La consigna de la semana laboral de 40 horas va ganando fuerza y respaldo en las últimas semanas. Cada vez más trabajadores a lo largo y ancho del país se interesan por esta reivindicación, pues para nadie es un secreto que en México se trabajan muchas más horas de lo que dicta la ley y no pocas veces más de lo que permite la fuerza humana.

Cotidianamente encontramos noticias sobre accidentes laborales producto del cansancio, de enfermedades por las largas jornadas, cansancio crónico, la falta de descanso o la prohibición de sentarse o ir al baño, abortos espontáneos en el lugar de trabajo y el consumo de drogas para aguantar.

Frente a esto se han alzado numerosas voces, nuevamente, pues esta no es la primera ocasión, para contrarrestar esta pésima situación. Este último intento surge como una iniciativa de reforma legislativa que legalice constitucionalmente la bajada de las horas laborales en todo el país. Sin embargo, las vicisitudes de la propuesta han sido muchas, y sopesarlas nos arroja luz de cómo dirigir nuestro esfuerzo para realmente lograr satisfacer esta demanda.

El camino de la reforma

La propuesta, presentada por Susana Prieto Terrazas, diputada plurinominal por Morena, ha enfrentado desde el principio toda clase de obstáculos, empezando por la oposición activa, sin disimulo, del propio Morena, cuyo grupo parlamentario, en manos de Ignacio Mier, ha saboteado las discusiones y votaciones; incluso, cuando regresaron la iniciativa a la comisión legislativa para debatir el tema, ni siquiera fue invitada.

Los llamados parlamentos abiertos que se instalaron para discutir el tema fueron inundados de representantes empresariales de todo tipo para argumentar en contra de la propuesta, incluidos los que se han vestido de guinda. Encerrar la pugna por las 40 horas en las cuatro paredes del parlamento fue un error, pero enseñó a todas luces que no se puede llevar a cabo la reforma sino es movilizando a la clase obrera en el espacio donde somos más fuertes: la calle.

¿Quiénes estamos en esta lucha?

La mayoría de los trabajadores que se han interesado por esta reivindicación son obreros, empleados, asalariados de todo tipo que no están sindicalizados, que provienen de muy diversas industrias, pero siempre sin estar organizados, su participación entonces se ve limitada a la expectativa de las noticias, de los movimientos legislativos, la acción de redes sociales, y las pláticas con las y los compañeros de turno. Un potencial enorme que no se muestra por la falta de organización.

Así, la propia Susana Prieto, cuya firma lleva la iniciativa, se convierte en un elemento activo de las fuerzas, en el descampado agreste y antiobrero que es la institucionalidad mexicana, da una voz a estos miles de trabajadores que por el momento, sin embargo, la única alternativa que apreciaron es poner su atención y esperanza en el logro legislativo, no obstante, este elemento está desconectado y alejado del horizonte del conjunto de la clase obrera, no hubo un llamado amplio y firme para movilizarse y por eso la iniciativa se estrelló contra el muro parlamentario-empresarial.

Al comprobar los límites e incluso abierta traición de la política parlamentaria, ahora se impulsa la movilización, lamentablemente de la mano de los dirigentes charros. El próximo 10 de febrero, se celebrarán manifestaciones en una docena de ciudades, sobre todo de la franja norte, a favor de la reforma. Mas nos encontramos que algunas de estas son convocadas por sindicatos de la CTM o la CROC, es decir, el charrismo más rancio ¿Por qué? Los dirigentes de estos sindicatos, saben, porque la experiencia de los últimos años se los ha enseñado, que tienen que moverse si no quieren verse desplazados del poder por los movimientos sindicales independientes, como ha ocurrido en el sector maquilero y automotriz.

Estos dirigentes charros están llenos de artimañas, saben disimular y mentir, y, sobre todo, están decididos a conservar su poder. Cantan ahora loas a la 4T, calculan que pueden llegar a un acuerdo con la burocracia estatal y del partido y para ello necesitan activos para negociar, por eso muestran “su fuerza” movilizando controladamente a los trabajadores.

Este oportunismo de los charros de quererse ver muy combativos ahora cuando desde años no mueven un dedo, es más, cuando han sido parte de imponerle a la clase trabajadora un sin fin de ataques a favor de la patronal, no es más que el miedo que le tienen al movimiento obrero organizado, no quieren ser rebasados ni quieren perder su sinfín de privilegios monetarios, políticos y mafiosos que les dan la vida de ricos mientras la clase trabajadora muchas veces no tiene ni para comer.

Esta gente no es nuestro aliado, esta gente no tiene intereses genuinos y honestos en esta lucha, no podemos confiar en ellos, tenemos que confiar únicamente en nuestras fuerzas, desplazar a esta gente y tomar nuestras organizaciones en nuestras propias manos, por eso esta lucha por la jornada laboral va de la mano de la democracia sindical ¿Cómo daremos una lucha combativa y hasta el final sino tenemos una dirección de verdad consecuente con nuestros intereses y honesta?      

Por otro lado, nos encontramos con el autodenominado sector independiente. Centrales como la UNT o la NCT han retomado la demanda, pero los primeros de manera declarativa, con peticiones dirigidas al gobierno federal y los segundos como una consigna más entre sus exigencias, pero en ningún caso se ha impulsado una campaña amplia para informar, organizar y movilizar a los sindicatos o nuevos sectores no sindicalizados para luchar por la reforma. Siguen fieles a su trato de no movilización y demostrar a los inversionistas que México es estable socialmente para invertir, aunque eso signifique llevarse entre las patas a sus agremiados.

Por eso no es ninguna casualidad que sea en la franja norte donde se está extendiendo más visiblemente esta reivindicación, pues son precisamente el sector de manufactura, maquila, automotriz, agrícola, etc. ligados a la exportación a Estados Unidos, donde más explotación existe, donde más largas son las jornadas. Pero también donde más conflictividad laboral, huelgas y creación de nuevos sindicatos ha habido en los últimos años. El 20/32 de Matamoros y el SINTTIA de Silao son una buena advertencia. Y donde las recientes luchas sindicales en territorio yanqui (como Starbucks, Amazon, UPS, Hollywood y sector automotriz) contra la superexplotación, por la sindicalización y el aumento salarial están teniendo mucho impacto y marcando un hito histórico.

#YoPorLas40Horas ¿quién en contra?

Como mencionamos antes, la reforma se enfrenta a serios obstáculos. El primero es la propia 4T, por un lado, Morena no apoya y por el contrario se opone activamente, por el otro a pesar de pocas y breves declaraciones, AMLO y el gobierno federal desdeñan la iniciativa, pues tienen la idea de “mejorar” las condiciones de las masas de otra manera.

México vive un periodo de focalizado auge económico, el llamado “milagrito mexicano”, sostenido por la política federal de atracción de inversiones por medio de la relocalización de empresas desde China y Asia acercándolas a EEUU, iniciativas industriales, de logística y de transporte, etc. pero también, y muy importante: sostenido por los bajos salarios que se pagan en todo el país. El salario mínimo, aún con las subidas de los últimos años, son mucho más bajos que en EEUU y a veces más que en China.

La burocracia derechista que dirige Morena no quiere perder esta oportunidad, no quiere cortar el mexican moment, ni la burguesía gringa y mexicana a la que beneficia está dispuesta a soltar el chorro de beneficios que esto conlleva. Por eso la acción de Ignacio Mier, posponiendo la discusión y saboteando su aprobación, por eso el silencio y la inmovilidad de Morena.

Junto al gobierno, se yerguen las otras dos cabezas de la hidra que enfrentamos, la patronal y el sindicalismo amarillo, charro y antiobrero. Las cámaras empresariales han gastado ríos de dinero para generar en la opinión pública la imagen de que no pueden acceder a rebajar las horas de trabajo porque arriesga la viabilidad de sus negocios, la economía nacional, etc. y que con su “gran” responsabilidad social, han dado a los trabajadores otros beneficios a parte del salario. ¿Cuáles? No lo sabemos, aún los seguimos buscando. Y claro, los dirigentes charros que hoy se intentan poner al frente de la movilización, son los mismos que durante décadas con su silencio, su represión, sus sicarios, y desmovilizando a las plantillas permitieron que todo esto llegara hasta donde está hoy.

Por su puesto Morena no se puede mostrar abiertamente contra la reforma, su demagogia de gobernar para el pueblo se lo impide, saben muy bien que esta reforma tiene de fondo quién se apropia de los beneficios que miles de trabajadores producimos, así como seguir extrayendo beneficios exorbitantes de nuestra fuerza de trabajo aunque eso signifique literal morir en la línea de producción, esa riqueza que sólo generamos nosotros y que se adueñan para darse la vida que ni en nuestros mejores sueños tendremos es lo que está detrás, no pueden permitir reducir ni un ápice de extracción de esa riqueza, al contrario quieren más y se encaminarán a conseguirla por encima de nuestras vidas.    

¿Cuál es el papel de los trabajadores activos, honestos y combativos?

Frente a esto ¿qué podemos y qué debemos hacer quienes estamos verdaderamente comprometidos con la lucha por arrancarnos los grilletes de la explotación capitalista? Primero que nada, acercarnos al grueso de trabajadores, a nuestras compañeras y compañeros en las empresas y en las marchas del próximo 10 de febrero con la verdad, explicando pacientemente que esta lucha se puede ganar, a condición de romper el control del charrismo, de sostener y ensanchar la movilización para romper la resistencia del gobierno federal y de Morena en las cámaras

Pero, sobre todo, que sólo debemos confiar en nuestras propias fuerzas, en las y los compañeros que demuestren en la lucha combatir honestamente, sin manipular ni engañar a la base obrera y que para ganar la reforma en el Congreso primero debemos imponer nuestra fuerza en la calle, hacer sentir nuestra fuerza a la patronal, que sepan que, o conceden las 40 horas o pueden perder mucho más.

Hay que aprovechar el 10 de febrero, aunque sean convocatorias de los charros para hablar, para repartir volantes, para llevar mantas y carteles. Dirigir nuestras consignas exigiendo las 40 horas, pero también democracia e independencia sindical. Porque ¿de qué nos serviría la reforma si los líderes sindicales pactan con las empresas otras semanas laborales? Recuperar el sindicalismo como arma en el combate contra la explotación, para ganar las 40 horas, pero también para combatir un montón de otras tropelías que diariamente nos arruinan la existencia como la precariedad laboral, los bajos salarios, la falta de pensiones dignas, etcétera.

Y ligar la demanda de las 40 horas con otras reivindicaciones importantes, como son la subida salarial, no sólo del mínimo sino de los salarios profesionales, regresar al sistema solidario de pensiones, bajar la edad de jubilación, repartir el trabajo entre todas las manos disponibles, etc. Y con las demandas y sectores que actualmente están en lucha, como hace unos días la huelga en Audi, la lucha del magisterio de la CDMX, la lucha contra los megaproyectos y en defensa del territorio, la lucha contra la violencia machista, etc.

Así mismo proponer el control obrero de la producción, ¿qué pasa si aprueban la iniciativa, pero las empresas se niegan o argumentan que no se puede o que tiene que ser poco a poco, que empezaremos con poquito y quizá en 15 años ya se pueda? Ante esto, somos los trabajadores quienes mejor sabemos cómo se puede modificar la producción para que se puedan conseguir los objetivos sin matar de cansancio a las plantillas.

Independencia, democracia sindical para permitir la participación de todas y todos en la discusión y toma de decisiones. Control obrero en la industria para asegurar que no va a haber disminución salarial, aumento de ritmos de trabajo u objetivos de producción, que no se despedirá a compañeros por luchar o con pretextos “técnicos”.

Por eso, en todos los centros de trabajo donde podamos, debemos conformar comités pro 40 horas, aún si estos tienen que ser secretos frente al control sindical, o la vigilancia y represión de las empresas y su policía. Ir extendiendo la información, ganar compañeros, etc. extender los lazos hacia otras empresas y así poder agrupar a todos los sectores verdaderamente dispuestos a transformar la situación en un solo plan de lucha a nivel nacional, impulsando cada vez que podamos la movilización más allá de lo que la burocracia sindical y política quieren.

Podemos ganar esta lucha, los líderes sindicales corruptos y los políticos que se visten de “pueblo”, pero gobiernan para los ricos son vulnerables, se les puede vencer, pero a condición de asestar correctamente los golpes, impulsar la consciencia y la organización sindical, no confiarnos y combatir decididamente por conquistar la conciencia de la mayoría para la lucha por las 40 horas y por acabar con toda explotación.


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