Rafael Correa ganó la segunda vuelta electoral en Ecuador por abrumadora mayoría en noviembre de 2006. Uno de sus primeros decretos fue la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente (ANC) con la finalidad de dar al traste con el orden político y jurídico del Ecuador férreamente controlado por una oligarquía histórica, expoliadora y antinacional, totalmente entregada a los intereses del imperialismo norteamericano. El nivel de expoliación por parte de esta oligarquía parásita y genocida ha devastado al pueblo ecuatoriano, al punto que hoy el principal producto de exportación del Ecuador, son sus gentes.
Correa ocupó el cargo de ministro de Comercio del gobierno interino de Palacio nombrado tras la caída de Gutiérrez y fue destituido a los pocos meses por sus simpatías con el gobierno venezolano. Rápidamente logró galvanizar grandes simpatías en la opinión pública por su identificación con Chávez y la revolución bolivariana, lo cual le permitió realizar una meteórica carrera política, concretando su candidatura presidencial ante la cercanía de la elecciones. Logró aglutinar a diversos sectores de centro-izquierda e izquierda en un movimiento denominado Alianza País. Finalmente, obtuvo el triunfo electoral con un programa de hacer cambios socioeconómicos similares a los de Venezuela.
Desde que llegó al gobierno ha asumido un lenguaje confrontador en contra de los intereses de la oligarquía. Pero su conducta política va mas allá de las palabras. Una vez en el gobierno suscribió un importante acuerdo energético con el gobierno venezolano, que elimina a los intermediarios del negocio petrolero. Por insólito que parezca, Ecuador siendo un importante productor de petróleo, no refina actualmente derivados debido a lo obsoleto de sus refinerías.
Anunció la no renovación del acuerdo para la permanencia de tropas norteamericanas en la Base Militar de Manta que vence en 2009. Aumentó el bono a los pobres de 15 a 30 dólares, incrementó el bono para adquirir vivienda... Está en permanente contacto con el pueblo a través de los llamados gabinetes itinerantes, que realiza todos los fines de semana en alguna provincia del interior en contacto directo con las comunidades y los dirigentes locales, por lo cual la derecha lo acusa de "populista". Todo esto ha intensificado el apoyo de sus seguidores y ha entusiasmado a los escépticos.

Boicot de la oligarquía

Después que el Congreso, controlado totalmente por la oposición, aprobó la fecha para el referéndum sobre la convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente y todos parecían resignados, de repente las maniobras de la oligarquía se plasmaron en un súbito cambio de planes. El Congreso desaprobó la convocatoria y al negarse el presidente del Tribunal Electoral a acatar dicha decisión el Congreso procedió a destituirlo de un plumazo.
Y es que la derecha no está dispuesta ni siquiera a llegar a la constituyente, tal vez se miran en el espejo de la oligarquía venezolana. De llegarse a la constituyente la oligarquía sabe que el movimiento de Correa arrasaría y la constitución sería ciertamente mortal a sus intereses. Sin embargo, el apoyo popular mayoritario y el contexto internacional y latinoamericano ponen cuesta arriba estos planes abortivos a la derecha, quien en su desesperación amenaza abiertamente hasta con la desmembración de Guayas, en boca del alcalde de dicha ciudad el oligarca Jaime Nebot.
El 7 de marzo el Tribunal Electoral anunció la suspensión por un año de 57 diputados del Congreso, de acuerdo a lo previsto en la Ley Electoral, por ejercer interferencia en la realización del referéndum consultivo. Al día siguiente los diputados se reunían en las instalaciones del Hotel Hilton Colón de Quito. Diversas organizaciones populares hicieron llamados a la movilización hacia el Hotel a fin de contrarrestar la jugada que pudieran estar preparando. La multitud rodeó todas las salidas para impedir la huida de los ex diputados.

Correa apela al pueblo

La reacción de Correa ha sido apelar a la movilización popular. Hizo un llamado al pueblo a salir a las calles pacíficamente para detener la ofensiva derechista. La respuesta llegó el 21 de marzo, fecha en la que los 57 diputados destituidos habían anunciado un nuevo intento por forzar su entrada en el Congreso con la finalidad de continuar con el boicot.
La población quiteña se movilizó haciendo una demostración de fuerza y decisión ante esta nueva provocación de la derecha ecuatoriana. Desde tempranas horas de la mañana comenzaron a movilizarse diversas organizaciones populares, indígenas, trabajadores y estudiantes hacia la centro de la ciudad. A las 12 horas el Congreso logró el quórum requerido para reiniciar su funcionamiento y de esta forma la maniobra de la derecha, que hizo hasta lo imposible para evitar que esto sucediera, quedó derrotada.
El pueblo ecuatoriano ha entendido que las causas de su pobreza no dependen de un cambio de gobierno por otro, sino de la transformación radical y revolucionaria de la nación. Al igual que la derecha venezolana, la ecuatoriana en estos "difíciles momentos" luce disociada, errática, atrapada en su prepotencia de clase parece no terminar de entender los cambios que se están operando en la conciencia de las masas y pretenden manejar la situación recurriendo a viejos argumentos que ya no le funcionan.
El pueblo ecuatoriano realizó una nueva y exitosa jornada que sirve de indicador de su decisión y coraje, del compromiso con el proceso constituyente para la transformación radical de país. El pueblo intuye que esa derecha que hoy luce impotente y desesperada no vacilará en tomar cualquier atajo violento y golpista cuando vea confirmada su aplastante derrota en las elecciones para la ANC y por eso muestra su músculo, el de la movilización, ya que un pueblo decidido y movilizado es invencible, como lo demostró el pueblo cubano en el 61 en Playa Girón y el venezolano en las jornadas del 13 de abril de 2002.


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