La Dirección General del Colegio de Ciencias y Humanidades (DGCCH) se encuentra tomada desde el 22 de mayo por la comunidad estudiantil organizada de CCH Naucalpan, otros bachilleratos y facultades, profesores, madres de familia, entre otros. Desde el 12 de junio, cuando las autoridades retomaron las instalaciones de CCH Naucalpan. Es el único espacio físico de organización, resistencia y lucha de la comunidad organizada en contra de la violencia porril en la UNAM. 

Durante casi dos meses, la Dirección General ha sido escenario de asambleas interuniversitarias, encuentros culturales, pláticas, talleres, así como de un intercambio de experiencias y conocimiento de alumnos, exalumnos y profesores, que han luchado contra el porrismo dentro de la universidad. Ha sido un espacio en el que se han tejido redes de apoyo entre víctimas de la violencia porril y otros órganos represivos de la universidad y donde, sin duda alguna, se han generado discusiones muy importantes en torno a cuál es el papel de los porros dentro de las instituciones de educación pública y cómo erradicarlos. 

Sin embargo las autoridades no se han sentado a negociar con la comunidad que mantiene la toma, de hecho desconoce a esta comunidad y la criminaliza, mientras en CCH Naucalpan ya inició la simulación del diálogo supuestamente para solucionar el problema porril. Sucede que el director del CCH, quien ha sido grabado coreando un Goya con los porros del plantel, dialoga con un grupo de estudiantes y madres y padres de familia para solucionar un problema del que él es parte medular. Pero para las autoridades  universitarias, ya se cumplieron las demandas estudiantiles. Desde la toma de la DGCCH se exige la intervención del rector para atender el problema; la decisión de la destitución de las autoridades coludidas con los porros, incluído el director de CCH Naucalpan, recae en él.

Desgaste y criminalización: dos armas de las autoridades 

Desde el 22 de mayo los compañeros fueron muy claros en cuáles eran las condiciones que se debían cumplir para la devolución de las instalaciones: la presencia del Director General del CCH, Benjamín Barajas Sánchez, quien debía asistir a entablar diálogo con los estudiantes y a iniciar las mesas de trabajo. Sin embargo con el paso de los días las autoridades demostraron que esas instalaciones no eran necesarias para realizar el trabajo administrativo que, según pregonan, se realiza dentro del inmueble. En cuatro ocasiones se buscó el diálogo con el director del CCH Naucalpan, Keshava Rolando Quintanar Cano y con el ya mencionado Director General del CCH, Benjamín Barajas, en las instalaciones de la DGCCH, pero ellos no hicieron acto de presencia. En cambio, fuera de las instalaciones se encontraba personal de la Dirección General que no tenía poder de decisión, entonces su papel no era negociar con la comunidad de la toma, sino desgastarla en discusiones que no llevaban a ningún lado pues los enviados de la DGCCH se limitaban a repetir lo que les había indicado su jefe o superior inmediato: el diálogo se realizará en CCH Naucalpan y a puertas cerradas. 

A más de un mes y medio de iniciada la toma, no se ha podido obligar a las autoridades universitarias a sentarse a dialogar en Ciudad Universitaria y a puertas abiertas para cumplir con el pliego petitorio. Hay un problema muy evidente: las vacaciones de verano han inactivado y dispersado a la comunidad universitaria, inclusive a aquella que se encuentra agrupada en colectivos y organizaciones con fines políticos contrarios al oficialismo. Las autoridades observan esto y se aprovechan para recrudecer el hostigamiento hacia los activistas de la toma. Sabemos que desde el día que empezó la toma, la UNAM emprendió acciones para amedrentar a aquellas personas que la mantenían, durante las primeras semanas, además de apostar al desgaste apostaron al miedo, a que sus estrategias para amedrentar dieran frutos. Lamentablemente para ellos, se enfrentaron a estudiantes que luchan incansablemente por sus ideales, así que ni sus 5-8 patrullas de seguridad UNAM durante todo el día y el dron sobrevolando las instalaciones lograron infundir miedo. Paralelamente, inició una persecución personalizada, que hasta el día de hoy continúa, con intentos de levantamiento forzado, cateos, seguimiento de estudiantes desde la DGCCH a sus facultades y viceversa, entre otras cosas ¡Ellos son los criminales!.

La disminución de la afluencia en la Dirección General de CCH’s coincidió con la emisión de boletines con un mensaje más amenazante, y en el que claramente se criminalizaba a quienes mantenían la toma. La UNAM acusa a quienes mantienen tomadas las instalaciones de no formar parte de la comunidad universitaria, de haber ingresado a los edificios y haber causado destrozos; dice además que la atención a las demandas estudiantimes ya se está llevando a cabo; por lo tanto, pide el desalojo inmediato de las instalaciones. En un boletín más reciente la UNAM dice haber levantado denuncias en contra de quienes mantienen la toma. Los boletines de “La UNAM informa” sobre la toma de la Dirección General no parecen pertenecer a una universidad pública; el nivel de la criminalizacion es semejante al que realizó, la autonombrada “máxima casa de estudios”, en la huelga del 99, donde, entre otras cosas, se giraron más de 300 órdenes de  aprehensión contra estudiantes, pero la diferencia es que en el 99 la universidad quedó casi completamente paralizada (a excepción de lo institutos, por ejemplo) durante más de 9 meses. 

La creciente criminalización forma parte de la política en contra de cualquier forma y nivel de activismo que ha emprendido el rector Leonardo Lomelí Vanegas desde el inicio de su administración, el 17 de noviembre del 2023. En la situación actual, la rectoría busca desactivar la movilización estudiantil que se originó a raíz del ataque del 8 de Mayo. Las autoridades temen ala fuerza que pueda adquirir el movimiento antes de que se reactiven las actividades académicas en agosto. Si la UNAM ya inició procesos penales en contra de los activistas de la toma de la Dirección General, es porque precisamente esperan ponerle trabas a esas personas para que no puedan desarrollar su activismo de la misma manera que ahora, al iniciar clases en agosto. Recordemos que finalmente las autoridades no quieren un movimiento estudiantil que evidencie que no están dispuestas a eliminar el porrismo de la universidad, pues ello implicaría desacerse de cuerpos de represión que les son indispensables para mantener la estructura anacrónica y medieval de la UNAM. 

Un repliegue necesario 

Así como sabemos cómo desplegar la ofensiva, tenemos que comprender cuándo es necesario un repliegue para reagruparnos y juntar fuerzas.  La toma de la Dirección General no está ejerciendo presión en las autoridades y más bien está siendo aprovechada por estas para crear o ampliar expedientes al fincar delitos que no cometieron a quienes ocupan las instalaciones, o al criminalizar acciones que lejos de ser delitos constituyen el ejercicio de un derecho humano. A pesar de ello, casos de represión por motivos políticos como el de los expulsados de Prepa 5, el del compañero Israel de la Facultad de Contaduría y Administración y el de la Facultad de Artes y Diseño, etc. Nos demuestran que por más irracionales que sean las acusaciones, por más mal hechas que estén las carpetas, o cuántas violaciones a derechos humanos cometa la UNAM, la reinstalación de un compañero expulsado es un proceso tortuoso yes muy desgastante e inclusive implica un esfuerzo económico para las familias, al enfrentar a las autoridades como juez y parte, tal como una mafia que está dispuesta a mandar un mensaje muy contundente: aquí solo tienen lugar quien se somete y se calla ante las injusticias, incluso si se trata de la pérdida de vidas de jóvenes a manos del porrismo.

No queremos mártires y tampoco a la dirigencia del movimiento estudiantil desgastada, mucho menos sin posibilidades de regresar a sus planteles, o fuera de ellos durante mucho tiempo. Si bien es probable que la UNAM esté planeando iniciar procedimientos en contra de las personas que acuerpan la toma, y la devolución de las instalaciones no los hará desistir, es importante ir un paso adelante y cobijarnos del apoyo de la comunidad que solo se puede ganar durante la época de actividad académica mediante saloneos y mítines.  Sobre todo, teniendo una amenaza, de desalojo por la fuerza, donde podría haber detenidos, es importante hacer un balance de la conveniencia de concluir la toma de la mejor manera, para retomar la lucha al regreso del semestre.

Las lecciones de luchas pasadas

Las lecciones de la huelga del 99 al respecto son muy claras. El 6 de febrero del 2000, antes de las 6:30 de la mañana, los compañeros del CGH que sesionaban en el Auditorio Che Guevara fueron avisados de que ese día sí iba a entrar la policía, la PFP rodeaba Ciudad Universitaria. Si bien hubo personas que vieron que retirarse inmediatamente era lo más conveniente, muchas otras dijeron que no había que claudicar, y que nadie se fuera. El equiparar el repliegue con claudicar o traicionar al movimiento costó más de 700 detenidos, una agotadora lucha junto con las familias por reunir mediante donaciones y boteo más de $200,000 de fianza por persona, una marcha exigiendo libertad a los presos, estudiantes acusados de peligrosidad social, sin derecho a fianza, encarcelados por más de seis meses, etc. 

Este evento nos enseña que, de ser posible, evitemos detenciones, expulsiones, etc., no desgastemos al movimiento y no desviemos su lucha… no nos convirtamos en mártires. En un momento en el que la rectoría escala el tono de la violencia y las amenazas a través de sus boletines, y en el que ya vimos que la policía de la SSC de la CDMX se desplegó enfrente del Estadio Olímpico durante varias horas el 4 de julio, tomar esta enseñanza es lo más benéfico para todos, más cuando nos interesa la continuidad de la lucha. 

Keshava, el porro mayor

Reagruparnos para juntar fuerzas, idea que puede parecer abstracta se traduce en centrarse en desmontar la narrativa oficial, mediante el volanteo en el metro y la elaboración de contenido en redes sociales. Contamos con evidencia contundente: un video del 5 de marzo del 2020 donde el director de CCH Naucalpan, Keshava Quintanar, celebra con los porros que el plantel no fue tomado por los paristas. Debemos buscar que ese video sea difundido profusamente por medios de comunicación independientes, y que la comunidad de CCH-N y aún más la generación entrante conozca qué pasó ese día y quién es su director.  Juntar fuerzas implica también que aquellas personas que han mantenido la toma durante casi dos meses descansen para que regresando el siguiente ciclo escolar no estén desgastados. Además será un excelente momento para centrarse en levantar las denuncias contra la UNAM ante los organismos de derechos humanos correspondientes por la criminalizacion y violación a su derecho de libre protesta, a una educación digna, entre otros.

Solo a través de la organización permanente haremos frente al porrismo

Necesitamos consolidar un núcleo de estudiantes organizadxs en CCH Naucalpan que explique a su comunidad qué es el porrismo, por qué existe y cómo se combate y erradica. 

Las autoridades universitarias son concientes del nivel político al que han llegado los compañeros de CCH-N que desde el 8 de mayo empezaron a organizarse, así como el arropamiento que tuvieron en su momento por parte de muchas organizaciones y colectivos de prepas, CCHs, facultades, e incluso externos a la universidad. Si estos mismos compañeros exigen espacios de organización, y el ciclo entrante promueven discusiones políticas en torno al porrismo dentro de la UNAM y específicamente en su plantel, el movimiento estudiantil se va a fortalecer como no se ha visto hace años en CCH Naucalpan. Por ello, las autoridades pondrán toda clase de trabas a la organización estudiantil, así como lo hacen en otros planteles, pero los atacarán todavía más virulentamente, sabiendo la vinculación dentro y fuera de la UNAM que ya tiene el movimiento de Naucalpan a raíz del ataque del 8 de mayo, la mejor defensa es extender la lucha.

El apoyo del resto de la comunidad universitaria y sobre todo de aquellas organizaciones que alzan la bandera de la lucha contra el porrismo, será crucial para contrarrestar la reacción de las autoridades, porque si se emprenden medidas en contra de los compañeros que durante más de tres meses han exigido justicia para los asesinados y heridos a consecuencia del ataque porril, como lo pudiera ser un intento de expulsión o suspensión, la comunidad UNAM va a manifestarse y sólo a través de la presión que se ejerza a través de la movilización, las autoridades desistirán de sus medidas represivas, sólo si los ponemos en el entre dicho de que la respuesta será peor. 

Porque la lucha contra el porrismo es un poema colectivo, no dejemos solos a los compañeros de CCH Naucalpan, luchemos conjuntamente por el cumplimiento de sus legítimas demandas: ¡Fuera porros de la UNAM! ¡Fuera porros de las instituciones de educación media superior y superior! La lucha continúa mientras las autoridades mantienen un ataque a la organización estudiantil e institucionalizan la violencia porril como mecanismo de control y represión.

¡A las fuerzas represivas de la universidad se les combate con la lucha en las escuelas de estudiantes, profesores y trabajadores! 


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