Los estudiantes, hijos de trabajadores o campesinos, estamos lejos de recibir una educación digna y de calidad. Este problema es visible desde la educación básica.

A cada nuevo ciclo escolar, los padres de familia tienen que desembolsar una gran cantidad de dinero para que sus hijos continúen con sus estudios. Datos arrogados en el 2006 por el INEGI revelan que la Encuesta Nacional de Ingreso y Gasto de los Hogares (ENIGH), las familias mexicanas gastan en promedio casi el 10 por ciento de sus ingresos en educación. Sin embargo, en el primer mes del ciclo escolar, dicho gasto puede alcanzar hasta el 40 por ciento por el pago de inscripciones o cuotas, uniformes y útiles escolares.

En un país donde el salario mínimo ronda los 50 pesos diarios, cantidad que no cubre ni siquiera las necesidades mínimas como una alimentación adecuada y vivienda digna, menos se podrá invertir en educación. Tomando en cuenta que el promedio de hijos por familia es de tres, la situación se agrava aún más.

Según la Profeco, el costo promedio de materiales para la lista de útiles escolares para primero de primaria, autorizada por la SEP, incrementó 53 por ciento entre 2006 y 2008. Al aumentar de grado, la cifra económica también aumenta. Para los estudiantes que ingresan a sexto de primaria, el incremento económico en este rubro fue de casi 81 por ciento.

Es por ello que trabajadores y estudiantes debemos unificar nuestras demandas para que todos los niños y jóvenes reciban una educación pública, gratita y de calidad.

¡La educación es un derecho no un privilegio!

Isaac Castro
Agosto 2008
 


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