Estalla la lucha

La agitación en el IPN comenzó a raíz de la publicación, el 6 de abril, de la circular 03/16 publicada en el Diario Oficial de la Federación, donde se adscribía al IPN a la Subsecretaría de Educación Superior. Los peligros potenciales de este cambio generaron un profundo rechazo entre la comunidad, especialmente entre los estudiantes de los CECyT y el CET. La interpretación del movimiento estudiantil era que se trataba de un primer paso para desincorporar el bachillerato del IPN de las escuelas de nivel superior. Había importantes razones para pensar que esa era la intención del gobierno, si consideramos que desde el sexenio de Calderón se pretende homologar todas las escuelas del bachillerato en un único sistema (Sistema Nacional de Bachillerato), rebajando la calidad de las escuelas de mayor prestigio académico como el Politécnico.

La posterior “corrección” de la SEP, adscribiendo a todo el IPN a la oficina del secretario de educación pública, no resolvió el problema sino que lo intensificó. Aunque dichos movimientos administrativos no iban acompañados de medidas concretas donde se especificaran ataques y afectaciones contra el estudiantado, la certeza que sí tenían los estudiantes era que el gobierno federal y las autoridades del Politécnico habían incumplido todos los acuerdos de la huelga del 2014, esa razón, además de las problemáticas e injusticias cotidianas, fueron suficientes para levantar un nuevo movimiento de huelga contra las autoridades.

No es excepcional que ante la falta de una organización permanente de los estudiantes y de un trabajo sistemático de los activistas, la lucha tenga que abrirse paso de maneras aparentemente espontáneas o accidentales. De un momento a otro se reavivó la llama de la lucha en el IPN. En la primera manifestación que se realizó el 14 de abril de la Plaza Roja de Zacatenco a las oficinas de la SEP, participaron ocho mil estudiantes. Destacó la presencia de vocacionales.

El movimiento tenía en ese momento una idea inexacta de su demanda fundamental. Se debatía entre pedir la derogación de la circular 03/16 y que las autoridades dieran una “explicación” del significado de la misma. Mientras los estudiantes esperaban la respuesta de las autoridades frente a las oficinas de la SEP, en la Plaza de Santo Domingo, se realizaron asambleas por escuelas con un carácter marcadamente democrático, político y combativo. No había pasado en balde la experiencia de la huelga del 2014, donde se pusieron a prueba las tácticas academicistas, legaloides, institucionales, e incluso de derechas; todas ellas jugaron un papel preponderante en la dirección del movimiento. El resultado de ello fue que más de un año después de concluida esa lucha no se había logrado cumplir ninguno de los acuerdos firmados por las autoridades. Sobre la reflexión de los errores y la mayor experiencia que dejó la huelga del 2014, comenzó el nuevo movimiento.

La respuesta del gobierno y las demandas estudiantiles

Producto de la movilización y el fuerte ambiente de agitación, las autoridades “corrigieron” un día antes de la primera movilización, quedando el Politécnico adscrito a la oficina del secretario de educación Aurelio Nuño. Las autoridades pretendían zanjar la situación a partir de reconocer que habían cometido un error administrativo y que éste ya se había solucionado. Posteriormente lanzaron una fuerte campaña para demostrar que el movimiento “ya no tenía razón de existir”.

Haber hecho retroceder al gobierno antes de su primera acción conjunta, llenó de confianza al movimiento y lo impulsó. Pero era una necesidad real superar la demanda inicial de “aclaración” del significado de la circular, dirigiendo toda la fuerza del movimiento hacia exigir la solución de las necesidades más importantes de los estudiantes, profesores y trabajadores, que también estaban respaldando el movimiento. A pesar de que no existía un pliego petitorio el descontento contra las autoridades y el instinto de lucha era tan fuerte que los paros se generalizaron inmediatamente después de la primera manifestación. El impacto fue mayoritariamente en las vocacionales y solo en algunas escuelas superiores.

Cientos y miles de estudiantes votaron en asambleas lanzándose a paro indefinido reiterando que no estaban conformes con la respuesta del gobierno. Los sectores más apáticos y derechistas eran una minoría aislada.

Las autoridades rápidamente comprendieron que la correlación de fuerzas les era muy desfavorable. Para no arriesgarse a ser barridos por la ola decidieron tender puentes con los dirigentes y con la base del movimiento. Esa táctica ya la habían empleado en la huelga del 2014. Las autoridades infiltraron a los porros y a elementos corruptos en las asambleas y en las guardias de las escuelas. Su objetivo era promover el consumo de drogas y alcohol durante el paro; además de dinámicas apolíticas, infantiles y totalmente reaccionarias, como inhibir la participación de los compañeros más jóvenes y de las mujeres en particular. Como por arte de magia las autoridades cambiaron su cariz antidemocrático y hostil hacia la comunidad. En ocasiones llevaban víveres al paro. En voca 10 el cinismo era tal que se veían subir y bajar a estudiantes de la camioneta de la directora, la cual “los invitaba a comer”.

Pero el elemento fundamental que permitió a las autoridades sortear el temporal fue que un sector de la dirección tendía a desviar el movimiento al terreno de la legalidad burguesa, donde el debate ya no era cómo organizar la lucha por las demandas estudiantiles basándose en la movilización y en la unidad con otros sectores, sino estudiar la Constitución, la Ley Orgánica del IPN y todo tipo de reglamentos para ver en qué artículo, párrafo y fracción dice “qué es lo que podemos pedir”. ¡Las autoridades llegaron incluso a proporcionar abogados para que “ayudaran” a los representantes!

El movimiento tuvo muchas dificultades para levantar un pliego petitorio unificado que exigiera el cumplimiento de las demandas fundamentales: aumento y democratización del presupuesto, incremento de la matrícula, pase automático al nivel superior, comedores subsidiados, incremento de becas, salida de la policía de las escuelas y eliminación de los grupos porriles, entre otras. En cambio, conforme fue avanzando la lucha un sector de los dirigentes logró poner como eje ya ni siquiera la realización del Congreso Politécnico, sino apenas la conformación de su Comisión Organizadora. Entre la base del movimiento esta demanda no generó mayor entusiasmo, pues la experiencia de la huelga pasada ha demostrado que el dichoso Congreso es más una táctica de las autoridades para desviar la fuerza activa del movimiento que una vía de solución de las demandas fundamentales.

La segunda manifestación y la fuerza para continuar

La segunda manifestación se realizó el 21 de abril de la Plaza Roja a la Dirección Genera y tuvo el mismo nivel de participación que la primera, ocho mil estudiantes. El ambiente era por demás combativo. Nuevamente las vocacionales y el CET 1 aportaron la mayor parte de los asistentes. A diferencia de la huelga del 2014, donde entre la primera y segunda manifestación se habían pasado de cinco mil asistentes a veinte mil, en esta ocasión la participación únicamente se mantuvo. Ello era producto de que el movimiento no contaba con demandas claras con las cuales crear el ambiente necesario de agitación para lograr que otras escuelas se sumaran al paro.

Aunque en el nivel superior muchos activistas se esforzaron por extender la lucha y se realizaron asambleas masivas, la inexistencia de un pliego petitorio unificado jugó un papel decisivo a la hora de incorporar a nuevos sectores. Apostar a que la propia inercia ascendente del movimiento contagiaría a las escuelas superiores era incorrecto. Era un deber de los activistas y las organizaciones estudiantiles propagandizar y agitar sobre un programa reivindicativo que resultara convincente para el grueso de la comunidad. Llamar a extender la lucha para conseguir el Congreso Politécnico o para conseguir un “diálogo público” con Aurelio Nuño no fueron razones suficientemente atractivas para que otras escuelas se sumaran decisivamente a la lucha y el paro.

En algunas escuelas se comenzaron a conformar pliegos petitorios que de manera local reivindicaban parte de los acuerdos del 2014 o incluían demandas muy importantes como la incorporación del CET al sistema de los CECyT, para eliminar los distintos grados de calidad educativa que imparte el IPN. Estos esfuerzos claramente señalaban la ruta a seguir.

La lectura que hicieron las autoridades tras la segunda marcha fue que había condiciones para arreciar las presiones para levantar el paro. Llegó a haber agresiones físicas en el Casco de Santo Tomás. En otras escuelas las autoridades trataron utilizar a los padres de familia como un sector antiparista. En voca 10, el 21 de abril, únicamente llegaron a la convocatoria 20 personas. La debilidad de las autoridades era evidente y los paros continuaron, incluso sin que fuera necesario convocar asambleas para ratificarlos. La voluntad de continuar marcaba la pauta, aunque cada vez era más urgente la necesidad del pliego petitorio unificado.

La AGP y el levantamiento del paro

Para la tercera semana de lucha en las redes sociales era frecuente leer frases de los activistas como “el paro se levantará si la comunidad no participa”. Un sector de los activistas erróneamente identificaba la baja asistencia como apatía o desinterés, cuando en realidad en la mayoría de los casos no había actividades en las que participar. Salvo contadas excepciones, no se realizaron brigadas informativas hacia otras universidades ni centros de trabajo, no se publicaron volantes, carteles, periódicos. No había un plan de acción hacia los trabajadores y profesores de los planteles, no se realizaron actividades masivas para promover la consciencia política de la comunidad.

Se convocó la tercera movilización el 4 de mayo, repitiendo la ruta anterior. Hubo una baja considerable en la asistencia, tres mil compañeros aproximadamente.

En la dispersión y baja participación del movimiento jugó un papel importante que los representantes cada vez se enfrascaban más en las salidas de tipo legal e institucional. Introdujeron la idea de que la demanda fundamental era el Congreso Politécnico y el diálogo público con Nuño. Este tipo de planteamientos eran tomados con las dos manos por las autoridades y los medios de comunicación los cuales los amplificaban, dándoles total importancia. Nuño participó directamente en la campaña, jugando con aceptar el “diálogo público”, como si este tipo de demandas fueran realmente trascendentales. Miles de estudiantes se preguntaban: si todo puede arreglarse mediante la “correcta” interpretación de las leyes, dialogando con el gobierno o mediante un congreso como afirman los dirigentes ¿qué sentido tiene mi participación activa en paros, marchas y asambleas? Las ideas que fueron mayormente difundidas tendían a inhibir y a despreciar la participación política masiva y democrática de la base estudiantil. Esto tuvo sus consecuencias.

La madrugada del lunes 9 de mayo la mesa de negociación entre los representantes y las autoridades acordó el levantamiento del paro, aunque debía ratificarse en asambleas. Las autoridades aceptaban realizar “mesas resolutivas por escuela” lo cual no significaba que se resolverían favorablemente los pliegos petitorios locales. Menos en un contexto de desmovilización.

La reacción de la base estudiantil se manifestó de manera contundente por la continuidad del paro. Se realizaron asambleas y votaciones con una participación importante -en voca 13 participaron más de mil estudiantes-. En algunas escuelas la participación no alcanzó el mismo nivel que al inicio del movimiento pero aun así ganó la continuidad del paro, como en el CET 1. Fueron apenas tres las escuelas que regresaron temporalmente a clases. La respuesta de la base fue totalmente contraria a la determinación de los dirigentes. En voca 3 se creó tal descontento que en asamblea se destituyó a los dirigentes que habían participado en la mesa de negociación. El instinto de lucha seguía sosteniendo el movimiento.

El jueves 12 de mayo se realizó la cuarta concentración, un mitin en Plaza Roja. La asistencia se mantuvo en tres mil estudiantes. Participó una representante de la CNTE, lo cual aportó claridad política, invitó a unificar las luchas del IPN y la CNTE, rompiendo la resistencia de los sectores más atrasados que han defendido con uñas y dientes el aislamiento de la lucha politécnica. El ambiente no menguaba en combatividad. Demostrando que era posible, con una política decidida, con un trabajo arduo y apoyándose en la base del movimiento, recuperar un curso combativo y clasista.

El cierre de una etapa

El lunes 16 de mayo se convocó la quinta manifestación central. Salieron de la Estela de Luz entre dos mil y tres mil estudiantes rumbo a Los Pinos. Para ese día se habían lanzado a paros de 24 y 48 horas escuelas superiores del área de Zacatenco y Ticomán. Una vez más el ambiente de radicalidad marcó la jornada.

La manifestación se realizó un día después de que marchara la CNTE como parte de su jornada de paro nacional contra la Reforma Educativa. Al llegar a Los Pinos, la AGP entregó una carta que evidenciaba confusiones políticas de un sector de los representantes. En ella se pedía al “presidente” su intervención para resolver el conflicto politécnico. ¡Como si el movimiento no supiera que el “presidente” es el representante de la derecha y los empresarios que todos los días mantienen sumidos en la miseria y en la violencia a todos los trabajadores del país! ¡Como si el movimiento estudiantil no surgiera precisamente del descontento con todo aquello que representa el “presidente”! Esta carta evidencia con toda nitidez la necesidad de construir una dirección claramente de izquierda y combativa, que en lugar de aclamar la intervención del “presidente”, se dirija decididamente a toda la clase trabajadora y la juventud para incorporarlos a la lucha en defensa de la educación pública.

Para el jueves 19 de mayo la AGP y las autoridades acordaron el levantamiento del paro, la reorganización del calendario escolar, la promesa de no represión, la instalación de mesas locales de negociación, retomar la elección de la Comisión Organizadora del Congreso Politécnico (que de por sí estaba en curso) y un diálogo público con Nuño quince días después del levantamiento del paro. Para el 20 de mayo estaba convocado un nuevo mitin en Plaza Roja que finalmente no se realizó. A partir de ese día se comenzó a preparar la entrega de instalaciones. En algunas escuelas se realizaron asambleas y en otras no para ratificar la decisión de la AGP. El levantamiento está siendo caótico, las autoridades no han recuperado el control total de la situación ni la comunidad se resigna a abandonar la lucha. Para el miércoles 25 se han levantado la mayoría de los paros, pero aún quedan tres vocacionales sin clases o con clases parciales.

Los logros de la lucha y las tareas que siguen

El primer aporte de la lucha del politécnico es haber roto con la lógica de inmovilidad ante los ataques del gobierno de Peña. Los estudiantes volvieron a demostrar que con la movilización es posible hacer retroceder al gobierno. Ante la persistencia de la movilización Nuño ha tenido que afirmar que “la Reforma Educativa no se aplicará en el IPN”, “las vocacionales no se separarán del IPN y no entrarán al sistema Nacional de Bachillerato” y que “todas las decisiones concernientes al Politécnico se tomarán dentro de esta misma institución”. ¡Esto es ya una derrota política para el gobierno que anima y refuerza la lucha de otros sectores!

Ahora bien, no tenemos ninguna confianza en su palabra. Sabemos que en los hechos se están aplicando todo tipo de medidas que deterioran la educación pública y dificultan el acceso y la permanencia de los estudiantes de familias humildes. ¡Tan solo en el primer trimestre del año las autoridades han dejado de ejercer el 73% del presupuesto para infraestructura del Politécnico! Y mientras las decisiones estén en manos del aparato que dirige Fassnacht no cambiará nada, pues es uno más de los peones de Peña Nieto.

Las autoridades con toda su vocación porril, se han visto imposibilitados para utilizar a estos grupos de manera directa contra el movimiento, por temor a una radicalización aún mayor. Tampoco han podido amedrentar con listas negras de expulsados, como tradicionalmente lo han hecho. El movimiento ha mostrado quien tiene la fuerza y son los estudiantes: organizados y movilizados. Las autoridades con todo y sus grupos de choque son débiles.

Los avances del movimiento han sido sobretodo de carácter político. En la medida en que no se conformó un pliego petitorio general que lanzara el movimiento a la ofensiva, arrebatando nuevos derechos estudiantiles, el movimiento se mantuvo en una lógica defensiva, preservando lo que hoy existe. En este terreno el movimiento cumplió plenamente sus objetivos, poniendo importantes obstáculos a los planes del gobierno.

Pero la contribución más importante de esta lucha ha sido que ha fortalecido la experiencia política de toda una nueva generación de jóvenes que ante los nuevos ataques - ¡Es un hecho que los habrá!- y la injusticia cotidiana, dentro y fuera de las escuelas, cuentan con una nueva visión y capacidad de lucha. El movimiento ha madurado considerablemente, pero es preciso organizar a su sector más combativo. Es necesario formar comités permanentes en cada escuela, organizar círculos de discusión y actividades cotidianas para involucrar a la comunidad. Es necesario forjar en la lucha diaria a la nueva dirección política del movimiento, una dirección que defienda sin ambigüedad un punto de vista de izquierda, revolucionario y anticapitalista en el movimiento estudiantil.

El gobierno nos tiene reservados todo tipo de ataques, la juventud responderemos una y mil veces más, pero como decía el revolucionario ruso León Trotsky, ¡no buscamos una lucha heroica, sino ante todo la victoria!

¡Únete al CEDEP para continuar la lucha!


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