Este 1 de diciembre de 2021, la clase trabajadora y oprimidos de todas partes del país volvieron a tomar las calles para escuchar el III informe de gobierno de AMLO, un gobierno que ha significado un cambio histórico en nuestro país.

Demostración de fuerza

Desde hace dos décadas, el obradorismo ha capitalizado el descontento social de una buena parte de las luchas sociales del país a pesar de que, desde el púlpito presidencial, muchas de ellas se confronten, desacrediten o desconozcan, tal es el caso de la lucha feminista y la oposición a los megaproyectos de muerte.

Han sido tantas décadas de dominio derechista y sufrimiento para el pueblo, que este gobierno aparece como una ventaja entre tanta desesperanza y barbarie. Los aumentos al salario mínimo, la propuesta de reforma energética, la austeridad republicana, las mañaneras, la respuesta a la pandemia y lanzar la vacunación universal, los apoyos sociales en el campo como en la ciudad, y el constante contacto con sectores indígenas y campesinos de varias partes del territorio han amortiguado un poco los desencantos y contradicciones de este gobierno, generando una cierta estabilidad en algunos sectores, sobre todo, en aquellos donde la situación es un más dramática y estos atenuantes se perciben como grandes bocanadas de aire ante una situación desesperada.

Por eso, en la plaza se respiraba un ambiente de respaldo a AMLO, incluso dentro de sectores críticos que se encuentran en primera línea participando en comités, círculos y trabajando con las comunidades que observan que muchas de sus medidas y acciones no se diferencian del régimen pasado o son una incongruencia abierta con lo proclamado en los informes oficiales.    

También sigue dominando un sentimiento auténtico de un gobierno propio, y así es, esto es fruto de nuestra lucha y de nadie más. Persiste el repudio contundente a la derecha y por tanto a las alianzas con ella en cualquiera de las formas, ya sea con cabildeos en el Congreso o hasta su integración al gobierno y partido. Una de las consignas y críticas más aceptadas en los mítines relámpagos que realizamos era ¡ni un acuerdo más con la derecha!

Por su lado, AMLO, como la burocracia de MORENA, quiso mostrar músculo ante la derecha y ante los adversarios de este gobierno, que no son pocos, así como exponer concretamente el respaldo con que llega este gobierno a la mitad del sexenio --70% de aprobación-- y que con ello se cuenta para llevar a cabo los proyectos restantes.

Es inadmisible que sectores burocráticos de derecha del partido, desconfiando totalmente de las y los trabajadores, tal cual vil usanza priista, atrajeron a trabajadores utilizando pases de lista y de forma corporativa. Sin embargo, conforme iba avanzando el tiempo la plaza se iba llenando de trabajadoras, trabajadores, campesinos, jóvenes, indígenas que, por cuenta propia, por su propio pie y recursos arribaron para escuchar el informe y gritarle a la derecha que este gobierno no está solo, que este gobierno los tiene detrás, que lo defenderán y que están dispuestos a seguir luchando.

Incluso dentro de los sectores que mandaron a asistir como fue el caso del SNTE, no se mostraron ajenos al ambiente de politización, información y debate que se genera en estas concentraciones, muchos se mostraron receptivos y abiertos a las ideas de lucha y organización, y es que precisamente este elemento es lo que no puede controlar la burocracia. Como decía Rosa Luxemburgo estas acciones permiten a las masas reconocerse como clase, politizarse y tomar conciencia de su potencial y de su fuerza organizada, a pesar de la burocracia.    

Y es que esto es precisamente lo que teme la clase dominante, el pueblo que está detrás de AMLO. Éste que se mantiene vigilante, crítico, politizándose y participando a pesar del boicot de la burocracia del partido y su papel abiertamente insidioso. Por ello la base de MORENA tiene que confiar en sus propias fuerzas para seguir avanzando y romper el dique de la burocracia, buscando confluir con el movimiento obrero y popular. Tenemos el potencial, volvamos a la movilización en las calles, extendamos este ambiente a las comunidades, trabajos y escuelas para avanzar en las reformas que confronten decididamente a los poderes fácticos del país y nos permita prosperar en nuestra lucha por transformar esta sociedad. 

Crear poder popular real

Nuestra victoria en 2018 fue un contundente rechazo a todo el régimen anterior. No podemos plantearnos transformar de raíz la sociedad si no hay una ruptura política real y contundente con esa gente y sus prácticas. Lamentablemente quien ha mantenido vivos a los agentes del régimen prianista han sido las políticas de alianzas y cabildeos por parte de la dirección de MORENA y del gobierno. La alternativa es apoyarse en los millones de trabajadores que han respaldado este gobierno para gobernar y no en la casta política podrida de este país.

¿Acaso no sobran maestros, médicos, abogados, arquitectos, sociólogos, antropólogos, economistas, carpinteros, albañiles, obreros y un sinfín de trabajadores cualificados que pueden ocupar responsabilidades y gobernar? Dar el poder a los trabajadores y no a los carroñeros de la política, ese es el camino ¿o acaso no se confía en nosotros? ¿nos creen incapaces? No hay que dar ni una sola concesión más a la casta política totalmente vinculada con la burguesía, el narco y un sinfín de intereses contrarios a nuestra clase. 

MORENA al ser el partido gobernante está sufriendo todas las presiones de este sistema para acelerar su proceso de descomposición y dejar en orfandad al movimiento, Mario Delgado, como buen guardián de los intereses de la clase dominante, está abriendo las puertas de par en par a quien sea y desee hacer carrera política, un sector de la clase dominante se da cuenta de su propia debilidad y, a regañadientes, saben que la única vía de continuar con los negocios y privilegios es mimetizarse de guinda y subir al carro de la 4T. ¡No lo permitamos más! Combatir este sector de derecha de MORENA y tomar el partido bajo control de los trabajadores es una tarea apremiante si deseamos avanzar en nuestra lucha.  

Efectivamente los desposeídos estamos haciendo historia pero para que este proceso se profundice y concluya en un poder real de la clase trabajadora debemos dar una batalla sin cuartel contra la derecha y la burguesía ahora infiltrada dentro de MORENA y el gobierno, nuestra cruzada aún no termina, la lucha debe continuar, iniciando por consolidar un partido auténticamente revolucionario al servicio de las clase trabajadora y la juventud que levante un programa y política revolucionaria que no abandone la organización y movilización en las calles y que confronte realmente las políticas capitalistas causantes de nuestra barbarie y miseria. Esta es la única vía para conquistar un poder obrero real.

En el zócalo, aún se respiraba mucha lucha, combatividad y deseos de ir más allá, usemos ese potencial para avanzar y profundizar la transformación levantando una política revolucionaria. No más demagogia o discursos que solo reflejan avances cosméticos mientras las condiciones de vida del conjunto de la clase trabajadora empeoran día con día, continuar por este camino sólo allana el terreno a la derecha, exigimos una política y métodos revolucionarios para una verdadera transformación. 

  


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