La producción de chips destapa una nueva crisis en el sistema capitalista, que ha llevado a la pérdida de miles de empleos y, a otros más, a condiciones laborales deplorables. Desde finales del 2020, inició una  escasez de chips que ha afectado a múltiples sectores, más duramente a la industria automotriz. Las empresas han iniciado, y aún persiste, una ola de despidos, que los empresarios han utilizado para salvar sus intereses.

Debido al trabajo en casa se despuntó un récord histórico de una amplia demanda de los dispositivos electrónicos y que paralizó la compra de automóviles, además del despliegue de la infraestructura 5G. Actualmente los chips son el motor de todo tipo de productos digitales y desde el año pasado, comenzaron a agotarse afectando a la telefonía, videojuegos, industrias como Samsung, Qualcomm y demás, pero impactando también al mercado automotriz con el famoso "Armagedón de los chips", este último sector ha sido el más golpeado, ya que cada auto requiere alrededor de 100 microprocesadores y debido a la escasez no fue posible proveer a dicha industria.

Sin embargo, también está detrás el control monopólico de la producción, una consecuencia directa de la globalización y de la producción capitalista, ya que el mercado de los chips está controlado por cuatro grandes monopolios, TSMC, Samsung, Globalfoundries y STM Electronics, las dos primeras representando un 83% de la producción mundial de chips de procesador y el 70% de los chips de memoria. Esto confirma lo que decía Lenin en su texto el imperialismo fase superior del capitalismo (y otros más), acerca de los monopolios.

Aunado a esto, está la guerra comercial ente EEUU y China. Esta última gastó 226.500 millones de euros para importar chips, más de la cuarta parte de lo que ha invertido en petróleo, acaparando la producción y generando la dependencia del mercado chino por parte de Taiwán y Corea del Sur. Este acaparamiento puso contra las cuerdas a EEUU, al impedirle la adquisición de su demanda, por lo que el gobierno norteamericano tomó medidas proteccionistas.

Lo que queda claro es que en esta guerra los jugadores más importantes, como Samsung y Apple, tienen el poder adquisitivo para asegurarse prioridad. Pero las marcas más débiles se están viendo afectadas, incrementando aún más, la dinámica monopolizadora y de acumulación.

El acaparamiento de China ha impactado en el mercado a nivel mundial, mostrando que al mover un hilo de la economía capitalista puede desorientarse totalmente la estabilidad económica.

 La crisis de los chips la pagamos la clase obrera

Sabemos que bajo este sistema capitalista nuestra clase es la que paga la factura, así como es tan bien sabido que las empresas no perderán sus jugosas ganancias. Esta crisis económica y sanitaria  ha cobrado factura en la pérdida de empleos o en las condiciones de estos. En el tema de los chips tampoco es diferente, se han perdido numerosos empleos alrededor del mundo.

México es uno de los mayores ensambladores de vehículos del mundo, cuya industria es parte de la importante cadena productiva montada en América del Norte desde el TLCAN - hoy T-MEC - y que representa el 20% del PIB industrial.

Según el INEGI, en 2020 la producción de automóviles había caído un 34% entre enero y julio respecto al mismo período de 2019. Y en 2021, también entre enero y julio, se armaron 1.8 millones de carros, producción por debajo del año previo a la pandemia, pero con una recuperación de 20% respecto a 2020. En julio pasado, la recuperación se desaceleró. La combinación de falta de chips y la menor capacidad de transporte marítimo contrajo la producción de nuevo, que bajó a unos 221 mil vehículos, la menor cifra este año y un 26% inferior a la de julio del año pasado. El sector automotor manufacturero, que emplea a unos 946,000 trabajadores en la actualidad, ha perdido al menos 16,000 puestos de trabajo en la industria automotriz desde fines de 2019.

El Banco de México proyectó que los paros en las labores automotrices como resultado de la escasez de chips podrían costar a México hasta 1 punto porcentual del crecimiento previsto del PIB para el cierre de 2021. Las plantas trabajan en un modelo de “justo a tiempo”, que implica no tener grandes almacenamientos de productos.  Pese a que México ya cuenta con plantas ensambladoras de tecnología de punta, el país no produce sus propios chips. La instalación de una nueva fábrica requiere cuando menos tres años.

En Aguascalientes, por ejemplo, la industria automotriz es pilar en la economía y su fabricación emplea a unos 46,000 trabajadores directamente, 120,000 indirectamente y un tercio del PIB estatal proviene de ese sector.

Todas las cifras anteriores, se han reflejado en consecuencias brutales para los trabajadores, desde paros técnicos sin salario, días a cuenta de vacaciones, reducciones de turnos, salarios a la mitad y miles de pérdidas de empleos.

Ante esto es claro que las direcciones sindicales, han dejado a su suerte a los obreros y las condiciones laborales siguen empeorando, mientras intentan quedar bien con las empresas transnacionales. Pero la otra cara de esta situación es el incremento del hartazgo hacia el charrismo sindical, proceso que se ha agudizado en los últimos años, por ejemplo, en algunas fábricas se han pronunciado en contra de la burocracia sindical de la CTM.

Esta guerra no ha acabado, apenas comienza

En este contexto, reequilibrar oferta y demanda resulta enormemente complejo, ya que se trata de una industria muy monopolizada, que se concentra, prácticamente, en Taiwán y Corea del Sur. El tercero en discordia es EE UU, que lleva tiempo buscando su autonomía en esta materia, mientras que los esfuerzos que realiza China desde hace años para ser autosuficiente están siendo infructuosos.

Europa, por su parte, fue una potencia en su momento, pero los altos costos de producción y el atraso del desarrollo tecnológico, lo fueron sacando del mercado y está muy lejos de fabricarlos, sin embargo, se quiere impulsar una Ley de Chips para atraer a algunos de los principales productores mundiales. De entrada, plantea destinar unos 800 millones a este fin y se marca como objetivo lograr llegar al 20% de la producción mundial.

La primera semana de noviembre fue la primera vez desde febrero de 2021 que ninguna de sus plantas de ensamblaje en América del Norte estuvo inactiva por falta de chips. Sin embargo, es probable que la contracción en la oferta de semiconductores continúe al menos durante la primera mitad de 2022, según algunos pronósticos.

En este sistema donde los beneficios económicos de unos cuantos a costa de la miseria de muchos otros se han incrementado brutalmente, los costos de esta crisis económica, de salud y de la lucha en el mercado serán devastadores para la clase obrera. No hay alternativa más que poner las empresas bajo el control obrero, continuar con la lucha organizada de los trabajadores superando las direcciones de pactos y patronales de las organizaciones sindicales. Logrando una economía planificada y que no esté a la disposición de la oferta y la demanda de los mercados y mucho menos de la guerra de los imperialistas por el control de los monopolios.


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