Una vez más la realidad se impone

Los Altos de Chiapas volvieron a ponerse en la mira del movimiento popular en todo el país después de que a mediados de julio se sucedieran dos acontecimientos trascendentes. Primero, el asesinato de Simón Pedro exdirigente de Las Abejas de Acteal y, días después de ello, la aparición pública de las Autodefensas “El Machete” abocadas a limpiar los municipios de Pantelhó y aledaños del crimen organizado.

Lo que tenemos en esta región de Chiapas muestra con claridad un Estado putrefacto hasta la médula. Una situación creada a través de las décadas y los sexenios que ha abierto un infierno premeditado y descontrolado. El expolio de los pueblos originarios, de la tierra, de mercantilización y capitalismo, aunado a la política de contrainsurgencia crearon las condiciones para la situación actual.

La vida tradicional de las comunidades se va deshaciendo a medida que el desarrollo capitalista presiona su economía, de todas las formas posibles, en la producción agrícola que se paga a precios irrisorios, en el turismo depredador, minería, factorías que privatizan el agua y otros recursos, la migración forzada, etc. pero también en el aumento del alcoholismo, la prostitución, las drogas ilegales, la trata de personas y un raudal de lacras capitalistas.

Una respuesta necesaria

Chiapas no suele estar en el imaginario general cuando pensamos en la violencia de los grupos del crimen organizado, de hecho, aparece en las estadísticas oficiales como el tercer estado menos violento, sin embargo, la realidad es muy diferente, un acontecimiento así no ocurre de la noche a la mañana. Como queda claro, los problemas que originaron hace mucho y se profundizaron en el abandono histórico de las poblaciones indígenas. La existencia tradicional de caciques se mezcla con la lucha por el control regional a través del Estado mexicano, los diferentes nombramientos, por muy débiles que sean, van a acompañados del poder central, tanto estatal como federal.

Y en esa pugna los grupos de poder aprovechan tanto el aislamiento económico y cultural como su contacto con el poder estatal para reforzarse. Y se agrega una cosa, la posibilidad de enriquecerse a través de ese poder, que, si bien históricamente ha existido en el límite de la legalidad, con prácticas como el despojo de tierras, la privatización de fuentes de materias primas, las concesiones a empresas capitalistas nacionales y extranjeras, el control de los suministros alimentarios provenientes de la ciudad y recurso para construcción, la corrupción, entre otras, ahora se le suma lo directamente ilegal.

El trasiego de drogas, contrabando y la trata han campado durante muchos años, y han creado verdaderos señoríos cuya violencia raramente es visible hacia afuera. Tanto por el miedo a hablar como por el silencio cómplice de los distintos gobiernos estatales, que logran su estabilidad pactando con los caciques locales, respaldándolos y dejarlos a sus anchas, mientras aseguran con ello el control del territorio y la población para las políticas capitalistas estatales, federales y trasnacionales, que se montan en la silla del desprecio y exterminio indígena.

Autodefensas

Ante todo ello, las comunidades tzotziles y tzeltales del municipio de Pantelhó, Chenalhó y Simojovel, aunque principalmente del primero se han levantado en armas para combatir todo ello y evitar la ruina de sus comunidades. Constituidas como base de apoyo de las Autodefensas El Machete, con las armas en la mano han precipitado la huida de los integrantes de los grupos criminales, realizado las acciones que el Estado nunca tomó, como el cateo de las casas, la destrucción de las bodegas, etc. y la protección necesaria para una elección democrática y asamblearia de autoridades por usos y costumbres.

Además, en consecuencia, directa para atajar tanto los efectos como la causa de los males que les aquejan, van por el cierre de las cantinas, la prohibición del alcohol, la defensa del territorio y, a través de las nuevas autoridades comunitarias electas, de recuperar décadas de atropellos y olvido. Las nuevas formas de gobierno comunitario también apuntan contra el sistema de Estado capitalista y partidos que se convirtieron en el más firme baluarte del crimen organizado.

Advertencias para el futuro

Como ya se ha demostrado en Michoacán, en Guerrero, y en otros lugares del país, de una u otra forma la lucha contra las lacras del capitalismo “ilegal” como lo son los narcóticos, el alcohol, la prostitución, las armas, la trata, etc. tendrá que pasar forzosamente por la respuesta popular masiva, la organización comunitaria, consciente y organizada, que rechace de todas las maneras necesarias la presencia y las actividades de la corrupción, del narcotráfico, la trata y los grupos paramilitares y mercenarios al servicio de los gobiernos y de las empresas.

Nos dice hacía dónde deben dirigirse nuestros esfuerzos por preparar las condiciones en las que la revolución ha de darse en este país, a las que tendremos que aspirar sobre la base de la más amplia concientización y organización obrera y popular. Paro también apunta a los límites de los proyectos políticos aledaños a la zona, como el zapatismo. De todo esto hemos de sacar lecciones para las luchas por el futuro.

¡Viva la lucha de los pueblos originarios!

¡Las autodefensas son el camino!


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