El pasado 20 de abril asistimos al estallido de la plataforma petrolera de aguas profundas Deepwater Horizon, a 80 km de la costa de Luisiana, Estados Unidos. Esto desató lo que es, sin duda, el mayor desastre ambiental de la historia del Golfo de México. Esta plataforma petrolera, en manos de British Petroleum (BP) ha generado un derrame petrolero prácticamente incuantificable; pero el derrame aún sigue.

Aunque hoy en día BP asegura que el derrame no es superior a 50 mil barriles diarios (800 mil litros), documentos encubiertos de la trasnacional sostienen que el derrame es de 100 mil barriles diarios (1.59 millones de litros). Actualmente la mancha de petróleo ya está en costas de México, Cuba y EU. Esto es un brutal golpe para la economía, pues el Golfo de México contribuye con el 15.65 por ciento del total del volumen pescado en Estados Unidos, y con el 40 por ciento en México. Y todo esto tomando en cuenta que la mayor parte del petróleo que se está escapando de la fuga (ubicada a alrededor de 5 mil metros de profundidad) se diluye en su mayor parte en el agua de mar, provocando que solamente el 10% del petróleo fugado llegue a la superficie y, por tanto, sea visible.

En los primeros días de la crisis, Barack Obama afirmó que "(BP) es la responsable final, por ley, de pagar los costos de las operaciones de reacción y limpieza, pero estamos completamente preparados para cumplir con nuestras responsabilidades con todas las comunidades afectadas". En este contexto, BP ha lanzado una serie de campañas para intentar frenar el derrame de petróleo, pero sin éxito. Primero, intentaron quemar o neutralizar las manchas de petróleo en un esfuerzo conjunto entre BP y la marina norteamericana. El problema con esta medida es que implica un tremendo riesgo y, en cualquier caso, esta acción solamente apunta a un porcentaje mínimo del petróleo perdido, el petróleo superficial. Posteriormente, se intento cubrir la fuga con una especie de cúpula para evitar que se prolongara, pero este intento terminó también en un rotundo fracaso. Por último, se intentó cubrir el derrame con un tubo de 54 centímetros pero esto llevó a otro terrible fracaso.

A esto cabe añadir el llamado “embudo” que BP instaló. En estricto sentido, este mecanismo busca recuperar el petróleo y no reparar la fuga. Actualmente, BP se jacta de recuperar 10 mil barriles diarios del sitio de la fuga con este método. Es increíble, debería darle vergüenza a BP aceptar esto. Sus esfuerzos están enfocados a recuperar 10 mil barriles diarios y mientras ¡90 mil barriles más contaminan el Golfo de México cada día!

Esto no es nada raro, las finanzas de BP se encuentran en la ruina. La cotización de BP en la Bolsa de Londres cayó a su punto más bajo en casi 14 años. Tras cerrar con una pérdida de 6.35 por ciento, la compañía acumula una disminución de casi 50 por ciento de su valor en bolsa desde que comenzó la fuga. Esta pérdida es lógica teniendo en cuenta que BP ha gastado más de 2 mil 350 millones de dólares en la lucha contra el derrame de crudo en el Golfo de México.

Es claro que la crisis del derrame petrolero ha rebasado por mucho a BP, el propio delegado de la compañía ha declarado: "no cabe duda de que no poseíamos los instrumentos que hubiéramos necesitado en nuestra caja de herramientas". Se han visto forzados a aceptar que no estaban capacitados para enfrentar una crisis de tal magnitud. Aunque muchos han comparado esta crisis con el derrame del buque petrolero de Exxon en Alaska en 1989, el delegado de BP señala que la proporción de la crisis actual es por mucho superior debido a que el derrame se dio en aguas profundas.

Hoy en día, las cabezas de BP y sus filiales han sido empujados a declarar uno contra otro ante tribunales norteamericanos. Pero el propio gobierno está metido hasta el fondo en el problema. El Servicio de Administración de Minerales de Estados Unidos (MMS por sus siglas en Inglés), el órgano responsable de regular la industria, reformó a gusto de los empresarios los procesos regulatorios de los estándares de seguridad para la industria, que ordenan por ejemplo apagadores acústicos automáticos de control remoto para evitar derrames. Este vínculo no es nuevo, BP es casualmente el concesionario de uno de los yacimientos petroleros más importantes de Irak.

Es claro que esta crisis tiene responsables, los inescrupulosos empresarios petroleros que están dispuestos a arriesgar el ambiente para poder mantener sus tasas de ganancia. Todo esto con la complicidad del gobierno norteamericano. La crisis del petróleo no parece tener un fin próximo, y menos cuando la mayor barrera es la negligencia y ambición de las petroleras.

Hoy es el Golfo de México, antes fue el Prestige en las costas españolas; los empresarios asesinan día a día a planeta. La conservación del ambiente, y con ello el resguardo de la garantía de futuro para las próximas generaciones, es una razón más que planta la necesidad de la lucha por el socialismo contra la depredación capitalista del planeta.

 


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