La debilidad del régimen. Divisiones y choques

      Calderón representa a un gobierno débil dadas las circunstancias en que se instaló en el poder: el PAN después de haber logrado 16 millones de votos en el 2000 para hacerse de la presidencia, en 2006 se tuvo que apoyar en un monstruoso fraude para mantenerse en ésta. Además el fraude erosionó dos instituciones fundamentales para la democracia burguesa mexicana, nos feriemos al Instituto Federal Electoral que fungió como una de las principales instancias en las que se fabricó y conculcó el fraude y al Tribunal Electoral que actuó como tapadera del mismo al negarse a permitir el recuento total de las boletas electorales y al declarar legal el fraude que llevó a calderón a Los Pinos. Estos dos instrumentos de la democracia burguesa en México han quedado seriamente lesionados a ojos de millones de mexicanos, prueba de ello es que, a pesar de las intensas campañas publicitarias en todos los medio de información masiva, el abstencionismo fue el principal componente de los diversos procesos electorales que se desarrollaron a lo largo del 2007.



Aunque parezca un detalle secundario, el abstencionismo, el cual a partir de la experiencia de las elecciones (y lecciones) de proceso del 2006 ya no puede ser explicado únicamente como producto del atraso político, es un serio dolor de cabeza para la burguesía y su sistema democrático.

Además, otro elemento del que brota la debilidad de Calderón, es el hecho que él hereda el odio de las masas acumulado a raíz de los ataques y los excesos de la anterior gestión. Calderón empieza donde terminó Fox. Para millones de mexicanos Calderón es obra de Fox y continuación de este. Antes del 1º de diciembre pasado, cuando Calderón oficialmente tomó el cargo de la presidencia de la república, ya era el ser mas odiado entre amplios sectores de la clase trabajadora. A diferencia de Fox, en el caso de Calderón no hubo ninguna clase de “luna de miel” por breve que esta fuera.

      Sin embargo la debilidad actual de Calderón no sólo proviene de esos factores, también tienen que ver con el hecho de que la sociedad está en crisis y ésta impacta al régimen, creando elementos de división que lo debilitan aun mas. Para todos es conocida la fuerte aversión que existe entre Calderón y Manuel Espino, presidente nacional del PAN. Espino, en su búsqueda por mantener el control de su partido y cierto rango de influencia sobre el gobierno, logró imponerle a Calderón a Héctor Larios y Santiago Creel como coordinadores de las fracciones parlamentarias en las cámaras. También creó el llamado “Gabinete de sombra” integrando a Carlos Abascal y a otros renombrados funcionarios de la anterior administración panista a cargo de Fox, a la dirección nacional del PAN.

      Después, en julio pasado, cuando Juan Carlos Martínez, allegado a Calderón, gana la contienda interna para dirigir a la juventud panista, Espino y el Consejo Nacional del PAN desconocen dicho triunfo. Sin embargo, sobre esto último, después el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación revoca la determinación de Espino, obligándolo a aceptar el triunfo del joven calderonista.

      Las diferentes disputas internas del PAN han hecho que se presenten fenómenos inéditos en la historia de este partido, que en ocasiones hacen que se asemejen a la descomposición priísta, uno de ellos fue la renuncia masiva de militantes en Yucatán cuando le fue negada la candidatura de este partido para el gobierno de ese estado a la yunquista Ana Rosa Payán. Esta división favoreció al PRI quien ganaría finalmente la gubernatura. Otro fue el asesinato en enero del 2007 del panista y diputado local por Guerreo, Jorge Bajos Valverde, a cargo de sus propios correligionarios, entre ellos el presidente del PAN en aquella entidad.

      La descomposición del PAN ha llegado a tal extremo que sus vínculos con el narco han dejado de ser discretos. Tras la acusación del gobernador priísta de Coahuila, Humberto Moreira, a mediados de octubre, en la que liga a varias personalidades del PAN con los capos de la droga, se armó un escándalo que destapó la cloaca de los subterráneos del panismo. Por ejemplo en un reportaje de la revista Proceso se acusa a distinguidos panistas de tener de nexos con el narco, entre ellos a Francisco Barrio, exgobernador de Chihuahua; a Ernesto Rufo, exgobernador de Baja California, a Sergio Estrada Cajigal, exgobernador de Morelos; Emilio Goicoechea, actual embajador en Canadá, etcétera.

      Incluso las acusaciones van mas lejos pues, de acuerdo a Proceso, “La acusación de Moreira vincula directamente a Felipe Calderón, si tomamos en cuenta que, como se publicó en Proceso, el 24 de agosto del 2006, asistió a una fiesta para apadrinar a la hija del senador Guillermo Anaya Llamas y en el ágape estaba nada más y nada menos que Sergio Villareal “El Grande”, quien es investigado por la PGR por presuntos vínculos con el narcotráfico y es hermano de Adolfo Hernán Villarreal, esposo de Elsa María, hermana del legislador del PAN”.

      Y esto es de lo poco que se conoce, seguramente la descomposición del PAN es más profunda y rebasa por mucho lo que se sabe de su relación con el narco y de las corruptelas de Vicente Fox, su esposa y los chiquillos Bribiesca. El problema es que todos esos escándalos, esté vinculado o no Calderón, terminan por afectar la popularidad de éste y del partido en el poder, debilitándolos por igual y fomentando aun más el descontento popular.

      Para una ala del PAN, la vinculada con Fox y con Espino, la llegada a la presidencia por parte de Calderón no fue bien vista. El candidato de ellos era Santiago Creel, pero Calderón se impuso en las internas y a esa ala no le quedó más remedio que apoyarlo ante un peligro mas grave representado por la posibilidad de que AMLO y el PRD ganaran las elecciones. Sin embargo esa situación no solucionó las contradicciones entre ellos, Calderón sabía que si no tomaba medidas, sus adversarios al interior del PAN podrían funcionar como un contrapeso en el apoyo de su partido.

      El primer paso inmediato que dio, fue el de asegurar que en el PAN del DF quedara al frente alguien de su absoluta confianza, por ello apoyó y logró el triunfo de Mariana Gómez del Campo, quien es prima de su esposa.

      Ahora este paso lo pretende dar a nivel nacional por medio de la candidatura a la presidencia nacional del PAN de Germán Martínez, quien es una de las personas más cercanas al presidente espurio. Para poderse postular, Germán Martines renunció a la Secretaría de la Función Pública.

      A pesar de que Germán Martínez ha logrado la dirección nacional panista por medio de una abrumadora mayoría de votos del Consejo Nacional, ello no quiere decir que se haya zanjado ninguna clase de distancia existente en este partido, por el contrario es muy probable que se profundicen, echando a tierra las intenciones de Calderón para tomar el control del PAN por medio del nuevo dirigente panista y asegurar un mejor apoyo de dicho partido. El grado de crisis existente en el PAN no le garantiza nada a Calderón, a pesar del triunfo de Germán Martínez en las elecciones internas.

      Muestra del importante nivel de divisiones que ya existen en el PAN es el fuerte trabajo que connotados panistas ya están desarrollando para impulsar un nuevo partido de ultraderecha, entre ellos algunos que participan en el gobierno de Calderón, tales como Luego Tamargo, titular de la Comisión Nacional de Agua, y el secretario de agricultura, Alberto Cárdenas. También participa en este proyecto, entre otros, Bolio Hollarán de la Unión Nacional Sinarquista, la cual fue fundada por Salvador Abascal, padre del exsecretario del trabajo y exsecerario de gobernación en la administración foxista, además de actual secretario general adjunto del PAN, Carlos Abascal. Un elemento mas a destacar es que esta iniciativa también está siendo apoyada por empresarios de la talla de Lorenzo Servitje, del Grupo Bimbo y el hijo de Carlos Slim, Lorenzo Slim.

      A propósito de todas estas divisiones y conflictos, es necesario tratar de hacer un análisis que nos dé una serie de respuestas que nos permitan ir al contenido y no quedarnos en las cuestiones de forma. Por supuesto que de por medio hay pugnas por más poder tanto en el gobierno como al interior del PAN; por supuesto que también hay temor de que en un momento dado la lealtad de Calderón no sea suficiente para seguir tapando las corruptelas y excesos de Fox, Marta Sahagún, los chiquillos Bribiesca y del resto de exfuncionarios. Por supuesto que todo esto está en medio de todas estas controversias, pero no es lo único.

      Vamos por partes. Es un hecho indiscutible que Calderón, para tratar de sacar adelante su programa necesita de un apoyo incuestionable del PRI, en esa medida tiene que ser firme y no puede usar como le gustaría a él y a los panistas la aplanadora del Estado para darle más certeza electoral a los diferentes candidatos panistas, el resultado de esto es que el PRI es el partido que mas se vio beneficiado a lo largo de las distintas contiendas por diputados locales, ayuntamientos y gobiernos estatales desarrolladas en 2007. Para los panistas, el peso del PAN como partido en el gobierno no se ha hecho sentir como debiera.

      Además el PRI junto con el PRD, reclamaron la cabeza de Luis Carlos Ugalde, Consejero Presidente del IFE, objetivo que lograron el 13 de septiembre pasado por medio de la Reforma Electoral. El PAN tuvo que votar a favor de esa reforma y Calderón la tuvo que apoyar mediante un mensaje a la nación tras ser aprobada. Calderón se vio obligado a hacer esa concesión para asegurar que ese mismo día el PRI votara a favor de la Reforma Fiscal, la cual incluyó el antipopular Gasolinazo.

      La Reforma Electoral se tradujo en un choque directo con los monopolios de la TV y la radio, quienes hipócritamente defendieron a Ugalde y a la “libertad de expresión” porque supuestamente esta última se veía restringida con las modificaciones a las leyes electorales. La reacción de las televisoras y radiodifusoras fue colérica y cargada de ataques contra los diputados y senadores de todos los partidos, jalaron parejo. Pero lo que realmente defendían esas empresas eran sus intereses económicos, pues dicha reforma implicó la reducción significativa de los gastos que pueden hacer los partidos en publicidad de radio y TV para las campañas electorales, las cuales son muy rentables. Para ejemplificar el negocio que son las campañas electorales, basta destacar que en el año pasado TV Azteca y Televisa obtuvieron ingresos extras por este concepto de 699 millones y mil millones de pesos, respectivamente.

      Estos privilegios y no otra cosa defendían los industriales de la radio y la TV en su histérica oposición a la Reforma Electoral. Aliados tradicionales del régimen, el cual les ha pagado con creces su lealtad, esta vez estos empresarios se tuvieron que llevar un palmo en la nariz no sólo cuando Calderón en cadena nacional da su respaldo a dicha reforma, sino además cuando sale al paso la Secretaria de Gobernación para rechazar públicamente el llamado a referéndum (someter a aprobación de la ciudadanía la reforma) que hicieron las televisoras y radiodifusoras.

      Además, antes, en mayo, los principales consorcios de la radio y la TV sufren un revés cuando la Suprema Corte declara inconstitucional la funesta Ley Televisa, aprobada en marzo de 2006 y que consagraba legalmente el monopolio de estas empresas del ramo. Ello implicó que se esté diseñando una nueva propuesta de ley sin que existan garantías de que las cosas queden como lo esperaban estos empresarios a través de la Ley Televisa.

      Para tratar de atemperar toda esta problemática, Calderón se reunió con los empresarios de radio y TV el 10 de octubre para asegurarles que durante su mandato no habrá más tomas violentas de televisoras y estaciones de radio. Sin decirlo, se refería al Chiquihuetazo, cuando TV Azteca tomó prácticamente por asalto la entonces CNI Canal 40, pero principalmente aludía a las tomas hechas en la insurrección oaxaqueña.

      Además de todo esto, y para colmo del clero y los panistas, Calderón, por medio de la Secretaría de Gobernación, ha rechazado, esto el 5 de octubre, realizar una reforma que establezca una nueva relación Iglesia-Estado en la que se le den más libertades políticas a la primera y además se le permita impartir clases de religión en escuelas públicas. Esta negativa está muy mal vista por muchos panistas, los cuáles además se sienten resentidos porque Calderón no hizo nada serio y de peso para impedir que en el DF se aprobara la legalización del aborto y la Ley de Convivencia en la que se le reconocen una serie de derechos a parejas del mismo sexo que viven juntas.

      Para la ultraderecha panista todo eso es un escándalo, piensan que Calderón es demasiado blando y pone en peligro los planes más acuciantes de la burguesía. Por ello han optado por todo tipo de presión para tratar de impedir que esto llegara a suceder. Esta presión se ha manifestado incluso en los terrenos de la diplomacia, pues mientras que Calderón, urgido de legitimidad, movía los hilos para normalizar las relaciones con Cuba y Venezuela, Fox y Manuel Espino se lanzan como búfalos atacando a Castro y a Chávez para tratar de hacer abortar los planes del presidente espurio. Al último Calderón logra imponerse y el 13 de septiembre los nuevos embajadores de ambos países presentan sus acreditaciones, dándose marcha atrás a la política del gobierno de Fox en el cual, en 2004 es expulsado de México el embajador cubano y en el 2005 los gobiernos tanto México como Venezuela, retiran unilateralmente a sus respectivos embajadores.

      ¿Qué expresan todas esas divergencias y contradicciones? Efectivamente expresan la debilidad de Calderón, pero reflejan también el enorme pavor de un sector del panismo de que esa debilidad se trasforme en su contra. El miedo de estos panistas refleja al mismo tiempo los temores de un sector de la burguesía. Y tiene razón para tener esos temores, pues saben que las muestras de debilidad de Calderón incentivan el ánimo de las masas para luchar contra el gobierno. Este es el verdadero origen de los miedos de la ultraderecha panista. De ahí la idea de un nuevo partido de ultraderecha que, junto con la ultraderecha panista, desde ese flanco presione a Calderón.

      Además como ya dijimos mas arriba, atrás del proyecto de ese nuevo partido, el cual según informan los medios se llamaría Partido Humanista, hay importantes empresarios. Para estos, frente a la enorme polarización y descontento social, es necesario tomar medidas que les permita asegurar que en esta ocasión, no como sucedió en el caso de Fox, los ataques más añorados de la burguesía se lleven a la práctica.

      Con estas medidas, en el frente interno el ala que se aglutina en torno a Fox y Manuel Espino y en el frente externo la tentativa de formar un nuevo partido de ultraderecha, cuestión que conecta con la formación en el último año del sexenio pasado de la Alianza Sindical Mexicana de filiación socialcristiana, la burguesía pretende tender un cerco que evite que Calderón retroceda y por el contrario vaya hacia delante.

      Pero otro factor que es importante destacar sobre este fenómeno de reagrupación más visible de la ultraderecha, es el que ello demuestra que ésta se está preparando para una confrontación frontal y directa con los trabajadores a partir de grupos organizados al margen del Estado. En la terminología de la revolución venezolana, la burguesía y la ultraderecha mexicana están ya agrupando y preparando sus propios escuadrones de escuálidos.

      Ya hemos visto al Cardenal Norberto Rivera Carrera, ese vago ensotanado, haciendo activismo político acusando al PRD de todos los males que aquejan a México; lo vimos tomando una postura cínicamente abierta a favor del fraude electoral. Lo más reciente fue el de haber amenazado con cerrar la Catedral Metropolitana para que ya no se diera misa ante las constates agresiones de los perredistas, etcétera. No hay que olvidar que la guerra cristera, al grito de Viva Cristo Rey, inició tras el cierre de las iglesias por parte de los curas en protesta contra la política anticlerical del Estado.

      No dudamos que la propaganda política de la iglesia conecte con un sector de los mas pobres, pero principalmente su audiencia está entre la burguesía y la pequeñaburguesía rancia y nostálgica del porfiriato; pero un fuerte problema que tiene de frente ese vago ensotanado es que, a pesar del importante sentimiento religioso existente, entre nuestro pueblo y en su memoria histórica existe una fuerte tradición anticlerical de aproximadamente siglo y medio.

      Regresando a Calderón, éste tiene que agarrarse de lo que sea para tratar de gobernar, por eso ha tratado con pinzas sus relaciones con el PRI. A toda costa, incluso en ocasiones quedando mal con el panismo, necesita mantener esa alianza. El PRI se ha visto beneficiado en las diferentes contiendas electorales desarrolladas a lo largo del 2007 debido a la falaz estrategia electoral del PRD que continúa con su política de apoyarse en expriístas para las candidaturas, provocando la confusión en el voto, favoreciendo el abstencionismo y cosechando derrotas, pero también, como explicamos mas arriba, porque Calderón no ha hecho sentir en las elecciones, como a los panistas les gustaría, el peso de ser el partido en el poder.

      Pero los priístas quieren mas, le apuestan al desgaste del gobierno del PAN, aspiran a llegar bien posicionados a las elecciones intermedias del 2009 para diputados federales y senadores, y, combinado estos avances con sus posiciones que tienen en la mayor parte de las gubernaturas y presidencias municipales del país, así como en los congresos estatales, tratar nuevamente transformarse en una alternativa electoral para las presidenciales del 2012, esperando que la burguesía vuelva de nuevo la mirada hacia ellos.

      Esta es una realidad que conoce Calderón, pero está atado de manos y pies como para poder tomar medidas y cerrarle el paso al PRI. Cualquier intento serio en ese sentido, podría arrojar como resultado un mayor aislamiento del gobierno ante la pérdida de un aliado como lo es el PRI.

      Una muestra de la urgente necesidad de Calderón por mantener buenas relaciones con el PRI, ha sido su reacción ante el hecho de que los priístas han tomado como una de sus banderas de batalla para tratar de recuperar credibilidad a la figura de Fox, Marta y los chiquillos Bribiesca, los cuales forman parte del repertorio de los seres más aborrecidos por las masas. Por ejemplo, ante las constantes acusaciones de corrupción por parte del PRI contra toda esa palomilla, en el más reciente capítulo en el que se relaciona a los Bribiesca con la tragedia en una plataforma de PEMEX en la que murieron mas de 20 obreros, el secretario de gobernación, Ramírez Acuña, pasó de declarar el 22 de octubre que él “metería las manos al fuego” por Fox para días después pedirle al expresidente que se calle: “todos debemos entender, los políticos debemos entender que el que se va, se calla. Todos debemos aprender a callar una vez que concluye nuestra responsabilidad”, declararía Ramírez Acuña. Esto en respuesta a las acusaciones que hizo Fox desde los EU en contra del coordinador de la fracción parlamentaria priísta en el senado, Manlio Fabio Beltrones, en el sentido de que las autoridades yanquis tienen un expediente por narcotráfico contra el priísta.

      A propósito del escándalo de la guerra de acusaciones entre Fox y Beltrones, las recientes declaraciones del senador panistas Federico Döring expresan de una forma particularmente gráfica la importancia de la alianza con el PRI. El 20 de octubre El Universal publica una nota que dice: “Fue un craso error” del grupo parlamentario del PAN no haberse solidarizado y apoyado al senador priísta Manlio Fabio Beltrones ante las imputaciones que le hizo Vicente Fox, dijo el senador panista Federico Döring. Consideró que la posición de su bancada fue “poco solidaria y poco recíproca”. Döring recordó que su partido le debe a Manlio Fabio Beltrones que se haya llevado a cabo la toma de posesión de Felipe Calderón. También las reformas estructurales que se han aprobado en el Congreso. “No se pueden permitir agresiones contra un político que está dialogando”, sostuvo. De esta manera, el senador panista Federico Döring reprobó la actuación de su grupo parlamentario, porque ayer no firmó el pronunciamiento en el que se exhorta a Vicente Fox que deje de hacer imputaciones dolosas. Comentó que por causas de fuerza mayor no pudo asistir a la sesión, pero de haberlo hecho, “hubiera votado a favor del pronunciamiento, porque no se pueden permitir ataques a senadores que se caracterizan por el diálogo a favor de México”.

      Finalmente, para tratar de cerrar este capítulo, Calderón, por medio de la Procuraduría General de la República (PGR) salió al quite este 14 de noviembre, declarando que no existe ningún vínculo de Beltrones con alguna actividad relacionada con el narco.

      Un problema que tiene de frente Calderón a todo este respecto, es el hecho de que apenas va en su primer año de gobierno y ya hay síntomas de desgastes a partir de todas esas contradicciones. Lo grave es que es muy temprano para suponer que este tipo de crisis se han superado. Por su lado Fox es un hombre terco, tiene mucho que ocultar, bastantes intereses de clase que proteger y posee un tacto político tan fino como el de un elefante en una cristalería. Por otro lado el PRI necesita desesperadamente agarrarse de algo para recuperar credibilidad y para este partido está claro que Fox y su familia es una estupenda oportunidad para ello. Esta contradicción sólo augura más y nuevas confrontaciones de esta naturaleza que tendrán un impacto negativo en las filas del PAN y del PRI, generándole nuevos predicamentos a Calderón quien ha quedado en medio de fuego cruzado en todas esas disputas.

      No olvidemos que a pesar de su rechazo, los diputados panistas tuvieron que aceptar que se les impusiera la integración de la Comisión Especial de la Cámara de Diputados para investigar a Vicente Fox y a su familia. Fox es un fuerte bono político para el PRI y lo van a tratar de aprovechar al máximo ¿O acaso no fueron priístas los que a mediados de octubre, derribaron la estatua de Vicente Fox en Boca del Río, Veracruz? Ese pequeño y modesto acto se transformó en una noticia que recorrió todo México y, tenemos que reconocer, fue bien recibido por millones de personas.

      En una situación tan extremadamente frágil y volátil, no se puede descartar el que factor Fox se pueda transformar en un elemento que precipite el distanciamiento entre Calderón y el PAN, o entre el PAN y el PRI, o entre el presidente y un sector del panismo o ¡todo eso junto! Seguramente, como lo hizo en su momento el PRI con algunos expresidentes, Calderón está explorando la posibilidad de mandar a Fox a una embajada perdida en alguna pequeña república de la antigua Unión Soviética. Sin embargo, a diferencia de los expresidentes del PRI, incluso Salinas a pesar de todo se autoexilió por varios años a Irlanda, Fox no posee la disciplina necesaria para dar este paso en caso de que se lo pidan. Es más, es posible que ya le hayan hecho una oferta de esa naturaleza y Fox la rechazó.

      De cualquier modo, de mantenerse la alianza con el PRI, lo que puede obtener de ella se limita particularmente al aparato legislativo y no trasciende a las calles, lugar en el que se definirán las principales batallas de la lucha de clases. La alianza con el PRI, en los aspectos fundamentales de la lucha de clases, representa muy poco, por no decir nada.

      Revolución y contrarrevolución.

      La debilidad de Calderón es patente, el pasado 1º de septiembre, día de su primer informe de gobierno, este hecho nuevamente quedó patente cuando se le aplicó, al igual que Fox en su último informe, el “entregas y te vas”. La ceremonia se extendió solamente a lo largo de los ocho minutos que fueron desde que Calderón entró al salón de sesiones del Palacio Legislativo, entregó por escrito de su informe, dio un discurso de un par de minutos y su salida de dicho salón. Los diputados perredistas por su cuenta respondieron abandonado el salón de sesiones, acción que fue seguida por Ruth Zavaleta, presidenta en turno de la Cámara de Diputados, quien tenía la responsabilidad de recibir el informe de Calderón.

      La caída en la popularidad de Calderón salta a la vista también por medio de la encuesta de Pisos-Bisma, publicada por El Universal el pasado 4 de noviembre. De acuerdo a esta encuesta, la calificación a la gestión del presidente, en una escala a 10, se ubicó en 6.4, dos décimas menos de lo obtenido en agosto; en lo correspondiente a la opinión positiva sobre el rumbo del país, ésta disminuyó del 52 al 44%; contrariamente la opinión negativa sobre el rumbo de México creció del 20 al 34%. Además el 73% de los encuestados respondieron estar en desacuerdo con el Gasolinazo.

      Calderón está desesperado por mejorar su popularidad y ha visto en la tragedia tabasqueña una oportunidad: además de sus reiteradas vistas a Tabasco a raíz de las recientes inundaciones y su propio aguacero de spots televisivos invitando a los mexicanos a solidarizarse con la gente en desgracia, ha tomado otras medidas como la de entregar personalmente los primeros bonos de 10 mil pesos a los damnificados, crear un fondo de 200 millones de pesos para apoyar a los pequeños y medianos empresarios, impulsar inversiones por 100 millones de pesos para el turismo, crear un fondo de 7 mil millones de pesos para la reconstrucción, etcétera.

      No es descartable que este activismo a partir de la tragedia, le dé a Calderón algunos puntos a su favor, pero en todo caso el efecto será limitado y efímero. Ya veremos como la gente, incluidos los propios tabasqueños, reacciona ante el impacto que tendrá la entrada en funciones del Gasolinazo, si Calderón finalmente se anima a dar ese paso.

      Pero incluso, la propia problemática de Tabasco encierra elementos como para que después esa tragedia que está empelando en su beneficio Calderón, se le trasforme en su contrario. En cuanto a su magnitud, excepto en el costo de vidas humanas, la tragedia de Tabasco se asemeja a la padecida por el DF tras el sismo de 1985. La economía de Tabasco está prácticamente destruida y aproximadamente un millón de personas perdieron lo poco que tenían, tanto en el campo como en las ciudades. Miles de pequeños y medianos negocios han quedado en la ruina y junto con ellos han sido destruidos miles de empleos. La infraestructura sanitaria ha sido seriamente afectada. Lo que hasta el día de hoy hemos visto en Tabasco ya es una verdadera tragedia, pero lamentablemente lo peor está por venir.

      Ante la magnitud de la tragedia y las secuelas que serán más severas, la ayuda del gobierno resulta insignificante. Para hacernos de una idea de la magnitud del problema, sin temor a exagerar es necesario decir que la economía de Tabasco se asemeja a la de naciones pequeñas como Nicaragua o Belice. Si Calderón no quiere enfrentar problemas bastantes severos tendrá que hacer inversiones en Tabasco significativamente superiores a las que se han anunciado. Pero el régimen y sus finanzas son demasiado débiles para responder a la altura y de manera oportuna ante la magnitud del desastre. Inevitablemente miles de familias tabasqueñas que hasta antes de la inundación tenían condiciones medias de vida, serán condenadas a la pobreza; por su parte los pobres que ya existían desde antes, caerán en una miseria mucho más atroz.

      Llegado el momento, las secuelas sociales y económicas derivadas de la inundación le pasarán la factura a Calderón y al mismo gobernador de Tabasco, Andrés Granier. No olvidemos que en el caso del DF, pasados los momentos más difíciles a raíz de los sismos del 85, se abrió una intensa lucha con movilizaciones de masas por parte de la población damnificada. Además, que es otra razón de fuerte preocupación para Calderón y Granier, Tabasco es el estado natal de AMLO y este poseen una importante aceptación entre sus coterráneos.

      Pobre Calderón, apenas lleva un año de gobierno y ya está sujeto a un serio proceso de desgaste. La celeridad de este fenómeno es un síntoma de nuestros tiempos.

      Ante esta realidad y producto de su debilidad, Calderón está tomando medidas para tener otro frente, el más duro, en caso de que lo tenga que poner a actuar echando toda la carne al asador: la represión.

      Sobre este camino ya tiene varios pasos dados, por ejemplo criminalizando a la lucha social por medio de la Ley Antiterrorista aprobada al principio de su gestión; también, teniendo como pretexto las incursiones del EPR,  provocadas o no por el aparato de inteligencia del Estado, ha creado un cuerpo de élite contrainsurgente, el Grupo Central de Atención a la Subversión bajo el mando de la Secretaria de Seguridad Pública federa. También ha sacado al ejército a las calles para combatir al narco.

      Pero aun le faltan dar otros pasos al frente, uno es el de la aprobación de leyes que le permitiría a los cuerpos policíacos actuar contra individuos o grupos, sobre la base de sospechas y sin que medie ninguna clase de orden judicial al respecto. El otro caso es el de la Iniciativa Mérida, eufemismo que se ha empleado para llamar a lo que en un principio se conoció como Plan México, acordado por Calderón y Bush, el cual comprende en una primera etapa un apoyo de 550 millones de dólares para supuestamente financiar la lucha antidrogas en México.

      El gobierno mexicano se ha empeñado en insistir que dicha iniciativa sólo comprenderá apoyo financiero, pero que no habrá ninguna clase de participación en territorio nacional del ejército o la policía yanqui. Sin embargo el que paga manda, y si los yanquis no logran asegurar que sus fuerzas militares y policíacas intervengan de forma abierta, si lo harán para que lo hagan de manera encubierta a través de empresas privadas de seguridad que contrate el gobierno, tal como ha sucedido en otros países en varias oportunidades.

      El asunto es que la esencia de la Iniciativa Mérida, por mucho que se niegue, será la misma del Plan Colombia por medio del cual, bajo la excusa del combate al narco, el gobierno colombiano con la intervención directa del imperialismo yanqui transformaron a dicho plan en una genuina guerra contra la insurgencia, la cual no sólo tuvo como blanco a la guerrilla sino además a miles de campesinos y trabajadores que no tenían ninguna clase de vínculo con los narcos ni con las FARC.

      También Calderón le está apostando a tener buenas relaciones con el ejército, y efectivamente las tiene con los altos mandos. Pero no se puede decir que esto exista del todo en los mandos medios y mucho menos entre la tropa. Es sabido que un porcentaje muy alto, algunos dicen que el 70%, entre los solados de tropa votó por AMLO en las elecciones del 2006. Este detalle ilustra por sí mismo el estado de ánimo que existe en las filas de ejército, las cuales están expresando las contradicciones de clase (la extracción de la tropa es principalmente de campesinos pobres) y la machaca que la capa inferior, que es la mayoría, ha tenido que experimentar durante años a partir de la política del régimen. Los salarios de la tropa sólo sufrieron un modesto incremento a raíz del alzamiento zapatista del 94 para, ya que bajó la tensión en Chiapas, regresar los salarios a los niveles de 1993 y mantenerse estancados durante mas de una década.. En las votaciones del 2006 los soldados manifestaron su descontento producto de esta situación.

      Pero también lo manifestaron por medio de deserciones que se podrían considerar masivas, tomando el tamaño del ejército mexicano. Según la agencia informativa EFE, entre 2000 y 2006 desertaron 123 mil 218 solados. Prácticamente en tan sólo seis años la tropa del ejército se tuvo que renovar en un 100%. Ante este fenómeno y dado los mensajes políticos que han mandado los soldados, Calderón tuvo que lanzar como una de sus primeras iniciativas el incremento de los salarios del ejército, pero de fondo esta medida no solucionó nada pues a raíz de ese aumento un soldado ya gana 5 mil 200 pesos mensuales, es decir que el incremento fue de apenas mil 700 pesos. Comparado esto con los salarios de los altos mandos, el incremento no significó prácticamente nada, pues mientras ese es el salario mensual de un solado de tropa, tan sólo Guillermo Galván, titular de la Defensa Nacional, gana 5 mil 165 pesos ¡diarios!

      El incremento a los salarios de los soldados, más cuando la vida se encarece más y más, resuelve muy poco, pero nada como para inhibir seriamente el fenómeno de las deserciones, máxime cuando el ejército mexicano, mal entrenado y mal armado, ha sido lanzado hacia una aventura que pretende darle legitimidad a Calderón: la guerra contra el narco. Los narcos están mejor armados, le provocan bajas al ejército y ganan mucho dinero. Los efectos de esta guerra están repercutiendo en la moral de los soldados, pues piensan que se les está mandando al matadero a cambio de nada para ellos y sus familias. La combinación de la difícil situación laboral de los soldados, la cual además está cargada de constantes abusos por parte de los mandos superiores, con una guerra al narco en condiciones muy desfavorables puede crear una crisis en el ejército que ponga en serios predicamentos a Calderón. De hecho los altos índices de deserción ya son un preocupante síntoma de esa crisis.

      A pesar de las dificultades, Calderón se está preparando para emplear la mano dura, más de lo que ya la ha empleado por el momento. Al igual que su antecesor Vicente Fox, el actual gobierno está empelando las cárceles y la persecución contra el movimiento social para tratar de frenarlo. Una forma de respuesta del movimiento ante esta política ya la representa el Frente Nacional Contra la Represión.

      El aumento de los preparativos para la represión es un canal indirecto a través del cual podemos medir el nivel de tensiones que existe entre las clases sociales. La situación ideal y más adecuada para la burguesía, es el de poder mantener el control de la sociedad basándose en los mecanismos tradicionales que ofrece la democracia burguesa. Solamente y únicamente bajo la condición de que sienta seriamente que sus privilegios están en peligro, entonces le da un papel de menor peso a sus mecanismos tradicionales de control para basarse más en la fuerza. Pero los privilegios de la burguesía solamente pueden estar en grave peligro, cuando los trabajadores han dado muestras de que ya no están dispuestos a que continúen los ataques y que se preparan para lanzar una feroz ofensiva contra sus opresores. En esencia esto último es lo que subyace detrás de la política represiva de Calderón y sus intentos por profundizarla.

      Otra vía para desactivar un nuevo y potencial choque de trenes entre la burguesía y los trabajadores, es una significativa recuperación económica que atempere las tensiones. Pero esta perspectiva está descartada en el corto y mediano plazo.

      Pero también, que es otro termómetro para medir la temperatura de la lucha de clases, son las trifulcas y divisiones en el régimen y entre los partidos de la burguesía. Esas confrontaciones no son mas que la expresión superficial de las diferencias que existen en el seno de la burguesía, la cual dado el enorme nivel de contradicciones de la sociedad, no se pueden poner de acuerdo sobre el mejor camino a tomar para gobernar y proteger sus intereses. Un bando dice que si se aprieta más duro, las cosas pueden explotar. El otro dice que si se titubea, los trabajadores tendrán más confianza en sus fuerzas y las cosas estallarán. El problema es que ambos bandos tienen razón: en las condiciones actuales, un ataque más severo puede ser el catalizador para un nuevo choque de trenes entre las clases, pero las muestras de debilidad del régimen pueden arrojar el mismo resultado. Esta clase de contradicciones y las divisiones entre la burguesía sólo prenden ser posibles en un momento en el que en la sociedad se ha roto el equilibrio entre las clases, es decir, dentro de un proceso revolucionario.

      No existe ninguna razón de peso que nos permita pensar que no habrá nuevas y convulsivas confrontaciones entre las clases. A diferencia del pasado en el que tuvimos que esperar años para atestiguar acontecimientos de abierta confrontación revolucionaria, el periodo que vivimos reúne ingredientes altamente inflamables que podrían estallar de un momento a otro, sin la necesidad de tener que esperar años.

      Sin embargo las nuevas confrontaciones, a diferencia de las del 2006, irán acompañadas de una serie de lecciones extraídas de las pasadas luchas las cuales tendrán un fuerte significado y peso especifico, ayudando a los trabajadores a sacar conclusiones revolucionarias por encima de las logradas hasta el momento. Este salto en la conciencia abrirá nuevas y fértiles sendas para las ideas del marxismo y el programa del socialismo.

      Además, a diferencia de la lucha del año pasado que encontró su principal cauce a través del frente electoral, ahora existen elementos que nos permiten asegurar que en este nuevo periodo el frente sindical tendrá una participación más visible y más enérgica, inyectando nuevos bríos y contagiando al movimiento con sus métodos, entre ellos el empleo más frontal de la huelga general.

      En la experiencia anterior, AMLO y los dirigentes sindicales lograron con muchas dificultades frenar el movimiento y evitar que fuera más lejos. Al día de hoy AMLO sigue teniendo una autoridad importante sobre el movimiento, pero esa autoridad no se puede mantener indefinidamente a fuerza de llamados para revolucionar solamente la consciencia; ni con reuniones de la CND que por muy masivas que sean, siempre terminan sin llamar a ninguna acción consecuente. Todos esto a razón de que la política de AMLO representa una contradicción con un fenómeno de mucho mas fondo: el deseo incuestionable por parte de los trabajadores para ya no tolerar más ataques, realidad en contradicción con la imperiosa necesidad de la burguesía para explotar y estrujar aún más de lo que ya lo ha hecho a la clase trabajadora. La política de AMLO y la del resto de dirigentes es una fuerte contradicción con dicha realidad.

      Y si AMLO y los demás dirigentes no resuelven esta contradicción a favor del movimiento, los trabajadores tarde o temprano terminarán haciéndolo, ya sea jalándolos tras ellos o haciéndolos a un lado. La política de esos dirigentes indefinidamente no puede seguir funcionando como un freno. Un síntoma respecto a nuestra aseveración es una crónica de La Jornada sobre la concentración de la CND de este 18 de noviembre que dice lo siguiente respeto a las diferentes reacciones tras culminar la concentración: “entre la gente más joven había impaciencia. “¿No que iba a proponer un plan de acción? ¡No nos dejó tarea! ¿Así cuándo se va a caer el pelele?”, iba a su vez preguntando una muchacha universitaria rumbo al Metro Balderas”.

      La juventud, la llama de la revolución. Tan nítido como el agua. No es secundario resaltar este detalle, máxime cuando México sigue siendo un país mayoritariamente de jóvenes. Pero también es importante resaltar que esas interrogantes, sin temor a equivocarnos, reflejan la manera en que la paciencia se está agotando entre un número cada vez mayor de seguidores de AMLO. A la gente se le puede llamar una, dos, tres, cuatro veces a un mitin masivo y ésta responder entusiastamente, pero después de eso si no hay una postura consecuente el apoyo incondicional se va agotando gradualmente hasta llegar un punto en el que la gente dice: caminas con nosotros o te quedas atrás. En otras condiciones, cuando el movimiento en general está a la baja se podría plantear la perspectiva de la desmoralización. Pero ya hemos expuesto ampliamente cuales son las condiciones actuales del movimiento y esta última es la perspectiva menos probable. Con AMLO o sin él, lo mismo en el caso de los dirigentes sindicales, las masas terminarán por romper todo aquel obstáculo que les impida ir al frente.

      El proceso revolucionario que se abrió en México a partir de los acontecimientos del 2006, sigue. Y contiene condiciones para pensar que el próximo choque de trenes entre el proletariado y la burguesía, será más convulsivo con relación a lo visto antes. Ante todo ello los marxistas tenemos un compromiso: la realidad objetiva demuestra que se está cerrado el camino para el programa de los reformistas, ante ello nuestro deber es prepararnos para estar lista en cuanto nuevamente estallen los acontecimientos.

      Hoy en día el terreno para las ideas del marxismo es mas fecundo que nunca en la historia de la lucha de clases en México, los marxistas deben orientarse decididamente hacia las organizaciones de los trabajadores y luchar por extender su programa y sus métodos, además de tener una actitud firme ante toda idea extraña al movimiento obrero. Camarada únete a Militante y lucha por la transformación socialista de la sociedad.


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