un espejismo. La posible ayuda de una China capitalista no será gratis, sino también a costa de la miseria y la explotación de las masas hondureñas. 

Para resistir ante estas presiones, Castro y su gobierno tienen que romper con cualquier política de colaboración de clases. La historia reciente en el continente demuestra que la única forma de defenderse frente al golpismo y el sabotaje de la oligarquía y el imperialismo es la lucha de masas y aplicar un programa revolucionario socialista genuino. Al mismo tiempo, el único aliado en esta batalla son los trabajadores y oprimidos del resto del continente y de todo el mundo, que padecen las mismas políticas capitalistas e imperialistas.

Las reformas que el pueblo necesita, como una sanidad pública de calidad para enfrentar la pandemia, enseñanza gratuita a todos los niveles, la atención a las víctimas de los desastres naturales, la lucha real contra la corrupción y la violencia… son viables si se expropia a las grandes empresas agroalimentaria, se lleva a cabo una reforma agraria en beneficio del campesino pobre, se nacionaliza la banca y todos los sectores estratégicos para poner las inmensas riquezas de Honduras al servicio de la clase trabajadora y los oprimidos.

Solo con un gobierno revolucionario, decidido a enfrentar a la oligarquía, el imperialismo y el capitalismo, Honduras podrá ser libre.

Notas

[1] Dado el historial de fraude en las elecciones del país, los votos cosechados por Castro pueden ser muchos más si cabe a los recogidos en las actas oficiales del CNE.

[2] Los resultados oficiales, completos y actualizados, se pueden consultar en la web del CNE (https://resultadosgenerales2021.cne.hn/#resultados/PRE/HN).

[3] https://elpais.com/internacional/2021-12-04/el-segundo-regreso-de-los-zelaya.html

[4] La ruptura de relaciones con Taiwán por parte del Gobierno autoritario de Daniel Ortega en Nicaragua, para alinearse plenamente con China, ha generado un debate sobre si el nuevo Gobierno de Castro en Honduras podría hacer lo mismo. Los asesores de Xiomana Castro han ido suavizando su postura al respecto de cara a calmar al imperialismo norteamericano, ya que la economía hondureña tiene aún gran dependencia de la economía norteamericana.


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