MORENA vive hoy una crisis política mayúscula. La algidez del enfrentamiento interno deja ver la gran trascendencia de un conflicto que se desarrolla desde hace tiempo y que toca los fundamentos del partido, del gobierno y de toda la Cuarta Transformación.

MORENA reúne la simpatía de millones de oprimidos del país, pero no posee ningún tipo de organización o mecanismo eficaz que aglutine y emplee esa base social poderosa como motor de una política que vuelva esos millones en una fuerza real para transformar la sociedad. ¿Por qué pasa esto? ¿Cuáles son las causas políticas de la disputa por la dirección? ¿Se trata sólo de una lucha por el poder o hay proyectos políticos enfrentados? ¿Qué papel juegan los empresarios, la burguesía y sus organismos como el Instituto Nacional Electoral en esta contienda?

La burguesía quiere controlar el partido

Algunos ven en esta batalla solo una pelea descarnada por el poder, pero la crisis política que hoy atraviesa MORENA es el resultado del intento por parte de empresarios, banqueros, industriales, en una palabra, de los capitalistas de recuperar el control directo que han perdido sobre el Estado y el gobierno a través del actual partido gobernante. Y para ello cuentan con el sector de derecha de MORENA, todos los políticos heredados de anteriores gobiernos, chapulines de otros partidos, funcionarios que quieren asegurar su puesto y oportunistas variopintos; en resumen, una amplia capa de arribistas que han llegado para disfrutar de una vida tranquila y confortable en la política legislativa e institucional.

Todos esos políticos que la burguesía infiltró, gracias a las alianzas electorales sin principios impulsadas por la dirección. Pero también, hay que decirlo, por la política de concesiones del gobierno federal, su apoyo a los altos funcionarios derechistas (como Alfonso Romo, Esteban Moctezuma o Marcelo Ebrard) y la continuidad de la política de megaproyectos. Todos ellos se esfuerzan y centran su atención en volver a MORENA en un partido más del régimen, que defienda un programa reformista cualquiera y que, por tanto, sea inofensivo hacia el sistema. 

Necesitan domesticarlo, sacar a los trabajadores, campesinos, pobres y oprimidos, que son la base social y la militancia de la escena, impedirles participar y tomar decisiones dentro del partido e imponer a una dirección que sea impermeable a sus presiones, que cumpla a cabalidad su tarea de darle continuidad al capitalismo en México, aunque lo tenga que maquillar. El primer round lo ganó la derecha imponiendo la consulta, un mecanismo totalmente antidemocrático que incluso viola los estatutos del partido.

Reforma o revolución

Ante esta situación, la llamada izquierda dentro de MORENA ha tenido una postura equivocada y que, en los hechos, ha dejado crecer la desviación derechista contraria a las expectativas de los millones que impulsaron el partido, votaron por él y siguen esperando un cambio. Personajes como Bertha Luján o Ramírez Cuellar han intentado contrarrestar esta tendencia llamando a algunas asambleas estatales y encuentros nacionales, pero siempre controlando todo, manteniendo alejadas a las bases de las decisiones trascendentes del partido, acríticos con las concesiones políticas y económicas del gobierno y, al final, sin firmeza ante la derecha y apelando a la unidad en abstracto. Ante esta debilidad, la derecha ha sido más decidida.

El caso de Citlali Hernández es particularmente ilustrativo de la crítica que es incapaz de sacar todas las conclusiones y pasar consecuente y decididamente a la ofensiva para cerrar el paso a la derecha y a la burguesía en el partido y en el gobierno. Alrededor de ella y en otros espacios de participación de MORENA hay compañeras y compañeros honestos, que tratan de mantener la vinculación con las luchas, la discusión democrática y la acción de base.

Un discurso que tiene eco y motivación en las profundas raíces proletarias y populares de MORENA y las luchas que le abrieron el camino, pero se ha quedado en palabras. “ ¿Después de la campaña qué?” Se vuelve al trabajo legislativo de gestión del sistema mandando a todos a sus casas, esto es un error completo. La visión del “cambio” político como un mero ejercicio electoral en el que la movilización de masas ya había cumplido su papel también fue defendida por sectores más a la izquierda del partido, tal vez no con discursos, pero sí con su actuar.

Las masas deben de tener un papel protagónico, ¿cómo?, dando el protagonismo a los comités de base, formarlos en cada colonia, con locales que sirvan para juntar, organizar y discutir políticamente lo que pasa en la sociedad, hacer balance y análisis del gobierno para fortalecer y retomar la movilización en las calles e impulsar un programa real de lucha para la transformación.

Nada de esto está dispuesto a hacer el sector contrario a la derecha del partido, a estos sectores que apuestan por la reforma y no por la transformación revolucionaria. Mantienen a las masas inmóviles, así no se diferencian en los principios y los hechos y dejan espacio a la derecha. Esta es una crítica por la izquierda necesaria y legítima. Quienes marcamos esto no somos enemigos de MORENA, ni, mucho menos de derecha, somos las y los compañeros que queremos que de verdad el proceso se fortalezca en líneas combativas y realmente haya una transformación revolucionaria contra el origen de nuestra opresión, el capitalismo.

Los candidatos actuales dejan sin alternativa real a la base y les obliga, incluso contra su voluntad, a posicionarse por el “mal menor”, o sea, de Muñoz Ledo. La candidatura de Citlalli la está usando el sector reformista para revestirse de un manto de vínculo con el movimiento y la lucha social. ¿Por qué no se hizo antes? ,incluso de haberlo hecho, de haber fortalecido durante estos dos años en esas líneas, ahora mismo no solo el partido hubiera llegado más fortalecido, sino que las y los trabajadores hubieran tenido la posibilidad de hacer un congreso de forma estatutaria y haber aplastado en debate y votación democrática a la derecha del partido y expulsarla junto con sus arribistas.

Construir Izquierda Revolucionaria

El motor del cambio político ha sido y será la lucha de clases, la movilización masiva de los trabajadores, los campesinos pobres, la juventud y los oprimidos. Ese factor que han despreciado quienes intentan hacer inofensivo a MORENA ahogándolo en las aguas del electoralismo, pactos parlamentarios y la colaboración de clases.

El peligro para el futuro de MORENA es precisamente su acomodo al sistema. El sector de derecha cuenta con el apoyo moral, político y material de la clase dominante y sus instituciones (como el INE). Sin embargo, lo que los hace verdaderamente avanzar es la inercia y la falta de una alternativa consecuente por parte de Citlalli y el resto de la izquierda del partido. Por eso apoyar el mal menor no fortalece las bases del partido, ni su vínculo con las masas, sino que da oxígeno a los sectores de derecha para maniobrar y seguir controlando, no solo el partido, sino influir en la 4T para el interés de la oligarquía y la burguesía. 

La crisis de MORENA es la crisis de la izquierda reformista en un momento de aguda polarización social y decadencia general del sistema capitalista. Precisamente porque la amenaza es grande no hay tiempo que perder, necesitamos construir una Izquierda Revolucionaria fuerte, capaz de organizar y unificar las luchas, de  lanzar una ofensiva contra la burguesía y su crisis, que combata a la derecha con los métodos de lucha de la clase obrera, dentro y fuera del partido..

No basta con discursos a la izquierda de vez en cuando. No basta con reflexiones que luego no tienen ninguna consecuencia práctica. La única manera de ligarse sólidamente a las masas, la verdadera fuerza de MORENA, es defendiendo una alternativa auténticamente socialista y transformadora frente a la crisis capitalista e implicándose directamente en la lucha diaria del movimiento obrero y juvenil.


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