La invasión de Ucrania representa un hecho histórico en la recomposición del reparto del mundo entre las potencias imperialistas. Aunque el gobierno afirma mantener la neutralidad y la no intervención y declara triunfalmente haber eludido la crisis económica mundial agudizada por la guerra, el capitalismo mexicano no podrá escapar a los efectos de la crisis y la inestabilidad del sistema que se crece en cada rincón del planeta.

AMLO ha planteado la no intervención y la determinación de los pueblos apelando a la paz en abstracto, como una carta para no defender una posición clara. Por su lado, tanto Marcelo Ebrard a través de la cancillería como Juan Ramón de Fuente en la ONU han expresado, desde velada como decididamente, su apoyo con la OTAN.

Una guerra reaccionaria por ambos bandos

Las frases generales y la diplomacia apelando a la solución de conflictos por medio del dialogo, rechazando la violencia venga de donde venga oculta los verdaderos intereses de este conflicto, en el que ambos lados son totalmente reaccionarios y donde los muertos los están poniendo nuestras hermanas y hermanos de la clase trabajadora.

Citando a Lenin: “Esas frases son, o bien ingenuos anhelos, o bien hipocresía y mentira que sirven para ocultar la verdad. La verdad de la situación actual, de la guerra actual, del momento actual en que se hacen tentativas para concluir la paz consiste en el reparto del botín imperialista.”[1]

Esto explica precisamente lo que está en juego para un sector de la clase dominante y sus representes, los políticos, que sí toman partido. Los capitalistas mexicanos están muy preocupados porque Estados Unidos, el principal socio comercial del país, atraviesa el momento más crítico y sombrío de su historia. Por primera vez se abre una posibilidad real de perder su posición como potencia hegemónica.

La burguesía es muy pragmática y está apostando también al desarrollo de nuevos lazos económicos, reforzando acuerdos políticos y comerciales más allá del vecino del norte. Pero, a su vez, inseguros todavía quién saldrá vencedor en el conflicto imperialista entre China y EEUU por el control del mundo, conservan una relación estrecha con el capitalismo estadounidense. De ahí su posición a veces contradictoria y zigzagueante respecto de la guerra, que no nos hará olvidar su vil oportunismo. Si solo dependiera de su moral corrupta, se cambiaría sin ningún rubor de bando las veces que sea necesario. Sin embargo, no es tan sencillo cambiar décadas de relación comercial en dónde hay intereses y lazos industriales muy fuertes de por medio, sabiendo además que el imperialismo norteamericano luchará a muerte para no perder su hegemonía ni en Europa ni en “su patio trasero”, Latinoamérica. Las provocaciones que llevaron a la guerra en Ucrania han dejado claro hasta dónde es capaz de llegar.

Ebrard, como buen representante de la clase dominante, no tiene más lealtad que a sus propios intereses y, consciente de la debacle histórica del imperialismo norteamericano, está aproximándose y cabildeando con otros sectores imperialistas. Buscan no jugárselo todo a una carta, así que coloca huevos en todas las canastas en expectativa a como se reacomoden las fuerzas, de ahí también su reciente viaje a Medio Oriente y la India.

Las presiones de Washington

Biden y un sequito interminable de políticos norteamericanos no han cesado en presionar al gobierno mexicano para que se sume claramente a su bando. Y si para ello tienen que montar un teatro como el que México es actualmente la más grande base de operaciones de las agencias de espionaje ruso, lo harán. ¡Qué cinismo tan grande! Cuando sabemos de sobra que si alguien tiene agencias de espionaje hasta en las piedras en nuestro territorio son ellos, así lo demuestra sobradamente la historia.

Si alguien ha implementado el terror e impuesto dictaduras a punta de la bota militar, declarando una guerra contra el pueblo latinoamericano han sido ellos. Si alguien viola nuestros derechos y la democracia a través de la OEA, si alguien expolia a nuestras comunidades y nos deja viviendo en la miseria absoluta es: ¡el imperialismo norteamericano! Estas maniobras de vestirse con piel de oveja, hacerse la víctima y el salvador de la democracia en Europa ya no se lo cree nadie. El pueblo latinoamericano sabe bien quienes son y rechaza esta guerra imperialista.

La hipocresía que destila la política mexicana es igual de lamentable. Gritan indignados cuando se trata de la ocupación de Ucrania, pero callan sobre la interferencia de Estados Unidos en América Latina y sobre toda la represión que desatan los gobiernos de derecha sobre el pueblo chileno, boliviano o colombiano. 

 ¿El imperialismo bueno?

En contra parte se ha conformado el grupo de amistad entre Rusia y México, un sector de la izquierda parlamentaria que quiere lavarle la cara a Putin como el salvador y el valiente opositor al Imperialismo yanqui. Es un grave error. Rusia y China entienden por cooperación y amistad su injerencia en la región al máximo, más allá de su propaganda, su objetivo es desplazar a EEUU para ser ellos quienes expolien nuestras riquezas y mano de obra. La clase obrera china y rusa conoce bien los salvajes métodos de explotación de ambos regímenes capitalistas.

Pero la historia reciente de América Latina muestra cómo el crecimiento que trajeron las inversiones chinas ha significado una estabilidad económica momentánea y sostenida con alfileres, para nada logró mejorar de fondo las condiciones de las masas latinoamericanas. Por el contrario, en los hechos las inversiones de parte del gigante asiático en México están dirigidas a la implementación de los megaproyectos de muerte y la extracción de las materias primas a costa de lo que sea.

La inversión de las nuevas potencias sólo hizo más ricos a los capitalistas de la región y sus burocracias, generó más expoliación y precariedad laboral, acompañada de un crecimiento del saqueo y las desigualdades sociales. China y Rusia no son la salvación, son grillete más con otro nombre.  

Los únicos verdaderamente interesados en sacudirnos el yugo del imperialismo venga de donde venga y de sus agentes en suelo latinoamericano, la burguesía nacional, somos los trabajadores, campesinos pobres, indígenas y demás explotados.

Los negocios de la guerra  

Desde el estallido de la guerra imperialista en Ucrania el precio del petróleo mexicano ha incrementado 30.2%. A inicios del mes de marzo el precio por barril se acercó a los 120 dólares, y continúa en aumento de acuerdo con datos del Banco de México.

Esto para el gobierno mexicano esta significado una entrada importante de ingresos extras por 328 mil 751 mdp a las finanzas estatales según la SHCP, trazando la perspectiva no sólo de acondicionar mejor y bajar la deuda de la paraestatal PEMEX, sino también mantener y extender los programas sociales. Pero realmente esto es una perspectiva frágil porque la especulación en los energéticos contrae otras dificultades como la inflación que para este mes sigue manejando records históricos y, por otra parte, no olvidemos que una parte de los ingresos extra ha tenido que orientarse al subsidio a las gasolinas para evitar un mayor incremento.

Un sector de clase dominante y la burocracia se frotan las manos disfrutando de estos beneficios, ¡que descaro de oportunistas! Las familias trabajadoras no podemos más que mirar con consternación la guerra y tener repugnancia de todas estas posiciones.

La única política consecuente por la paz entre los pueblos es: ¡fuera la OTAN y las tropas rusas de Ucrania! ¡abajo la guerra imperialista! Así como denunciar y llamar a luchar contra todos los gobiernos capitalistas que nos han empujado a esta situación y que están apoyando a los imperialistas ¡Por la movilización internacionalista de la clase trabajadora contra la guerra! No hay terceras vías posibles, no hay diplomacia o buenas intenciones que pueda resolver esta crisis.

¡Si queremos la paz, luchemos por el socialismo!

    

 

[1] https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1910s/1917paci.htm


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