Hay razones y potencial para continuar la lucha

Las razones del movimiento universitario aún son válidas, las causas que motivaron a los docentes a elevar su protesta y a miles de estudiantes a apoyarles son profundas. No se trata de condiciones recientes o momentáneas. Las condiciones de estudio y trabajo en la Universidad, y en general en toda la educación, se han deteriorado desde hace años.

Y con la pandemia dieron un salto. La respuesta de Rectoría chocó frontalmente con las dificultades que tuvimos que afrontar estudiantes y profesores. No hubo un plan que atendiera realmente las necesidades de la cuarentena ni la mal llamada educación a distancia, además de algunas medidas paliativas, parciales e insuficientes la respuesta fue “quién no pueda que se dé de baja” pues “la UNAM no para”. Ningún apoyo suficiente, ninguna adaptación real, sino “opciones”, limitadas y amenazantes para el profesorado. Avaladas por directivos y por el pseudo sindicato AAPAUNAM.

Causas que aún están presentes, que no se han resuelto ni desaparecido. En el camino la UNAM ha dejado alrededor de 8000 estudiantes menos según cifras oficiales. Docentes y trabajadores muertos por Covid, y en condiciones económicas degradadas. Y mientras no cambie, la lucha va a continuar, volveremos a salir, a parar, a marchar, a luchar. Esto es seguro.

La lucha en la UNAM demuestra que hay fuerza y deseos de cambiar las cosas. Esto es lo explica los esfuerzos de Ingeniería, de Ciencias, de las FES, de Morelia por organizarse y obtener satisfacción a las demandas. Explica que, a 3 meses de iniciado el paro, Ciencias ha votado por su continuidad con un 60.7% a favor en una votación de 6,450 personas.

También esta es la razón de que Rectoría, a pesar de todo, no ha podido apagar el movimiento y, aunque no ha dado la cara, tampoco se ha atrevido a atacar directamente con actas, sanciones, expulsiones y despidos, como es su costumbre (lo que no descarta localmente represión académica y administrativa, hostigamiento y agresiones físicas).

Rectoría le ha sido difícil imponer la normalidad, el regreso a clases presenciales con las aguas tranquilas que quiere. Y es una ilusión el que pueda controlar todo. El regreso presencial pondría sobre la mesa nuevamente las demandas feministas, contra los grupos porriles, el presupuesto, la precariedad laboral, la democracia y la seguridad en las aulas.

Así, el movimiento estudiantil y docente en la Universidad Nacional atraviesa una etapa marcada por la inmensa capacidad de sacar nuevas fuerzas y volver a empujar la lucha. Pese al desgaste sufrido, a los ataques, menosprecios y groserías de las autoridades y la imposición del levantamiento de los paros y los calendarios, el movimiento puede continuar y aún ganar las demandas principales, a condición de superar las insuficiencias actuales.

Por una dirección unificada, colectiva y combativa 

Una de las mayores dificultades que ha tenido el movimiento actual es crear una instancia capaz de organizar y dirigir la lucha de todas las escuelas y sectores, una instancia asamblearia y democrática, de discusión y de acción. Al no construir este espacio común sólo quedó la opción a negociar localmente, escuela por escuela. 

Sin embargo, esa forma de actuar dispersa la energía del movimiento, cuyo mayor potencial es movilizarse y golpear como un solo cuerpo, actuar unificadamente frente a un enemigo que también actúa centralizadamente, con la Rectoría y el Consejo Universitario mandando directrices a todas las escuelas y facultades.

Las mesas de negociación locales han sido interminables, larguísimas y en general infructuosas, avanzando mínimamente y de manera más simbólica que real. Descontando los casos en los que las direcciones ni siquiera se han presentado al diálogo, de la misma manera tampoco Rectoría ha dado la cara, emitiendo algunos comunicados parciales.

Hay una forma de superar la dispersión, de dejar de gastar la mayor parte de nuestra energía en negociaciones locales. El movimiento debe actuar unificadamente, con un calendario de movilizaciones unificadas, sostenidas y escalando el conflicto, esa es la única vía para obligar a una mesa central de diálogo, público y resolutivo. Tenemos que comprender que no ganaremos nada en la mesa que no hayamos ganado antes en la calle. 

Las movilizaciones también dan confianza a las compañeras y compañeros en sus propias fuerzas, en su lucha y al demostrar esa fuerza, llaman cada vez más solidaridad y apoyo activo, hacen visible esta batalla y rompen su aislamiento. Salir de las cuatro paredes de la Universidad en todos los sentidos, juntar fuerza con otras luchas, marchar en las zonas más visibles de la Ciudad.

El papel de la Asamblea General – InterUNAM

Esas convocatorias deben hacerlas un organismo central de organización de todo el movimiento. Sin embargo, construir ese órgano de dirección del movimiento no es tarea sencilla y menos aún sobre la propia marcha y desarrollo del conflicto. La actual Asamblea General Universitaria / InterUNAM, carece de esa posibilidad, no porque no estén todas las escuelas o los representantes carezcan de legitimidad, sino porque los debates que han tenido lugar se ha saldado con una orientación hacía la negociación sin movilización y a menospreciar los paros y las acciones frente a los pliegos y los “llamados enérgicos” a las autoridades.

La división que en los hechos ha aparecido en la AGU e incluso en Ciencias responde a esa necesidad de encontrar el camino eficaz para lograr vencer. La representación democrática formal alcanza para muy poco si no se tiene una idea correcta de qué es lo que hay qué hacer y de cómo hacerlo. Podemos en cientos de reuniones redactar el mejor de los pliegos petitorios posibles y de poco servirán si no hay un movimiento real que presione y venza la resistencia de las autoridades.

Además, esta idea ha separado el movimiento de docentes, con sus propias actividades, en una AGU en la que el sector de estudiantes difícilmente se identifica y siente representado. En las últimas acciones impulsadas por las escuelas más combativas han estado ausentes los profesores que, salvo un sector pequeño, no asiste nadie de quienes por otro lado en la AGU están todo el tiempo activos con sus pliegos y diálogos sin movilización.

¿Cómo reactivar la lucha?

Por la forma en que el sistema capitalista explota y enajena a la mayoría oprimida, es normal que en las luchas siempre destaque una minoría activa que soporte sobre sí la responsabilidad y el trabajo de mantener vivo el movimiento, ampliarlo y organizarlo. Esta minoría activa se constituye como el motor que empuja inicialmente la lucha.

Pero la energía que alimenta el motor son la amplia masa de estudiantes, profesores y trabajadores. Esa es la que hay que poner en acción. La enorme energía del movimiento, su capacidad de acción, que lo ha mantenido ya por estos meses está contenida en la participación mínima. Las condiciones de pandemia y virtualidad del movimiento son ciertamente una dificultad, pero eso sólo refuerza la idea de que los sectores más activos son quienes deben impulsar incansablemente la participación de la mayoría estudiantil y docente.

¿Cómo hacer esto? Con acciones que permitan la participación, tales como brigadas informativas al pueblo en general, a otras escuelas, universidades, organizaciones y sindicatos para pedir no sólo desplegados de apoyo, sino que marchen y paren con la Universidad. De ahí la propuesta de una huelga general educativa como mecanismo concreto para unir a todas las luchas en defensa de la educación pública. 

Tomando el ejemplo de la coyuntura anterior de tomas feministas se habla de que lo necesario es “estrategia” o “acciones radicales”. Pero creemos que el discurso de las acciones radicales es equivocado e inexacto, ya que las tomas contra la violencia machista ganaron sólo algunas concesiones y fue gracias al ambiente generalizado de respaldo a la lucha feminista, no sólo en la Universidad también a nivel nacional e internacional.

De la misma manera que no puedes negociar sin la fuerza de un movimiento activo y combativo, las acciones de fuerza no logran su objetivo si están aisladas. Lo fundamental es que el sector más activo, el que está en las comisiones, que está en las tomas, organizando los paros, etc. tenga una idea clara: la fuerza del movimiento está en su masividad y organización, en las asambleas y en las acciones combativas. Esta es la alternativa, aquí reside nuestra fuerza y nuestra posibilidad de arrancar las demandas.

Reorganizar para resistir y ganar

Muchas compañeras y compañeros han dado mucho en esta batalla, y resulta difícil irse con las manos vacías. Reconocer los avances que hemos dado también nos lleva a sacar lecciones sobre cómo continuar.

Poner en primer plano, una y otra vez, que las condiciones para la rebelión estudiantil y magisterial en la Universidad aún están presentes y que contra viento y marea las y los estudiantes y maestros estamos dispuestos a luchar no es falso optimismo, es recordar que la energía que impulsa toda esta lucha está ahí y ahí va a seguir mientras no cambien las cosas.

La primera cosa ganada y que no debemos perder es la organización en cada escuela, incluso facultades que son consideradas “históricamente” apáticas o derechistas han salido a la lucha. Mantener esta organización es fundamental para poder reorganizar el movimiento y darle un nuevo impulso. Y esto aplica también para el caso de los maestros, quienes, por la vía de los hechos también saltaron a la palestra sin una organización sindical real previa.

Vale la pena considerar que los paros y tomas podrían ceder su lugar si lográramos una nueva jornada de lucha, pero ahora de toda la Universidad, un día y una hora en que todas las escuelas y facultades, docentes y trabajadores golpeemos como un solo puño. Eso llenaría de vida inmediatamente de nueva cuenta al movimiento y posibilitaría ponerlo a la ofensiva.

A veces puede parecer que un golpe decidido puede resolver las cosas, pero no se gana todo de golpe ni al primer encontronazo, necesitamos prepararnos para una guerra larga de muchas batallas, y en la guerra vence quien está más organizado. Ahora la ventaja la tienen las autoridades, pero como lo demostró la marcha del 7 de junio o las votaciones de Ciencias esta situación puede cambiar.

Por una organización estudiantil permanente, combativa y democrática

La herramienta, la estrategia, más poderosa que podemos tener para afrontar esta y las próximas batallas es una organización capaz de convertir la energía espontánea que se manifiesta inagotable en el estudiantado en acción dirigida contra quienes nos oprimen, en las aulas y fuera de ellas.

Una organización combativa, revolucionaria, de las hijas e hijos de las familias trabajadoras y humildes luchando por la universidad y el país que necesitamos, sin opresión, sin ignorancia, sin explotación.

Que retome la tradición del movimiento estudiantil y obrero a nivel nacional, concienciado y conectado a las luchas de los trabajadores y populares, pugnando por una universidad abierta y popular. Con condiciones laborales y académicas dignas, en manos de quienes realmente somos la universidad y no en un grupo despótico de tres docenas de autoritarios, represores y machistas.

En las asambleas, foros, y diversos espacios en las escuelas esta es la idea que hay que impulsar. Aún es posible ganar esta lucha, ganar las principales demandas ahora, y ganar lo que resta en sucesivos movimientos que logren la total dignificación del trabajo docente y la mejora de las condiciones de estudio para cientos de miles.


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