Los medios masivos de difusión deben estar bajo control de los trabajadores

El México gobernado durante décadas por un PRI poderoso ha quedado en la historia. Tras sólo dos sexenios, la carta del PAN se ha desgastado precipitadamente. Todo de conjunto, como una resultante de la crisis del capitalismo mexicano, expresión de la crisis orgánica del capitalismo mundial. La debilidad de la burguesía se manifiesta en la decrepitud de sus partidos. Al comparar a los cuadros de la burguesía de hoy, con los de la época del capitalismo pujante que desarrollaba las fuerzas productivas, encontramos un abismo de capacidades. La métrica Cárdenas, Churchill y Roosevelt versus, Fox, Bush o Sarkozy, la formulación cerebro versus cacahuate no requiere muchos comentarios adicionales. Ambos bandos políticos burgueses, pero expresando épocas distintas.

La actual época decadente incluso queda en evidencia comparándola apenas con 20 o 30 años atrás, cuando el dedazo presidencial era un ceremonioso e indiscutible acuerdo de la clase dominante. Cuando Emilio Azcárraga Milmo solía decir: “somos soldados del PRI y nuestro jefe es el gobierno”. Pero hoy las cosas son distintas. El escenario presenta una burguesía débil y un movimiento de los trabajadores organizado a pesar de sus direcciones. En paralelo, la macroeconomía y la economía de EUA que en crisis anteriores fueron los salvavidas de la economía mexicana, hoy están en franco desequilibrio. Según el Foro Económico Mundial, México ocupa el lugar 120 de 140 economías, la dependencia económica hacia EUA es mayor que nunca, pero EUA busca salir de su propia crisis exportándola a otros países. Además la degradación y barbarie del narco estado es el pan nuestro de cada día y por si fuera poco, a pesar de haber intentado una y otra vez de una y mil maneras, destruir la organización política de los trabajadores de este país, no lo han conseguido. Es por eso que capítulos importantes de la lucha de clases no se mantendrán debajo de la superficie.

Bajo este escenario el grupo Atlacomulco, en alianza con el duopolio televisivo, Televisa – TV Azteca, se ven en la necesidad de acudir a la mercadotecnia barata para posicionar electoralmente a un político caro, Enrique Peña Nieto, cuyo nivel cultural es similar al de un adolescente desobligado. México ocupa el lugar 34 de 34 países de la OCDE en las evaluaciones de educación, pero eso no explica toda la burla de Peña Nieto en la Feria Internacional del Libro en Guadalajara, donde no pudo identificar un solo libro que haya leído. Vimos de inmediato a plumas pagadas como Adela Micha o Loret de Mola salir en defensa de lo indefendible y a Televisa tratando de revertir el autogol resaltando lo que dijo Peña Nieto en Veracruz: “podré haber olvidado el título de un libro, pero no olvido la injusticia”. ¿Es esta realidad algo de lo cual deba enorgullecerse la clase dominante?

Pero, los priistas se preparan para volver a Los Pinos, y eso nos hace recordar la cita de los griegos: cuando los dioses quieren destruir a alguien, primero lo vuelven loco. La locura de pretender sofocar la lucha de clases bajo la mercadotecnia del poder que otorga la estupidez televisiva, es poco menos que un intento superficial de mantenerse cuerdo. El potencial retorno del PRI no resolvería nada fundamental.

Es por esto que AMLO debe apoyarse en las masas trabajadoras para enfrentar a los poderes fácticos de la burguesía. Lejos de haber tendido la mano a Televisa, AMLO debería unificar en torno suyo a las diversas luchas del movimiento obrero y el campesinado pobre. Nuestra fuerza como trabajadores radica en nuestra cantidad y en nuestro papel en la producción, ya que sin nuestra labor, no se mueve la sociedad. Es por eso que AMLO no debe conciliar con la burguesía y al contrario, mientras más lo haga, más abrirá la puerta al retorno del PRI a la presidencia; sin embargo no está dicha la última palabra. Lo fundamental del proceso es que la crisis aprieta a millones y eso puede generar saltos bruscos y repentinos en la ecuación, más allá del control de las dirigencias de los partidos y sindicatos.

Entre tanto la trilogía Grupo Atlacomulco – Televisa – TV Azteca prepara los fuegos artificiales que iluminen la orgía de beneficios que esperan Arturo Montiel, Alfredo del Mazo y Emilio Chuayfett; si  Peña Nieto gastó en su sexenio como gobernador del Estado de México,  462 millones 300 mil pesos en propaganda televisiva, imaginemos lo que les espera a Azcárraga Jean y a Salinas Pliego con un nuevo gobierno federal.

La crisis económica, el vacío de credibilidad, la ausencia de alternativas, las pugnas interburguesas, la cloaca del narco, todo de conjunto jugando en contra de la clase dominante, que sin embargo usará todo su poder y sus medios de difusión para tratar de confundir, dividir, amenazar, promover la abstención y comprar el voto de la población. En 2012, más que en otros años, el papel de los medios masivos será una herramienta para intentar evitar a toda costa que AMLO llegue a la presidencia, y para tratar de la manera más perniciosa, colocar al PRI nuevamente en Los Pinos.

Sólo una sociedad organizada de forma tal que las principales palancas de la economía estén bajo control democrático de los trabajadores, puede nacionalizar bajo control obrero a los medios masivos de difusión, la televisión y la radio; a fin de utilizar ese enorme poder, no para beneficio de un sistema podrido, socialmente inútil y degradante, sino para elevar en cada vez mayor magnitud, la organización, la capacidad y nivel cultural de la población trabajadora. Es por eso que debemos seguir luchando por la transformación socialista de la sociedad, tanto en México como internacionalmente. AMLO conseguiría mucho más apoyo de las masas promoviendo estas ideas, haciendo alianza de clase con los trabajadores del campo y la ciudad y no con los Chuchos que son el arma de Calderón al interior del PRD.


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