La detención fallida de Ovidio Guzmán, hijo del “Chapo” Guzmán, demuestra el enorme poderío que ha alcanzado el narcotráfico en México y en todo el mundo. El despliegue de fuerzas realizado por el Cártel de Sinaloa para exigir su liberación, refleja una gran capacidad de movilización que requiere enormes recursos humanos y económicos acumulados por un cártel que ha existido al amparo de un régimen corrupto desde inicios del Siglo XX. Ante este imperio de narcóticos, el Estado mexicano fue totalmente rebasado. Lo único que puede detener al crimen e invasión del narcotráfico es la organización de los trabajadores, jóvenes, campesinos podres e indígenas en autodefensas por todo el territorio.  

El poderío del Cártel de Sinaloa

El Estado mexicano ha quedado superado por la monstruosidad del narcotráfico. El Cártel de Sinaloa es aún muy poderoso, pese a la detención del “Chapo” y fracturas que ha padecido, ya que su grado de expansión lo convierte en una verdadera industria clandestina multimillonaria, internacional y altamente organizada, capaz de trasladar droga hasta por submarinos.

Toda esta intervención y poder no podría obtenerse sin años de colusión de los gobiernos a diferentes niveles. Desde los municipales hasta los federales, como el de Calderón y el de Peña Nieto, se permitió un gran desarrollo del cartel, totalmente capaz de mantener su operación aún si su líder en libertad. Los gobiernos prianistas han mantenido con vida a este cártel y le dieron un empuje estratosférico a través de “la guerra contra el narco” impulsada por Calderón, exterminando a buena parte de la competencia, permitiendo un incremento del control para el Cártel de Sinaloa.

Sin embargo, hoy estos representantes de la derecha no tienen vergüenza para salir ante los medios de comunicación exigiendo la dimisión de AMLO por liberar a este narcotraficante después de haberlo detenido. Escandalizados vociferar sobre la incapacidad de este gobierno, proponiendo que actué violentamente, con una mayor intervención de las Fuerzas Armadas (FFAA), como la vía para evitar otro episodio similar ¡Qué cinismo! No se muerden la lengua ni se sonrojan ante tales declaraciones, cuando han sido sus gobiernos los causantes de miles de muertos, desaparecidos y desplazados.

El Cártel de Sinaloa, con más de un siglo de existencia, ha logrado acumular una cantidad de riquezas y medios incalculables. Tiene presencia en 70 por ciento del crimen organizado en el mundo, en al menos 50 países y comete más de 22 delitos calificados como graves. También controla el 65% del mercado de drogas en EEUU, siendo el que más droga introduce y más control fronterizo tiene para este tráfico.

El pasado 17 de octubre se detuvo a Ovidio Guzmán, pero tiempo después fue liberado ante el despliegue brutal del cártel, que ocupo las calles de Culiacán, Sinaloa, realizó 19 bloqueos, tuvo cuatro enfrentamientos con el ejército y la Guardia Nacional (GN), provocó la fuga de 55 presos de la prisión de la entidad, atacó bases castrenses, sitio un fraccionamiento de familiares de militares, rafagueó sitio públicos y provocó un clima de terror inusitado con un espectacular despliegue de poderío que se calcula entre 400 a 500 personas involucradas.

La colusión del Estado-Narcotráfico-Empresas y la perpetuidad de esta relación ha ido tan lejos y es tan repugnante que los sicarios se encargan de hacer el trabajo más sucio a gobiernos de derecha y empresas a cambio de impunidad para sus carteles. Los asesinatos de defensores del territorio para imponer megaproyectos o la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, son sólo algunos ejemplos de ello, tampoco podemos ser ingenuos frente al incremento de la delincuencia en estos meses, ante las medidas aun tímidas de parte del gobierno actual, como cancelar dos mil cuentas bancarias del narcotráfico, hace apenas cinco días. La derecha ha respondido con virulencia al unísono al igual que responden con la abrogación de la Reforma Educativa, o como la COPARMEX frente a la cancelación del aeropuerto en Texcoco, todos están en el mismo bando, por eso este gobierno debe romper con estos elementos y sus vínculos internos, expropiar a los empresarios y narcoempresarios y poner esos recursos bajo control de los trabajadores.

La descomposición y debilidad del Estado mexicano

Andrés Manuel López Obrador afirmó en su conferencia de prensa que se trató de un operativo que implicaba una orden de aprehensión. Sin embargo, las declaraciones del Secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Alfonso Durazo, en su conferencia de prensa en vivo de apenas dos minutos, informó este hecho como un acontecimiento fortuito. Intentando en un primer momento ocultar la situación real, pues para entonces tampoco planteo nada sobre la liberación de Ovidio.

Sin duda la liberación de este individuo generará más confianza en esta lacra social, al revelar la desigual capacidad operativa entre el Estado y el narcotráfico, éste último manteniendo secuestrada a una ciudad entera por casi veinte horas. Esta falta de reacción por parte de las FFAA destapa además una falta de voluntad y coordinación entre los diferentes cuerpos armados, pues el despliegue de elementos se quedó muy por debajo de sus posibilidades.

Sin embargo, la vía no puede ser el incremento de estas FFAA que ya han demostrado una y otra vez que están podridas de corrupción y coludidas hasta la medula con el narcotráfico. Estos grupos militarizados logran enfrentar perfectamente a los movimientos sociales, asesinar activistas o desaparecer estudiantes, pero son incapaces de preservar la seguridad del pueblo trabajador, porque el papel del brazo armado del Estado en una sociedad capitalista es el de mantener a la población en orden, para permitir el desarrollo de la explotación y la acumulación de riquezas, aún esta sea ilegal, al final el que paga manda y el narcotráfico paga bien.

La falta de respuesta homogénea y decidida de parte de las FFAA para el operativo contra Ovidio y el combate al narcotráfico en general, deja mucha luz sobre sus verdaderos objetivos que no tienen nada que ver con la seguridad de la población. Estas actúan decididamente cuando hay que poner en orden al pueblo, pero cuando se trata del narcotráfico actúan tímidamente. No es una casualidad esta actitud, primero por la existencia de relaciones de poder y de corrupción entre muchos mandos altos de estas instituciones y el narcotráfico y segundo, porque tampoco podemos descartar las divisiones internas que intentan hundir a este gobierno que no esta hecho al modo cómodo al que están acostumbrados las elites militares, con los que tenían total impunidad. Es urgente la depuración de todos los cuerpos armados, así como su eventual extinción.

La incapacidad del Estado mexicano para detener el narcotráfico, no se encuentra en la falta de elementos, ni de equipo, ni siquiera de estrategia. El problema fundamental esta en como a través de decenas de años, los gobiernos han generado estas lacras que ahora son imposibles de controlar bajo el sistema capitalista.

Para acabar con el narcotráfico, acabemos con el capitalismo

Acabar con el problema de origen esta en la dignificación de la vida de la población. Si cientos de jóvenes narcotraficantes se movilizaron para defender a Ovidio, fue sólo porque el narcotráfico es un negocio millonario y rentable, les permite un ingreso por encima de lo que les ofrecería cualquier empleo formal y legal. La falta de oportunidades, la incapacidad y la falta de voluntad de generar empleos dignos y un futuro mejor a los jóvenes, así como el interés de los gobiernos anteriores por tener al pueblo sumergido en el temor y en las drogas, son el problema de fondo de la proliferación de este mal social que hunde en las drogas a millones de jóvenes cada año, generado un mercado en constante expansión, que además explota a campesinos pobres y despoja de tierras a pueblos enteros.

AMLO pide confianza en su gobierno y sus instituciones, pero la perdida de legitimidad de las FFAA es demasiado grande y se debe al papel que han jugado en el pasado. El pueblo no olvidamos y no confiamos en ellos. En lugar de hacer un llamado a confiar y dejarse llevar ciegamente, debemos hacer un llamado a la auto-organización del pueblo, que es mucho más poderosa que el ejército para mantener a nuestras comunidades seguras, como se ha demostrado con las policías comunitarias y las autodefensas, en lugar de vociferar y lamentarse de la ilegalidad de estas agrupaciones, se debería reconocer su efectividad y desarrollar a partir de estos ejemplos una verdadera guardia civil dirigida democráticamente por el pueblo, para desplazar totalmente a los criminales uniformados dentro del ejército. Nadie conoce mejor los lugares que frecuentan los narcotraficantes, sus lugares de residencia, sus relaciones y sus movimientos mejor que los pobladores que cada día se enfrentan a la convivencia con estos grupos.

Sólo la organización del pueblo nos permitirá combatir la delincuencia organizada y nos permitirá vivir en paz.

¡Cárcel y expropiación a todos los grupos delictivos y políticos, empresarios y militares coludidos!

¡Armar y adiestrar al pueblo bajo control asambleario en las comunidades!


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